Por qué no me gusta el término “leer a los perros” (II)

Pero “leer CON el perro” sí que me gusta 😉

El post que puse ayer ¿Leer a los perros? Not my cup of tea, en el que hablaba de que no me gusta el término leer a los perros y considero que tiene efectos nocivos, ha tenido algunas respuestas interesantes, tanto en el blog como en mis redes sociales, que requieren una respuesta detallada.

Comenta Chema sobre mi antipatía al término leer a los perros lo siguiente:

“Bueno, pues dentro de mi ignorancia infinita, m encuentro con que la quinta acepción del verbo “leer” según la RAE es: “Descubrir por indicios los sentimientos o pensamientos de alguien, o algo oculto que ha hecho o le ha sucedido”. Luego, lingüísticamente hablando, ¿estaría correcto?. Un saludo”

Creo que es una observación muy interesante, porque contiene lo necesario para desgranar los argumentos que me llevan a opinar que: sí, pero no.

O sea, que sí es correcto, pero no creo que deba usarse.

Eso sí Marcos, cuando las explicaciones detalladas entran por la puerta, la brevedad sale por la ventana. Lamento dejar el laconismo del primer post que tanto te había gustado. No se puede tener todo.

Empezando por la conclusión: no creo que sea exactamente (y después me explico) incorrecta la expresión leer al perro, creo que es inadecuada. Que no me gusta, vaya. Porque, en mi opinión, es correcta del mismo modo que lo es amo, puesto que poseemos legalmente a los perros, que no tienen el estatus legal de sujetos, sino de objetos. Nadie puede negar la corrección literal de la expresión amo, pero lo cierto es que cuando se considera a los perros como sujetos y no como a objetos es difícil que guste, y será probable que se prefieran otras expresiones que, siendo también correctas, acoplen mejor con la forma en la que vivimos nuestra relación con los perros.

Por eso digo en el post que no me gusta, no que sea incorrecta.

Para ver porqué no me gusta debemos desplegar el motivo de que antes haya dicho que no es “exactamente” incorrecta.

Y es que, como bien citas en el significado de la RAE, la “lectura” del otro no hace referencia a la recepción de información intencional, directa y expresa, sino a “descubrir por indicios” y después a “algo oculto”. Ahí es donde está el problema.

Los indicios son, según los dos significados de la RAE (los paréntesis y negritas son míos):

  • Fenómeno que permite conocer o inferir la existencia de otro (fenómeno) no percibido.
  • Cantidad pequeñísima de algo, que no acaba de manifestarse como mensurable o significativa

O sea, que hace referencia a (1) leer esas señales sutiles que implican algo subterráneo que no se muestra y/o que nos (2) permiten descubrir que sucede algo con el perro que no vemos de manera expresa.

Ahí esta el problema. Por eso tampoco creo que sea exactamente correcta.

Si consideramos que son los indicios los que deben llevar el peso de la comunicación mal vamos (este es un tema que trate extensamente en Tu perro piensa y te quiere).

Claro que es conveniente leerlos, pero como fuente secundaria: lo primero debería ser atender a la información que se nos trasmite de forma intencional y expresa. Y potenciar que el perro use y busque usar cada vez más esa comunicación voluntaria para decirnos cómo le hace sentir lo que sucede y hacemos, con lo que cada vez sería menos necesaria la lectura de indicios como fuente principal de información sobre cómo va la relación.

Los indicios, como dice la RAE, se leen, las comunicaciones directas se escuchan. Y creo que debemos leer menos y escuchar más a los perros.

Porque si alguien me dice claramente “me molesta/gusta eso que haces” no necesito leer indicios sutiles de que está a gusto/disgusto. Y esto los perros lo hacen, lo pueden hacer, con su señalética social voluntaria.

Por eso para mí el trabajo ideal ofrece al perro una situación en la que puede, y sabe que puede, expresarse con claridad, en la que no necesitemos los indicios como fuente principal de información. En la que lo importante sea escucharle, atender a la información expresa e intencional que nos envía, y no leerle, fijarse en los indicios sutiles e involuntarios que da.

Veamos unos ejemplos:

¿Si el perro me trae el juguete y me lo pone a los pies debo leerle o más bien escucharle?

¿Cuándo se tumba conmigo en el sofá y da con la cabeza en la mano para que le acaricie debo leerle o más bien escucharle?

Esto no quiere decir que no convenga, además atender y reconocer los indicios:

Debo leerle cuando gira 22 grados una oreja y eso me muestra que está a otra cosa.

Debo leerle cuando su forma y lugares de descanso varían y eso implica una modificación de su estado de bienestar.

Porque reconocer los indicios y actuar de acuerdo con ellos es una muestra de calidad de un buen entrenador.

Pero estas lecturas deberían ser la salsa en el plato, y no su componente principal.

Si la forma de hablar de alguien expresa que la salsa es la base de su cocina, y nunca alude a la importancia de la calidad del ingrediente principal no seré yo quien vaya a comer a su restaurante.

Así pues, resumiendo, creo la expresión es correcta, pero no del todo, porque pone el foco en los indicios, que son involuntarios, y no en la comunicación voluntaria, expresa e intencional. Que es donde creo que debería estar.

Por lo anterior no me gusta, aunque sea (prácticamente) correcta la expresión leer al perro como elemento principal de la calidad de un entrenador y prefiero escuchar al perro.

¿Entonces todo esto es una cosa de esa mierda del lenguaje políticamente correcto?

Ahora se me podría hacer una objeción razonable ¿no es esto cogérsela con el papel de fumar de lo políticamente correcto?

Esta crítica es aparentemente lícita, porque en varias ocasiones yo mismo he denunciado que está apareciendo un lenguaje cursi y absurdo dentro del mundo del perro, que me parece que dificulta la comunicación técnica (entre profesionales, no con los perros) sin aportar beneficio alguno, incluso resultando perjudicial.

La base está en que yo creo que las cosas deben hacerse –decirse/escribirse en este caso- por algo, con un objetivo, cuando una expresión solo resulta más “bonita” y no evita un rumbo de pensamiento nocivo no debería adoptarse, por eso no comparto cosas como usar las palabras peludos, cuatro patas, perrihijos en lugar de perro, que no tiene ninguna connotación negativa, ni implica un rumbo de pensamiento objetualizador, especista ni peligroso o nocivo en ningún sentido para ellos.

E incluso voy más allá, tampoco me gustan los eufemismos que facilitan acciones graves, odio cosas como dormí al perro. Ni siquiera me gustan los términos eutanasia ni sacrificio, pues tienen un tono positivo que suena demasiado bien y parece facilitarnos en demasía tomar la decisión unilateral de acabar con una vida, de matar a un individuo que es, que habrá sido, irrepetible y que no volverá a sentir ni a interactuar con el mundo. Una personalidad que se borra, una manera única de actuar que desaparece. La muerte es terrible, y es terrible nuestro poder de decisión sobre la vida de los perros, y ya sucede que a veces nos pesa demasiado nuestro sufrimiento o incomodidad -no creo en absoluto en esa idea generalizada de que normalmente somos muy generosos matándoles para evitarles sufrir, antes bien creo que esta decisión suele tomarse demasiado rápido- si le sumamos palabras bonitas me parece que subimos demasiado el riesgo de tomar una decisión precipitada. Yo siempre hablo de matar, lo que creo que elimina sesgo positivo, pero entiendo que en textos técnicos sean correctos, al fin y al cabo eutanasiar es provocar la muerte para evitar el sufrimiento, pero aún así mi postura personal es preferir la palabras más duras en estos casos.

Entonces ¿cuáles son las consecuencias nocivas que veo en la expresión leer al perro?

En mi opinión son tres:

1 Desvío del foco de atención de lo prioritario. La más grave a nivel técnico.

Si nos centramos en los indicios, si les damos el primer lugar como elemento valioso para la interacción con el perro, secundarizamos el atender, promover y escuchar la comunicación voluntaria e intencional del perro, que debería ser la prioridad comunicativa. Esto es lo que he expuesto al principio en detalle.

2 Objetualización de la relación. La más grave a nivel relacional.

El enfoque en la lectura de indicios, en descubrir y aprovechar las intenciones y deseos del otro a través de su comunicación no intencional, le objetualiza. Porque buscamos cómo manejarle y actuar sobre él de acuerdo a lo que no ha expresado voluntariamente.

Aquí reconozco que influye bastante mi feminismo (sí, además de animalista soy feminista, así pongo más fáciles las descalificaciones ad hominem), y es que esta visión de lectura de indicios, de “expertos lectores de indicios” es lo que ha propulsado la existencia y fama de elementos tan repugnantes como Alvarito Reyes, que se dedica a explicar cosas como que si una chica al decirte “no quiero ver tu puta cara en el resto de mi vida, baboso de mierda” –comunicación clara, expresa e intencional- se inclina de manera que puedas entrever su escote –indicio involuntario- es que lo que quiere, aunque probablemente no sea completamente consciente de ello, es que te la folles.

Y me parece que ya tenemos rulando bastante lenguaje que lleva a justificar y promover la unilateralidad en el trato hacia los perros, si podemos ir cambiándolo por expresiones que les aporten más voz, que los conviertan en una parte más activa del proceso, deberíamos hacerlo.

Sin eliminar la unilateralidad no podemos realizar una tutela responsable y eficaz, si el perro no tiene capacidad de expresar voluntaria y directamente, no a través de indicios, lo que siente y opina sobre lo que sucede para influir en ello solo podremos aspirar a una especie despotismo ilustrado: todo para el perro, pero sin el perro.

Y aquí quiero responder a Alex, que en el post escribe:

“¿No crees que puede haber una lectura bidireccional si tenemos.en cuenta que el perro nos “lee” a nosotros también constantemente muestro lenguaje corporar, manera de actuar y demas? No estoy de acuerdo en que por leer al perro se le robe la condición de interlocutor…
Por ejemplo el término se utiliza mucho en el deporte como “leer al rival” y no se objetualiza ni se le quita a ese rival su capacidad innata de comunicarse, simplemente en leer sería la manera de otro de interpretar ciertos gestos, conductas, expresiones corporales etc..
Vaya por delante que creo entender a lo que quieres hacer alusión pero discrepo en que por leer al perro el pierda su capacidad de interlocutor y no pueda hacer él lo mismo con nosotros..”

Piensa, en primer lugar, que el ejemplo que has puesto es muy claro: leer al rival, a quien no desea comunicarnos sus intenciones, a quien deseamos ganar. Normalmente siempre que se habla de leer a alguien hacemos referencia a quien no desea o no puede comunicarse con nosotros franca y directamente. El rival no quiere que sepamos sus intenciones, por eso la lectura de indicios es tan valiosa. En aprendizaje social -como conté en TPPYTQ- es muy, muy importante la diferencia entre indicios y comunicación expresa. Los indicios nos sirven principalmente para eso, para saber lo que otros sujetos sociales no quieren que sepamos.

Además, y de eso hablé bastante en mi último libro, es falso que los entrenadores busquen una lectura bidireccional de indicios. Precisamente suele buscarse lo contrario, que el perro se siente antes de nuestra palabra sienta, porque le hemos dado indicios corporales de que se lo vamos a pedir, es algo que aprendemos a eliminar ¡¡no queremos que el perro nos lea, queremos que nos escuche!! No queremos que pueda anticiparse a nuestras indicaciones expresas, queremos que espere a nuestra comunicación intencional y clara, y bien que trabajamos para que sea así. Y cuando le damos una indicación “camuflada” antes de un ejercicio, por sutil que sea, no cuenta: porque seguimos teniendo intención comunicativa clara y expresa.

Más bien, mientras buscamos leer al perro, trabajamos para que él no nos lea, sino que nos escuche. Muy simétrico no suena. Porque no creo que nadie diga que cuando el perro se sienta al decirle sienta nos esté leyendo, al menos no en el sentido que le da la RAE y que citaba Chema.

Otra cosa es lo que plantea Olga: la importancia del reconocimiento de indicios cuando la comunicación intencional y expresa, por algún motivo, es insuficiente. Por supuesto que entonces es de máxima relevancia leer lo que desea, lo que necesita el otro a través del mínimo indicio que nos dé y debemos centrarnos en hacerlo, pero cuando la comunicación intencional y expresa es suficiente ahí es donde debe estar la prioridad. Y no hablo de dejar de atender a los indicios, sino de colocarlos en segundo lugar cuando la comunicación voluntaria pueda estar en el primero.

3 Aumento del ya excesivo misticismo que existe en nuestra profesión.

Es la menos importante, sin duda, pero todo lo que vaya quitando del mundo del perro ese rollo de gurús, “capacidades especiales” y basura de autoayuda en general me parece bueno y saludable.

Esto no es una enmienda a la totalidad, no todos quienes usan o han (hemos, que yo también la empleaba hace años) usado la expresión de leer al perro, están en el grupo de quienes promueven estas cosas. Pero para quienes promueven estas visiones lo de leer a los perros sí que suele ser uno de los pilares de su ideario, por aquello de que se necesitan años, agudeza, dones especiales y bla, bla, bla.

Afortunadamente es muy sencillo diferenciar el grano de la paja: si cambias “leer al perro” por “reconocer los indicios no intencionales del perro” y el discurso sigue siendo coherente y consistente sencillamente es una manera de expresarse (que no me gusta) dentro de una propuesta seria. Pero si al hacer el cambio la cosa se queda sin cimientos, resulta confusa, poco clara y se tambalea es que nos estaban dando mística de saldo por adiestramiento técnico. Y este es un experimento fácil que cualquiera puede hacer en casa 😉

Espero que esta exposición de los motivos por los que no me gusta la expresión leer al perro, prefiriendo escuchar al perro sea suficientemente clara y detallada, porque tengo que volver a sumergirme en el trabajo y desaparecer de las redes sociales.

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¿Leer al perro? Not my cup of tea.

Bolo disfrutando de una relación en la que es entendido y se toma en cuenta lo que desea: “si llega el calor quiero duchita. Gracias por hacerlo fácil Marcos”

Pues trabajando en mi próximo -y empieza a ser un próximo de cercano y no únicamente de siguiente 🙂 – libro he pensado en compartir un pequeño corta y pega aquí:

Durante el entrenamiento y en la convivencia enseñamos y usamos indicaciones, señales, comandos… que el perro debe aprender y a los que ha de responder para saber qué le estamos trasmitiendo en momentos de interés, para avanzar.

Que el perro nos entienda, es necesario, está muy bien y mola.

Pero es insuficiente para una relación saludable, porque toda relación saludable entre sujetos es bidireccional. No solo debemos emitir y entrenar al perro para recibirnos, también debemos entrenarnos para recibir la información que el perro nos envía sobre cómo se siente y le influyen nuestras acciones.

Es prioritario establecer una comunicación bidireccional –un diálogo- entre perro y guía que permita transmitir información a ambas partes sobre el estado de la relación social, del entrenamiento y de otros aspectos de la convivencia, y no únicamente sobre la calidad de las conductas entrenadas.

Cuando reconocemos y respondemos a las señales del perro este mejorará su capacidad de comunicarse con nosotros, afinándose cada vez más, llenando de sutileza y complicidad nuestra relación.

Ellos también notan que son escuchados, entendidos y que su aportación es reconocida y tomada en consideración, que son parte activa en la dinámica del grupo, y eso lleva todo a otro nivel. Al mejor nivel, el del compañerismo entre sujetos que se reconocen como tales, se quieren y desean coordinarse para ser felices juntos.

Es lo que se denomina coloquialmente como leer al perro, término que no me gusta nadita nada, porque una vez despojado de su brillo místico (debe pronunciarse en plan iniciado y/o con mirada displicente por parte del “lector experto”, sin eso resulta solo la mitad de cool), lo que queda es otro término objetualizador y especista: no nos comunicamos con él, no le concedemos la condición de interlocutor, sino que lo leemos como a un libro. Sencillamente somos tan listos (nosotros) que conocemos bien el idioma en el que está escrito.

Y así no vamos a salir nunca de un modelo de convivencia que roba a los perros su condición de participantes, que les maquiniza y se horroriza ante la menor muestra de autonomía y empoderamiento por su parte.

EDICIÓN: Este post ha promovido una serie de interesantes cuestiones por parte de los lectores, tanto que para responderlas he preferido hacer otro detallando los motivos de lo mi antipatía por la expresión leer a los perros, que puedes leer pinchando aquí.

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Algunas cuestiones suscitadas por mi marcha del Máster de la UAM. Las piezas del puzzle.

Ilustración de John Cassaday para su obra conjunta con Warren Ellis Planetary.

Ilustración de John Cassaday para su obra conjunta con Warren Ellis Planetary.

A raíz de mi post informando de los motivos de mi abandono del Máster en Intervenciones Asistidas y Etología Aplicada de la UAM se ha generado en mis redes sociales un inteligente, respetuoso y saludable debate, lo que no podría parecerme mejor, pues exponiendo diferentes formas de ver y pensar podremos entenderlas y a posicionarnos de manera informada al respecto. Si no sabes de qué hablo en este enlace a mi  Facebook puedes leer el hilo del debate completo

Me alegra particularmente que no hayan aparecidos argumentos personales (ad hominem), en los que se descalifique a quienes piensan de manera distinta.

Afirmar que quien piensa de manera diferente a nosotros lo hace porque es estúpido, desinformado, malicioso o porque esconde motivos ocultos es mezquino y únicamente muestra o bien el deseo de dañar o bien la incapacidad para el debate de quien lo hace, si no ambas cosas.

Tampoco han aparecido en quienes tienen dudas sobre lo adecuado de mi postura -pese a que casi todos quienes han escrito son profesionales del sector- argumentos de autoridad, afirmando que la trayectoria de alguien hace válidas/inválidas su ideas.

Estas premisas son básicas para el debate (y para la ciencia misma): debemos, y creo que lo hago en mi escrito original, suponer la misma buena fe que tenemos y el mismo derecho a exponer sus argumentos a quien piensa diferente a nosotros, incluso a quien piense lo opuesto. Solo eso puede hacernos avanzar, solo eso puede ayudarnos a entender al otro.

Partir de la base de que quien cree lo contrario a nosotros es muy malo o muy tonto y nosotros, en cambio, somos estupendísimos de la muerte, solo sirve para reclamar adhesiones sectarias y promover el enfrentamiento de personas en lugar del debate de ideas, y, en general, para volver el mundo un lugar un poco más triste y un poco más oscuro.

Al fin y al cabo si un argumento es absolutamente estúpido o alguien muestra ignorancia supina resultará evidente y será un aval para quien piense lo contrario, sin necesidad de descalificar a quien lo expone. Se ataca a los argumentos, no a las personas.

Sin embargo, sí asoma en algunos puntos que se mencionan en este debate la sombra de la falacia del hombre de paja, que es suponer o atribuir al otro cosas que no ha dicho, y luego llevar el debate hacia esas cosas.

Por eso empezaré por aclarar lo que he dicho, o puede lícitamente interpretarse de mis palabras, y lo que no he dicho y no puede interpretarse de mis palabras.

Lo que he dicho:

  1. No me parece ético el entrenamiento de animales salvajes para interactuar con las personas más allá de lo que sea estrictamente necesario para su cuidado.
  2. No me parece ético el entrenamiento de habilidades o conductas que no redunden en un bien directo para el animal salvaje, aunque se entrenen de manera amable.
  3. No me parece ético el entrenamiento de animales salvajes para su uso en publicidad, filmaciones, fiestas privadas o eventos similares. Aunque no lo he dicho esto se amplia a que tampoco me parece ético el trasladarlos a nuestra voluntad para realizar estas u otras actividades afines.
  4. No me parece ético ofrecer interacciones lúdicas con animales salvajes docilizados, sea con fines comerciales directos o indirectos, sea con fines promocionales o con cualquier otro objetivo, por noble que fuera.
  5. Creo que todas las prácticas antedichas promueven y perpetúan el mascotismo, la objetualización y el abuso comercial de los animales salvajes.

Consecuentemente NO me parece bien participar en ninguna actividad que lleve a cabo o promueva dichas prácticas, por lo que dejo el Máster.

Estas premisas no son las de ningún extremismo animalista, sino que son compartidas y se están adoptando mayoritariamente incluso por parte de los zoológicos, como bien muestran las múltiples ponencias, publicaciones y posters referidos al tema realizadas por dichas entidades, que no parecen ser ningunos radicales del animalismo. Lo cierto es que sobre estas premisas existe algo muy cercano a la unanimidad en todas las entidades con peso específico real de entre las que mantienen animales alojados, nadie cree que ver tigres paseando de la correa sea bueno para ellos, por el contrario existe acuerdo casi universal entre dichas entidades (no animalistas) en que estas prácticas son nocivas y deben abandonarse.

Por tanto más bien pueden considerarse estas unas medidas de mínimos de aceptación generalizada -casi más bienestaristas, que animalistas- que el summum del animalismo más extremo y feroz. Quien afirme lo contrario o está equivocado o desea desvirtuar la verdad para dar volumen, que no fuerza, a sus argumentos.

Lo que NO he dicho ni pienso.

  1. NO he dicho, ni pienso, que todos los animales salvajes puedan ser reintegrados a la naturaleza.

Sé perfectamente, pues tengo relación y he colaborado de manera repetida (siempre sin lucro) con diversas entidades de recuperación de animales salvajes, que muchos animales por su historial y condiciones de vida no pueden ser reintegrados en modo alguno a entornos naturales. Estos animales deben ser mantenidos y cuidados hasta el final de sus vidas en instalaciones adecuadas para ellos, pero creo que en modo alguno deben ser entrenados, utilizados o trasladados de manera repetida para los fines citados en los cinco puntos anteriores.

  1. NO he dicho que esté en contra de todas las instalaciones de alojamiento de los animales.

De hecho no he dicho que esté en contra de ninguna, aunque sí estoy en contra de todas aquellas que priman el aprovechamiento comercial de los animales y lo perpetúan, sin embargo apoyo plena y explícitamente a todas aquellas que se centran en el cuidado de animales no reinsertables y en la promoción de medidas legislativas y educativas para que progresivamente disminuyan los animales salvajes que necesiten vivir en cautividad.

  1. NO he dicho que no se deba entrenar a los animales salvajes que están alojados en instalaciones, sea de manera temporal o permanente.

El entrenamiento para cuidados veterinarios es una necesidad que defiendo de manera explícita y pública.

Me parece bien enseñar a un animal a colocar su pata en un lugar para que se le pueda extraer sangre de manera fácil, que se haga lo mismo sobre la pierna de una persona me parece innecesario e inadecuado, creo que desvirtúa la imagen del animal, lo objetualiza y es negativo para su conocimiento y conservación, así como para la formación de futuros profesionales del sector.

  1. NO he dicho que no se deba aportar enriquecimiento ambiental a los animales salvajes

Por el contrario creo y he dicho en varias ocasiones que SE DEBE APORTAR ENRIQUECIMIENTO AMBIENTAL a cualquier animal que se vea obligado por sus circunstancias a permanecer en cautividad.

Pero creo que (1) jugar o interactuar repetidamente con alumnos o visitantes, (2) ser entrenados para habilidades atractivas que no aportan más beneficios al animal que un premio y/o (3) ser trasportados a diferentes lugares para filmaciones o festejos no puede ser entendido como enriquecimiento ambiental de ninguna manera y que no debería presentarse como tal.

  1. NO he dicho que no se deban buscar formas de financiación para que las entidades que alojan animales salvajes puedan continuar haciéndolo de manera digna y eficaz.

Ni siquiera he dicho que no puedan obtener beneficios lícitos, aunque creo que deberían ser reinvertidos en el bienestar de los propios animales, ya sea directamente de los alojados, ya sea a través de programas educativos al respecto. Lo que sucede es que creo que esta financiación debe hacerse a través de medios que cumplan la premisas antes mencionadas. Por ejemplo, visitas educativas a las instalaciones, apadrinamientos, actividades formativas ¡claro que sí! respetuosas con los animales y otras similares. Tanto es así, que he organizado y llevado a cabo algunas de estas actividades para ayudar a la obtención de fondos para Rainfer.

Además el número de entidades de cuidado y protección animal que se financian y/o promocionan mediante el uso publicitario o la interacción lúdica de personas con sus animales es completamente residual y anecdótico.

De hecho, creía inicialmente que la participación en el máster podría ofrecer una alternativa de reconversión financiera a entidades participantes que pudieran tener un modelo de negocio basado en el uso de animales para publicidad, festejos, filmaciones o similares, facilitando que abandonasen dichas prácticas y se reconvirtieran a un enfoque más similar al de santuarios o entidades similares. Pues entiendo también la problemática laboral de las personas que trabajan en estos lugares, creo que no ha sido así en absoluto.

Por supuesto, esto no implica el análisis de otras prácticas con las que yo pueda no estar de acuerdo, como las exhibiciones en zoológicos, que serían objeto de otro debate.

Pero usar -en muchos casos trasladándoles una y otra vez- los animales para filmaciones publicitarias o eventos, así como ofrecer a las personas que “jueguen” con ellos es una práctica que ninguna entidad mínimamente relevante de entre las que alojan animales usa para financiarse. Por lo que plantear que esta es una forma necesaria o frecuente para financiar el cuidado de animales salvajes que deben ser mantenidos en cautividad es falso, y nuevamente muestra o bien el desconocimiento o bien la mala fe de quien lo emplea como argumento.

Me señalan en el debate que la ética es personal, que cambia con el tiempo y que, de hecho la mía ha cambiado a lo largo de los años. Esto no solo es completamente cierto, sino que añado el hecho de que la ética se mueve en el terreno de las creencias y no del conocimiento

Obviamente, esto es lo que creo correcto ahora, y quizá no piense lo mismo dentro de cinco años, pero lo bueno de argumentar las posiciones es que expongo los motivos y así en caso de cambiar puedo también explicar el porqué.

No pretendo, ni he pretendido nunca otra cosa que decir que MI ética me hace abandonar el Máster, y que les supongo a las persona que piensan lo contrario una convicción similar de estar actuando de la mejor manera posible para el bienestar de los animales. Puedo afirmar que creo que algo es bueno o malo para los animales, pero jamás que quien piensa otra cosa es mala persona o no desea lo mejor para los animales, siempre partiré de la base de que lo pensará de buena fe.

A última hora veo que mi (espero que aún) amigo Curro Castillo suma a la ecuación “los hechos consumados”, opino que a nadie se le debe descalificar en este aspecto por lo que hizo ayer, pero sí debe cuestionarse lo que hacemos hoy y lo que proponemos hacer mañana.

Puede suceder que nuestras ideas sobre lo que es adecuado cambien, como bien señalan que me ha sucedido a mí, pero si esto no conlleva un cambio en nuestros actos -en nuestra praxis- será:

  1. En el peor de los casos un subterfugio, un eufemismo, para seguir haciendo lo de siempre pero “explicado bonito” y de manera que resulta atractivo para el comprador. El mismo perro con distinto collar.
  2. Y en el mejor, una manera de engañarnos a nosotros mismos para sentir que nuestra práctica es correcta y ética. Porque es un sesgo muy común que para autojustificarnos usemos los nuevos argumentos, con un par de giros y arreglos, para mantener las mismas prácticas. Eso sencillamente es mentirnos por el miedo a abandonar lo que llevamos mucho tiempo haciendo, por el miedo a reconocer que lo que nos parecía bien pudiera ser malo, y por la inseguridad ante la idea de aprender nuevas maneras de hacer las cosas.

En este aspecto mi opinión es clara, nadie debe arrastrar más equipaje que la voluntad de hacerlo lo mejor posible hoy, ahora.

Por último decir que creo que he actuado lealmente con el Máster y con mis compañeros, pues (1) he esperado para anunciar mi marcha a que se hubieran completado las matrículas de este año, (2) he informado de lo que iba a hacer y, como parte de la dirección estaba de vacaciones, en ese momento (3) he esperado a su vuelta y (4) he aceptado ajustar mi escrito de acuerdo a sus indicaciones, puesto que ninguna de ellas implicaba desvirtuar su sentido principal. También (5) he expuesto en mi texto los argumentos contrarios a los míos, (6) he afirmado creer en la buena fe de quienes piensan de manera opuesta a la mía y (7) he afirmado que todos los participantes están cualificados para enseñar lo que enseñan en el Máster, (8) confirmando la calidad técnica a nivel formativo del Máster.

Creo que abandonarlo sin exponer los motivos podría dificultar la elección informada de aquellos alumnos que pudieran no saber de mi marcha, o suponer que se debía a exceso de agenda u otros motivos similares, y ver mi participación como algún tipo de aval o garantía de que la filosofía del Máster es coincidente, o al menos compatible, con la mía en temas de ética animalista. Y no lo es.

Pero la lealtad no es lo mismo que la omertá y el debate ético nada tiene que ver con el linchamiento de personas o colectivos.

Y en nuestro país, en el sector del entrenamiento de animales, solemos confundir el disenso con la enemistad, la crítica con el ataque personal y, tristísimamente, la lealtad con la ley del silencio.

Por eso quiero terminar con un agradecimiento especial a mi amigo y colega David Ordóñez, co-director del Máster Universitario en Intervención Asistida por Animales de la UNIA, único Máster oficial de la especialidad en nuestro país, en el que participo, que en lugar de considerar que la publicación de mi texto me convertía en un ponente “peligroso” e incómodo me ha manifestado públicamente su adhesión y comprensión. Esta manera de actuar es consustancial con David y por ello es probable que le sorprenda que lo valore tanto, pero eso ¡solo me hace valorarlo más! Resalao, que eres un resalao 😉 😉

Dejo en el tintero la diferenciación entre animales salvajes y domésticos a la hora de entrenarles, educarles y convivir con ellos. Pero, puesto que estoy haciendo un trabajo extenso sobre ese tema, prometo que a la vuelta de mi viaje a Uruguay publicaré algo al respecto, aunque no será rápido.

Muchas gracias por vuestros textos, por vuestras preguntas y por exponer las diferencias de criterio. Siempre he dicho que prefiero estar en desacuerdo con quienes creen y se mueven en el debate de ideas, que de acuerdo con quienes prefieren el simplismo de las consignas, buscan la adhesión sectaria y potencian el ataque o el desprecio del oponente.

Liniers siempre lo ha dicho todo antes, mejor y con más ternura.

Liniers siempre lo ha dicho todo antes, mejor y con más ternura.

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Por qué dejo el Máster en Intervenciones Asistidas y Etología Aplicada de la UAM

A veces hay que mirar las cosas con detalle, pero sin tocarlas.

A veces hay que mirar con detalle, pero sin tocar.

He decidido abandonar el Máster en Intervenciones Asistidas y Etología Aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid (en adelante UAM), en el que impartí clase durante sus dos primeras ediciones.

Esta no ha sido una decisión fácil por muchos motivos: desde la amistad que me une a varias de las personas que participan en él, hasta –absurdo sería negarlo- los beneficios promocionales, comerciales y de imagen que implicaba tanto para mí como para EDUCAN participar en él, pasando por los (mínimos) perjuicios que mi abandono público pudiera causar al mismo Máster en cualquier sentido.

Sin embargo, tengo la convicción de que debo dejarlo y exponer las causas que me llevan a hacerlo. Así se lo comuniqué a la dirección del Máster, con la que he hablado ampliamente sobre esto y que, como es razonable, ha sido informada con antelación, tanto de mi marcha, como de mis motivos y mi decisión de hacerlos públicos. De hecho, el texto que sigue es en buena medida una adaptación de varios de entre los que les envié, y creo que muestra con claridad mis razones.

Como sabéis, soy animalista, y algunas de las ideas que se exponen y de las prácticas que se están -siempre en mi opinión- potenciando desde el Máster entran en conflicto directo con mi ética personal y mi deontología profesional.

Creo que entrenar a los animales salvajes para lograr una docilidad extrema y conseguir interacciones directas con personas, así como para realizar conductas que no son propias de su etología genera un modelo de idealización, objetualización y uso de los animales que es el causante primero del deseo de poseerlos, de la idea de que “les gusta estar haciendo cosas para nosotros” y consecuentemente tanto de su explotación comercial, como del mascotismo, raíces principales del tráfico, tenencia y maltrato de muchos animales salvajes.

Desde su inicio conocía de la participación de empresas y personas cuya visión es contraria a la mía, dedicándose al entrenamiento de animales salvajes para su uso comercial en cine, publicidad y similares. Aunque no compartiese su enfoque, tras hablarlo con otros compañeros y con la dirección del Máster, entendía que se buscaba dar a los alumnos una visión amplia y que, además, las clases con este tipo de animales se referirían exclusivamente a su manejo y cuidado, algo que no implica ni su entrenamiento para la interacción directa con personas, ni la enseñanza de habilidades o trucos que sean de interés para su explotación publicitaria.

Sin embargo se han ido volviendo frecuentes las fotografías de alumnos en interacción directa con animales salvajes y la inclusión en las clases de pautas de entrenamiento para lograr dichas interacciones. Esto no solo se expone como algo aceptable, sino apetecible y valioso, teniendo un efecto de máxima relevancia en la captación de alumnos y determinando el enfoque del Máster, sea de manera buscada o no.

El contacto directo con animales salvajes dóciles siempre es muy atractivo, pero tengo la convicción de que resulta negativo para su conocimiento y respeto, y que aprovecharlo promocionalmente y divulgarlo desde una institución con el peso específico de la UAM es, más o menos indirectamente, justificarlo y perpetuarlo.

Entiendo que es beneficioso y necesario para los alumnos conocer diferentes acercamientos y opiniones sobre cómo se entiende el comportamiento de los animales, la intervención comportamental y las diferentes prácticas profesionales relacionadas. Toda formación debería trasmitir el hecho cierto de que en este área cohabitan diferentes ópticas e interpretaciones, así como potenciar el pensamiento crítico.

Pero también sucede que a veces el deseo de ofrecer una visión amplia puede caer en la falacia del punto medio, igualando todas las opciones pese a que alguna de ellas tenga mayor respaldo y aceptación científica. Lo cierto es que la interacción directa con animales salvajes, así como su entrenamiento y uso para espectáculos, publicidad u otras filmaciones, tiene muy poco respaldo y escasa aceptación como práctica eficaz y ética para la mejora de su bienestar y conocimiento, y opino que, en justicia, así se les debería exponer a los alumnos. Darle una posición de igualdad, sumado al inevitable atractivo que implica, creo que promociona estas prácticas, ensombreciendo otros acercamientos que tienen mayor respaldo y apoyo académico, aunque sean menos atrayentes.

Entiendo que este es un punto en el que existen otras  maneras de ver las cosas, que quienes lo encuentran adecuado aluden a la necesidad de financiar de algún modo los lugares donde se aloja y cuida a los animales salvajes rescatados del tráfico ilegal o del maltrato, y que sostienen que la cercanía, la docilidad y el contacto directo son embajadores eficaces para suscitar simpatía hacia estos animales. No dudo en absoluto de la buena fe de quienes piensan que estas son soluciones adecuadas para el problema.

Sin embargo, yo tengo la convicción de que mostrar a los animales salvajes como amigables y “felices” de hacer aquello que les pidamos perpetua un modelo de entrenamiento centrado en la posibilidad de su uso y disfrute por nuestra parte.

Es por ello que debo abandonar un proyecto que no solo lo encuentra aceptable, sino que lo potencia al ofrecerlo como parte importante de la formación para los futuros profesionales del sector, que en mi opinión deberían aprender más bien de sus efectos nocivos y riesgos que de sus beneficios.

Creo necesario hacer públicos los motivos de mi marcha, puesto que no querría generar confusión o valoraciones equivocadas en las personas, por pocas que sean, que entiendan mi presencia como una garantía o indicación de que el Máster cumplirá con las premisas de ética animalista que públicamente he expuesto una y otra vez como bases de todo mi trabajo. Finalmente, si se apuntan alumnos con una sensibilidad igual a la mía sólo se generarán tensiones e incomodidad durante la realización de algunas clases, lo que sería contraproducente y desagradable para todas las partes. Mejor hacer todo lo posible por evitarlo y así facilitar su desarrollo óptimo.

Por supuesto, mi incompatibilidad ideológica no implica en modo alguno desvalorización del Máster. No deseo que nadie la interprete como ningún tipo de descalificación de la calidad formativa ofrecida, puesto que me consta que incluso los profesionales más alejados de mis criterios de entre los que componen su claustro tienen una trayectoria profesional reconocida y consistente, estando cualificados para enseñar a los alumnos eficazmente sobre sus respectivas propuestas de trabajo. Sencillamente algunas cosas que se enseñan son incompatibles con mi ética personal y mi deontología profesional.

Por los motivos expuestos, no continuaré impartiendo clases en el Máster ni figurando -ni EDUCAN ni yo- entre los profesores y entidades colaboradoras.

Espero que mi marcha sea entendida en su justa dimensión y lamento cualquier problema que pueda causar a terceros.

También recomiendo la visita a la página de ADanimalsfree, donde los lectores pueden ampliar el argumentario que he expuesto.

 

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Tripi

Tripi

Este fin de semana estaba impartiendo un seminario de olfato y hablé de Tripi.

Siempre que explico los beneficios del olfato hablo de Tripi.

Y justo al día siguiente Noelia, su mejor amiga, escribe para decirnos a todos que Tripi ha muerto.

Es difícil escribir sobre las personas importantes de tu vida, sean humanas, caninas o de cualquier otra especie, porque todo suena como ya dicho, todo parece poco valioso.

En el mundo del perro esto se multiplica, pues las palabras que hablan de los sentimientos más profundos han sido prostituidas por gurús que no tienen pudor en repetirlas hasta gastarlas para su propio engrandecimiento, sacrificándolas para iluminarse de buenrrollismo barato, lo que normalmente me molesta, pero hoy me enfada porque debido a ese uso negligente, egocéntrico y ligero no puedo usarlas para hablar de Tripi.

No me gusta encontrarme con que han robado o roto las mejores palabras cuando necesito escribir sobre las mejores personas.

Tripi era un labrador de dieciséis años que entró en mi vida junto con Noelia hace mucho tiempo, aunque no era ya ningún jovenzuelo, precisamente una de las grandes satisfacciones de mi vida profesional fue la prodigiosa recuperación de su alegría y de sus capacidades como consecuencia de incorporar trabajos de olfato en su día a día cuando la edad empezaba a afectarle.

Esa es una escarapela verde que Tripi me colgó en el ánimo para siempre y que siempre me refresca cuando lo recuerdo ¿cómo no mencionarlo cada vez? ¿cómo no compartir ese regalo con quienes quieren saber qué puede conseguirse con el trabajo de olfato? Gracias.

Tripi nos ha acompañado durante años, tumbado en una mantita al lado de Noelia, ha estado en seminarios y cursos, en nuestros diferentes centros, en el ayuntamiento de Brunete… Siempre contento de ver a sus amigos, fuera cual fuera su especie, y siempre dispuesto a hacer nuevos amigos.

Inicialmente no se notaban sus canas hasta que estabas cerca, porque se mezclaban con su color, fueron apareciendo poco a poco, ahora ya tenía su cara blanqueada por completo. Tenía el pelo algo rizado en el lomo y soltaba mucho, en el seminario con Irene Pepperberg, como se hizo en el Ayuntamiento de Brunete, estuve a su lado cepillándole con la mano para no dejar demasiado pelo allí ¡¡estaba encantado!! Contacto era cariño para él.

Los perros viven poco, no es posible cambiar eso. Pero sí el significado de ese tiempo: Tripi ha vivido en un mundo en el que las personas y los perros han sido compañeros confiables, en el que cada nueva experiencia era una promesa de diversión y cada nuevo lugar seguro y cómodo. Para Tripi el mundo, la vida, tenían el significado más hermoso, y eso ha sido gracias a Noelia.

Porque lo mejor que podemos hacer por quienes queremos es promover su felicidad, y con los perros tenemos la suerte -y con ello la obligación- de poder ayudarles a lograrla en gran medida

Y solemos ser negligentes, confundiendo el bienestar con la felicidad, lo suficiente con lo correcto.

Noelia nunca lo hizo, nunca se relajó, nunca dejó a Tripi en casa en lugar de llevarle con ella a divertirse e interacturar con el mundo, pero tampoco le pidió que hiciera nada, ni le puso en situación alguna que le hiciese dudar de que el mundo en el que vivía era un lugar bueno y seguro.

Noelia asumió su amistad con Tripi como un cargo del que se debe estar a la altura, sin descuidos, y eso dio a Tripi la posibilidad de disfrutar completamente de su tiempo.

Noelia ha dado a la vida de Tripi el mejor de los sentidos, adensándola y haciendo que sea triste que haya acabado, pues era plena y cada momento resultaba valioso.

A cambio Tripi, no sabiendo vivir fuera de la felicidad, nos ayudó a todos a conseguirla cuando estábamos con él, siendo cariñoso y guasón. Es que me sigue haciendo sonreír recordar las cosas que hacía cuando estábamos juntos.

Por eso es triste que acabe, porque ha sido alegre mientras duraba.

Y porque cada persona, sea de la especie que sea, tiene una manera de estar, de interactuar, que es única y que se pierde para siempre con ella. Nadie (me/nos) saludará moviendo todo el cuerpo mientras se acerca con los ojos entornados y la boca entreabierta como lo hacía Tripi, esa forma de ser y de querer ya no existe y es justo y bueno estar tristes.

Estoy triste, pero no me descuido, es Noelia quien leerá esto, no Tripi, y lo que más me importa es recordarle lo que ha hecho: ha logrado que otra persona sea feliz, que el tiempo de Tripi tenga sentido y que este haya sido para él el mejor de los mundos. No es posible hacer más, no es posible hacerlo mejor.

Y quiero recordarle quién ha sido: la mejor amiga de Tripi, aquella que cada día -discretamente y sin grandes palabras- cultivaba para él la felicidad.

Gracias Noelia.

Adiós Tripi.

Inserto el video de homenaje a Tripi que ha preparado Noelia, así podéis verle de nuevo quienes le conocíais y conocerle quienes no: orejas al viento, narices al suelo, considerando el mundo un lugar estupendo y haciendo del mundo un lugar estupendo.

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Riesgos emocionales de los trabajos de olfato mal planteados.

Kata en el sofá después de "terminar" un yogur, le encanta quedarse dormida olfateando algo que hubiera tenido comida antes, es su equivalente a leer algo en la cama para facilitar dormirse. ¿Perros histéricos por hacer olfato? ¡Not my cup of tea!

Cata en el sofá después de “terminar” un yogur, le encanta quedarse dormida olfateando algo que hubiera contenido comida, es su equivalente a leer algo en la cama para facilitar dormirse.
¿Perros histéricos por hacer olfato? Not my cup of tea! 🙂 🙂  

Mi amigo troceó varias lonchas de bacon crujiente sobre la lechuga cortada, picó encima queso cheddar, puso una generosa cantidad de croutones de pan frito y terminó su labor añadiendo tres grandes cucharadas de una espesa salsa César: “Es que quiero empezar a cuidarme y ya sabes que la ensalada es lo más saludable, lo mejor para adelgazar.”

Parece obvio que la ensalada será más o menos saludable o más o menos eficaz para adelgazar según cómo la preparemos, sin embargo a muchas personas les parece que cualquier cosa que puedan hacer entrar en la definición de ensalada será, mágicamente, saludable y ligera.

El trabajo de olfato es la ensalada de los entrenadores caninos: desde que se han descubierto sus potenciales beneficios parece que cualquier trabajo de olfato que hagamos será saludable para el perro y le ayudará a mejorar su gestión emocional.

Pero todo depende de cómo preparemos la ensalada.

En ocasiones se promueven y recomiendan, con la mejor intención del mundo, algunos modelos de entrenamiento de olfato que son eficaces -muy eficaces- para alcanzar resultados, pero que en realidad son insalubres para los perros.

Debemos saber cuáles son la premisas para que un trabajo de olfato sea emocionalmente seguro y saludable, y es muy sencillo.

Los beneficios del olfato se originan en gran medida en que el perro disfruta de lo que está haciendo, con lo que puede aplazarse la obtención de los resultados, encontrar, sin que el perro genere problemas emocionales.

Esto es importante porque (hoy) sabemos hacer muy pocas cosas con los perros que nos permitan diferir en el tiempo la obtención de una meta sin hacer que se obsesionen con ella.

Lo que permite que disfrute de todo el proceso es que el perro durante el trabajo de olfato de manera natural obtiene, llamémosles así en pro de la claridad,  tres “refuerzos”: buscar, encontrar y lo que obtiene al encontrar.

Estos tres “refuerzos” deben mantener un balance entre sí para que el perro continúe disfrutando del conjunto de la búsqueda, siendo particularmente importante mantener el placer de buscar, de explorar el olor. Y eso es lo que solemos romper.

Los perros no necesitan encontrar nada para pasarlo bien olfateando, se quedan largo rato oliendo cosas interesantes sin llegar nunca a localizar su origen: si por tu casa pasan unos gatos, verás cómo después tu perro olisquea con intensidad. Aunque nunca encuentre a los gatos no dudes que cada vez que pasen por allí tu perro volverá a pasar un largo rato oliendo. Un rato divertido.

Los principales problemas, a nivel de salud emocional, con los trabajos de olfato surgen por dos motivos, que se potencian el uno al otro:

  • Elegir mal el refuerzo que le ofrecemos cuando localiza, lo que puede generar adicciones.
  • Entrenar de manera que todo el interés del perro se concentre en encontrar, lo que desvaloriza la búsqueda.

Muchas veces lo que el perro busca es directamente lo que hace valiosa la búsqueda, como al buscar comida o los rastros de otros animales, en estos casos se da una natural proporcionalidad entre intensidad e interés en la búsqueda y satisfacción al encontrar lo buscado. Sin embargo, en otras ocasiones queremos que encuentre algo que no tiene interés directo para él, como drogas, café u otras sustancias que ni le van ni le vienen. Para lograrlo asociamos la sustancia con algo que sí le guste al perro, pero si lo que obtiene es excesivamente excitante y valioso con respecto a la búsqueda podremos generar adicciones, que es el tipo de maltrato, soterrado y discreto, que más frecuente se ha vuelto en el entrenamiento canino y del que no solemos darnos ni cuenta. Sobre ello realicé hace tiempo este artículo.

Además, es usual traernos nuestro enfoque en adiestramiento de obediencia al trabajo de olfato. Si nos fijamos, veremos que en la mayoría de los entrenamientos de obediencia (no en el C-E) lo que se hace es atrasar progresivamente la entrega de un refuerzo individual de interés para el perro, esto hace que se muestre activo e interesado, pero tiene un coste: el perro trabaja con concentración tensa, centrado solo en lo que obtendrá, lo que es vistoso y eficaz, pero emocionalmente insalubre, en lugar de mostrar concentración relajada, centrado en lo que está haciendo, que es el tipo de concentración que trae mejoras en la gestión emocional. Esto lo expuse en detalle cuando escribí sobre la concentración relajada. Este enfoque es completamente errado en el olfato, y, sea como sea nuestra manera de entrenar, innecesario: lo adoptamos por inercia, por la pereza, que nos tienta a hacer lo mismo que nos funciona en otra área del entrenamiento, pero si entrenas olfato con la misma cabeza que te pones para entrenar obediencia estás entrenando olfato mal.

En el trabajo de olfato es fundamental  mantener un balance entre (A) el tiempo y (B) dificultad de búsqueda, (C) el valor de lo que se obtiene al encontrar y (D) el estado emocional que genera el refuerzo elegido.

Nada más nocivo para el perro y para su formación en olfato que combinar estas dos cosas: (1) asociar al principio del entrenamiento un refuerzo demasiado valioso y excitante, típicamente un mordedor o pelota, a encontrar y (2) hacer que las primeras búsquedas sean muy cortas y sencillas en pro de una pretendida “intensidad” y facilidad.

La combinación de búsquedas muy cortas y sencillas con la obtención de refuerzos muy valiosos y excitantes lleva al perro a desvalorizar la búsqueda y obsesionarse con encontrar. Esta obsesión “parece” intensidad, pero es debido a la concentración tensa: el perro quiere llegar al punto final y hasta que lo consigue en lugar de disfrutar del proceso está mostrando ansiedad por no alcanzar su refuerzo. Quien se da un atracón de estudio porque necesita aprobar un examen, mostrará una actividad muy intensa, con ello podría parecer que tiene más interés y que logrará más resultados que quien disfruta de estudiar un tema que le gusta, y que, debido a la concentración relajada, se muestra más tranquilo cuando lo hace, sin conductas exuberantes. Pero lo cierto es que el que aprende mejor en el largo plazo y, sobre todo, el que disfruta del proceso es el segundo. Sin embargo caemos con frecuencia en la cortedad de miras que supone ver a un perro obsesivo y ansioso mientras busca y considerar deseable, incluso necesario, ese estado emocional insalubre.

La obsesión nos puede traer excelentes resultados, sobre todo a corto plazo, pero no es necesaria para lograrlos y además destruye la salud emocional del perro. El mundo del entrenamiento habrá dado un paso de gigante cuando decir que un perro “es un yonki de la pelota” sea un diagnóstico y no una alabanza.

Para hacerlo bien, en el sentido de saludablemente, es importante empezar con búsquedas que no sean demasiado cortas y con refuerzos que no exciten tanto al perro, típicamente la comida. Debemos mimar al máximo el disfrute durante la búsqueda, pues es el mecanismo que hace del trabajo de olfato algo bueno para el perro. Si lo destruimos podemos olvidarnos de la mejora de la gestión emocional. Esto no quiere decir que no usemos mordedores o pelotas, pero no al inicio, es mejor introducirlos más adelante, cuando las búsquedas son más largas y complejas y, pese a ser divertidas y satisfactorias, generan algo de eustrés en los perros, que podrán descargarlo a través del juego coordinado con su guía usando el mordedor.

Un recurso extraordinariamente útil para evolucionar las capacidades olfativas de nuestros perros de manera sana, sobre todo cuando nuestro objetivo es algún tipo de búsqueda deportiva o funcional, es entrenar los recursos de olfato con ejercicios y búsquedas alejados de los que deseamos finalmente. En el Club de Olfato EDUCAN, en nuestros cursos de trabajo de nariz  y en los seminarios que impartimos sobre este tema, como el que daré yo la semana que viene en Kireba, es frecuente que algunos entrenadores se sorprendan de ver cómo sencillos juegos de nariz pueden ser las herramientas perfectas para conseguir mejoras impresionantes en casi todo lo que es valioso para las competiciones o búsquedas funcionales: marcaje de objetos, tiempo de búsqueda, discriminación de olores, superación de dificultades…  Y sin necesidad de obsesionar al perro, ni rayarle para que se ponga como loco.

No caigamos ni en el error de mi amigo al preparar la ensalada y no supongamos que todo trabajo de olfato será necesariamente saludables, ni en el simplismo resultadista de suponer que un trabajo eficaz y que no implica pegar al perro será siempre seguro y bueno para el perro.

Porque en el trabajo de olfato es sencillo hacerlo bien, pero es igual de fácil hacerlo mal 😉

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NatuKa, la felicidad.

En este post voy a recomendar  la comida de NatuKa y debo empezar haciendo una declaración de intereses.

Ni he recibido, ni recibo ningún beneficio económico -ni en dinero ni en especies- por esta recomendación. Muchas empresas que producen alimentación “natural y saludable” han contactado conmigo para promocionar sus productos. Todas me han ofrecido beneficios por hacerlo. Siempre les informé de que probaría la comida y comprobaría la veracidad y ética de su publicidad y, si me convencían estos tres parámetros, la recomendaría sin aceptar compensaciones económicas. Eso sí, de mis criterios en la búsqueda de la calidad y de una publicidad honesta no pensaba moverme.

Hasta hoy nunca había recomendado públicamente ningún tipo de alimentación comercial.

Los lectores deben saber que mi opinión puede estar equivocada, pero no está influida por ninguna “bonificación”, más allá de la alegría que me produce recomendar la que, en mi opinión, es la mejor comida preparada (y digo “preparada” para referirme a que está lista para usar con solo dejar que se descongele, porque es alimentación cruda) para perros y gatos que puede comprarse en Europa, y probablemente en el mundo (siempre quise usar el discurso de Anton Ego para decir algo así 🙂 ).

Os voy a contar la historia de cómo Carla y Germán han conseguido cambiar para siempre la alimentación comercial. La historia de NatuKa.

El día 15 de Abril de 2013 me llegó un email con el asunto Opinión proyecto. Lo enviaba una alumna de EDUCAN, Carla Gómez. Estaba pensando en importar piensos ecológicos de Alemania.

Germán, la pareja de Carla y Ricardo, su suegro, estaban muy implicados en la agricultura y ganadería ecológica y les había espantado (con razón) lo que dábamos de comer a los perros. Creían que era una buena idea montar una empresa que permitiera a los que compartiesen estas inquietudes acceder a una alimentación ecológica y natural para sus perros.

Carla sabía que hace un par de años estudié la calidad de diferentes propuestas de alimentación “de gama alta” en Europa, aunque entonces decidí no publicar mis impresiones. Le expuse a Carla los resultados y mi decepción con el panorama, indicándoles que, en mi opinión había productos buenos, pero ninguno óptimo.

Pero no les convencí. Germán se había criado con esta filosofía de alimentación y de vida y es muuuuy cabezón. Dedicaron varios meses a estudiar todas las opciones de comidas preparadas que había en el mercado. Me gusta que no querían revolucionar, ni inventar nada: solo encontrar un producto ecológico, natural y saludable. El mundo es grande, así que debía haber algo así.

Durante este proceso mantuvimos activamente el contacto y colaboré en lo que pude. Aunque creía que se habían marcado un objetivo imposible Carla y Germán son de los buenos. Y hay que apoyar a los buenos, porque es más importante elegir bando que ganar 😉

En Octubre de 2013 empezaron interesarse por la alimentación que se conoce como BARF (acrónimo de Biologically Appropriate Raw Food). Les pareció la mejor opción posible.

¡Pues claro! Pero todo el mundo sabe que no es viable a nivel comercial. Y menos con ingredientes ecológicos, si se pudiera alguien lo habría hecho.

¿Os he dicho lo cabezón que es Germán? Recurrió a todos los contactos de su padre, Ricardo, que ha ayudado a poner en marcha y hacer viables muchísimos proyectos de agricultura y ganadería ecológica.

Bueno, cuanto más se informasen antes asumirían la imposibilidad de comercializar una alimentación natural, ecológica y óptima. Yo me había dado cuenta. Y me considero un chico listo.

En Enero de 2014 tenían un plan de viabilidad para preparar y comercializar comida ecológica.

En Febrero de 2014 tenían una nave equipada para producir y congelar alimentación BARF ecológica. También me tenían muy impresionado.

A finales de nuestro curso avanzado, Marzo de 2014, nos trajeron las primeras muestras de NatuKa, que aún no tenía nombre (esta primera remesa de no-name-NatuKa es la única que no he pagado).

Yo aun estaba escéptico, había visto y probado todos los intentos de “alimentación natural” y, a mi entender, presentaban limitaciones. Creía sinceramente que Carla y Germán lo mejorarían, una diferencia de grado. Sin duda sería lo mejor que hubiera, pero no alcanzarían su objetivo inicial: no llegarían a la luna, pero tocarían las estrellas.

Pero no habían conseguido una diferencia de grado.

Habían creado una nueva categoría.

Para que os hagáis una idea, si un pienso barato es un Lada y uno normal un Renault, podríamos decir que las mejores opciones de alimentación natural son un Mercedes o un Audi, algunas incluso podrían ser un Ferrari.

NatuKa es el Halcón Milenario.

Me entusiasmé, les dije que lo comercializaran, que sería un exitazo. Pues no, no creían que fuera correcto hasta probarlo un tiempo mínimo, ajustarlo perfectamente y comprobar su capacidad para mantener la calidad durante una producción prolongada. También tenían que asegurar una distribución que garantizase la cadena de frío, puesto que es un alimento fresco y crudo que se sirve congelado. Me estaban dando lecciones de capitalismo ético unos mocosos de veinte años. Qué bien. 🙂 🙂 🙂

Han dedicado catorce meses en el que solo los amigos y conocidos hemos sido clientes de NatuKa para que hoy se inicie la venta al público ¿Quién es capaz de aguantar más de un año solo con gastos para que el producto sea perfecto?

NatuKa.

No quiero incluir en este post demasiadas explicaciones técnicas ni descripciones, porque en la web de NatuKa hay una amplia sección explicando casi todas las dudas al respecto, pero sí decir que una alimentación Barf ecológica y libre de cereales aporta, a mi entender, tres beneficios fundamentales.

La salud: el modelo “normalizado” de alimentación es potenciadora, en perros y personas, de múltiples desajustes hormonales, alergias e intolerancias entre otros problemas. Evitar plaguicidas, aditivos, hormonas y otros elementos con efectos potencialmente perniciosos es importante. También disminuir el nivel de procesamiento de los alimentos es algo necesario, nadie se alimentaría de harinas, purés o batidos durante demasiado tiempo (por no decir que estas preparaciones hacen imposible “ver” de qué están hechos en realidad, la legislación permite llamar “carne” a cosas sorprendentes). Pero eso es lo que hay en el mercado.

La sostenibilidad: los modelos de explotación agrícola y ganadera rapaces y abusivos son el reflejo de la enfermedad más grave del mercado: la rapiña cortoplacista a la que únicamente le importa facturar lo máximo en el momento sin importar las consecuencias. Esto ha creado un tipo de empresarios que quemarían su propia alma si pudieran vender las cenizas.

La calidad de vida de los animales usados para alimentación: no quiero entrar demasiado en temas éticos sobre este punto, tan complejo. Pero todos quienes nos sentimos compañeros y amigos de los animales estaremos de acuerdo en que lo mínimo –minimísimo- es garantizar el bienestar de aquellos criados para su consumo. La ganadería ecológica es la única que aporta calidad de vida suficiente. Entiendo que esto pueda ser secundario para otros, para mí es muy relevante y quería al menos mencionarlo.

Además hay varias ideas brillantes en NatuKa, como sus propuestas de recetas o el uso de las verduras –también ecológicas- que, al estar batidas no son dejadas a un lado por el perro y, además, hace que nos llegue una aroma vegetal, fresco y agradable al abrir los paquetes (particularmente las que contienen pimiento rojo). Tengo muchos amig@s que dan carne a sus perros y/o gatos, pero ellos no la consumen en sus dietas e incluso encuentran desagradable su olor, esta opción es perfecta para ell@s.

La variedad de opciones es muy grande y permite cubrir casi todas las problemáticas de alimentación normales. Yo alterno los menús de pollo, vaca y pollo y vaca, uno por la mañana y otro por la noche. Pero Gastón, uno de mis malinois, adelgaza con facilidad, así que a veces le añado a su menú un taco de grasa de pavo o pollo. Cata, mi otra malinois, sin embargo tiene tendencia a engordar y divido un solo menú para las dos tomas pero lo complemento con tacos de ternera, que más magro imposible. Pongo unas foticos para estrenar nuevas utilidades del blog 🙂

 

Me alegra poder ayudarles hablando bien de NatuKa. Me encanta escribir cosas buenas de otros, creo que la sinergia y el apoyo a las empresas que no solo tienen un producto excelente, sino un compromiso ético firme, es necesario para un capitalismo sostenible y sano. Hay que dejar de entender los beneficios como algo exclusivamente económico, si algo es realmente bueno al recomendarlo ganamos todos.

“La búsqueda de la felicidad” no es solo un eslogan, es la filosofía que construye a NatuKa.

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Dios está en los detalles (I): Formas sencillas de facilitar y mejorar el entrenamiento de la permanencia en adiestramientos de manejo.

Llevo tiempo queriendo hacer una serie de artículos sobre algunas pequeñas cosas que se pueden llevar a cabo en los adiestramientos para el manejo y tenencia (lo que se suele llamar “obediencias comerciales”) y que, en mi opinión, mejoran sustancialmente los resultados.

Y es que en muchas ocasiones mantenemos formas de hacer “tradicionales” casi por inercia, sin pensar en lo sencillamente que podrían mejorarse si incorporásemos de manera práctica a nuestro trabajo algunos de los conocimientos sobre perros que tenemos.

Uno de los ejercicios que más claramente muestran esto es la permanencia en quieto, al no ser particularmente complicado de enseñar no suele pensarse demasiado sobre ello. Sin embargo, todo lo sencillo que pudiera tener su entrenamiento se compensa por lo complejo que resulta su uso en la vida cotidiana: dejar a un perro quieto mientras entramos a comprar el pan puede ser muy arriesgado. Un buen motivo para revisitar y actualizar la manera de enseñarlo, además, siendo el nuestro un trabajo vocacional, siempre gusta ver nuevas formas de hacer las cosas.

El primer error que aún veo con frecuencia en el entrenamiento de la permanencia es terminarla llamando al perro a distancia, esta costumbre es herencia de los reglamentos deportivos y no aporta ninguna ventaja conceptual al trabajo y sí bastantes problemas. En un adiestramiento de manejo es vital que las permanencias sean tranquilas y seguras, para ello lo mejor es que el perro vea que su guía siempre vuelve a él para terminar el ejercicio, así podrá relajarse mientras estamos lejos de él, sabiendo que hasta nuestra vuelta no tiene que estar atento a nada más. Si le llamamos a distancia mantendremos al perro expectante a recibir nuestra señal todo el tiempo que esté quieto, impidiendo su tranquilidad y facilitando que pueda confundirse si hacemos o decimos algo fuera de lo normal durante la permanencia. No sería la primera vez que veo a un perro levantarse creyendo que su guía, por fin, le ha llamado por que saludaba a alguien que estaba al otro lado de la calle. Debería ser un norma de oro ir a buscar siempre al perro al entrenar las permanencias.

Otra herencia envenenada de los adiestramientos deportivos es la de enseñar al perro a permanecer tumbado en esfinge. Esta forma de tumbarse es muy difícil e incómoda de adoptar para algunos perros, exigiendo en todos los casos un nivel de tensión y atención sobre sí mismos que impide a los perros relajarse, algo interesante y valioso si estás compitiendo, pero que en el manejo cotidiano va contra la necesaria tranquilidad durante la espera. Yo siempre ladeo los cuartos traseros del perro para que repose más cómodamente, aunque muchos de mis perros han practicado adiestramiento deportivo y tienden a ponerse en esfinge, yo insisto en el entrenamiento lateral hasta que entienden que para permanecer quietos fuera de la pista tienen que ponerse cómodos ¡es como convencer a un dandy de que se tumbe en la hierba con su ropa nueva! Pero gracias a eso mi perra Ela, IPO III, pudo acompañarme en la cabina de pasajeros en uno de mis viajes a Chile: dieciséis horas tumbada y quieta a mis pies no eran viables en esfinge.

Los otros cambios que planteo son menos formales y más conceptuales, pero no por ello más complejos de implementar. Todos tienen por objeto asociar un estado emocional tranquilo y seguro al ejercicio, quizá el fallo más frecuente y fácil de cometer al entrenar las permanencias es asociar un estado emocional de inseguridad e incomodidad en el perro. Para el perro, que nos alejemos de él e incluso desaparezcamos de su vista, como la amada que parte en el tren en las películas, es algo potencialmente muy agobiante: tener que vernos impertérrito y quieto, sin acudir a nosotros llamado por su cariño, es duro, de hecho los protagonistas de las películas siempre terminan corriendo tras el tren, aunque sepan que solo disminuirá la separación durante un breve lapso. Es algo emocional, una característica de los mamíferos sociales: tienden a evitar la separación, es una buena opción para mantener la cohesión del grupo durante los largos lapsos de convivencia en los que no existe un objetivo colaborativo definido. Sentirse emocionalmente mal ante la separación y buscar la reunión es adaptativo.

La mayoría de fallos y correcciones a los perros durante la enseñanza de la permanencia son por levantarse para ir hacia un guía que se aleja de manera inexplicable para el perro, no parece muy justo trabajar así. Para evitarlo existen tres frentes sobre los que actuar:

  • La distancia: Debemos entrenar el ejercicio completo no alejándonos inicialmente más de tres o cuatro metros, así el perro puede aprender sintiéndose seguro y sin activar ningún mecanismo emocional de alerta. Todas las progresiones que comento en los otros puntos deben realizarse primero en esta distancia corta, cuando estén sólidamente construidas y el perro sepa lo que va a pasar y lo que se espera de él, podrá usar lo aprendido para tranquilizarse ante el aumento progresivo de distancia.
  • La atención: La conexión sensorial con el perro es un criterio muy importante en el entreno de la permanencia y debe tomarse en consideración, dejar de mostrarse conectado con el perro es difícil y estresante para él. La manera adecuada de hacerlo es construir primero el aprendizaje de alejarnos y volver manteniendo la mirada y la atención sobre el perro de manera continua, cuando esto está construido empezaremos a retirar la mirada manteniendo contacto sensorial con él hablándole, en adiestramiento C-E usamos el código de comunicación, el “muy bien”, que hace saber al perro que, aunque no le miro, seguimos conectados y juntos en y ante la situación. Progresivamente haremos desaparecer esta comunicación oral, pero habremos evitado el momento de riesgo emocional más importante: el de darnos la vuelta y desconectar nuestras miradas.
  • La manera de desaparecer de la vista del perro y aumentar el tiempo hasta nuestra reaparición: Evidentemente una permanencia de manejo para ser eficaz tiene que permitir que desaparezcamos de la vista del perro durante un tiempo, esto, nuevamente, es un momento de estrés y malestar social para el perro ¿Desaparecer? Una cosa es quedarse quieto ante un guía que no te presta atención, pero cuya presencia tranquilizadora es evidente para el perro y otra muy diferente es que salga de su campo sensorial “¿volverá mi guía? ¿tengo que quedarme aquí? ¿qué esta sucediendo?” Lo más natural es venir a buscarnos, no es un problema de aprendizaje, es una respuesta emocional involuntaria y muy potente ante la situación. Para aportar calma debemos aprovechar una de las capacidades cognitivas de los perros: la permanencia de objeto, los perros son capaces de hacer representaciones mentales sobre dónde están o estarán las cosas (y las personas) aunque no los vean. Por ello la mejor manera de no intranquilizar a nuestro perro es iniciar nuestra desaparición pasando por detrás de un obstáculo vertical de poca anchura, como un árbol: cuando lo rodeamos el perro nos pierde de vista por un momento, pero es capaz de proyectar que apareceremos en el otro lado, por lo que no se inquieta. Nuestra progresión será aumentando el tiempo que tardemos en “cruzar” el árbol, puesto que la expectativa de nuestra salida y la proyección mental de que estamos detrás del árbol, por tanto localizables y cercanos, permiten la tranquilidad del perro durante la espera. Nunca debemos iniciar nuestras desapariciones rodeando la esquina de un edificio u otro obstáculo que no le permita al perro proyectar dónde estamos o por dónde apareceremos, pues eso es un potente activador del malestar emocional y “tirará” del perro haciéndole levantarse para buscarnos. Solo cuando el perro tenga sepa que podemos estar fuera de su vista y tardar un tiempo en volver, pero que siempre lo hacemos, introduciremos este tipo de obstáculos, una vez más el aprendizaje previo será la herramienta para que el perro se calme y no active sus defensas emocionales ante nuestra desaparición. Y es que la cognición tiene aplicaciones prácticas inmediatas ;).

Como veis propongo una manera de entrenar la permanencia que no implica dificultades técnicas, ni cambios sustanciales, permitiéndonos mejorar nuestro entrenamiento tanto en resultados prácticos como en calidad emocional a través de pequeños cambios. Porque a veces, como decía Mies, “Dios está en los detalles”.

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Desmontando el JUNTO.

Empezaré diciendo que el ejercicio de junto es mi favorito de entre todos los que se entrenan con perro. Creo que permite y crea una máxima coordinación y armonía en el binomio, siendo muy educativo para ambas partes que deben trabajar al unísono en un auténtico baile que entrelaza conductas y emociones para darle una expresión final particular y propia en cada binomio, que lo convierte en el ejercicio más personal e individualizado del adiestramiento.

Todo lo que me interesa saber de un adiestrador y de la relación que mantiene con su perro me lo dice su junto, quienes lo entrenan contra el perro, forzándoles a acoplarse a ellos, haciendo que los refuerzos o puniciones sean más relevantes que la mutua atención entre guía y perro me parece que desaprovechan la mejor ocasión que nos presta el adiestramiento para ESTAR con nuestro perro y objetualizan su relación de una manera que me parece tristísima. El junto tiende a lo burdo o a lo sublime, sin término medio.

Quienes me conocen saben que tengo un permanente desborde de trabajo que me impide entrenar con regularidad (o que uso como auto-excusa para no entrenar, que en esto de los actos fallidos Freud parece que estaba bastante atinado), sin embargo, aunque no haga ninguna otra cosa, es seguro que todas las semanas haré dos o tres sesiones de junto con mi perro, tener un perro que quiere trabajar y no hacer junto es como tener pareja (potente) y no practicar sexo: falta algo que aporta una intimidad y contacto a la relación que no puede, sencillamente no puede, obtenerse de ninguna otra manera. Porque ir al cine está muy bien, pero estaremos tod@s de acuerdo en que es otra cosa.

Entiendo y me parece algo natural, casi sobrevenido, que se haya creado una disciplina centrada en este ejercicio y sus variaciones, el Heelwork to Music, porque muchos ejercicios son más difíciles de enseñar, otros requieren mayor control pero ninguno implica una comunicación tan satisfactoria, fluida y continua del binomio.

El junto no es un ejercicio: es una comunidad. Yo actualmente lo uso como refuerzo social y emocional por haber realizado otras conductas ¿lo has hecho bien? ¡pues hacemos un rato de junto para premiarte/premiarnos!

Una vez que he dejado claro que el junto me gusta mucho, muchísimo, muchisimísimo quiero decir que me parece obsoleto, ineficaz y equivocado incluirlo en el adiestramiento comercial y quienes lo hacen están dando un servicio comparativamente peor que quienes optan por otras alternativas. Y paso a explicarme.

El uso del junto en un adiestramiento comercial no es el que he descrito antes, sino que es un ejercicio de manejo que permite transitar con el perro controlado y de manera cómoda (que era su objetivo original), pero como los perros normalmente hacen rutas repetidas en las que conocen el final, por ejemplo de casa al parque, se hace muy difícil que mantengan la calidad del ejercicio, pues la expectativa de llegar al lugar deseado tira de ellos, afectando a la manera de ir al lado de su guía, esto lleva a que la práctica totalidad de los casos requieran mucho mantenimiento, tenemos un ejercicio incómodo para el dueño, que finalmente lo percibe como pesado (si hace el mantenimiento) o como poco eficaz (si no lo hace), algo que influirá en la imagen que le quedará de nosotros como adiestradores. Además cuando empieza a deteriorarse el ejercicio es demasiado frecuente recurrir a los tirones para corregir al perro, lo que produce que al final los propietarios suelen tener un ejercicio mediocre percibido muy negativamente por el perro (y no mucho mejor por ellos).

Esto nos lleva al segundo punto: aunque esté perfectamente entrenado el junto centrará al perro en su guía, en acoplarse más o menos felizmente a su paso, lo que impide que el tiempo que está realizando el ejercicio sea relajante. Por así decirlo, el tiempo de junto no computa como paseo, algo que es un problema cuando tenemos la necesidad de pasear al perro sin poder soltarlo, como en determinadas zonas o cuando está convaleciente de alguna operación (si lo sabré yo 🙁 ). Es necesario enseñar al perro una manera de pasear tranquilo que le permita relajarse, olfatear el entorno, curiosear… Esto no es posible durante el junto, el junto tiene muchas cosas buenas, pero no estas.

Además nos encontramos en un momento en el que existen en el mercado muchas opciones de elementos anti-tiro amigables que permiten, junto con una correa lo bastante larga como para que el perro pueda mantener su propio espacio, enseñar al perro a pasear tranquilo y convertir esta manera de ir cómoda y relajadamente de la correa en un hábito, no en un ejercicio de disciplina, algo que la mayoría de los propietarios prefieren.

Por todo la anterior retirar el junto de nuestro empaquetado de adiestramiento comercial abarata el servicio al restar tiempo al entrenamiento, le resulta más útil y sencillo al cliente, hace más amigable y relajado el proceso para el perro y se mantiene con el simple uso, creo que es una elección más que justificada. Por supuesto siempre aparece alguien con una visión prusiana del manejo del perro que demanda el ejercicio de junto por la sensación de máximo control que le aporta, pero es un público residual que terminará eligiendo inevitablemente a profesionales que compartan su enfoque, por lo que tampoco debemos darle mayor importancia.

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Adicción: El riesgo invisible.

Es frecuente que los adiestradores nos refiramos a perros con un enorme interés por jugar con mordedores o pelotas como “yonkis”. Lo curioso es que le damos un valor positivo a esta expresión, porque gracias a ello podremos obtener un adiestramiento deportivo o de utilidad (aquí no me refiero al adiestramiento destinado a mejorar la convivencia) positivo, implicado, proactivo y de calidad.

Sin embargo esta fuerte predisposición puede generar lo que es, en mi opinión, uno de los principales “riesgos ocultos” del entrenamiento: convertir a los perros en adictos, ya sea a los juguetes, la mordida, las pistas de obstáculos… Y cuando hablo de adictos me refiero exactamente a eso.

El límite entre la implicación y el disfrute de algo muy divertido y la adicción es difuso. ¿Cuándo pasa una gran afición al deporte a convertirse en vigorexia? ¿En qué momento exacto podemos decir que estamos rozando lo insalubre?

Para encontrar esa frontera debemos definir claramente el concepto:

La adicción se caracteriza por la pérdida más o menos completa del control al aparecer estímulos que anuncien la posibilidad de realizar la conducta a la que se es adicto, como sucede cuando un ludópata escucha el tintineo de una máquina tragaperras o cuando algunos perros practicantes de Agility esperan el inicio de la pista. Esto implica actuar incluso de maneras autolesivas o que serían inaceptables en situaciones de control cognitivo saludable, ignorando las consecuencias negativas de la conducta adoptada, así como ser incapaz de iniciar otras conductas altamente valiosas que impidan la realización de la conducta adictiva.

No debemos confundir la adicción con la dependencia que implica un síndrome de abstinencia físico cuando deja de suministrarse una sustancia, mientras que en la dependencia las alteraciones se relacionan con la carencia, en la adicción están relacionadas con la obtención, al parecer existe un desequilibrio entre los circuitos neuronales de búsqueda, que activan al perro para realizar una conducta, y los de gratificación, que hacen que se sienta satisfecho al haber obtenido lo deseado (como la pelota). Este desequilibrio se construye a través del aprendizaje, particularmente cuando se hacen programas de refuerzo de expectativa y programas de refuerzo intermitente. Obviamente esto no quiere decir que siempre que realicemos entrenamientos de este tipo vayamos a generar adicciones, pero debe ser tenido en cuenta al entrenar a perros que ya muestran un altísimo interés por los juguetes que le ofrecemos como reforzadores.

Evitar la adicción en determinados individuos y razas es algo difícil cuando se entrenan trabajos deportivos y es uno de los puntos sobre los que tengo más enfocada mi atención actualmente. Afortunadamente hay varias cosas que podemos hacer para disminuir este riesgo y mantener en el perro una alta implicación que permita una evolución máxima del entrenamiento. Y lo bueno es que puede hacerse casi con cualquier sistema de entrenamiento, no vale únicamente para el adiestramiento cognitivo-emocional.

1- Respeta su infancia:

Los cachorros están construyendo su forma de entender el mundo, si le das una relevancia excesiva al entrenamiento durante esta etapa, independientemente de lo respetuosa o positiva que sea tu manera de entrenar, potenciaras que el perro lo vea como el centro de su vida. Es importante trabajar con el cachorro, en ningún caso defiendo que no se inicie el adiestramiento hasta la madurez, pero desde luego nunca debería ser su actividad principal: clases grupales para cachorros (en EDUCAN tenemos unas estupendas), salidas de socialización… son opciones más interesantes para ocupar la mayoría de la puppy-agenda. Cuando veo cachorros con menos de seis meses que hacen prácticamente todo su reglamento siempre tengo la misma impresión que al ver a las gimnastas de doce años: que no han podido elegir si les gusta lo que hacen y que a esa edad hay opciones más saludables.

2-Convive con el perro:

Nada potencia más la adicción que mantener a un perro viviendo todo el día en una perrera y sacarle únicamente a entrenar. La convivencia implica la interacción con los perros en muchos contextos emocionales y sociales, y por ello una educación social mínima. Nadie tendría en su casa a un perro que le muerde la mano cuanto sacude una servilleta o que se pase toda la noche empujando una pelota para que se la tires. La convivencia hace del entrenamiento otra actividad con su dueño, si todo sale como debe, será la más divertida, pero no la única en la que el perro puede interactuar con él y obtener refuerzos sociales e individuales.

3-Pasea por el campo:

Sé que Dani Pardos, que es lo máximo en cordura que se sirve en adiestradores, cree que se ha abusado de la expresión “dejar al perro ser perro” hasta convertirlo en un mantra sentimentaloide y sin sentido, pero creo sinceramente que pasear con los perros libres por el campo les permite y potencia disfrutar de sus capacidades naturales mejor que ninguna otra cosa, recordándoles que no solo pelotas, mangas o saltos son divertidos. Sólo son algunas de las opciones para pasarlo bien.

4-Que se relacione con otros perros:

Los perros tienen que relacionarse con perros, les permite sutilezas de comunicación e interacción que engrasan sus capacidades sociales y evitan que haga de un juguete el centro de su mundo, por mucho que le guste. Si tienes un perro al que no le gusta interactuar con perros desconocidos (no me refiero a casos patológicos) te recomiendo incluir en tu familia un cachorro del sexo opuesto al de tu perro: en este caso dos en mejor que uno, se relacionarán entre sí y tú podrás pasar horas viéndoles jugar. Tampoco tienes que ser el centro del mundo de tu perro (ni de tu pareja, ni de tus amigos humanos) tooodo el tiempo ¿verdad? ¿O eres así de inseguro?

5-Trabaja en equipo:

Es curioso que todas las conductas adictivas en personas son conductas individuales (podríamos excluir las adicciones sexuales, pero en realidad también lo son, pues el partenaire está objetualizado), por ello el trabajo en equipo es muy eficaz para evitar la adicción. Al existir reglas de coordinación y subordinación que ambas partes –perro y adiestrador- deben conocer y seguir, necesitando de la interacción para alcanzar los objetivos, evitamos que el perro vea la pista, el juguete… lo que sea como algo que buscar obsesivamente: la pista es algo que requiere la colaboración de ambos y la pelota o el mordedor son elementos para jugar con su guía, no objetivos por sí mismos.

6-Ten una manera de indicarle cuándo ha terminado de trabajar:

Si a tu perro le encanta el adiestramiento y no sabe claramente cuando termina una sesión será fácil que mantenga la expectativa de continuarla, requiriéndote a ello de manera insistente. Ten un comando o señal que uses siempre cuando termines una sesión, si eres consistente en muy poco tiempo sabrá diferenciar cuándo puede acceder a la pelota y cuándo no, mejorando su autocontrol y aprendiendo a desconectarse del juguete.

7-Mantén una comunicación honesta con tu perro:

Debo reconocer mi antipatía a todo programa de refuerzo intermitente, cuando el perro no sabe si aparecerá o no el premio se obsesiona con él y no puede conectar su concentración relajada, disfrutando de lo que está haciendo sin pensar únicamente “pelota, pelota, ¡¡peloooota!!”. Veo muchos perros de razas afectuosas e inteligentes, como los malinois, convertidos en adictos por programas de este tipo. La comunicación honesta quiere decir que el perro sabe qué es lo que va a pasar cuando realiza una conducta: si le hemos indicado que conseguirá la pelota por hacer algo debe obtenerla siempre, si no se la vamos a dar el perro debe saberlo también. Quizá este es el punto que más excluyente resulte para determinados modelos de adiestramiento y es que es una seña muy identificativa del trabajo C-E. Pero si practicas otro modelo de entrenamiento que hace imposible la comunicación honesta no te preocupes, sé más escrupuloso al seguir el resto de los consejos de este artículo y mantendrás a tu perro lejos de la adicción sin necesidad de cambiar tu forma de entrenar.

8-No seas obsesivo adiestrando:

Los perros son muy empáticos, para tu perro será muy difícil no obsesionarse con el entrenamiento si tú lo estás. Hace muchos años un excelente entrenador y amigo me propuso dejarme a su perro un tiempo porque lo tenía sobreentrenado y no se consideraba capaz de parar si lo tenía en casa. A los lectores que no tengan interés en el adiestramiento deportivo les podrá parecer un caso exagerado, no creo que coincida con ellos nadie que lo practique. Es difícil cambiar nuestra actitud hacia el adiestramiento, pero es fácil ponernos unos límites: deja un par de días a la semana libres de entrenamientos, tú puedes pasar el mono viendo videos de adiestramiento en internet, leyendo sobre ello o incluso opinando en foros (pero sin abusar Payno, sin abusar en ningún sentido 😉 ). Además oblígate a pagarle al perro por cada hora que dedica al entrenamiento a la semana con otra hora de actividades divertidas de otro tipo, valen las descritas de pasear por el campo o jugar con perros, pero también sesiones de masaje relajante o (si no es lo que entrenas) sesiones lúdicas de trabajo de olfato, llévalo a nadar en un pantano o rio…. Esa contabilidad te asegura que le remuneras en calidad emocional por implicarse tanto en el adiestramiento, al fin y al cabo en Google, empresa famosa por los resultados y compromiso de sus trabajadores, tienen sillones de masaje y videojuegos para los empleados. Y no parece que les vaya mal.

La adicción es un riesgo real en los perros seleccionados y destinados al trabajo deportivo o funcional de casi cualquier especialidad, es nuestra responsabilidad mantenerles emocionalmente saludables para que disfruten del adiestramiento tanto como nosotros, pero se obsesionen con él bastante menos.

Pardo, por dos no me ha salido un decálogo, cada vez estoy más cerca.

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Lluvia de albóndigas.

Hace tiempo comenté en el post titulado Consolidar fallos que era un problema común intentar corregir mediante la extinción pequeños defectos de un ejercicio, como la inercia de cruzarse al andar a nuestro lado, con la consecuencia de que se empezara a resentir la calidad del adiestramiento, lo que nos hacía volver a reforzar el ejercicio con defecto, metiéndolo en un programa de refuerzo intermitente que daba consistencia a la incorrección que queríamos corregir inicialmente.

Y es que la extinción es algo trabajoso, un perro que ha establecido que su conducta instrumental aumenta la posibilidad de que aparezca un refuerzo se aferrará a ese aprendizaje, volviéndose insistente (ya sabemos cómo va la curva de extinción) ante la desaparición del premio. Además resulta emocionalmente agotador para el perro esforzarse y no cumplir su expectativa, siendo fácil que aparezcan reacciones emocionales negativas que lleven a que empeore su conducta de manera global, incluso afectando a su interés e implicación en el entrenamiento y en nosotros: al fin y al cabo a las personas nos pasa lo mismo, cuando tenemos un trabajo en el que nos esforzamos al máximo y nos ignoran terminamos aprendiendo a pasar de todo y extinguiendo nuestra conducta, pero después la relación con trabajo, jefes y compañeros no será ni mucho menos igual que antes. Eso es lo que notamos que sucede, de manera más o menos intuitiva, por eso se nos ponen de corbata, cedemos y reforzamos de nuevo el ejercicio inexacto.

Y hacemos bien, porque la extinción puramente conductista puede ser bastante destructiva para la relación con nuestro perro; la ansiedad, la sobreactivación y los estados emocionales negativos acechan. Ojo, estos efectos nocivos sólo se dan cuando se cumplen determinadas premisas: el perro no tiene claro lo que queremos extinguir, siente que su esfuerzo al trabajar es inútil y que sus demandas afectivas ante el fracaso son ignoradas. En situaciones en las que no existe ni ambigüedad, ni un contexto de trabajo en equipo, como dejar de darle comida en la mesa para que no pida, no hay problema para utilizar la extinción.

Afortunadamente existen estrategias alternativas más sencillas y eficaces, una de las más funcionales es infrecuente porque resulta contraintuitiva, sin embargo todos los resultados experimentales prueban su consistencia: La aparición aleatoria de premios.

La tensión generada por la extinción surge por la expectativa del perro de que con su conducta conseguirá el premio, cuando no hay premio responde inicialmente aumentando su esfuerzo en la conducta que había sido eficaz. Pero si la comida empieza a aparecer de manera frecuente y aleatoria surge un curioso efecto: el perro abandona la conducta aprendida rápidamente, mucho más que con la extinción, y sin tensión emocional, no tenemos que “convencerle” de que por más que insista no conseguirá nada, sino que el perro voluntaria, rápida y relajadamente deja de mostrar una conducta que no aporta ningún beneficio cuando los refuerzos vienen “caídos del cielo”.

Por supuesto la forma general de la conducta entrenada también se puede alterar al principio con esta estrategia, pues le estamos reforzando todo el rato, pero sin estados emocionales negativos que puedan afectar en el medio o largo plazo (recordemos que el estado emocional es el primer evaluador de la calidad de un trabajo).

Tras unas sesiones en las que dejamos que el perro se relaje recibiendo los refuerzos gratuitos será sencillo reiniciar el entrenamiento dirigido colocando los refuerzos de manera que se premie la conducta correcta. Puesto que el perro se encuentra bien, calmado, cómodo y seguro será fácil que siga nuestras nuevas indicaciones y no reactive la conducta incorrecta. Es importante no hacer demasiadas de estas sesiones, pues podemos provocar el efecto llamado pereza aprendida que después nos dificultaría el aprendizaje.

Of course, no digo que está que propongo sea la única o la mejor estrategia para reconducir conductas inexactas, hace tiempo que me parece muy difícil decir que algo es “lo mejor” e impensable decir que algo es “lo único” que funciona en adiestramiento. Pero es una estrategia muy eficaz, que por poco conocida y contraintuitiva, se conoce y aprovecha bastante menos de lo que los resultados que se pueden obtener harían recomendable. A nosotros nos ha funcionado muy bien en EDUCAN, sobre todo para reconducir a perros con adiestramientos previos consistentes. Una herramienta más de trabajo, pero una buena herramienta.

Después de unos cuantos post que se alejaban de la práctica directa del adiestramiento creo que se imponía volver al turrón ;).

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Generalidades de nuestra propuesta de entrenamiento para zoos y acuarios.

Como ayer estuve respondiendo a los comentarios de mi anterior entrada, y además tuve que dedicar parte del día a escribir a algunas entidades que trabajan en enriquecimiento y bienestar animal sobre nuestro trabajo, he tenido que exponer muy sucintamente algunas de nuestras ideas sobre entrenamiento de animales, particularmente creo que los animales alojados en Zoos serían los más beneficiados de la adopción de un modelo cognitivo-emocional de entrenamiento. He pensado que podía compartir con vosotros, en forma de post, estas ideas generales.

En los últimos años se han llevado a cabo una serie de descubrimientos y desarrollos sobre aprendizaje y conducta, sobre tipos de reforzadores su funcionamiento e interrelación, nuestro punto de partida es que estos conocimientos deben traducirse en técnicas nuevas para el entrenamiento y bienestar animal.

Como consecuencia de lo anterior podemos deducir que los modelos de entrenamiento animal que se están utilizando tienen algunas limitaciones y pueden generar mermas en la calidad de vida de los animales, particularmente de los que se encuentran alojados en instalaciones zoológicas.

Existen varios ejemplos muy claros:

En primer lugar está el hecho de que existen una serie de conductas que el animal realiza espontáneamente cuando se encuentra emocionalmente saludable y que resultan intrínsecamente reforzantes, esto es, que no necesitan de ningún elemente externo al animal para realizarse. El animal las realiza porque se encuentra bien y para encontrarse bien. El animal disfruta de hacerlas “per se”.

Se ha comprobado que cuanto más premiamos con reforzadores primarios como la comida estas conductas de bienestar, tanto más disminuye su valor auto-reforzante y se realizan menos de manera espontánea. Esto quiere decir que si premiamos los saltos de los delfines con pescado para poder incorporarlos al entrenamiento y show estaremos disminuyendo la posibilidad de que disfrute de saltar en el tiempo en el que no está trabajando con sus entrenadores, que es la mayor parte de su tiempo, esto se traducirá en una merma en la calidad de vida del animal, puesto que hemos disminuido la posibilidad de que realice una conducta que le causaba bienestar emocional.

El entrenamiento actual debe ser capaz de potenciar la aparición de estas conductas de bienestar o, al menos, no disminuirla. En EDUCAN hemos desarrollado recursos técnicos y protocolos para conseguirlo.

También se sabe que no se gestionan de igual manera los refuerzos externos, que provienen del entorno, que aquellos que provienen del grupo social y son de naturaleza afectiva, la sobreabundancia de refuerzos del entorno causa una hiper-atención sobre este y una progresiva desvinculación del individuo con respecto del grupo social y de los refuerzos afectivos que surgen en este. Al entrenar principalmente con técnicas operantes aumentamos la atención de los animales sobre su entorno, lo que en un animal que vive en un entorno limitado, como son todos los alojados en instalaciones zoológicas, llevará, por el enfoque de su atención, a que esté necesariamente poco estimulado.

Las técnicas operantes, además, merman la interacción social por lo que disminuiremos el interés del animal por relacionarse con los otros animales con los que se aloja, incluso negativizando su presencia por ser competidores para obtener las recompensas que el entorno ofrece. Por ello el entrenamiento demasiado centrado en recursos operantes hará que disminuyan las interacciones afectivas y lúdicas entre los animales que viven juntos, pudiendo incluso aumentar el número de agresiones y la tensión de la convivencia.

El entrenamiento debería hacer lo contrario, potenciar el ámbito social lo que sería enriquecedor, puesto que la riqueza y complejidad de la interacción social, incluso en cautividad, es una de las más poderosas armas de las que disponemos para garantizar una vida emocional saludable al animal (obviamente aquí me refiero a animales sociales). Esto no es complejo cuando se sabe cómo incorporar el afecto como elemento de trabajo de manera adecuada. Se ha huido sistemáticamente del uso del afecto como motor de conducta en los protocolos de entrenamiento más operantes, en otros casos en los que entrenadores empáticos se han preocupado por vincularse emocionalmente con aquellos animales que entrenaban, se han dado situaciones de hiper-apego y dependencia que aún causaban un mayor malestar al animal, pues se encontraba infeliz excepto cuando podía interactuar con su entrenador, llegando a rechazar el contacto con los otros animales alojados con él. Un protocolo que entrena y equilibra de manera adecuada el uso del afecto es prioritario para mejorar la competencia social de los animales sociales alojados y su calidad de vida.

Otra carencia de los modelos imperantes de entrenamiento es que no trabajan sobre la capacidad del animal de gestionar correctamente el estrés, incluso intentado evitar su aparición a toda costa, algo que empeorará en el medio plazo dicha capacidad. De ello resulta una gran cantidad de animales que se afectan fuertemente por situaciones que realmente no son importantes. Esto también disminuye la calidad de vida de los animales, siendo muy fácil mejorar la capacidad de los animales de gestionar el estrés a través de protocolos relativamente sencillos, como los que hemos propuesto en el Zoo de Madrid.

Estos son sólo algunos de los planteamientos más sencillos y evidentes que surgen a consecuencia de los nuevos conocimientos que comentaba al principio, la realidad es que existen otros muchos parámetros de los procesos de entrenamiento que pueden y deben ser reajustados.

Nuestro objetivo es hacer del entrenamiento una herramienta holística de mejora de la calidad de vida de los animales, considerando los resultados en exhibiciones como una parte importante de los objetivos, pero siempre supeditada a la influencia global del entrenamiento en la vida del animal.
…Y si queréis ver todo esto en vivo, os invito a nuestro concurso de Facebook para acompañarme en una sesión de entrenamiento con leones marinos bebés :).

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Mamá, quiero ser adiestrador.

Dándonos un respiro antes de publicar el siguiente (y espero que último) artículo sobre las Cualificaciones Profesionales referidas al adiestramiento canino voy a escribir sobre un tema relacionado: La extraña impresión y reacciones que causa en nuestro entorno la decisión de dedicarnos profesionalmente al entrenamiento de perros.

Estoy convencido de que comunicar que uno quiere prepararse para ser adiestrador y posteriormente trabajar como tal no provoca ni de lejos la misma sensación en nuestro interlocutor que causaría que dijéramos que queremos ser médicos, mecánicos, conductores de ambulancia o torneros-fresadores. La reacción es más bien similar a la que tendrían si hubiéramos optado por ser cantantes de rock, cazadores de tesoros o buscadores de ovnis.

Por algún motivo inicialmente nuestras familias parecen considerar que esto del adiestramiento es una especie de aventura digna de Indiana Jones, que bien es sabido que después de jugar a ser él mismo vuelve a su trabajo de verdad como profesor de arqueología, trabajo que debió aceptar para que su madre se callara de una buena vez y le dejara calzarse la chupa de cuero y largarse por esos mundos a desenterrar tesoros, que era lo que de verdad le apetecía.

Lo cierto es que si tomamos a Madonna o a Indy como elementos de comparación parece que nuestras familias tienen algo de fundamento en sus advertencias. Seamos sinceros, no hay demasiadas Arcas de la Alianza o Santos Griales por el mundo y, obviamente, reina del pop sólo hay una (con perdón de Lady Gaga). Por ello estos trabajos son un poco chungos para absorber a muchos profesionales y como meta laboral parecen nutrirse más de ilusión que de estimaciones mínimamente realistas.

Pero el entrenamiento de perros y el trabajo sobre su conducta es uno de los sectores que, pese al parón de la crisis, más está creciendo y que cada vez necesitará más profesionales para cubrir una demanda continuamente en aumento, por lo que es muy injusto comparar a quien quiere ser adiestrador con quien aspira a montar una banda de Rock, que también está muy bien pero que tiene menos demanda.

Así que la comparación de nuestro trabajo con el de estas profesiones no puede sostenerse tomando en cuenta las posibilidades laborales ¿en qué se basa entonces? En una sola cosa: la ilusión de dedicarnos a lo que nos gusta disfrutando de cada jornada de formación o trabajo. Esto siempre le parece sospechoso a nuestro entorno, parece que un trabajo debe ser penoso y desagradable (o al menos no puede ser divertido) para ser un trabajo de verdad, y esto no es cierto. En momentos duros, como los que la crisis nos está trayendo, el dedicarse a lo que a uno le gusta le puede ayudar mucho a superar una menor remuneración o la exigencia de más horas para facturar lo mismo. Es ahora, cuando los trabajos de toda la vida ya no son seguros y que no disfrutar de tu jornada laboral lo único que te garantiza son ocho horas de aburrimiento, cuando muchos están volviendo a sus verdaderas vocaciones, a esas profesiones que son un premio en sí mismas. Si te gusta, creo que debes apostar por dedicarte al adiestramiento: Tendrás los pies en la tierra al entrar en un sector en crecimiento, pero también estarás tocando las nubes y cada día se hará más ligero y enriquecedor.

Apuesta por lo seguro, apuesta por disfrutar con lo que haces ;).

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Artículos para “Pelo, pico, pata”: Usando la nariz.

Aunque empecé a publicar aquí los textos que escribo para “Pelo, pico, pata” en seguida me di cuenta de que el perfil de seguidores de este blog era muy diferente al de los lectores de la revista y no tenía sentido seguir haciéndolo; odio esos blogs que meten entradas de cualquier tipo u origen para aumentar su contenido y simular una actividad como bloggers que en realidad no existe.

Sin embargo creo que el presente artículo es una excepción, el trabajo de olfato es poco conocido en sus aplicaciones lúdicas y terapéuticas incluso por muchos profesionales del adiestramiento ¡y los resultados que se pueden obtener son realmente sorprendentes! Hace poco el excelente adiestrador Sergio Sinobas (que trabaja en EDUCAN, en Madrid) iba a incorporar a su familia a un pastor alemán macho de trabajo de casi tres años con RCI II, tenía que conseguir que conviviera con su rottweiler macho de seis años y su yorkie, también macho y adulto, por si esto le parece poco a alguien además vive en un piso. Quien conozca algo sobre perros sabe que esta es una situación complicada. El inicio del contacto y el trabajo de presentación se realizó mediante protocolos de olfato y hoy, apenas un par de meses después, basta pasarse por su face para ver los videos de los perros interactuando como los mejores amigos del mundo (¡¡gran trabajo Sergio!!).

Por ello creo que divulgar las bondades de hacer que nuestros perros usen su nariz no está de más en esta Caja Verde.

Es fácil darse cuenta de que los perros son unos entusiastas de olfatear, sin embargo no suelen conocerse bien las múltiples aplicaciones prácticas que tiene esta afición de nuestros amigos caninos.

Cuando pensamos en aprovechar el olfato nos vienen a la cabeza los perros que detectan explosivos, los que localizan droga o los que encuentran a las personas sepultadas o perdidas. Son actividades admirables y que requieren implicación y entrenamiento consistente, no parece algo demasiado aprovechable para nuestros perros caseros.

Sin embargo el trabajar con la nariz puede cambiar la vida de un perro, ayudándole a corregir problemas de conducta o haciendo que se divierta como no creías que fuera posible, además es algo que podemos hacer con cualquier perro, independientemente de su raza o edad.

Esto sucede porque los perros están preparados de forma natural para que el sentido del olfato sea uno de sus principales herramientas para interpretar el mundo, pero habitualmente nosotros, que somos una especie principalmente visual, no dejamos que este potencial se desarrolle o incluso corregimos que intente olfatear determinadas cosas (por poco higiénicas o porque resulta socialmente comprometido), con lo que esa extraordinaria capacidad queda reducida y minimizada.

Como el uso del olfato está muy relacionado en el perro con el desarrollo de la capacidad de concentración, el autocontrol y la gestión de las emociones el resultado final de no usarlo es que limitamos la capacidad del perro para mejorar en estos aspectos, con lo que aumentan todos los problemas relacionados con ellos: lentitud en el aprendizaje, generación de estrés, mala gestión de la ansiedad…

Realizar ejercicios de olfato está sustituyendo ventajosamente al uso de ansiolíticos y otros fármacos en el tratamiento de múltiples problemas de conducta, permite regular la actividad en perros excesivamente dinámicos, ayuda a solucionar problemas de miedo y agresión
… Un auténtico comodín para la “medicina natural” canina.

Particularmente el olfato me parece muy importante como elemento recuperador de la calidad de vida en perros geriátricos, pues activa y estimula mentalmente en un nivel óptimo: los abueletes que pensábamos que solo querían dormir se revitalizan y divierten como hacía años que sus dueños no les veían hacerlo, retrasando o incluso deteniendo los deterioros cognitivos asociados con la vejez. En este punto tengo que pedirle a los lectores un favor personal: Si tienen un perro mayor y le ven apático y desanimado denle estimulación olfativa a través de ejercicios sencillos de olfato, no se resignen. Lo agradecerá.

Pero es que, además de con aspectos que pueden resultar problemáticos, el trabajo de olfato puede ayudar a nuestro perro no sólo a evitar problemas sino también a ser más feliz. Y que nadie piense que un perro es feliz sólo por estar tumbado en el sofá, como a nosotros, eso les gusta un rato, pero también desean tener actividad y les satisface alcanzar objetivos y si lo hace con sus compañeros humanos ¡miel sobre hojuelas! En los días de lluvia en los que es inevitable acortar los paseos el complementarlos con trabajos sencillos de olfato aporta al perro el extra de esfuerzo mental necesario para que se lo pase tan bien como corriendo por el parque.

¿Y qué se puede hacer en casa para usar esta capacidad tan extraordinaria? No hace falta intentar complejos entrenamientos, puede limitarse a poner trocitos de comida por la casa y darle a su perro una señal para que los busque, puede ocultar su juguete o incluso esconder a algún miembro de la familia (que se esconda bien para que el perro deba usar su nariz), también puede enseñarle a seguir pequeños rastros de comida o a localizar un objeto que usted ha tocado de entre varios similares (no crea que es tan difícil, cuando usted le lanza un palo en el campo su perro siempre le trae el correcto ¡y en el campo hay muchos otros palos!). Verá como su perro está más calmado en casa, como se vuelve más tranquilo y relajado en el trato con perros o personas y que cosas que antes le ponían muy nervioso y alterado ahora no parecen afectarle en absoluto.

Aunque si empieza a trabajar con su perro es muy probable que se aficione y termine buscando cómo avanzar y entrenar acciones más complejas, el trabajo de olfato fácilmente se convierte en una afición compartida ¡Bienvenido al club! 🙂 🙂

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Artículos para “Pelo, pico, pata”: La educación en los perros jóvenes

Hace unos meses comentaba que “Pelo, pico, pata” me había contratado para escribir una serie de artículos, esto me alegró mucho por varios motivos: el primero era poder colaborar con el director de esta publicación, persona que siempre he considerado de las más interesantes del entorno profesional del perro.

También me gustó que ni siquiera se plantearon que escribiese los artículos gratis, lo que en este mundillo es extraño, pues publicaciones que tienen un claro y lícito ánimo de lucro suelen considerar normal solicitar artículos a especialistas sin pensar siquiera en pagarles, considerando que la promoción que les supondrá aparecer en sus páginas es recompensa más que suficiente. Considero que esta práctica es muy nociva (y un poco surrealista) para todos los profesionales. Para entidades sin ánimo de lucro toda la ayuda que haga falta, pero si quieren generar beneficios comerciales con tu trabajo deben pagarlo.

La tercera razón es que me ofrecieron la posibilidad de que los artículos que escribiese para ellos fueran publicados en este blog dos meses después de salir publicados en la revista, lo que me pareció una buena idea.

A partir de ahora iré publicando estos artículos citando que son los redactados para “Pelo, pico, pata”.

La educación de los perros jóvenes

Los perros también pasan una adolescencia que puede poner a prueba los nervios de sus familias, conociendo cómo actuar será mucho más fácil que superemos esta etapa sin desesperarnos, incluso podemos hacerlo divertido.

La madurez sexual de un perro (que suele darse entre los nueve y los dieciocho meses, según la raza y el individuo concreto) es un momento difícil para él y, en muchas ocasiones, para su familia humana. La efervescencia de las hormonas puede hacer que se desordene la conducta, incluso en perros en los que era impecable, además el perro joven se siente físicamente más seguro de sí mismo, con lo que su vitalidad e impulsividad aumentan, lo que puede causar desajustes en la convivencia familiar y alterar su estado emocional.

El trabajo con un perro joven debe cubrir varias áreas para poder resultar eficaz a largo plazo, no debemos limitarnos a intentar cortar sus conductas, pues son la expresión de una serie de cambios físicos y mentales inevitables que debemos canalizar de manera adecuada. La represión y el castigo como única solución pueden dar resultados a corto plazo, pero a la larga afectarán negativamente al perro y pueden terminar en la aparición de problemas de conducta. No estamos ante un perro desobediente, sino ante un adolescente desorientado, deberíamos ser comprensivos ¡Todos hemos pasado por ello! La prioridad es la educación.

La educación es el proceso de aprendizaje que busca integrar al perro en su grupo social y hacerlo competente en las relaciones que establezca en él. Por ello es muy relevante enseñarle juegos y acciones que realizar de manera coordinada y subordinada con los miembros humanos de su familia: Enseñarle a traer y entregar la pelota o juegos de tirar del juguete hasta que se le indica que lo suelte facilitan que aprenda a formar equipo con nosotros, pero aceptando nuestra dirección al tener que empezar y terminar los juegos cuando indicamos.

Los perros jóvenes suelen ser fácilmente excitables, la gestión de las emociones es una parte fundamental de una educación correcta: tenemos que enseñar a nuestro perro a ser capaz de auto-controlarse, pues si no tendremos que ante cualquier situación que le altere se subirá por las paredes (en algunos casos literalmente). Para ello es ideal entrenar su olfato con ejercicios sencillos y divertidos, escóndele unos trozos de comida por la casa e indícale con un comando que los busque, también puedes hacerlo en el parque o en el campo poniendo varios premios distribuidos por una zona concreta. Cuando inicies el juego verás cómo se entusiasma, pero lo bueno de esto es que para poder olfatear con eficacia y conseguir sus chuches necesita concentrarse y actuar con autocontrol, con lo que en pocas sesiones verás que tu perro ha aprendido a mantener sujeta esa excitación. Es una lección que aprovechará toda su vida. Además habrás incorporado una nueva y divertida actividad a la lista de juegos que puedes hacer con tu perro.

También es un momento en el que el perro desarrolla al máximo sus capacidades de propiocepción (sentido que informa al perro de la posición y estado de su cuerpo) y equilibrio, por eso los adolescentes son tan desgarbados: han crecido, sus cuerpos son casi adultos, pero aún tienen que aprender a conocerlos y controlarlos. Los perros son iguales, basta ver un dogo alemán o un San Bernardo de un año para darnos cuenta de que aún no tienen muy claro qué hacer con todas esas patas. Podemos enseñarles ejercicios simples que aceleren y mejoren este proceso: andar hacia atrás, rodar, tocarse la nariz con la pata (no se crean que exagero) son ejemplos divertidos y eficaces de esto.

Con respecto a la relación con otros perros este es un momento particularmente importante, pues aunque nuestro joven amigo estuviese bien socializado y fuera amigable es posible que en esta etapa se vuelva un poco “gallito”, lo que lleva a mucha gente a dejar de juntar a su perro con otros para evitar conflictos. Esto es peligroso, pues podemos estar aumentando el problema y encontrarnos con un día en el que ya no podemos estar con casi ningún perro. Lo ideal es acudir a grupos o clases de socialización de perros jóvenes, donde a través de la inducción de calma, las sueltas controladas y las correcciones adecuadas a los perros que se ponen brutotes (normalmente “arrestándoles” diez minutos) se consigue mantener la capacidad y buenas maneras sociales del adolescente canino. Estas clases de jóvenes también incluyen sesiones de adiestramiento, con particular énfasis en el comando de acudir a la llamada (porque es frecuente que en esta etapa se vuelvan algo “sordos” cuando se les pide que vengan), y paseos en grupo, que nos ayudarán a que nuestro amigo canino sea obediente con nosotros y sociable con sus congéneres. Esta es una de las mejores inversiones que podemos hacer, además encontraremos gente con problemas e inquietudes similares a las nuestras, lo que nos animará y normalmente terminará con la incorporación de un par de buenos amigos con perro a nuestra agenda ¡Ya tenemos con quienes organizar actividades caninas!

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Beneficios del estrés (II)

AVISO: Post largo, larguísimo, de los que me traen tirón de orejas inmediato de mi Webmaster.

En el anterior post refería los beneficios generales de trabajar con estrés, hay que añadir que, como comenta Fernado Silva en dicho post, si no somos capaces de enseñar al perro a trabajar con pequeños niveles de estrés y a gestionarlos correctamente nos encontraremos atados de pies y manos para hacer trabajo comerciales, correcciones de conducta o trabajos deportivos de calidad.

Si no podemos trabajar por el pequeño nivel de estrés que causa estar un par de horas guardados en el coche, como cuenta el señor Silva, el consecuente con haber viajado varias horas y estar en un lugar nuevo, como sucede a quienes participan en pruebas deportivas de cualquier especialidad, el que pueda darse cuando iniciamos algunos protocolos de manejo y seguridad para mejorar a perros con miedo o determinados tipos de agresión o, sencillamente, el que en ocasiones causa la enseñanza de alguna conducta difícil para el perro, realmente no podremos entrenar casi nunca y los perros que más necesitan de trabajo tendrán que renunciar a determinados beneficios que en el medio plazo podrían mejorar mucho su calidad de vida y entrenamiento.

Enseñar al perro a gestionar el estrés es una necesidad real que tiene dos beneficios principales:

  • El perro se estresará progresivamente menos ante los estímulos o entornos que antes le generaban un nivel alto de estrés.
  • El perro dejará de mostrarse inseguro, inestable y nervioso cuando algo le afecte, cambiando progresivamente su actitud a la de un afrontamiento seguro de los problemas.

El primer punto es beneficioso para mejorar las reacciones hiperemocionales de perros sensibles (como los border collie o los malinois) ante cambios de entorno o situación. Es frecuente que este tipo de perros, cuando no han sido entrenados para gestionar el estrés, muestren agobio, sorpresa excesiva o incluso miedo cuando cambian determinadas circunstancias. He visto a perros adiestrados con el máximo de respeto y absolutamente sin nada parecido a un trato inadecuado mostrarse medrosos por este motivo, pareciendo a ojos de los neófitos que su adiestramiento había sido brutal o incorrecto. Sencillamente no sabían cómo gestionar esa situación nueva, no habían entrenado su capacidad de gestionar el estrés (como un brillante científico que no fuera capaz de exponer en público sus trabajos porque la situación de encontrarse rodeado de gente inhibiese su capacidad de comunicarse y le hiciera parecer torpe), en la mayoría de los casos por una prevención excesiva del adiestrador, que le lleva a evitar la aparición de esas situaciones estresantes en lugar de darle al perro recursos para solucionarlas.

El segundo punto es más importante si cabe, pues es el que consigue que el perro aprenda a “disfrutar” de un nivel adecuado de estrés. Como las personas que “se crecen” ante el surgimiento de un problema. Todos estaremos de acuerdo en que hay pocas sensaciones más satisfactorias que la de haber solucionado algo difícil y percibido como un problema: el entrenamiento de un ejercicio que llevaba tiempo resistiéndose, la presentación a una prueba comprometida… Que el perro pase de ver una situación como agobiante a verla como una oportunidad de disfrutar con sus capacidades depende de su capacidad de gestionar el estrés. Creo que la mayoría de grandes adiestradores que he conocido me han hecho referencia, más que a sus éxitos deportivos, a perros que trabajaron y que ”se venían arriba” ante las dificultades, pocas cosas emocionan más que estar en prueba, en una situación difícil y notar que el perro aumenta su implicación y tenacidad.

De hecho los beneficios de una buena gestión del estrés son tantos que se han diseñado formas de reproducir el estrés sin riesgo para optimizar el aprendizaje o rendimiento de manera puntual, estos “simuladores” de estrés se basan en tres coordenadas principales:

  • Activación física: Todo estrés lleva implícito un aumento de la activación física, por ello si generamos una actividad física más alta de lo normal tendremos mejoras en la atención, capacidad de reacción y discriminación de información relevante, similares a las que suceden en una situación de estrés real, pero sin este. Sencillamente un poco de ejercicio antes de iniciar una actividad para “acelerar” el cuerpo implicaba mejoras sustanciales de rendimiento y de sensaciones de auto-satisfacción y bienestar.
  • Novedades en el entorno: Toda novedad implica un nivel mínimo de estrés adaptativo, si las introducimos de forma intencionada y calculada podemos aprovechar la mejora en la capacidad de adaptarse, la atención, la concentración mantenida y todos los beneficios adaptativos del estrés descritos en el anterior post. Sin riesgos. Cambiando los lugares de trabajo de varios profesionales se conseguía automáticamente una mejora de la capacidad de analizar los problemas que se les presentaban, de los resultados del trabajo y una importante disminución de las distracciones.
  • Salir de la rutina: La rutina es algo tranquilizador y un eliminador de estrés, pero cuando experimentalmente se cambiaron las rutinas de varios profesionales, con el consiguiente aumento de estrés para ellos, se comprobó un efecto muy curioso: en un primer momento todos los profesionales coincidieron en que sería perjudicial para su trabajo y que les resultaba molesto tener que dejar su forma habitual de hacer las cosas, también pensaban que empeoraría su rendimiento. Sin embargo después de trabajar de forma no rutinaria se comprobó que su eficacia había aumentado (rendimiento por hora y calidad del trabajo final) y la sensación de satisfacción con el trabajo también. Esto debe ser ocasional para no causar estrés residual, después de obtener los beneficios de un cambio de rutina el volver a ella impide que el estrés llegue a tener efectos negativos o acumularse de forma residual.

Si usamos bien estos tres principios entrenaremos una buena base de gestión del estrés y aprovecharemos su parte positiva para nuestro adiestramiento sin sufrir sus consecuencias nocivas.

¡Pero ojo! Estos tres “simuladores” son tan eficaces -recordemos que el estrés y la diversión están muy relacionados- que quienes los usan con frecuencia pueden hacerse adictos (no olvidemos que el estrés genera endorfinas) y querer trabajar sólo bajo estrés. Lo que explica la adicción al trabajo en algunas personas que necesitan activación alta, novedades y nuevos retos para sentirse bien: ¡Se han enganchado!

Esto también explica por qué tantos perros de Agility parecen mostrar niveles muy altos de estrés durante sus pruebas de trabajo. Hace poco me comentaba una amiga que compite en esta disciplina que no entendía que su perro, que vivía con ellos en casa y era el rey de los sofás, que salía al campo a correr y jugar varias veces por semana, que convivía, además de con la familia, con otros perros con los que se llevaba bien y cuyo adiestramiento había sido positivo y pro-perro, mostrara signos altos de estrés en la pista, realmente le preocupaba mucho. Pero es que el Agility es un auténtico simulador de estrés inintencionado: activación física alta, cambios de entorno (los competidores de Agility frecuentemente compiten varias veces al mes en diferentes campos de trabajo) y diferentes rutinas (cada pista es distinta a las anteriores). Por ello tiende a causar esa adicción al estrés que comentábamos. En estos casos el problema no es evitar esta activación, lo que es prácticamente imposible, sino enseñar al perro desde el principio a gestionar su estrés para que no empiece a subir y subir en cada entreno y prueba ¡Ese aparente estrés puede ser el equivalente al que tiene la gente que “pierde la cabeza” por su afición y estar más relacionado con la excitación ante la idea de divertirse como locos que con ninguna asociación negativa!

La gestión del estrés en estos entornos potenciadores o activadores del estrés será la tercera y última entrega de esta serie de artículos destinados a explicar los beneficios que este proceso, bien manejado, puede aportar al entrenamiento y a la calidad de vida de los perros.

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Perros y ahora también leones marinos, loros y delfines

Hola a tod@s,

En otro post comentaba que estábamos pendientes de un proyecto muy importante para EDUCAN, pues bien ¡ya está en marcha!

Hemos firmado un convenio con ZOOS IBÉRICOS, entidad perteneciente a Parques Reunidos la empresa que posee más instalaciones de Zoos y Aquariums en todo el mundo, para aplicar trabajo cognitivo-emocional al adiestramiento multiespecies, empezaremos por leones marinos, loros y delfines en el Zoo de Madrid.

Como estoy muy ilusionado por la puesta en marcha de este proyecto y me puedo dejar llevar por el entusiasmo al escribir sobre ello, me voy a limitar a “copiar y pegar” del documento firmado con ZOOS IBÉRICOS la parte referida al objetivo de esta colaboración. Únicamente añado las negritas para resaltar las partes que me parecen más interesantes (y porque mi webmaster del universo me ha dicho que en los blogs hay que poner negritas).

OBJETO DEL CONVENIO

El objeto principal de la colaboración para ambas partes es diseñar, aplicar y evaluar los resultados de nuevos protocolos de adiestramiento para diversos animales tomando como parámetros principales el aprovechamiento de las capacidades cognitivas de cada especie, su estado emocional y sus pautas sociales específicas, pilares del adiestramiento cognitivo-emocional.

Este objetivo principal tiene dos sub-objetivos:

1. Bienestar animal:

Los nuevos protocolos buscarán dar mayor calidad de vida y trabajo a los animales a los que se apliquen, coincidiendo ambas partes en primar el bienestar animal sobre la vistosidad de las conductas entrenadas.

Se ha planteado desde la etología más actual que los animales generan conducta de forma diferente según estén en un entorno de lucha por la supervivencia (riesgo de predación, dificultad para obtener los recursos, necesidad de una defensa activa del territorio…) o en un entorno de bienestar (entorno seguro donde no son previsibles riesgos para el animal y abundan los recursos). Una gran mayoría de las técnicas actuales de adiestramiento (aún usando estímulos positivos) se basan en cómo generan conducta los animales en entornos de supervivencia, empeorando los resultados cuando la calidad de vida del animal es óptima.

Uno de los principales objetivos, técnico y ético, de esta colaboración es desarrollar protocolos de trabajo que tomen como referencia la forma en que los animales generan conducta en entornos de bienestar, siendo el motivo de los animales para trabajar no asegurarse la supervivencia sino mejorar su bienestar físico, emocional y social.

2. Investigación:

Incorporar los conocimientos más actuales de etología al entrenamiento de animales, evaluando los resultados.

Este proyecto es pionero en:

a. Aprovechar los procesos cognitivos conocidos en cada especie para su adiestramiento. Hasta ahora el condicionamiento operante ha sido el principal mecanismo de trabajo para el adiestramiento de animales, esto es ventajoso porque es un proceso que funciona en la práctica totalidad de los animales que son adiestrados. Sin embargo la etología cognitiva nos ha demostrado que las diferentes especies pueden tener procesos mentales como la capacidad de solución de problemas, el aprendizaje por imitación (como sucede en el caso de aprendizaje por modelo-rival estudiado por Pepperberg en psitácidas)… aprovechar estas capacidades específicas permite mejorar el trabajo pues muchos de estos procesos cognitivos son auto-satisfactorios, por lo que utilizándolos se reduce drásticamente la necesidad de refuerzo externo, consiguiendo una conducta más consistente, un mejor estado emocional del animal, que se divierte consiguiendo realizar la conducta, viendo el animal la conducta entrenada como una meta en sí misma y no sólo como una puerta que abre la despensa (reforzador primario externo).

Estos procesos cognitivos también permiten que el animal se autoevalúe y se potencia la capacidad de refuerzo interno.

Si utilizamos estos procesos el animal disfrutará del hecho de estar trabajando y sus sesiones de adiestramiento tendrán un efecto de enriquecimiento ambiental que redunde en una mejora del bienestar del animal. Además serán necesarias menos sesiones de mantenimiento, las mejoras serán más rápidas y la calidad del trabajo más estable.

b. Evaluar y optimizar el estado emocional de los animales durante su adiestramiento y durante las exhibiciones, disminuir el distrés y mejorar la gestión del estrés en los animales entrenados, evaluar y promover la aparición de estados emocionales positivos y tener un seguimiento fiable del bienestar emocional de los animales adiestrados.

c. Aprovechar de forma estructurada y protocolizada procesos sociales de las especies trabajadas, como la vinculación afectiva, buscando que la interacción con el entrenador durante las sesiones de adiestramiento y exhibiciones sea un objetivo deseable y satisfactorio en sí mismo para el animal. Hoy sabemos que el afecto es un potente motor de conducta en muchos mamíferos sociales, aunque esto se ha aprovechado de manera intuitiva por parte de los adiestradores desde hace mucho tiempo no se ha hecho de forma ordenada, estudiada y reproducible como sistema de trabajo. Uno de los objetivos de la colaboración es sistematizarlo para las especies que se trabajen.

…y, también extraído del convenio, una de las competencias de EDUCAN será:

– Diseñar protocolos, esquemas y técnicas de trabajo para las diferentes especies.

En fin un proyecto MUY ilusionante, que nos va a tomar mucho trabajo (creo que tendremos que restringir algunas actividades comerciales para poder dormir de vez en cuando) pero que es un paso de gigante para la necesaria actualización de paradigma en el adiestramiento de animales.

Tengo que agradecer a Miguel Bueno Brinkmann, biólogo conservador de aves y mamíferos marinos del Zoo de Madrid, y a Pablo Roy, responsable de adiestramiento de leones marinos del Zoo de Madrid por su interés y ayuda para el arranque de este proyecto.

En fin… ¡QUE ESTOY MÁS CONTENTOOO! 🙂 🙂

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¿Fallar o acertar?

Antes que según la escuela de adiestramiento que sigan, que el tipo de estímulos que usen o que la modalidad de adiestramiento que practiquen yo divido a los adiestradores en dos grupos: los que entrenan los perros para no fallar y los que entrenan los perros para acertar.

Desde ya quiero aclarar al lector que soy un firme defensor de trabajar a los perros para realizar la conducta correcta y no para evitar fallos, además como durante años trabajé de la manera contraria tengo la firmeza de los conversos en este tema.

Hay bastantes más adiestradores entrenando para que sus perros no fallen, el error nos parece peligroso y se oyen frases como “no dejes que tenga opción de fallar, así no aprenderá incorrectamente”. Esto además tiene mucho que ver con lo nerviosos que nos pone ver al perro haciendo mal una de las acciones que estamos entrenando.

Evitar que el perro se equivoque es la prioridad para muchos adiestradores. Así pues nuestra energía y atención se ponen en localizar errores y encontrar técnicas que los bloqueen, impidan o corrijan. El acierto termina sucediendo más por las cosas que el perro no hace que por las que intenta de forma activa. Las sesiones están dedicadas a crear “situaciones seguras” de entreno, a cerrar puertas, a limitar opciones…

Pero esta forma de adiestrar conlleva varios problemas:

El primero es que, al cabo de un tiempo entrenando así (y vuelvo a recalcar que no estoy hablando de trabajos únicamente en negativo, muchos adiestradores positivos, cognitivos y de toda índole tienen esta visión), el perro, que no es tonto, se da cuenta y su atención voluntaria se enfoca en localizar lo que no debe hacer, volviéndose más eficaz en dejar de hacer cosas que en hacerlas. Es el esquema general de trabajo que le hemos creado, no nos debería parecer mal.

Emocionalmente es más agotador, recordemos esas películas con un joven y prometedor deportista al que su bienintencionado pero exigente padre/entrenador/agente le recalca cada error que comete hasta que deja de disfrutar de su deporte y decide marcharse con su chica a poner una granja en Idaho, mandando al carajo deporte y exigidor (a pesar de las buenas intenciones y sincero amor de este).

Como nuestros perros es poco probable que puedan marcharse a poner una granja en Idaho en el caso de que estén hartitos de entrenar con nosotros, debemos tener cuidado y asumir como nuestra responsabilidad que el perro no se sature emocionalmente, lo que no debe confundirse con no exigir implicación y esfuerzo al perro. Pero incidir en los errores genera inseguridades y agotamiento emocional en el perro ¿cómo nos sentiríamos nosotros yendo a un trabajo en el que sabemos que nuestro jefe nos va a decir TODOS LOS DÍAS que lo hemos hecho mal o que tengamos mucho ojo de no hacerlo mal? Así no se construye seguridad, implicación ni equipo.

Además aunque inicialmente es más fácil entrenar al perro para no fallar (es más rápido aprender a no hacer que a hacer), al cabo de un tiempo nos daremos cuenta de que existen tantos fallos posibles que toda nuestra vida no será suficiente para entrenarlos todos, sin embargo conducta acertada sólo hay una en cada caso: a la larga es muuucho más cómodo y sencillo para el perro y para el adiestrador centrarse en ella.

En mi opinión es muy importante construir la cabeza del perro para acertar, para ello debemos tolerar fallos inicialmente e informar al perro de ellos sin preocuparnos. El error es parte necesaria de un aprendizaje activo. Nuestra atención debe estar en los aciertos porque así la del perro también lo estará.

Cuando esto sea sólido, cuando el perro trabaje para hacerlo bien y su esquema mental esté construido podremos darle mayor importancia a corregir los fallos que puedan surgir sin que suponga ningún problema.

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Adiestramiento en entornos de bienestar (I)

En otro artículo hablé de las señales de bienestar o confort que nos sirven como evaluadores para saber que nuestro perro se encuentra en situación de bienestar, hoy voy a referirme a uno de los ejes fundamentales de nuestro nuevo trabajo: la diferente manera que tienen de aprender y generar conducta los perros según se encuentren en situaciones de supervivencia o bienestar.

Este es un tema muy relevante para el diseño de técnicas de adiestramiento y por ello este es sólo un primer artículo de acercamiento, realmente las formas de enseñanza-aprendizaje cambian completamente de un entorno a otro y nos permite sistematizar y reproducir los mecanismos que hacen que un perro disfrute trabajando sin depender del talento especial del perro o del adiestrador.

Lo primero que debo aclarar es que no es mejor o peor para la calidad final del adiestramiento que el perro trabaje en uno u otro entorno, en ambos podemos utilizar estímulos positivos y negativos para el aprendizaje pero la forma de usarlos es muy diferente.

  • Se considera entorno de supervivencia aquel en que el animal no tiene garantizados los recursos (comida, agua…) ni su seguridad
  • El entorno de bienestar es aquel en el que el animal tiene abundancia de recursos y seguridad.

Algunas especies -entre ellas los perros y las personas- cambian su forma de aprender y generar conducta según se encuentren en uno u otro entorno.

Hay que tener claro que en situaciones de bienestar el objetivo del perro es pasarlo bien, mejorar su bienestar, mientras que en las de supervivencia es obtener recursos de supervivencia y seguridad. No se actúa igual. No se aprende igual.

Deberíamos entenderlo, pues viviendo en el primer mundo es muy probable que la mayoría de lectores se encuentren en situación de bienestar. Es fácil que alguno de nosotros se haya pasado días recorriendo tiendas para encontrar un disco especial (¡ese maldito Charlie Patton Yazoo L-1020!), algún libro u otra cosa. También es muy posible que al llegar a casa nos encontrásemos con que no había nada en la nevera y dijéramos “paso de ir a comprar ahora, estoy cansado, ya iré mañana”. Hemos sido capaces de generar una gran cantidad de conducta para conseguir algo que no es una necesidad vital y sin embargo no bajamos a la tienda de al lado para conseguir algo primario para la supervivencia: la comida. Qué raro.

En absoluto, al tener garantizado que no vamos a morirnos de hambre y que en cuanto queramos podremos comer, la comida baja de valor como motivador, sin embargo el auto-refuerzo y calidad de vida extra que supone encontrar ese disco especial sube su valor como motivador. Esta es una de las primeras diferencias de un entorno de supervivencia y uno de bienestar: los estímulos positivos más eficaces son los que potencian el auto-refuerzo, mientras que los estímulos primarios pasan a ser menos eficaces. En un entorno de supervivencia sucede al revés.

Pero también la forma de gestionar los estímulos negativos cambia. En un entorno de supervivencia un estímulo negativo tiene que ser claramente percibido y provocar un estado emocional negativo que advierta de un riesgo posible para que el perro genere conducta. En un entorno de bienestar es mucho más eficaz usar un estímulo negativo de baja intensidad que dificulte el disfrute de una actividad divertida sin eliminar el estado emocional positivo asociado a dicha actividad, el perro generará mucha conducta para eliminar esa interferencia y volver a disfrutar a tope de la situación, por esto son tan eficaces las pequeñas molestias como poner un post-it o una goma del pelo a un perro durante una sesión de moldeado. Además entrena la capacidad del perro de afrontar problemas y gestionar el estrés.

Es importante saber que no podemos variar de uno a otro entorno cuando queramos, debemos elegir para cada trabajo un entorno de bienestar o de supervivencia y entrenar coherentemente a este entorno. Si vamos a usar sólo comida como reforzador es mejor que planteemos un entorno de supervivencia, pues tendrá más valor y el aprendizaje será de más calidad y más consistente. Si tenemos un perro que se lo pasa bien resolviendo problemas y para el que el adiestramiento es un fin en sí mismo mejor es trabajar en un entorno de bienestar.

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Enseñar al perro a alejarse.

Sin duda la conducta más importante para tener un perro con una buena calidad de vida es la llamada.

Que el perro acuda consistentemente y pese a estar distraído o entretenido nos permite soltarle para que juegue con sus amigos o corra y explore en el campo.

En este artículo no hablaré de cómo llegar a una llamada consistente, sino de algunos riesgos que corremos, sobre todo los adiestradores, al entrenar “bien” la llamada y de cómo preparo yo a mis cachorros antes de iniciar la llamada para evitarlos.

Hace muchos años Jaime Parejo y yo teníamos mucho contacto. Jaime es un gran adiestrador y una persona a la que quiero mucho, en ese momento estaba elaborando el libro que le granjearía el reconocimiento mundial: “El método Arcón” y, como es lógico, hablábamos mucho de su trabajo.

Jaime definió como “efecto yo-yo” la tendencia de algunos perros a volver hacia su guía cuando llegaban a una lejanía determinada. Había observado que este problema viene por el exceso de trabajo de la llamada y que es muy nocivo para el perro de rescate porque merma enormemente su autonomía de trabajo.

La verdad es que Jaime tenía razón, una gran parte de los perros de adiestradores no eran capaces de alejarse más allá de un punto de su guía.

Mi interés siempre ha estado más en buscar los por qués generales de la conducta de los perros y cómo aprovecharlas que en el diseño de técnicas concretas, y desde esta óptica analicé el fenómeno.

Me di cuenta de que, hasta ese momento y de forma inconsciente, yo consideraba que este era un efecto beneficioso: es el perro el que se preocupa de estar cerca de su guía. Pero al reflexionar sobre ello cambiaron mi opinión, mi manera de entrenar las llamadas y, en general, mi manera de tener perros. Además de mi cariño Jaime siempre tendrá mi agradecimiento por hacer que me fijara en esto, gracias a él mis perros son más felices.

Los perros que muestran este “efecto yo-yo” no disfrutan tanto de sus exploraciones por el campo, no hacen un ejercicio igual de expansivo y liberador de estrés, no pueden dar total libertad a sus patrones motores innatos. Este es un problema común en los perros de profesionales (y lo era en mis perros), permanecen siempre pendientes de sus guía y necesitan que estos les den indicaciones de qué hacer para poder divertirse, si por casualidad salen persiguiendo un conejo luego vuelven agobiados porque al terminar la persecución se han encontrado lejos del guía y esto les causa malestar. (Otros perros tienen el problema contrario: se lo pasan como grajos en el campo, pero vienen más o menos cuando les apetece, eso lo comentaré en otro momento.)

En razas activas la posibilidad de correr libres y de explorar amplias zonas es determinante para alcanzar una situación de bienestar, ya hemos superado la visión de la salud como ausencia de enfermedad: es más importante alcanzar bienestar, que el perro se desarrolle como perro feliz más que pensar sólo en evitar el estrés o la ansiedad.

Así ahora lo primero que enseño a mis cachorros no es a venir sino a alejarse, a separarse de mí, a disfrutar de sus paseos al máximo. Los cachorros son muy permeables y es una etapa en la que es muy fácil que los adiestradores los hagamos demasiado dependientes pues también a nosotros nos cuesta sacar a los perros sin ponernos a entrenar algo, y luego los perros no se hayan cuando no están haciendo algo con nosotros.

Es bien cierto que mis condiciones de vida me permiten que entrenar al perro a alejarse sea fácil: en primer lugar la puerta trasera de mi casa sale directamente al campo y en segundo lugar mis perros adultos que ya tienen construida esta conducta ayudan a que el cachorro se aleje al acompañarlos en sus exploraciones. En esta etapa nunca hago nada que potencie la dependencia: no me escondo para que se preocupe por dónde estoy, no le felicito cada vez que se me acerca voluntariamente, sólo paseo y le dejo que se dé cuenta de lo divertido e interesante que es todo: olores, sonidos. Que vea lo bien que se siente cuando corre, salta y aprende a usar su cuerpo. Que haga cosas de perro con mis otros perros, que aprenda que, en el campo, los compañeros más divertidos son mis otros perros y no yo.

Casi parece un contra-decálogo de lo que algunos textos aconsejan para enseñar la llamada a un cachorro, y sin embargo estoy particularmente contento de mi trabajo de llamada, de hecho es lo que más gusta e interesa a otros colegas cuando lo ven. Los perros acuden consistentemente, sin esperar más refuerzo que el social y cuando los libero vuelven a correr y explorar sin quedarse atentos a mi por si hay otra llamada, pero cuando les vuelvo a llamar vuelven a acudir de igual manera.

Por supuesto he comentado que mis condiciones son muy facilitadoras, pues puedo entrenar en una zona segura y sé que al llamar a mis otros perros estos acudirán y el cachorro vendrá con ellos.

Como siempre he pensado que si conocemos cómo funciona algo -aunque sea algo negativo en general- le podremos sacar partido en el adiestramiento, aunque evito que mis tengan ese “efecto yo-yo”  permanentemente empleo una técnica que me permite activarlo a voluntad: como no siempre paseo por el campo y a veces es necesario limitar la distancia de los perros por seguridad, he creado un código con mis perros: si deseo limitar su radio lo que hago es llamarlos diez o doce veces seguidas nada más empezar la salida cuando alcanzan la distancia que he decidido, cuando inicio una salida con este trabajo los perros saben que deben mantenerse en este radio y así puedo sacarlos por diferentes lugares con seguridad. Pero nunca hago este trabajo hasta que he completado la llamada sin dependencia.

Si potenciáis que los cachorros se alejen, exploren, tengan conductas expansivas conseguiréis un máximo de disfrute de las salidas: de ellos que pueden ser y actuar como perros con mayúsculas y vuestro al poder verlos en su máxima expresión. Un perro sin autonomía es un perro menos feliz.

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Entrenamiento de expresiones faciales.

Hablando con una compañera adiestradora que tiene una perra ya mayor, me comentaba lo difícil que le resulta encontrar nuevas conductas que enseñarle en las sesiones de moldeado libre, porque entre las muchísimas ya sabía la perra y las que no le podía enseñar por la displasia severa y su avanzada edad, se veía limitada, quitándole además a su perra una fuente de diversión y actividad mental.

Aunque yo prefiero fomentar la actividad mental a través de la resolución de problemas, sí que es una pena que una perra que disfruta de un tipo de trabajo encuentre estas limitaciones para seguir haciendo lo que le gusta.

Muchos le propondréis ser imaginativos, yo hice lo mismo, ¡¡pero todo lo que se me ocurría lo sabía hacer!! No es tan fácil.

Sin embargo hay una forma de trabajar que podía ayudarle, y que, en mi opinión, es lo más difícil para entrenar con clicker y lo que más afina la calidad del adiestrador que usa esta herramienta: el entrenamiento de expresiones faciales.

Si tomamos tres parámetros: Expresión de los ojos, posición de las orejas y posición de los labios (hay quien también mete la posición de la cabeza, pero esto resulta muy simple de entrenar en comparación con las anteriores) y empezamos a plantear combinaciones de estos tres elementos veremos que nos ocupará horas y horas de entreno y que después capturar conductas motoras que activen músculos grandes se ha vuelto mucho más sencillo.

Empieza por algo simple: Que achine los ojos, esto ya es entretenimiento para un rato, la inducción y captura de estas conductas es al moldeado libre lo que la cirugía neurovascular a las operaciones de amígdalas: precisión, delicadeza… El manejo de conductas movidas por músculos muy pequeño es otro deporte, para miniaturistas.

Cuando ya lo tengas fija que suba los labios, esto tampoco será rápido.

Y ahora ve a las orejas, consigue que las pliegue hacia atrás (no vale agobiar).

Bueno, bueno…

Pues ahora combina de forma que el perro haga una, dos o las tres cosas según le indiques.

Bien, estás en el principio. Ahora enseña una segunda acción para cada rasgo de la cara, puedes hacer que baje la mirada o la suba (¡la cabeza no vale!), que ponga los labios cerrados hacia delante (como justo antes de un ¡¡wuff!!) o que los apriete, que ponga las orejas hacia arriba…

Y empieza a combinar entre estos rasgos para tener diferentes expresiones de la cara, con esto tienes para entrenar muchos meses y además tu perro será el que más se divierta, si es un perro mayor, como la de la compañera de la que hablé al principio, no supone ningún problema entrenar estas acciones complejas, pero tranquilas ¿quién dijo que los adiestradores no podíamos jugar a “Mr. Potato”?

Si eres un crack del clicker también tenemos un nivel “no intente esto si no tiene experiencia”: Que un lado de la cara haga una cosa y el otro otra: un ojo entornado otro abierto, una oreja arriba la otra abajo, un labio cerrado el otro subido como si gruñese. Además cuando rueden una película de Batman tu perro tiene contrato asegurado como mejor amigo del supervillano “Dos Caras”.

Cuando todo esto te salga con facilidad llámame para darme envidia, aunque seguro que Pere Saavedra ha colgado quince video con trescientas expresiones diferentes para cuando eso suceda.

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La socialización de las razas sensibles

Siguiendo con problemas comunes a razas de trabajo sensibles (característicamente los border collie, shetland, malinois y pastores australianos) hay un tema que empezó a intrigarme hace ya algunos años, se veían muchos perros de estas características en manos de competidores o profesionales que mostraban miedos e inseguridades que siempre eran achacadas a una mala socialización.

Cuando el propietario afirmaba haber socializado correctamente al perro y este seguía mostrando estos “fantasmas” se atribuía a:

  1. El dueño miente y no lo ha sacado a tantos sitios como dice.
  2. El propietario es un tío bruto y como estos perros son así le ha roto el carácter.
  3. Con estos perros ya se sabe, siempre sale alguno con fantasmas por bien que lo hagas.

Estos tres argumentos son reales y en muchos casos el mal carácter final se debía al menos a uno de ellos.

Pero en un momento determinado, cuando me impliqué más seriamente con los malinois, decidí fijarme más.

Lo cierto es que había mucha gente que hacía lo que entendemos por un trabajo modélico de socialización: desde que el cachorro llegaba a casa con una edad correcta y criado por un criador responsable y amante de la raza se le empezaba a llevar a mil sitios y situaciones nuevas. Se reservaban tardes para ir al aeropuerto, a las fiestas del barrio, al centro comercial…

Todos los días se trabajaba para evitar que nuestro cachorro llegara a ser uno de los ejemplares que se afectaban exageradamente, además en muchos casos estos propietarios preocupados eran profesionales o competidores del adiestramiento, con un nivel de conocimiento, experiencia e implicación superior a la media.

Al hacer un pequeño censo (sin rigor de estudio) entre conocidos encontré un dato preocupante: el porcentaje de perros con miedos era igual entre aquellos cuya socialización era modélica y entre los que estaban a la buena de Dios, criándose en perreras u otros tipos de aislamiento. Recordemos que siempre me estoy refiriendo a individuos de las razas antes citadas.

Esto nos podría llevar a pensar que este problema era totalmente innato y resultaba indiferente lo que hiciésemos durante el tan temido periodo crítico.

Pero había dos datos que nos decían que esto no era así:

  1. El primero, el más general, eran los estudios en un abanico más amplio de razas que mostraban que los individuos aislados tenían más problemas que los que entendemos por bien socializados.
  2. El otro era más especifico, si tomábamos un tercer grupo de individuos de estas razas, los que se habían criado con un nivel intermedio de socialización, encontrábamos que eran estos los que mostraban un número sustancialmente menor de problemas.

Este grupo corresponde a particulares que llevaban el perro a los mismos sitios de paseo una y otra vez y a profesionales menos entusiastas que cuando podían llevaban al perro a algún sitio nuevo, pero sin hacer de ello una obligación diaria. Ellos eran los que tenían más calidad de carácter en sus perros.

Obviamente se deduce que hay un rango óptimo de salidas a sitios nuevos, pero a mi me interesaba saber el por qué más que encontrar dicho rango a través de un análisis estadístico.

Encontré la solución en los estudios sobre estrés, el estrés genera una activación extra del organismo. Aunque se supere y gestione ese estrés correctamente será necesario un tiempo mínimo para que el perro se recupere y no acumule estrés residual, esto sucede también con los procesos de eustrés (estrés positivo, como el que teníamos a los quince antes de una cita).

Al hacer tantas salidas a ambientes nuevos los perros más sensibles se sometían a una activación continua del estrés y cuando llegaba la siguiente salida aún no se habían podido recuperar, hasta llegar al punto donde la acumulación de estrés residual hacía el mismo efecto nocivo que la falta de socialización, y quien piense que no hay que recuperarse del estrés positivo que después de una vacaciones activas y estimulantes no vuelva a decir que necesita un par de días de recuperación antes de volver al trabajo.

Por lo anterior debemos tomar preocupación especial en que el cachorro se recupere y elimine el estrés residual correctamente: jugando con perros o personas conocidas en un ambiente seguro, recordemos que personas y lugares habituales (¡y seguros!) son un inductor de calma en mamíferos sociales. Además en la socialización es más importante la interacción continuada con individuos conocidos (miembros del grupo social) que la introducción en ambientes nuevos, y nosotros trabajamos como si el elemento principal socializador fuera conocer cosas nuevas. Error.

También el tiempo de descanso es importante. Los masajes ayudan si el perro los acepta (en Dinamarca y Noruega empiezan a ser habituales los masajistas de perros a domicilio, y los agilitistas son uno de sus principales clientes).

Con respecto a la frecuencia óptima, aunque los datos que tomamos fueron recogidos de manera guarripey y no deben ser tomados de otra manera, encontramos que dos, máximo tres salidas semanales a lo nuevo son suficientes y que a partir de ahí empieza el riesgo de exceso.

¡Pero de jugar con los amiguetes no hay más límite que el del cansancio! Así que: Más parque y menos fiestas del barrio (aunque no haya churros).

También es muy importante el tiempo y distribución de actividades en esas salidas, pero eso lo voy a desarrollar en otro artículo para no soltar un ladrillako ultramortal.

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Gestión de estados emocionales negativos en perros sensibles

Hace unos días una nueva amiga me consultó por los problemas de su sheltie de siete meses: ante determinadas situaciones mostraba miedo y se bloqueaba. Esto era un problema para su calidad de vida y para su potencial futuro en el Agilty.

Concretamente el coche y el trasportín provocaban babeo, bloqueo emocional e incluso respuestas de huida, cuando vino a casa tardó más de diez minutos en recuperarse y empezar a jugar con mi cachorro.

Últimamente aparecen muchos perros de razas sensibles e inteligentes, particularmente border collie, shetland, pastores australianos y malinois, con problemas de bloqueo o mala gestión de las emociones negativas.

Es normal que razas sensibles y con respuestas nerviosas puedan afectarse puntualmente por algo, si no se les enseña a gestionar correctamente las emociones negativas pueden generar inseguridad, respuestas miedosas e incluso problemas más severos.

Según parece la sheltie tuvo un mal traslado de cachorra cuando fue enviada por mensajería (no suele ser buena idea enviar un cachorro por mensajería, aunque a veces es la única opción). Esto generó una mala asociación emocional tanto con el coche como con el trasportín.

Las emociones se asocian por condicionamiento clásico y son más consistentes que una asociación realizada de forma operante, además es frecuente que aparezcan procesos de autoalimentación del estado emocional: el tener miedo (el conjunto de estado interno, reacción fisiológica y  tendencia a la acción) genera más miedo por sí mismo, sin que haya más estímulos externos. Cuando esto sucede la asociación no puede ser extinguida, además será frecuente que empiece a asociar otras cosas a ese miedo, por ejemplo nuestra sheltie podría llegar en coche a la pista de trabajo y, al bajarse con el miedo provocado por el coche, asociarlo a la pista generando miedo a esta, estas transferencias pueden aumentar de forma indefinida.

Es fundamental para la calidad de vida de un perro estar preparado para gestionar correctamente los estados emocionales negativos o tendremos poca tolerancia y mala gestión del estrés, tendencia a la inconsistencia de las conductas, inseguridad e infelicidad del perro.

En este caso le recomendé lo siguiente:

Juegos de entrar en el trasportín y en el coche: Poniéndole alguna comida apetitosa dentro dejamos que sea la perra quien decide entrar,  progresivamente vamos poniéndole dificultades para acceder tanto al trasportín como al coche (trasportín lateral, puerta entreabierta, puerta pegada a una pared para que necesite mover el trasportín para entrar, periódicos arrugados llenando el trasportín…). Aquí es muy importante hacerlo bien, no deben aparecer comandos de “muy bien”, ni se deben clickar los aciertos. No estamos enseñando una acción por condicionamiento operante, no queremos que los refuerzos y confirmaciones sean externos, lo que estamos haciendo es poner al perro en una situación que percibe como emocionalmente negativa (¡cielos, el trasportín!), al aparecer algo de su interés creamos un pequeño conflicto: quiero la comida, pero me da miedo entrar. Es importante que el perro decida si le compensa afrontar lo negativo o no, si decide hacerlo va a estar aprendiendo algo mucho más importante que hacer positivo el trasportín: aprenderá que aunque tenga una emoción negativa puede trabajar y que con ese afrontamiento voluntario del miedo consigue resultados y llega a un estado emocional positivo. Le estamos enseñando a gestionar correctamente el miedo, no eliminándolo de un punto concreto. El refuerzo debe ser el menor posible y la dificultad cada vez mayor, así sustituimos el refuerzo externo (comida) por el refuerzo interno (solución de problemas). Al final conseguiremos que entrar al trasportín y al coche sea divertido y un fin por sí mismo, con lo que habremos “vuelto la tortilla” de la asociación emocional.

Pero si sólo hacemos esto, aunque mejoremos al perro de su problema concreto, no estamos terminando de prepararlo para gestionar correctamente emociones negativas.

A partir de que superemos este problema seguiremos trabajando: dentro de sus sesiones de adiestramiento normales usaremos ocasionalmente estímulos negativos de baja intensidad (una goma del pelo en una pata, un post-it en una oreja…) para que vea que trabajando accede a un estado emocional positivo aunque aparezcan ligeras incomodidades..

En mi opinión un adiestramiento debe conseguir que el perro pueda acceder a un estado emocional positivo más que evitar a toda costa los estímulos negativos, creo que hay mucha confusión entre estímulo negativo y estado emocional negativo y eso lleva a adiestramientos sobreprotectores  muy nocivos en los cachorros, que deben construir sus herramientas de gestión de las situaciones negativas, debemos saber cómo introducir elementos suavemente negativos para enseñar al perro que se pueden superar, sin esto no le estaremos preparando para tener una calidad de vida óptima.

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Conductas de bienestar o confort

Hoy se sabe que múltiples animales, una vez cubiertas sus necesidades de supervivencia buscan mejorar su bienestar o confort ( Korttland 1940 explicita la búsqueda del confort en animales). El descubrimiento de esta característica nos mostró que la forma de generar conducta -tanto social como individual- y el aprendizaje de los animales que tienen asegurados sus recursos (comida, agua, lugar de descanso…) en cantidad y calidad suficiente y que además viven en condiciones de seguridad continuada es diferente a la de aquellos otros que no tienen estas garantías. Así pues tenemos que la misma especie mostrará diferencias en su etología según se encuentre en un nicho ecológico de lucha por la supervivencia o de búsqueda del bienestar.

Existen una serie de conductas o movimientos que son indicadores de que un perro se encuentra en situación de bienestar (Baerends 1960 acuña la expresión “movimientos de confort”). La aparición de estas conductas de forma frecuente es un indicador de la calidad de vida y de la salud mental y emocional del perro más fiable que la ausencia de señales de apaciguamiento o la búsqueda activa de refuerzos externos. Entre las conductas de confort  o bienestar en el perro están el juego (social o individual), las invitaciones al juego, el “revolcarse” en la hierba, el descansar muy extendidos y patas arriba,  el descansar en lugares abiertos en lugar de preferir rincones o lugares cerrados, solicitar contacto tocando con las patas o la nariz, la actitud “expansiva”, el movimiento con saltos y giros bruscos…. Si estas actitudes son continuadas y habituales tendremos a nuestro perro en la situación óptima: sus objetivos conductuales estarán destinados principalmente a “disfrutar de la vida” y no a luchar por la supervivencia. Obviamente un perro en estado de bienestar podrá disfrutar más del adiestramiento y de la convivencia con nosotros.

Una de las características de los movimientos de confort es que en una gran cantidad de casos no tienen un fin comunicativo, un perro se puede revolcar en la hierba sin que nadie lo esté mirando y desde luego al dormir de una u otra manera no intenta informar a nadie de nada, por supuesto si otro perro o una persona con conocimientos lo ve sabrá que esta contento y relajado respectivamente, pero frente a las conductas de apaciguamiento o agresión que siempre se realizan para transmitir información a otro individuo los movimientos de confort no necesariamente tienen dicho objetivo informativo ¡salvo en aquellos casos en que quiera que compartamos su bienestar invitándonos a jugar!

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