Otra cosa es con guitarra. EDUCAN en Chile, enero de 2018

Volvemos a Chile 🙂 🙂

Empezaré 2018 volviendo a Chile.

La primera vez que salí de España para impartir formación sobre aquellas “cosas raras” de entrenar a los perros en base a sus capacidades cognitivas y emocionales fui a Chile, primero unos seminarios de introducción, y -ante una avalancha de empatía con el trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL– rápidamente algunos cursos.

Así que Chile es especial.

Pero no solo lo es para mí o para EDUCAN.

Porque en Chile cuando alguien es valiente y atrevido a pesar de las dificultades se dice que es aperrado, y un trotamundos es un patiperro. No conozco ningún otro país cuyo lenguaje popular otorgue cualidades tan positivas, activas y poderosas a las personas cuando las compara con perros.

En Chile los perros importan. Y eso lo convierte en especial para todos los que amamos a los perros:

“…que estamos cosidos a la misma estrella,

estamos cosidos por la misma música tendida

de uno a otro,

por la misma sombra gigante…”, que diría Huidobro.

Llevamos tres años haciendo cursos de verano en Buenos Aires, disfrutando de la calidez, el humor y el compromiso de los argentinos.

Y cada vez que, en estas jornadas porteñas, nos visitaba un entrenador chileno, cada vez que hacían ese esfuerzo, y después peleaban por el trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL,  enarbolándolo como una arma de progreso y avance frente al “siempre se ha hecho así”, frente a las ideas desfasadas, a los conductismos superados, iba creciendo una deuda de lealtad con ellos .

También éramos deudores de todos los que desde las redes sociales, comprando nuestros libros, siguiendo nuestras actividades, apoyando, animando, dando feedback de nuestras publicaciones… han apoyado y divulgado el trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL en la medida en la que han podido, construyéndonos un lugar donde acudir con su cariño y su entusiasmo. Ayudando a que pudieran cambiarse las ideas que no eran antiguas, sino viejas. Las que no funcionaban o lo hacían a costa de demasiadas cosas.

Vamos a Chile porque no solo los Lannister pagan sus deudas 😉 ;-), y la mejor manera de dotarles de herramientas de avance es con nuestros cursos especializados: porque es otra cosa con guitarra.

He tardado más de diez años en volver, hemos avanzado mucho, tenemos muchas cosas interesantes que contar, formas innovadoras eficaces y respetuosas para trabajar con nuestros perros en diferentes especialidades del adiestramiento, para intervenir en su comportamiento, mejorándolo, de manera que logremos una convivencia y manejo fácil, feliz y natural.

Así que vuelvo a Chile, EDUCAN vuelve a Chile para celebrar dos cursos y seminarios, con los mismos profesores que los imparten en España.

Pincha aquí, descubre lo que vamos a hacer (temarios, fechas…) y porqué #nadasepareceaEDUCAN

Realizaremos dos cursos largos, los dos más populares y demandados que tenemos, de dos semanas de lunes a viernes, y dos especialidades, que implican dos fines de semana cada una de ellas. Para que haya opciones y posibilidades de conocernos para todos quienes quieran hacerlo, EDUCAN en Chile 2018: #EDUCANtodosabordo

Pincha y descubre nuestro: Curso de Adiestrador Profesional y Técnico en Modificación del Comportamiento COGNITIVO-EMOCIONAL

8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | enero 2018. El curso de entrenador profesional mas exitoso y que más personas han realizado en todo el mundo. EDUCAN no es solo o principalmente una escuela de entrenadores: es la empresa que más entrena, educa e interviene profesionalmente en el comportamiento canino de toda Europa. Con más de dos mil casos tratados anualmente no te vamos a vender nada que suene bonito en la clase pero no te sirva para lograr resultados. Nadie entrena más perros que nosotros, y #elÉXITOseaprende.

Pincha y descubre nuestro:Curso de Técnico en Terapia Asistida por Perros COGNITIVO-EMOCIONAL

22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 29 | 30 | 31 | enero | 1 | 2 | febrero 2018. Un curso que cambia por completo la perspectiva, las posibilidades y la forma de trabajar con los perros para que nos ayuden en la rehabilitación y/o terapia de quienes más lo necesiten. Olvídate de todos esos que hablan de los perros como “herramientas”, descubre cómo incorporarlos en los procesos terapéuticos como compañeros proactivos. Porque #entrenarperrosesotracosa

Pincha y descubre nuestra: Especialidad en trabajo de OLFATO

13 | 14 | enero 2018: Seminario I_* de Trabajo de OLFATO para USOS DIDÁCTICOS, RECREATIVOS Y TERAPÉUTICOS [15 horas] El olfato como herramienta de mejora de problemas del comportamiento, de bienestar y diversión de los perros, el sustituto más ventajoso de la práctica totalidad de los fármacos del comportamiento y como servicio diferencial para destacarte de tu competencia.

20 | 21 | enero 2018: Seminario II_* de Trabajo de OLFATO para LOCALIZACIÓN DE SUSTANCIAS [15 horas] Localizar sustancias consistentemente no es obsesionar a un perro con una pelota, puedes lograr una mejor búsqueda, más concentrada, más larga, más estable… ¡más eficaz!, una mayor coordinación con tu perro y hacer avances que no pensarías posibles en un solo fin de semana usando el adiestramiento COGNITIVO-EMOCIONAL. 

¿Te imaginas no enseñar a un perro de asistencia conductas concretas de ayuda sino darle normas para comprender y modificar su entorno y después dejarle elegir su forma de hacerlo en cada caso?

En el más puro estilo de María Montessori, hemos diseñado un protocolo de trabajo que no enseña conductas concretas que el perro se limita repetir mecánicamente cuando le decimos una palabra, vamos a enseñarle al perro a tener control sobre su entorno y modificarlo de manera segura, creativa y prospectiva para ayudar a su usuario y tutor. #diquequieresunarevolución

27 | 28 | enero 2018: Seminario I Introducción y Asistencia para DISCAPACIDADES MOTORAS

3 | 4 | enero 2018: Seminario II Asistencia para DISCAPACIDADES SENSORIALES y AJUSTE DE BINOMIOS

 
* Esta Especialidad debe contratarse completa
Acompáñanos en esta aventura, #súmatealCOGNITIVOEMOCIONAL ahora.

Hay demasiados chilenos a los que agradecer que esto haya sido posible, todos los que han confiado y empleado el trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL a lo largo de estos años, y como no quiero hacerlo a la carrera, prefiero dejarlo para otro post, porque hay que hablar de ellos, reconocerles y nombrarles. Son demasiado importantes como para no hacerlo.

Pero debo hacer un punto y aparte con nuestro principal compañero en esta aventura: Andrés Dunivicher, quien con su apoyo, su esfuerzo y su compromiso organizativo ha hecho posible este viaje. A veces quienes hacen el trabajo más duro son demasiado discretos para darse a conocer, no dejaré que eso pase con él. Gracias de corazón.

Para más información y reservas:

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Garo y Polo son amigos.

La amistad de Garo y Polo, lograda gracias al trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL. Imagen tomada de la portada del Facebook de su tutora, Flia Roda Blasco.

La amistad de Garo y Polo, lograda gracias al  compromiso de Cecilia y Federico y… al trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL 😉 . Imagen tomada de la portada del Facebook de su tutora, Cecilia, Flia, Roda Blasco.

Acabo de volver de Uruguay y estaba escribiendo un post sobre nuestra visita allí, que ha sido muy especial. Pero va a tener que esperar un poco.

Porque ha surgido algo importante que contar, una historia sobre personas buenas. De las que lo son activamente y a costa de su esfuerzo, de las que son mejores cuanto más falta hace.

A veces los entrenadores nos quejamos del compromiso de nuestros clientes, de su impaciencia…

Cecilia y Federico en 2014 perdieron su trabajo y su casa. Pero se consideraban afortunados, porque les acompañaba Garo. Y nos cuentan que en tiempos duros “solo sienten agradecimiento hacia Garo, por ser incondicional cuando no quedaba nada”. Porque es “un perro como esos de las películas”. Pero sin cámaras.

Y si recibes mucho y lo sabes ¿qué haces si eres justo?

Agradecerlo.

Pero los buenos no agradecen con palabras, sino con hechos.

Así que adoptaron a Polo, que había sido rescatado por Refugio de Vida Animal para compartir y ayudar, como habían sido ayudados por Garo. Y empezó el problema. Garo y Polo empezaron a agredirse de manera extremadamente violenta. Y Federico y Cecilia sabían que les tocaba ayudarles ¿qué otra cosa si no?

Contactaron con Marcos Rostkier y Cathy López,  les presentaron uno de los casos más complicados que puede encontrarse un profesional del comportamiento canino: dos poderosos perros machos adultos, que vivían juntos, y que se agredían ferozmente. Aunque intentaron darles pautas de mejora, el caso exigía una atención que en ese momento no podían dedicarle y se lo derivaron a Analía Soler, de JUST DOG it.

Marcos, Cathy y Analía son las personas que nos han llevado a Uruguay, los pioneros del trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL allí. También son tres amigos muy, muy queridos y comprometidos por completo con esta forma de trabajar a los perros, que va mucho más allá de las tradicionales.

Cathy, Analía y Marcos durante los seminarios que hemos impartido en Uruguay ¡¡Muchas gracias por todo!! :-) :-)

Cathy, Analía y Marcos durante los seminarios que hemos impartido en Uruguay ¡¡Muchas gracias por todo!! Nos habéis ensanchado el corazón 🙂 🙂

Y es que este caso ilustra algo más que los conceptos y técnicas del trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL, porque es un ejemplo de cómo podemos los entrenadores ayudar a las personas buenas y de cómo la intervención en la conducta canina, puede ser una empresa colaborativa y cooperativa. De cómo el éxito depende de que los entrenadores nos consideremos una comunidad y abandonemos los protagonismos excesivos, que tanto nos lastran y limitan.

Porque Marcos y Cathy supieron que debían remitir el caso a una colega con la misma formación y experiencia que ellos (no a una superstar del adiestramiento consagrada), porque exigía más tiempo del que ellos podían dedicarle en ese momento y lo justo era que lo atendiese quien pudiera dedicarle todo el necesario.

Pero es que Analía, viendo la dificultad que entrañaba, lo puso en común con un grupo de amigos entrenadores que habían realizado nuestro curso avanzado con ella en España: Andrés Dunivicher, de Chile, Abelardo Rivero, de Venezuela, pero ejerciendo en España, en Telde, dirigiendo UnimascotaArantxa Hernández, de Valencia y Ana Rodriguez de Bicos de Can en BCN.

Ana Rodriguez, Arantxa Hernández, Andrés Dunichiver, Abelardo Rivero y Analía Soler estudiando durante el curso avanzado de EDUCAN. Las cervezas son imprescindibles en un modelo C-E de estudio.

Ana Rodriguez, Arantxa Hernández, Andrés Dunichiver, Abelardo Rivero y Analía Soler estudiando durante el curso avanzado de EDUCAN. Las cervezas son imprescindibles en un modelo C-E de estudio.

Han trabajado juntos durante más de un año. Y en el video que sigue a este párrafo está el proceso y los resultados, recomiendo verlo entero, son quince minutos muy bonitos, muy emocionantes y absolutamente ejemplarizantes. Además ilustra perfectamente estos rollos que intento explicar en este artículo sobre el enfoque gestionalista frente al conductista. Todo este post es para que veas el video, porque no puedo escribir nada mejor que su contenido. Ni tú. Ni nadie.

Si no conoces el trabajo C-E, en el video verás cosas que te sorprenderán, que contradicen mucho de lo que habrás escuchado desde las ópticas que intentan explicar las relaciones sociales de los perros a través exclusivamente de mecanismos asociativos.

Y al final, con el éxito, verás también resultados a los que no suelen llegar estos modelos conductistas, que normalmente recomiendan evitar ¡para siempre! determinadas interacciones libres entre los perros, particularmente cuando aparecen recursos: verás cómo Garo y Polo comen juntos, cómo Garo y Polo juegan con una pelota o cómo Garo y Polo comparten lugar para dormir.

 

La foto de Garo y Polo juntos ¡por fin! que sirvió de base para el cartel que encabeza este artículo.

La foto de Garo y Polo juntos ¡por fin! que sirvió de base para el cartel que encabeza este artículo.

 

La sistematización de restricciones en estos aspectos muestran que, en realidad, los enfoques más conductistas no entienden que las relaciones sociales tienen leyes propias: cuando logras la amistad entre dos perros el historial previo deja de tener peso, porque desearán activamente evitar los conflictos entre sí. Porque nadie quiere hacerle daño a un amigo. Así que lo más importante no es el historial de asociaciones (aunque es importante, sobre todo al inicio, y parte del trabajo, pero no la principal). Lo más importante no es evitar la aparición posterior de recursos que pudieran reactivar asociaciones previas, sino lograr la amistad entre los perros para que ellos eviten activamente las peleas.

Porque en un enfoque gestionalista no es nuestra prioridad que no aparezca el enfado para evitar que se fije por condicionamiento respondiente ¡¡el enfado es una emoción reguladora necesaria en las relaciones sociales y sirve precisamente para evitar peleas!! Lo importante es que el enfado aparezca, que sea reconocido y se convierta en un operador para evitar la agresión en lugar de ser su precursor.

El enfado es la trasmisión emocional de que algo que realiza un miembro del grupo social causa malestar en otro miembro del grupo, como entre los perros no existía vinculación social -el segundo es adoptado cuando ambos son adultos- inicialmente el enfado regulador -que jamás va acompañado de castigos- lo muestran los propietarios, que son queridos por ambos perros (siempre me preocupan las personas que piensan que enfado es sinónimo de maltrato ¿cómo son los enfados de estas personas con sus hijos, con sus parejas para hacer una suposición tan errada?). Esto aprovecha el efecto de andamiaje social y cognitivo que las personas queridas generamos en los perros y del que habla Josep Call en esta entrevista que le hice, como en el minuto 26´30´.

Posteriormente, cuando los perros ya buscan entenderse y no solo agredirse, se permite que muestren el enfado entre sí de manera controlada, actuando de manera que se evite la conducta emocional inadecuada, la agresión, pero no la aparición de la emoción, el enfado, que debe de aprender a ser gestionada. Si la emoción no aparece nunca aprenderán a gestionarla.

Porque lo importante no es la conducta, sino la gestión de la emoción.

¡Ojo! Esto no siempre quiere decir que usando trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL los resultados sean tan buenos como los obtenidos con Garo y Polo, pero uno de los criterios más importantes para valorar un protocolo de trabajo es hasta dónde puede llegar en caso de tener éxito: una de las ventajas de trabajo C-E es que cuando sale perfecto no existen limitaciones continuas que deban seguirse el resto de la vida de los animales, la relación se normaliza por completo. Y eso constituye una característica diferencial relevante.

Pero si todo esto te parece fatal te voy a rogar, contra las normas usuales de este blog, que no escribas una crítica como respuesta a este post. Hazlo en otro, en el que he enlazado o en cualquiera de los que haya escrito sobre el tema. Allí estaré encantado de debatir y analizar. Porque todos los entrenadores les debemos a Cecilia y Federico todo nuestro apoyo y todo nuestro cariño: por estar ahí, aunque fuera largo y difícil, por ser lo bastante estrictos para cumplir su parte día a día y por ser lo bastante generosos como para compartir su felicidad y su éxito con todos nosotros. Aquí estamos para celebrar juntos, entendamos el adiestramiento como lo entendamos.

Gracias Analía, Andrés, Ana, Arantxa y Abelardo, gracias Marcos y Cathy, por hacer un trabajo tan extraordinario, por lograr lo que parecía imposible. Pero sobre todo, gracias por hacerlo juntos, por mostrar que la intervención en el comportamiento es algo que funciona mejor de manera colectiva. Que los entrenadores podemos ser el mejor apoyo de los entrenadores y que no es cierto que dos entrenadores solo puedan estar de acuerdo en que un tercer entrenador lo hace mal.

Y por quedarse hasta el final 🙂 🙂 .

Federico y Cecilia tienen dos hijos: Mikah y Juanita que serán, que ya son, mejores porque se han criado con Garo y con Polo, porque han visto que a la familia, independientemente del número de patas, se la cuida y que los problemas se afrontan en cualquier circunstancia. Juntos, y trabajando cada día. Sin esperar milagros y sobreponiéndose al dolor, llorando mucho en los momentos bajos pero sin aflojar. Sin dejar que la pena sea un excusa, sin ser indulgentes con ellos mismos porque la situación sea dura y todos entendieran que abandonasen. De mayor quiero ser como vosotros.

Quiero dar las gracias a Cecilia y a Federico más que a nadie: por hacerlo bien, por comprometerse, por ayudar hasta el final de sus fuerzas a Garo y a Polo, pero sobre todo por regalarnos para el futuro a Juanita y Mikah, que han aprendido la bondad firme con el ejemplo, y la solidaridad y el compromiso con la práctica. Por vosotros todos somos mejores, y eso es lo más hermoso y lo más importante.

#súmatealCOGNITIVOEMOCIONAL #entrenarperrosesotracosa #descubrealosperros

 

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Pasado y presente: El enfoque de GESTIÓN EMOCIONAL frente al CONDUTISTA/HABITUACIONISTA.

Mejor enséñame a gestionar mis emociones, que no puedo evitar tenerlas ;-) ;-)

Mejor enséñame a gestionar mis emociones, que no puedo evitar tenerlas 😉 😉

Muchas veces quienes tienen experiencia previa en modelos de entrenamiento conductistas tienen dificultad para ver los beneficios del adiestramiento COGNITIVO-EMOCIONAL, por dos motivos:

  1. El tiempo de entrenamiento para lograr la misma conducta suele ser igual, o incluso superior en algunos casos, respecto a la manera de entrenar que ya conocen.
  2. La conducta no será necesariamente mejor ejecutada en lo que se refiere a su forma que enseñándola de manera conductista.

Esto hace que puedan pensar que no tiene mucho sentido cambiar su manera de trabajar para lograr lo que en apariencia son resultados iguales.

Las ventajas que ofrece al adiestramiento COGNITIVO-EMOCIONAL en la enseñanza de destrezas no están en la velocidad de adquisición o en la precisión de la conducta, sino en el mantenimiento de su eficacia en el largo plazo, en las motivaciones para trabajar y en el encaje del adiestramiento como una actividad social conjunta y satisfactoria por sí misma entre la persona y el perro. En temas de fondo y de largo plazo, y es lógico que esto dificulte a quienes tienen experiencia previa exitosa con otras formas de trabajo el plantearse cambiar.

Sin embargo existe un área en la que las propuestas del trabajo COGNITIVO-EMOCIONAL ofrece resultados más rápidos, más consistentes y más prácticos que sus alternativas.

Y es en el trabajo de problemas emocionales.

Ahora sigue un mega tocho de post técnico, pero no tienes porqué pasar por ello, también puedes ver un resumen en este video:

EL ENFOQUE CONDUCTISTA/HABITUACIONISTA

El modelo tradicional conductista considera las emociones como etiquetas o como respuestas fisiológicas involuntarias bajo las que agrupamos una serie de conductas que se realizan sin necesidad de aprendizaje ante la presencia de determinados estímulos y se pueden asociar a otros estímulos por condicionamiento respondiente (clásico). Es decir que el eventual aprendizaje de estas conductas asociadas a otros estímulos que los que las activaban originalmente, así como la consolidación de dicho aprendizaje, depende de que aparezcan después del estímulo mucho más que de obtener algo con ellas. Su mera aparición es el refuerzo que las fortalece.

Esto tiene varias consecuencias conceptuales para trabajar con ellas desde una óptica conductista que define la mayoría de los trabajos que ¡¡aún hoy!! son los más usados para tratarlas, pese a sus limitadísimos resultados.

Al no ser conductas voluntarias, que dependen de sus consecuencias para aparecer, asociarse a estímulos y consolidarse o disminuir, los caminos y recursos para influir en ellas dependerán de capacidades involuntarias en el perro.

La base del trabajo sobre el estímulo original que activa la conducta sin necesidad de aprendizaje será habituar al perro al estímulo, es decir hacer desaparecer las conductas emocionales problemáticas haciendo que el estímulo que las activa deje de tener consecuencias para el perro. Si hubiera aprendizaje respondiente deberíamos interrumpir y debilitar la asociación por condicionamiento clásico entre la conducta emocional y el estímulo al que la hubiera asociado.

Ambas cosas se logran principalmente exponiendo al perro a dicho estímulo  a niveles muy bajos en sesiones controladas de manera que no aparezca la conducta, y subiéndolos progresivamente de tal manera que no aparezca la conducta durante el proceso y se acostumbre a ellos.

Este es el enfoque conductista/habituacionista.

El habituacionismo parte de la interpretación conductista que trata la emoción como proceso involuntario, como conducta involuntaria ante determinados estímulos, que además se puede aprender por condicionamiento respondiente, una contingencia de dos términos, estímulo-conducta, en la que el aprendizaje depende de la aparición de la conducta tras el estímulo y no de la consecuencia derivada de la conducta.

Como digo, la intervención comportamental habituacionista se centra en bajar el nivel del estímulo para evitar la aparición consecuente de la conducta, haciendo que la emoción siempre aparezca en niveles muy bajos para habituar al perro a él, y/o debilitar y/o cambiar las asociaciones respondientes entre estímulos y conductas, lo que se hace principalmente usando procesos involuntarios, como la habituación y la positivización, siendo sus recursos principales de intervención la desensibilización sistemática y el  contracondicionamiento emocional para positivizar, asociando al estímulo que se quiere “desactivar” una conducta involuntaria, respondiente, contraria a la de la emoción cuya aparición es problemática: juguetes, comida…

Aunque algunas propuestas conductistas/habituacionistas pueden añadir medidas secundarias que implican conductas voluntarias, podemos distinguirlos porque el peso del avance estará siempre en los procesos involuntarios y en la desaparición de respuestas conductuales ante los estímulos.

Consecuentemente desde esta óptica se propone trabajar siempre en niveles muy bajos de emoción, evitando que el perro  sea expuesto a ninguna situación en la que pueda activarse la conducta emocional inadecuada durante el tratamiento. Lo que impediría la habituación y/o reforzaría el aprendizaje respondiente.

Esta propuesta es infinitamente larga de llevar a cabo, a veces es imposible de compatibilizar con las necesidades y vida cotidiana del perro y/o de su “familia humana”, porque evitar que durante seis meses se encuentre con ningún perro o no vea coches si les tiene miedo es irreal e imposible.

En parte por esto, y en parte porque conceptualmente es un modelo que niega e ignora lo que hoy sabemos del funcionamiento de las emociones por lo que no aprovecha los avances en este campo, las propuestas conductistas/habituacionistas prácticamente nunca llegan a normalizar al perro: tras procesos muy largos y muy exigentes en todos los aspectos solo nos aportan, en el mejor de los casos, mejoras parciales. Lo cierto es que casi imposible resolver un problema emocional serio usando desensibilización y positivización como recursos principales.

De hecho, actualmente las limitaciones del modelo conductista/habituacionista está cambiando el mercado más importante a nivel de facturación (que no de calidad) del mundo de la educación canina, EE.UU. Dándose la paradoja de que los ponentes más populares ofrecen el modelo conductista/habituacionista como el más eficaz y operativa, como el único real. Pero los resultados son tan limitados y frustrares para el público que ha surgido un movimiento del mercado hacia los resultadistas más cañeros: la franquicia de adiestramiento que más ha crecido en los últimos años allí, y que ya tiene más de noventa delegaciones disputándose el primer puesto, es Sit Means Sit, que significa “Sienta significa sienta”, pero que podría traducirse apelando a su mensaje como “La letra con sangre entra”. Una empresa de adiestramiento cuya imagen de portada es un collar eléctrico que se fabrica ya con los logos e imagen de la empresa.

Y esto es en buena medida consecuencia de la inoperancia práctica -fuera de los seminarios- de los modelos conductistas/habituacionistas para ayudar a los perros que conviven con nosotros y tienen problemas emocionales, pero esa es buena parte del tema de mi próximo post, así que no lo expondré en más detalle.

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… Y solo lleva la mitad :-/ :-/ , menos mal que está el video.

EL ENFOQUE DE GESTIÓN EMOCIONAL

Cuando el enfoque conductista era todo lo que teníamos había que resignarse a trabajar con él y así lo hacíamos. Pero afortunadamente para nosotros, y sobre todo para los perros, la ciencia del comportamiento avanzó y nos aportó nuevos conocimientos sobre el funcionamiento de las emociones, ofreciéndonos nuevos recursos de intervención sobre las conductas emocionales. Que no son la misma cosa.

La emoción es un estado interno determinado que: (1) surge como respuesta inmediata e involuntaria de los animales ante un estímulo o situación y que les (2) permite orientar adecuadamente su conducta y (3) evaluar su eficacia.

Con esto vemos que la emoción tiene tres planos funcionales. Su activación ante algo, su aprovechamiento al producir conducta adecuada para responder a la emoción y la evaluación posterior de la situación para poder volver a la calma si se ha solucionado el problema que la activaba, o seguir emocionalmente activo y generar nuevas conductas cuando no se ha logrado.

La gestión emocional es el conjunto de procesos relacionados con la activación, aprovechamiento y evaluación de eficacia de las emociones.

Aquí expondremos las bases del trabajo de gestión emocional, el enfoque que usamos en EDUCAN, pero, tengo que meter una cuña publicitaria: si quieres saber cómo aplicarlas de manera práctica… te toca esperar a mi próximo libro o apuntarte a nuestros cursos, donde es la manera de afrontar los problemas emocionales que enseñamos.

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Una gestión emocional saludable activará las emociones convenientes en el momento y nivel adecuado, las aprovechará de manera adaptativa y devolverá al perro a la calma tras la situación emocional, permitiendo que las emociones funcionen como ayudantes eficaces para la supervivencia y búsqueda de bienestar del perro en su entorno y grupo social.

Aparecen problemas emocionales cuando la emoción se activa de manera inadecuada, cuando no se aprovecha correctamente o cuando no se evalúa eficazmente la respuesta emocional.

Nuestro objetivo será restablecer la salud emocional y mejorar la capacidad de gestión emocional del perro, no cambiar conductas concretas. Las conductas son la manifestación del problema, nunca el problema en sí.

El enfoque gestional parte de una interpretación emocionalista que trata la emoción como un conjunto de procesos complejos, involuntarios y voluntarios, gran parte de ellos inobservables, de los que la conducta emocional es la expresión visible, dependiendo el aprendizaje de la modificación de dichos procesos.

La intervención comportamental gestionalista tiene tres estrategias complementarias: en ocasiones (1) bajar el nivel del estímulo, para trabajar procesos involuntarios y mejorar la activación emocional, en ocasiones (2) promover y ayudar a la aparición de conductas emocionales correctas para darle al perro control de la situación emocional y mejorar el aprovechamiento emocional, y, en ocasiones, (3) bajar el nivel de la respuesta conductual o impedir la respuesta conductual inadecuada cuando aparece, para promover el autocontrol emocional y mejorar la evaluación emocional de la situación para comprobar si está solucionada.

Esto se hace trabajando en todas las intensidades de la emoción, desde las más bajas a las más altas, pero centrándose en los niveles medios de activación emocional, donde procesos voluntarios e involuntarios interactúan y se puede lograr una máxima mejora de las capacidades de gestión emocional, más que intentando evitar las conductas inadecuadas consecuentes a una mala gestión emocional.

Debe entenderse que el enfoque gestionalista niega las premisas conceptuales de el enfoque conductista/habituacionista (la emoción es una etiqueta para determinadas conductas, la conducta es lo relevante…), pero no la utilidad parcial de sus recursos de trabajo, por eso los incorpora no como única o principal herramienta, sino como una parte de un conjunto mayor.

Esta forma de trabajo además es compatible con la vida normal del perro, y no habrá tremendos retrocesos antes situaciones puntuales de activación indeseada de la conducta emocional. Además tendremos recursos para que el manejo y control del perro ante una situación emocional inesperada sea fácil y beneficie al proceso terapéutico en lugar de desbaratarlo.

Así que una ventaja importante de la propuesta de gestión emocional es que no exige imposibles a los propietarios durante el tiempo que dure la intervención para mejorar el problema. Esto no es secundario, quizá sí, si solo impartes formación sobre el tema, pero si tienes que trabajar con perros y dueños reales la cosa cambia. Mucho.

Podríamos esquematizar la forma de trabajo del enfoque gestionalista:

1. Trabajar principalmente en niveles bajos de emoción con procesos involuntarios y de manera secundaria en niveles medios con procesos voluntarios parar tratar y mejorar los problemas de activación emocional.

2. Trabajar principalmente en niveles medios de emoción con procesos voluntarios y de manera secundaria en niveles bajos con procesos involuntarios para mejorar los problemas de aprovechamiento emocional.

3. Trabajar conjuntamente niveles bajos y medios de la emoción, con procesos involuntario y voluntarios respectivamente, para mejorar los problemas de evaluación emocional.

4. Aplicar de manera combinada e individualizada los tres puntos anteriores a la gran mayoría de problemas emocionales en los que se combinan problemas de activación, aprovechamiento y desconexión emocional.

Este es el trabajo que se haría sobre la emoción problemática, el miedo, la ansiedad, pero no será jamás todo el trabajo a realizar desde una óptica gestionalista.

La buena praxis profesional respecto a las emociones siempre evaluará y mejorará, en caso de ser necesario, la salud emocional del perro, porque las emociones funcionan de manera global y no podemos limitarnos a trabajar sobre los comportamientos problemáticos que provocan, ni siquiera podemos limitarnos a trabajar sobre las emociones que causan una conducta problemática durante la situación en la que aparece dicha conducta.

Aislar y trabajar la conductas emocionales problemáticas es insuficiente.

El sistema emocional del perro funciona e influye en su comportamiento como un todo, por ello debemos trabajar la salud emocional de manera holística. Pero la evaluación y pautas de mejora de la salud emocional serán objeto de otro post.

El enfoque gestionalista entiende que la emoción no se puede reducir a una visión simplificada que se limita a las conductas que la expresan y que propone operar única o principalmente a través de que desaparezca la activación emocional, en lugar de redirigirla hacia un camino adaptativo y exitoso, que cause el cambio conductual a través de que el perro mejore sus recursos para gestionarla.

Los conocimientos actuales sobre el complejo funcionamiento de la emoción hacen que entendamos como reduccionista, limitado y obsoleto el enfoque conductista/habituacionista, siendo la opción más eficaz, operativa y consistente la gestionalista.

Ayuda a gestionar emociones, no elimines conductas. 

#descubrealosperros #súmatealCOGNITIVOEMOCIONAL #entrenarperrosesotracosa

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Buenos Aires ENERO, 2017. El ÉXITO se aprende. Los ÉXITOS se repiten.

Buenos Aires ENERO, 2017. El ÉXITO se aprende. Los ÉXITOS se repiten.

EDUCAN Buenos Aires ENERO, 2017. Verano COGNITIVO-EMOCIONANTE 3ª Edición 🙂 🙂

En Enero de 2017 volvemos a nuestra segunda casa porque, como dijo Borges: “Olvidadizos de que ya lo éramos, quisimos también ser argentinos.”

De nuevo un enero porteño para EDUCAN.

De nuevo un enero COGNITIVO-EMOCIONAL en Argentina.

De nuevo la ilusión de explicar que LOS PERROS PIENSAN Y NOS QUIEREN, y que eso es lo único que necesitamos para entrenarles.

De nuevo la posibilidad de exponer los protocolos más eficaces e innovadores, los que nos han convertido en la empresa que más perros adiestra, más problemas de conducta trata y más profesionales forma en Europa. La empresa que mejor comprende y conoce todos los aspectos del ÉXITO profesional.

Te lo habrán contado tus amigos, tus compañeros que hicieron cursos con EDUCAN los años anteriores: te habrán dicho que NO TE LO PIERDAS ESTE AÑO, que es diferente y especial. Y quizá no puedas terminar de entender su entusiasmo y su insistencia.

Es porque EDUCAN no se parece a nada.

Es porque va a cambiar tu manera de ver a los perros, de ver el entrenamiento y la educación: ENTRENAR PERROS NO ES COMO TE LO HABÍAN CONTADO.

Y eso no es una frase, es lo que ha causado el mayor éxito formativo de unos cursos en la Argentina, más de ciento cincuenta alumnos en Enero de 2015, nuestro primer año, más de doscientos alumnos en 2016.

Una experiencia de buena onda colectiva con el conocimiento, el descubrimiento, la renovación y la eficacia profesional como vehículo.

El año pasado recibimos alumnos de Argentina, Chile, Bolivia, Colombia y Uruguay que viajaron no solo desde sus países, sino desde Italia, desde Estados Unidos… para formarse como entrenadores y educadores COGNITIVO-EMOCIONALES.

Y ahora es tu oportunidad.

Nuestra formación este año incluye nuestros cursos más exitosos y eficaces y, como siempre, como regalo al interés, a la implicación y apoyo que siempre tenemos allá, una especialidad completamente nueva, que impartimos por primera vez, de manera exclusiva, en Buenos Aires.

Aquí tienes el enlace al evento general, con todos los cursos y seminarios y sus fechas.

  • La primera quincena de Enero de 2016 el curso de Adiestrador Profesional y Técnico en Modificación del Comportamiento COGNITIVO EMOCIONAL, el más importante de nuestro programa. El que permite conocer los nuevos conceptos y protocolos de Adiestramiento COGNITIVO-EMOCIONAL y de GESTIÓN EMOCIONAL. Aquí tienes un enlace al evento de Facebook de este curso.
  • La segunda quincena de Enero de 2016 nuestro curso Avanzado de Educador Canino COGNITIVO-EMOCIONAL, este curso es de acceso exclusivo para alumnos aprobados de nuestro curso de Educador Canino Cognitivo-Emocional, tanto de quienes lo cursaron en 2015 o 2016, como para los que lo hagan en esta convocatoria de la primera quincena de Enero del 2017. Nuestro curso avanzado lleva el conocimiento del trabajo Cognitivo-Emocional a otro nivel, y además ofrece herramientas para rentabilizarlo al máximo a nivel comercial. Aquí tienes un enlace al evento de Facebook de este curso.

Y en 2017 también habrá dos diferentes especialidades que puedes cursar los fines de semana:

  • Los fines de semana de la primera quincena de Enero de 2016 tienes la posibilidad de conseguir la Especialidad en Trabajo de OLFATO repetimos nuestros dos seminarios de olfato, en los que aprenderás tanto su uso para mejorar problemas emocionales en perros de clientes, como para divertir a tus perros. Pero también te servirán para iniciarles en las disciplinas de búsqueda más exigentes, pero de manera saludable. Sin volver al perro un obseso de la pelota para lograr resultado. Aquí tienes un enlace al evento de Facebook de esta especialidad.
  • Los fines de semana de la segunda quincena de Enero de 2016 una novedad absoluta, impartimos por primera vez la Especialidad de GESTIÓN DEL ENTORNO social y objetual. Dos  seminarios que pueden cursarse por separado, que te permiten obtener justo lo que te faltaba para intervenir eficazmente en todos los comportamientos que puede mostrar un perro. La última pieza de tu formación. Aquí tienes un enlace al evento de Facebook de esta especialidad.

¿Y qué es eso de gestión del entorno social y objetual y por qué es tan importante?

Existen muchos tipos de conductas voluntarias que el perro realiza además de aquellas que le enseñamos y pedimos a través del entrenamiento, buena parte del éxito de un profesional del comportamiento está en ser capaz de mejorar el comportamiento del perro sin necesidad de comandos, sin necesidad siquiera de su presencia o la del propietario u otra persona.

Eso es la gestión del entorno: la manera que tiene el perro de relacionarse con lo que le rodea en los momentos y situaciones en los que puede elegir qué hacer.

Esta especialidad muestra la manera de trabajar el comportamiento voluntario del perro cuando no podemos decirle cómo comportarse, cuando ni siquiera estamos allí: romper la casa o escaparse del jardín, hacerse amigo de otro perro mientras pasea suelto por el parque o pelear con él, aceptar al gato de casa o perseguirle por todo el salón cuando estamos en el trabajo…

  • El primer seminario sobre Gestión del ENTORNO SOCIAL:  relacionarse con perros, personas u otros sujetos sociales. Los alumnos del año pasado recordarán que hicimos una pequeña muestra de este protocolo haciendo que una perra iniciase su amistad con un hurón al que llevaba toda su vida queriendo cazar
  • El segundo seminario de esta especialidad hace referencia a la Gestión del ENTORNO OBJETUAL: como al quedarse solo en casa o en el jardín, donde puede interactuar con objetos, como las camas, la valla o los objetos personales de los habitantes humanos de la casa.

Una especialidad que es una novedad absoluta, nuestro regalo de año nuevo para que quienes ya han confiado en EDUCAN tengan más motivos que el cariño para volver a visitarnos. Aunque, por supuesto, cualquiera puede apuntarse e iniciar 2017 reinventándose y redescubriéndose 🙂 🙂

Acompáñanos y DESCUBRE A LOS PERROS.

#elÉXITOseaprende #súmatealCOGNITIVOEMOCIONAL #descubrealosperros #EDUCANtodosabordo #tuperropiensaytequiere

Para informarte y apuntarte envíanos el siguiente cuestionario ¡Y recuerda que la plazas se suelen completar unos meses antes del inicio!:

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Hábitos: Una pequeña guía para saber cómo funcionan y cómo trabajarlos

Al escribir un libro es normal recibir consultas referidas a alguno de los puntos más novedosos o chocantes expuestos en él.

Lo normal es que los autores supongamos cuáles serán los aspectos que moverán la curiosidad de quienes nos leen, al menos cuando uno se dirige a un público muy determinado, como es mi caso. Pero si algo he aprendido es que los lectores siempre hilan más fino que lo previsto por el autor, viendo la importancia de cosas que no necesariamente son las más “vistosas” del libro.

Inesperadamente me están llegando bastantes consultas sobre los hábitos y sobre cómo trabajar con ellos.

En Tu perro piensa y te quiere explico muy brevemente que las “normas” de aprendizaje asociativo populares en el mundillo del entrenamiento y que pueden servir para aprender una nueva conducta no son las mismas que funcionan para modificar los hábitos, usarlas con ellos es una garantía de fracaso o abuso.

Aprender conductas nuevas es un proceso exigente a nivel de recursos físicos y mentales, requiere esfuerzo y atención. No es rentable usarlo para situaciones sencillas que ya sabemos afrontar.

Los hábitos son conductas no muy costosas de llevar a cabo, que en el pasado han funcionado repetidamente para una situación concreta y que se automatizan parcialmente como respuesta a dicha situación, disminuyendo drásticamente la atención consciente y el esfuerzo necesarios para llevarse a cabo. Pero esa pérdida de atención tiene su precio, a todos nos cuesta recordar si hemos cerrado una puerta con llave.

Sabemos lo difíciles de modificar que son los hábitos, más de un matrimonio pende de que alguien sea capaz de cerrar el champú después de ducharse o apagar las luces antes de salir de casa. No creo que nadie considere que la relación entre el esfuerzo de cerrar un bote de champú y el beneficio de mantener una convivencia feliz con tu pareja sea excesivo, pero nos cuesta muchísimo conseguir estos pequeños cambios conductuales.

Para los perros no es más fácil, y sin embargo los entrenadores en ocasiones dan a entender que resulta sencillo para un perro dejar de subirse a su dueño cuando llega a casa.

¿Por qué es tan difícil cambiar un hábito? ¿por qué una conducta no responde a las reglas del aprendizaje asociativo más tradicional?

Para saberlo tenemos que ver qué nos dice la ciencia del comportamiento sobre los hábitos.

El primer test fiable, diseñado por Dickinson, para determinar que una conducta se ha convertido en un hábito se basa precisamente en comprobar que el aprendizaje asociativo “normal” está distorsionado: se enseñaba a una rata a presionar una palanca a través de una recompensa, posteriormente se evaluaban dos condiciones para determinar que la conducta se había vuelto un hábito (1) el animal seguía haciéndolo a pesar de estar saciado, operación de abolición típica respecto a la comida, y (2) el animal seguía haciéndolo pese a recibir después un aversivo suave, que en animales no entrenados previamente se había comprobado que tenía efecto castigante respecto a la misma conducta. Si la rata continuaba presionando la palanca, si mantenía la conducta, a pesar de que lo obtenido no tuviera ningún valor, e incluso cuando obtuviera un aversivo suave se consideraba que la conducta ya era un hábito.

Esto es relevante: ni eliminar el reforzador final, ni usar aversivos en el nivel de molestia van a servir para que el perro deje el hábito de subirse. Ese discurso está equivocado, y ojo, que aquí no habla solo el cognitivo, alguien con formación conductista actualizada coincidiría en este punto (aunque no lo hiciera en la manera de explicar cómo y porqué sucede).

Para intervenir correctamente nos será de ayuda conocer el funcionando de los hábitos a nivel neuronal. Una vez más la neurociencia nos muestra el porqué profundo de lo que sucede a nivel conductual.

Cuando llevamos a cabo una conducta de manera consciente están activos durante todo el proceso los llamados circuitos neuronales de deliberación, que permiten reconocer las consecuencias de lo que hacemos y darle un valor positivo o negativo a la conducta. Según una conducta va convirtiéndose en un hábito va generando circuitos neuronales de hábitos, que (1) “empaquetan” como una unidad el conjunto de conductas que forman el hábito (un proceso que se conoce como chunking) y (2) hacen que deje de estar bajo control consciente continuo. Los circuitos neuronales de hábitos, una vez creados, no se pueden eliminar, pero podemos impedir que se activen.

Todo lo anterior se ha comprobado desactivando (mediante una técnica muy innovadora, la optogenética) las neuronas responsables de trasferir el control de la conducta de los circuitos de deliberación a los de hábitos. Efectivamente, al impedir ese cambio, la conducta se mantenía plástica y susceptible de ser modificada mediante la operación de abolición y la aparición de aversivos suaves antes descritas. O sea, que funcionaba como una conducta nueva, las que sabemos manejar los entrenadores.

Pero claro, mala solución sería tener que usar optogenética para que nuestro perro dejase de subírsenos al llegar. Y cara.

Tenemos que aprovechar los conocimientos actuales sobre los hábitos para desarrollar soluciones prácticas en el día a día. Así que, todo el rollo anterior ¿cómo nos lo comemos en cristiano?

Podríamos dividir un hábito, de la manera tradicional: la situación que lo activa, la realización de la conducta y lo que sucede después.

Durante la realización de la conducta no existe prácticamente control consciente, así que el trabajo en esa etapa será muy poco eficaz, si es que lo es en alguna medida. Aunque consigamos cortar la conducta en ese momento no estaremos disminuyendo la posibilidad de su aparición en el futuro. Mucha gente que lleva meses sin permitir que su perro se le suba al llegar a casa y ve cómo persevera puede dejar de sentir que lo hace mal: no funciona porque no puede funcionar ¡Ojo! esto no quiere decir que no sea útil en otros sentidos que el perro corte la conducta, sencillamente no es una técnica eficaz para disminuir su posterior aparición.

La neuroimagen nos ha mostrado que quedan bajo control consciente, y por tanto son zonas de trabajo posibles, tanto la situación que activa la conducta como sus consecuencias. Bueno, cambiar las consecuencias de una conducta es el trabajo de conductismo más básico e intuitivo ¿tanta literatura para llegar a lo mismo, al cambio de las consecuencias como “terreno” de trabajo?

Pues evidentemente no. Por el particular proceso cerebral que tienen los hábitos, y como muestran las pruebas experimentales, el final de la conducta, sus consecuencias aparentes, no es el mejor lugar para intervenir. La extinción no funciona, y tendríamos que generar en el perro reacciones emocionales negativas demasiado intensas para castigar un hábito (sea con castigo positivo o negativo), además sería un proceso que se prolongaría muchísimo. Dos características que hacen que el trabajo eficaz sobre las consecuencias resulte abusivo.

La mejor manera de cambiar un hábito es también la más sencilla y respetuosa: debemos trabajar sobre la situación que lo pone en marcha, haciendo que el cerebro mantenga la atención consciente, que los circuitos de deliberación no dejen de funcionar. Una buena opción serían los trabajos de olfato, que concentran al perro y le exigen atención, lo que no permite la puesta en marcha de los circuitos neuronales de hábito.

Así que al entrar a casa es mejor en todos los aspectos desperdigar un puñado de pienso, si es con algunos trocitos de salchicha como extras aún mejor, que ignorar los saludos del perro, intentar pedirle que se siente o, desde luego, que castigar la conducta de saludar, sea con castigo positivo o negativo. Aunque “tirar comida por el suelo” sea menos vistoso, menos rentable o nos dé una menor sensación de control, que son finalmente los motivos por los que se perpetúan técnicas ineficaces, obsoletas e incluso irrespetuosas.

Además el trabajo de olfato mejora el autocontrol, genera estados emocionales de calma, en muchos casos no requiere entrenamiento previo y resulta sencillo y cómodo de hacer para el propietario.

Y para lo del champú: lo mejor es dejarlo fuera de la ducha, en un sitio que nos requiera control consciente para buscarlo y cogerlo, lo que nos permitirá mantener en la cabeza el objetivo de cerrarlo después de su uso. Por ejemplo, poniéndolo dentro del armarito del baño o en una bolsa con cremallera. En poco tiempo no se nos olvidará nunca ponerle el tapón. Y lo mejor es que se le puede pedir a tu pareja que se haga responsable de guardarlo en el sitio “difícil” y así repartimos la responsabilidad de cambiar ese mal hábito 😉

Por supuesto, decir que esta propuesta es eficaz cuando el problema con el saludo se ha convertido en un hábito. Antes de que lo sea existen otras muchas maneras de evitarlo y enseñar alternativas. Este es un post sobre los hábitos, no sobre los saludos abrumadores.

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Pepperberg, Call y ahora Udell… 2014, el año cognitivo.

Este año está siendo relevante para quienes tenemos una visión del comportamiento canino que va más allá del aprendizaje asociativo.

En el estudio del comportamiento humano la visión radicalmente conductista se encuentra en retroceso práctico y académico, solo mantiene cierta vigencia a través de áreas de aplicación muy pequeñas y definidas, o por el trabajo de conductistas abiertos, que integran el aprendizaje asociativo con los nuevos conocimientos que aportan enfoques como la psicología evolutiva, cognitiva y/o del desarrollo, la neurociencia y otros, que, en conjunto, forman la nueva ciencia del comportamiento.

Quiero aclarar que, aunque no la comparto, entiendo y respeto la postura de quienes mantienen una visión conceptual y científica que explica la conducta a través única o principalmente de relaciones de contingencia.

Sin embargo menos respetable es lo que sucede en el mundo del entrenamiento de animales, que, como la mítica aldea gala, se ha caracterizado por “resistir ahora y siempre al invasor”, manteniendo en muchos casos una militancia simplista, activa y beligerante hacia cualquier enfoque más allá del conductista.

En el entrenamiento de animales se nos da muy bien reducir la ciencia de base a lo que nos interesa para confirmas nuestras ideas técnicas y/o éticas, adaptando los conocimientos a nuestros sesgos y nuestra capacidad comprensiva. En algunos casos esto supone reducir mucho.

Gran cantidad de entrenadores, que se tienen por conductistas, ofrecen unas explicaciones que son versiones bastardas y simplificadas hasta resultar falsas, de lo que realmente aporta la investigación en conductología. Eso sí, lo que le falta de consistencia a estas afirmaciones se compensa con entusiasmo y descalificaciones hacia otros enfoques. Porque siempre es más fácil parecer bueno haciendo que los demás parezcan malos que siéndolo realmente.

Una de estas simplificaciones afirma que las hipótesis conductistas son las únicas avaladas por la ciencia, lo que es una barbaridad, pero servía/sirve para descalificar enfoques etológicos o cognitivos sobre el comportamiento. Como defiendo un enfoque cognitivo y etológico desde hace muchos años esta idea, que se estaba volviendo un lugar común, me resultaba molesta.

Pero este 2014 parece haber sido el año del advenimiento de la ciencia cognitiva al entrenamiento canino en España.

EDUCAN ha organizado seminarios con dos de los investigadores más relevantes de la cognición en animales del mundo: Irene Pepperberg y Josep Call, que nos han mostrado cómo la cognición animal es parte de la ciencia más actual y consistente, ayudándonos a conectar el aprendizaje asociativo con otras capacidades cognitivas, ecológicas y evolutivas. Una visión integradora característica de la ciencia cognitiva del comportamiento.

También Brian Hare ha publicado su libro Genios en castellano, con un enfoque completamente cognitivo y una notable base experimental. La editorial Dogalia ha traducido el libro de Claudia Fugazza, Haz lo que yo hago, en el que se propone aprovechar para el adiestramiento trabajos experimentales de Miklosi, Topal y otros sobre la imitación, un proceso eminentemente cognitivo.

Puesto que EDUCAN lleva desde finales de los noventa promoviendo la importancia de las capacidades cognitivas, emocionales y sociales de los perros para su educación, esta vuelta de tuerca sobre la consistencia científica del acercamiento cognitivo al entrenamiento nos encanta ¡Y no termina aquí!

Como cierre de este año los días 20 y 21 de Diciembre nuestros colegas de Implicán, organizan un seminario con Monique Udell.

DECLARACIÓN DE INTERESES

Antes de hablar de las bondades de este seminario, debo hacer una declaración de intereses. Hasta ahora, cuando he recomendado actividades, o bien eran actividades de EDUCAN, como nuestros cursos, que el lector sabe que nos generan un beneficio económico directo, o bien actividades de otras entidades que no nos reportaban esos beneficios, como en el caso del seminario que organizaron nuestros colegas de Cinco Huesos con Claudia Fugazza.

El Instituto Tecnológico EDUCAN es patrocinador del seminario de Monique Udell, por lo que es importante para valorar mi recomendación que los lectores sepan en qué consiste este patrocinio.

La idea de este seminario me pareció muy interesante cuando me enteré y creí conveniente darle difusión, hablé con los responsables de Implicán, comentándoles que me gustaría vincular al Instituto Tecnológico EDUCAN con esta actividad, apareciendo como patrocinadores. Yo entendía que nuestra presencia e imagen ayudaría a promocionar el seminario y también beneficiaría a EDUCAN, al aparecer asociados a un evento de calidad e interés. Los responsables de Implicán compartieron mi idea y adicionalmente han ofrecido un descuento a los alumnos de EDUCAN que acudan al seminario. Estas son todas las condiciones del patrocinio, en ningún caso EDUCAN o Implicán reciben contraprestación económica de la otra parte.

Una vez aclarado esto, paso a explicar porqué creo que tan interesante esta actividad formativa.

EL SEMINARIO ADECUADO EN EL MOMENTO ADECUADO

Monique Udell, además de investigar sobre cognición, es una entrenadora que conoce y maneja con soltura técnicas conductistas, su seminario es una buena manera de “encajar” los conocimientos que muchos ya tienen sobre entrenamiento, como manejo del clicker, programas de contingencia… con los nuevos conceptos de cognición canina que están calando a nivel mundial y llegando a España torrencialmente este año. Esto difumina la oposición entre formas de entender el entrenamiento, favoreciendo el encuentro, el diálogo y el intercambio enriquecedor entre conductistas y cognitivo-emocionales, que es lo que nos convendría a todos (aunque tengo la impresión de que habrá sectores radicales de entrenadores que no aceptarán que existe una nueva ciencia del comportamiento que incorpora inevitablemente la coordenada cognitiva, espero equivocarme, pero…).

Esa óptica integradora permite exponer fácilmente cómo interactúa el condicionamiento con mecanismos ecológicos, cognitivos y sociales del perro. Y cómo estos mecanismos pueden determinar su manera de aprender.

Todo enfocado hacia las áreas del trabajo más interesantes a nivel práctico: entrenamiento y modificación de la conducta.

Así que me parece que el seminario de Monique Udell es un broche de oro para un año en el que los vientos de cambio nos están refrescando el pensamiento y… el corazón 😉 .

Si queréis más datos aquí os dejo un enlace al evento de Facebook. Yo estaré allí.

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Algunas precauciones y premisas para usar refuerzo negativo minimizando sus riesgos.

Después de entregar, con un par de meses de retraso, el primero de los tres libros que espero sacar este año vuelvo al mundo de los vivos, o al menos de los e-vivos.

Y lo hago para hablar de un tema que me lleva preocupando un tiempo, vivimos un momento de “boom” de las propuestas de trabajo para perros emocionalmente problemáticos que se basan en la gestión conductual de aversivos: tanto BAT como CAT son protocolos que funcionan a través del refuerzo negativo, al que se le puede añadir eventualmente un refuerzo positivo. De primeras aclaro que creo que este es el camino adecuado, hoy sabemos que el uso del refuerzo negativo en un programa de refuerzo diferencial es lo más eficaz para este tipo de problema, como ya expliqué en un largo post, que gracias a vuestros extraordinarios comentarios se convirtió en muy, muy interesante. Además, el protocolo desarrollado en EDUCAN se basa en los mismos principios, así que esto no es una crítica a estos procesos en absoluto.

Sin embargo, lo “edulcoradas” que llegan a ser las formas de presentar estas propuestas para conseguir que el uso de refuerzo negativo les parezca aceptable a quienes tienen muchas suspicacias hacia este tipo de refuerzo conlleva un peligro implícito: que no seamos conscientes de que estamos usando refuerzo negativo y no sepamos precavernos de los riesgos reales que corremos y que debemos considerar e intentar minimizar al trabajar de este modo.

El mayor riesgo con el que nos encontramos tiene que ver con una eventualidad que parecemos no considerar cuando trabajamos: el comportamiento es continuo, no una suma de eventos aislados. En la mayoría de los casos el perro, durante la sesión, podrá reducir la intensidad del estímulo aversivo hasta hacerlo desaparecer con su conducta. Típicamente al dejar de mostrar una respuesta de agresión o miedo hacia otro perro (que es el estímulo aversivo en estos casos) o realizar alguna otra conducta observable que consideremos correcta alejará al otro perro (CAT) o se alejará de él (BAT y nuestro protocolo). Esto es muy adecuado al paradigma de refuerzo negativo, pero parecemos olvidar que antes de retirar o alejar el aversivo tenemos que introducirlo en la vida del perro, o sea que tenemos que sumar un estímulo aversivo (el otro perro) al entorno para poder empezar la sesión. Y sumar un estímulo aversivo al entorno es la manera de iniciar los trabajos de castigo positivo, el tipo de condicionamiento con efectos emocionales y conductuales más lesivos. Al explicarse estos trabajos se incide en los beneficios de que el perro gestione la situación aversiva con su comportamiento (refuerzo negativo) y se obvia sistemáticamente el cómo se le sitúa ante el aversivo (activación emocional equivalente a la del castigo positivo).

El perro existe, genera conducta y realiza asociaciones también cuando le llevamos a la sesión y sumamos a su vida elementos que le desagradan para iniciarla: el principal problema práctico al usar refuerzo negativo es cómo introducir el aversivo, no cómo retirarlo. Cuando esto se hace de manera descuidada es fácil que el perro elicite respuestas emocionales respondientes insalubres al acercarnos al lugar de trabajo, lo que puede darnos, en el peor de los casos, un incremento de respuestas reactivas de miedo o agresión o, en el mejor, una mala disposición hacia el lugar, personas y otros antecedentes fiables del inicio de la sesión, pues este inicio siempre actuará emocionalmente de manera insidiosa.

Este es un problema que no desaparecerá, pero que podemos gestionar con inteligencia para que los beneficios obtenidos durante la sesión superen con creces las consecuencias lesivas que supone su inicio y podamos hacer un uso inteligente y respetuoso del refuerzo negativo, minimizando sus riesgos. Las medidas que propongo son las siguientes:

  1. Mantén un ritual igual para llevar al perro a la sesión que para otras salidas que le resulten apetecibles. Si haces cosas diferentes para acudir a las sesiones terapéuticas el perro lo captará en seguida y empezará a generar una expectativa negativa en cuanto sepa hacia dónde va, esto nos llevará a que durante el traslado, que puede ser largo, se encuentre en un estado emocional negativo, lo que multiplicará su malestar. Sin embargo si haces lo mismo que cuando va a ir al campo a pasear tendrás un estado emocional positivo durante el viaje, la mejor manera de empezar.
  2. No llegues al lugar de la sesión y empieces con el trabajo. Otra manera de evitar que el viaje sea visto como un antecedente fiable de la sesión, con los efectos nocivos implícitos, es que llegues a la cercanía de la zona de trabajo con antelación y dediques un rato a pasear tranquilamente con tu perro, jugar con él o darle masajes relajantes si le gustan y lo haces competentemente. Déjale que se relaje y se olvide del coche y del viaje antes de empezar el trabajo.
  3. Ten un ritual de inicio de la sesión, incluyendo material específico. Todos los estímulos presentes en un entorno de interés (bueno o malo) pueden potencialmente asociarse a este y generar una respuesta emocional posterior. Sin embargo sabemos que esto no es lo más frecuente, al perro no le interesa asociar demasiadas cosas porque supone un mayor esfuerzo mental y además daría valor a muchos estímulos que realmente no fueran específicos del problema. Cuando aparece una situación de interés, el perro realiza un rastreo de señales para aprender a diferenciar los estímulos específicos y propios de dicha situación y asignarles el valor asociativo, convirtiéndolos en señales. Algunos estímulos, como el lugar concreto donde se lleva a cabo la sesión, pueden estar fuera nuestras posibilidades de acción, pero otros como el collar y correa de manejo, pueden controlarse fácilmente. Si usamos un ritual de inicio de la sesión y un material específico para esta conseguiremos que gran parte del enfoque asociativo del perro se quede en ellos, con lo que al realizar el ritual y ponerle el collar y correa de trabajo se agobiará, pues señalan que llegará la situación aversiva, pero al quitárselos o no usarlos disminuirá la emoción problemática. Podríamos decir que encapsulamos el inicio del aversivo y sus efectos adversos con el ritual y material exclusivos de la sesión, minimizando las asociaciones con otros estímulos presentes. En algunos casos en los que existe una generalización del miedo muy exagerada nosotros usamos collares de vibración para aumentar este efecto de discriminación de los estímulos que se asocian con la emoción nociva, reduciendo el enfoque del perro y dirigiéndolo hacia el material, mejorando así su activación emocional hacia el resto del entorno. Esta es quizá la técnica que más “choca” en nuestra propuesta y que es generadora de polémica, sin embargo es efectiva en casos muy severos donde se necesita que la emoción quede asociada a un contexto muy limitado.
  4. Después de la sesión no te vayas inmediatamente. Aunque salga bien, estos trabajos implican un alto nivel de estrés en el perro y una alta activación de sus capacidades emocionales, estos son motores que tardan en enfriarse, dales tiempo para ello. Antes de volver al coche para irte pasea de nuevo, calma al perro con masaje, dale tiempo para estabilizarse emocionalmente. Después intenta realizar una actividad divertida con él, si es en la misma zona perfecto, pero también puntúa hacer una parada en una zona de campo que le encante antes de volver a casa.
  5. Trabaja en pirámide. Se ha comprobado que el trabajo sobre emociones avanza y se consolida más rápidamente cuando la sesión se plantea de manera piramidal: partimos de un criterio (por ejemplo acercar al perro a diez metros del perro ayudante), subimos de criterio (por ejemplo le acercamos a ocho metros, luego a seis y luego a cuatro) y por último volvemos a bajar de criterio (retrocedemos de nuevo a seis metros, luego a ocho y terminamos en los diez iniciales). Terminar la sesión con el criterio más alto, una práctica usual pero equivocada, genera más estrés residual en el perro e implica una recuperación física y emocional de la sesión mucho más lenta e ineficaz.
  6. Espacia las sesiones no haciendo más de tres semanales, incluso puedes hacer solo dos. Por bien que lo hagas y por bajos que sean los umbrales de activación de la emoción, este tipo de trabajo implica estrés, con las alteraciones físicas consecuentes que todos conocemos y que, además, ralentizan y alteran el proceso de reconstrucción del cerebro que constituyen la realidad fisiológica del aprendizaje. Si vamos demasiado deprisa no conseguiremos que los efectos de la sesión terminen de remodelar el cerebro del perro, por lo que estaremos construyendo los posteriores avances sobre una base inestable. A todos nos tienta trabajar todos los días o al menos manteniendo el ritmo laboral normal: cinco sesiones a la semana, sin embargo, esto es demasiado rápido para procesos emocionales.

Como ves todos los puntos son fáciles de llevar a cabo, solo requieren tiempo, planificación previa y, sobre todo, ser conscientes de que estamos trabajando con refuerzo negativo y por ello debemos ser particularmente cuidadosos.

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Enfadarse con los perros, usar aversivos y las hermosas palabras.

En contestación a mi post anterior, en el que comentaba que la negociación será una de las incorporaciones de los nuevos protocolos que presentaremos a partir de Enero, Raquel J. me escribió alegrándose porque esto supusiera que pudiéramos eliminar alguna de las barreras que impiden al adiestramiento C-E incluirse dentro del adiestramiento en positivo. Como me parecía algo relevante y que ha dado lugar a no pocos malos entendidos, le pedí que me permitiese no publicar y contestar su mensaje, sino dedicarle un post monográfico al tema, Raquel tuvo la gentileza de acceder y a mí me corresponde ahora cumplir mi parte del trato.

Estrictamente la primera dificultad para decidir si el adiestramiento C-E puede considerarse adiestramiento en positivo sería técnica: la falta de una definición única sobre qué es exactamente adiestramiento en positivo, algo que ha llevado a que el término se haya vuelto en algunos casos muy elástico y relajado y en otros bastante rígido y estrecho, sin embargo existen tres puntos evidentes de fricción: Desde el adiestramiento C-E proponemos que es conveniente enfadarse con el perro, usar refuerzos negativos en su educación y usar refuerzo negativo diferencial para tratar determinados problemas emocionales. Veamos punto por punto cuáles son nuestros motivos:

Enfadarse con el perro

En una relación social sana es necesario que ambas partes puedan enfadarse con la otra, nadie querría un amigo o pareja con quien no pudiera hacerlo nunca. Los educadores caninos insistimos, y con razón, en el hecho de que un perro puede enfadarse, e incluso gruñir en determinados momentos, sin que sea una fiera peligrosa, sino sencillamente para comunicarnos que se están rebasando determinados límites. Enfadarse, cuándo y cómo corresponde, es una forma beneficiosa y necesaria para ayudar a la organización social y a la consolidación y mejora de los lazos afectivos. Además hay un motivo práctico: es inevitable cuando convivimos y queremos a nuestros perros que nos enfademos con ellos (¡por Dios, si hasta Turid Rugaas lo hace!), por lo que creo que es necesario sistematizar algún protocolo para hacerlo bien.

El problema no está en enfadarnos con nuestros perros. El problema está en su situación de indefensión si nuestro enfado rebasa lo saludable… Con tu pareja, familia o amigos la otra parte tiene recursos para controlarnos cuando se vuelve excesivo o inadecuado, sin embargo el perro no puede mandarte a casa de tu madre para “que te aguante ella, que es la que te ha educado así”.

Este es el punto que me ha dado más quebraderos de cabeza. La didáctica negociada es, a mi entender, una solución óptima (existe otra aún mejor, pero que sólo es válida para determinados perros y propietarios): si primeramente enseñamos al perro que hay límites a lo que podemos pedirle, que también él puede y debe exigirnos determinadas cosas durante el adiestramiento y que para avanzar es necesario que nos demande actuar adecuadamente, conjuramos el riesgo de enfadarnos demasiado o cuando no corresponde, pues ante la situación de enfado incorrecto la negociación se rompe y el adiestramiento de inmediato deja de avanzar. ¡Ojo! Esto no implica que el adiestrador renuncie a dirigir el adiestramiento, simplemente no podrá pedir cualquier cosa en cualquier momento ni de cualquier manera, si lo hace se arriesga a perder todo lo que ha obtenido hasta ese momento.

El trabajo negociado impide el abuso porque es incompatible con progresar e implica evaluadores objetivos inmediatos de cuándo nos estamos excediendo, lo que nos evita depender de la capacidad de cada entrenador para notar si está enfadándose más de la cuenta o en un momento inadecuado.

Usar aversivos para educar

El segundo punto es nuestra defensa del uso de aversivos de baja intensidad en la educación, se ha comprobado que los estados emocionales negativos de alta intensidad generan una huella emocional prácticamente imborrable, el aprendizaje del miedo o la agresión queda verdaderamente “tatuado” en el cerebro.

Sin embargo también sabemos que una de las maneras más eficaces de evitarlo es aportar estímulos aversivos suaves que el perro pueda gestionar con su conducta. Aquí hay un problema con los eufemismos, porque en realidad mucha gente que dice no usar aversivos en realidad sí lo hace: cuando le ponemos al perro un post-it o un suave goma en la nariz para que la aparte estamos usando aversivos, cuando le ponemos el collar y la correa para que se habitúe a ellos estamos usando aversivos, cuando le enseñamos a dejarse manipular, explorar y cepillar estamos usando aversivos, cuando le hacemos pasar por un suelo extraño que le genera inseguridad estamos usando aversivos. Y es lo correcto, porque, en el nivel de molestia y siempre sin superarlo, los aversivos son necesarios para construir las capacidades de afrontamiento de problemas que serán la base de la salud emocional del perro y de su capacidad para activar y gestionar correctamente el estrés.

Debemos dejar de pensar en si un estímulo es aversivo o apetitivo y centrarnos en cuál es la valencia emocional que tiene para el perro. He visto perros estresarse hasta llegar casi a la indefensión durante sesiones de moldeado con clicker y otros que cuando son modelados con las manos por sus dueños se deshacen de felicidad por el contacto ¿realmente nos importa más el tono del estímulo que lo que genera en el perro?

Usar refuerzo negativo diferencial para tratar problemas de conducta

El tercer punto es que para solucionar determinados problemas emocionales, particularmente los relacionados con casos graves de miedo y agresión, en el adiestramiento C-E consideramos que el refuerzo negativo diferencial es la mejor estrategia. Siempre me sorprende que esto genere rechazo, porque está más que demostrado experimentalmente: la mejora de la capacidad de gestionar correctamente las emociones problemáticas debe hacerse desde la activación emocional negativa, para así reconstruir la capacidad del perro de controlar el estado emocional negativo a través de su conducta.

Los tres protocolos actuales que más eficaces me parecen para mejorar problemas emocionales, el CAT (2009), el nuestro (2010, que hicimos público por primera vez en nuestro curso avanzado de Enero del 2011 con los perros “Negrín” y “Aris”) y el BAT (2011) se basan en el uso del refuerzo negativo diferencial. No hablaré del protocolo de EDUCAN por no arrimar el ascua a nuestra sardina y porque tendría que hablar largo y tendido de los nativos americanos y esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, pero el CAT desarrollado por Jesús Rosales, probablemente el mejor especialista del mundo en ABA para perros, y el BAT que Grisha Stewart diseñó partiendo del trabajo de Rosales, son sistemas muy eficaces, aunque creo que buena parte de la popularidad de este último se debe a haber “escondido” en un segundo plano el término refuerzo negativo bajo el eufemismo de recompensa funcional, algo que, aclaro desde ya, no me parece mal. Si es necesario para el bien de los perros “maquillar” un término científico de manera que resulte más digerible me parece más que adecuado hacerlo. Pero, por supuesto, no se cambia la realidad objetiva de que es un trabajo que utiliza refuerzo negativo.

En todo caso es de justicia señalar que estos tres protocolos son posteriores al trabajo de Two-Rewards System de Jhon Fisher en los noventa, que es el auténtico pionero y a quien se le debe atribuir el mérito de la idea original.

Por lo anterior estos tres puntos son irrenunciables en nuestro trabajo, al considerarlos necesarios para construir la salud emocional y social del perro, así como para llevar a cabo intervenciones de calidad sobre determinadas alteraciones de su comportamiento emocional y no podemos, ni deseamos, estar incluidos en ninguna propuesta de entrenamiento o intervención conductual que no los acepte, aunque pienso con total sinceridad que la mayoría de los adiestradores actuales que tienen resultados y un trabajo de calidad, consciente o inconscientemente, velada o claramente, los usan. Otra cosa es cómo hacerlo y cómo de bonita se cuente la historia.

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Importancia de los oteaderos para la calidad de vida del gato doméstico.

Me ha decidido a escribir este post la consulta de una alumna sobre su gata Amparo (decidme que no es un nombre genial para una gata), con un feo problema de agresión, porque me pareció curioso que, aunque ha consultado a buenos profesionales y le habían prescrito un tratamiento adecuado, nadie había tomado en cuenta la existencia, cantidad y distribución de oteaderos en su vivienda.

Los oteaderos son lugares elevados y cómodos que permiten controlar visualmente el entorno, son muy relevantes para la mayoría de los félidos, entre ellos el gato doméstico, pues permiten evaluar las situaciones novedosas que se produzcan desde una situación segura y así elegir una estrategia de afrontamiento controlada, con niveles de estrés que puede gestionar fácilmente. También ofrecen al gato la posibilidad de retirarse a un lugar privado y tranquilo para estar sólo, si los perros adoran las “cuevas” que se forman en las esquinas y bajo los muebles de casa los gatos se pirran por los “miradores” (algo que he intentado -sin éxito- explicarle a Gastón, el malinois macho de casa, que se tumba largas horas en lo alto del respaldo del sofá para otear desde el ventanal qué pasa por el campo cuando él no está persiguiendo conejos).

La primera opción de un gato ante una situación tensa será observarla a distancia segura desde su oteadero, si no dispone de uno se encontrará inmerso en el problema sin poder hacer su evaluación “a vista de pájaro”, lo que le genera altos niveles de estrés y fácilmente termina en problemas de miedos y/o agresión. Y es que la segunda opción (no disponiendo de la primera) del gato ante un problema, será esconderse debajo de algún mueble, pero al hacerlo no procesa la información como haría desde el oteadero, mientras está escondido se mantiene e incluso aumenta el nivel de ansiedad, por lo que esconderse no es una ayuda para superar positivamente la situación, sólo es un recurso de urgencia para salir del paso. Si esto se repite mucho o el escondite es inseguro para el gato aumentará aún más su ansiedad y es fácil que empiece a mostrar conductas agresivas. Muchos problemas severos empiezan por la falta de estas atalayas que son parte de la cimentación de la salud emocional del gato.

Pero sin ponernos tremendos e irnos a casos de agresión podemos afirmar que los oteaderos funcionan como reguladores del estrés, elementos de seguridad, comodidad y calidad de vida para los gatos domésticos, por lo que debemos procurárselos en aquellos lugares de nuestra vivienda en los que hay movimiento y pasan más cosas, principalmente el salón (salvo en casa de Álvaro Muñoz Escassi ;)).

Espero que este tema gatuno no desanime a los perreros acérrimos que siguen el blog, pero no sólo con perros convive el hombre. Además es que me encantan, flipo con los gatos, es un animal inteligente, atractivo y con una etología apasionante, su conducta está muy influída por su ecología, lo que hace que diseñar un entorno vital adecuado permita su felicidad y evite el surgimiento de problemas. Desde aquí animo a todos los interesados en conducta canina que se animen a estudiar a los gatos, enganchan muchísimo.

Feliz salida y entrada de año para tod@s. El 2012 va a ser el año de la educación canina y el buen rollo entre profesionales de la conducta canina, ya lo veréis.

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Artículos para “Pelo, pico, pata”: Usando la nariz.

Aunque empecé a publicar aquí los textos que escribo para “Pelo, pico, pata” en seguida me di cuenta de que el perfil de seguidores de este blog era muy diferente al de los lectores de la revista y no tenía sentido seguir haciéndolo; odio esos blogs que meten entradas de cualquier tipo u origen para aumentar su contenido y simular una actividad como bloggers que en realidad no existe.

Sin embargo creo que el presente artículo es una excepción, el trabajo de olfato es poco conocido en sus aplicaciones lúdicas y terapéuticas incluso por muchos profesionales del adiestramiento ¡y los resultados que se pueden obtener son realmente sorprendentes! Hace poco el excelente adiestrador Sergio Sinobas (que trabaja en EDUCAN, en Madrid) iba a incorporar a su familia a un pastor alemán macho de trabajo de casi tres años con RCI II, tenía que conseguir que conviviera con su rottweiler macho de seis años y su yorkie, también macho y adulto, por si esto le parece poco a alguien además vive en un piso. Quien conozca algo sobre perros sabe que esta es una situación complicada. El inicio del contacto y el trabajo de presentación se realizó mediante protocolos de olfato y hoy, apenas un par de meses después, basta pasarse por su face para ver los videos de los perros interactuando como los mejores amigos del mundo (¡¡gran trabajo Sergio!!).

Por ello creo que divulgar las bondades de hacer que nuestros perros usen su nariz no está de más en esta Caja Verde.

Es fácil darse cuenta de que los perros son unos entusiastas de olfatear, sin embargo no suelen conocerse bien las múltiples aplicaciones prácticas que tiene esta afición de nuestros amigos caninos.

Cuando pensamos en aprovechar el olfato nos vienen a la cabeza los perros que detectan explosivos, los que localizan droga o los que encuentran a las personas sepultadas o perdidas. Son actividades admirables y que requieren implicación y entrenamiento consistente, no parece algo demasiado aprovechable para nuestros perros caseros.

Sin embargo el trabajar con la nariz puede cambiar la vida de un perro, ayudándole a corregir problemas de conducta o haciendo que se divierta como no creías que fuera posible, además es algo que podemos hacer con cualquier perro, independientemente de su raza o edad.

Esto sucede porque los perros están preparados de forma natural para que el sentido del olfato sea uno de sus principales herramientas para interpretar el mundo, pero habitualmente nosotros, que somos una especie principalmente visual, no dejamos que este potencial se desarrolle o incluso corregimos que intente olfatear determinadas cosas (por poco higiénicas o porque resulta socialmente comprometido), con lo que esa extraordinaria capacidad queda reducida y minimizada.

Como el uso del olfato está muy relacionado en el perro con el desarrollo de la capacidad de concentración, el autocontrol y la gestión de las emociones el resultado final de no usarlo es que limitamos la capacidad del perro para mejorar en estos aspectos, con lo que aumentan todos los problemas relacionados con ellos: lentitud en el aprendizaje, generación de estrés, mala gestión de la ansiedad…

Realizar ejercicios de olfato está sustituyendo ventajosamente al uso de ansiolíticos y otros fármacos en el tratamiento de múltiples problemas de conducta, permite regular la actividad en perros excesivamente dinámicos, ayuda a solucionar problemas de miedo y agresión
… Un auténtico comodín para la “medicina natural” canina.

Particularmente el olfato me parece muy importante como elemento recuperador de la calidad de vida en perros geriátricos, pues activa y estimula mentalmente en un nivel óptimo: los abueletes que pensábamos que solo querían dormir se revitalizan y divierten como hacía años que sus dueños no les veían hacerlo, retrasando o incluso deteniendo los deterioros cognitivos asociados con la vejez. En este punto tengo que pedirle a los lectores un favor personal: Si tienen un perro mayor y le ven apático y desanimado denle estimulación olfativa a través de ejercicios sencillos de olfato, no se resignen. Lo agradecerá.

Pero es que, además de con aspectos que pueden resultar problemáticos, el trabajo de olfato puede ayudar a nuestro perro no sólo a evitar problemas sino también a ser más feliz. Y que nadie piense que un perro es feliz sólo por estar tumbado en el sofá, como a nosotros, eso les gusta un rato, pero también desean tener actividad y les satisface alcanzar objetivos y si lo hace con sus compañeros humanos ¡miel sobre hojuelas! En los días de lluvia en los que es inevitable acortar los paseos el complementarlos con trabajos sencillos de olfato aporta al perro el extra de esfuerzo mental necesario para que se lo pase tan bien como corriendo por el parque.

¿Y qué se puede hacer en casa para usar esta capacidad tan extraordinaria? No hace falta intentar complejos entrenamientos, puede limitarse a poner trocitos de comida por la casa y darle a su perro una señal para que los busque, puede ocultar su juguete o incluso esconder a algún miembro de la familia (que se esconda bien para que el perro deba usar su nariz), también puede enseñarle a seguir pequeños rastros de comida o a localizar un objeto que usted ha tocado de entre varios similares (no crea que es tan difícil, cuando usted le lanza un palo en el campo su perro siempre le trae el correcto ¡y en el campo hay muchos otros palos!). Verá como su perro está más calmado en casa, como se vuelve más tranquilo y relajado en el trato con perros o personas y que cosas que antes le ponían muy nervioso y alterado ahora no parecen afectarle en absoluto.

Aunque si empieza a trabajar con su perro es muy probable que se aficione y termine buscando cómo avanzar y entrenar acciones más complejas, el trabajo de olfato fácilmente se convierte en una afición compartida ¡Bienvenido al club! 🙂 🙂

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Banco de pruebas: Thundershirt

Carlos Alfonso López con Zedida de la Serralada, Cata.

El Thundershirt es un invento reciente, una “camiseta” de tela que puede ser regulada para apretar el cuerpo del perro, generando una presión uniforme. El objetivo es aprovechar el mismo proceso que usa la máquina de abrazar vacas diseñada por Temple Grandin: la tranquilidad inducida por una sujeción firme pero suave. Este es un proceso que debería tenerse en cuenta a la hora de diseñar y opinar sobre técnicas de modelado, pues ahora sabemos que podrían realizarse de manera que generasen calma y tuvieran importantes efectos positivos sobre los perros para ayudarles en la superación de miedos y eliminación de estrés.

La empresa que fabrica el Thundershirt afirma que usando su producto se consiguen efectos beneficiosos en el miedo a los truenos (de ahí su nombre), en los problemas de ansiedad por separación, ladridos excesivos y, en general, todos los trastornos que tienen un componente importante en la generación de distrés y ansiedad en los perros, como podría ser cualquier forma de miedo. Esta visión me gusta pues deja un poco a un lado la nosografía actual y adopta un enfoque global sobre motores emocionales de conducta que comparto y creo que será el que veremos en el futuro del trabajo de modificación de conductas.

Aunque sabemos que el principio teórico que aplica el Thundershirt funciona y es real esto no quiere decir que el producto sea eficaz, así que decidí probarlo antes de usarlo en terapias. Intento que hagamos esto (aunque nuestras pruebas no tengan valor estadístico por el limitadísimo número de sujetos, uno en este caso) porque los adiestradores tendemos a ser demasiado prácticos en este sentido e incorporamos las nuevas medidas o productos a nuestros protocolos de trabajo sumándolas, con lo que no sabemos realmente cuál es su valor propio, pues hay un paquete amplio de medidas para la mejora del problema, y, queriendo a veces ver los resultados positivos, creemos que son eficaces aunque no dispongamos de ningún dato realmente sólido que lo pruebe. En mi opinión esto ha hecho que determinados productos sin ningún valor terapéutico se vendan y usen de manera generalizada, no aportando más beneficios que los que obtienen quienes los fabrican, distribuyen y venden.

Para probar el Thundershirt elegí como sujeto experimental a mi hembra de malinois, Kata, una perra fantástica para el trabajo y muy cariñosa, pero con mucha tendencia a generar estrés y ansiedad y que requiere una serie de medidas y trabajos continuos para mantenerse bien. Realmente es una perra algo agotadora a nivel emocional.

Definimos una serie de situaciones fáciles de evaluar y que aparecían en la perra cuando no se tomaban medidas que las previniesen o corrigieran:

  1. Cuando vamos a salir a pasear por el campo, lo que hacemos tres veces al día, labraba y golpeaba con el hocico a mis perros, llegando a darles pequeños mordiscos durante los treinta metros que recorremos hasta llegar a la puerta. Esto se controla bien con contracondicionamientos y trabajos de olfato sencillos.
  2. Cuando estamos en una situación social en casa (reuniones con amigos, comidas de trabajo…) la perra se altera por encima de lo normal, intenta jugar insistentemente con quienes conoce y puede ladrar a desconocidos. Si se hacen unos cuantos “arrestados” al ladrar y antes de iniciarse la reunión y en su inicio se le plantean unos cuantos trabajos de olfato se normaliza.
  3. En general la perra es intranquila y le cuesta tumbarse, cuando lo hace está siempre atenta a levantarse ante cualquier novedad o movimiento ¿sabéis los perros que cuando se duermen profundo decimos: “por fin, se ha dormido”? Pues una de esos. El uso del olfato regula esto por la generación de autocontrol y saludable agotamiento mental.
  4. Por último la perra tiene la costumbre de despertarme a las seis de la mañana, con lo que además despierta a los otros perros, siendo inútil ignorarla, lo que hago para regular esto es aplicar castigo negativo, guardándola en un trasportín, lo que resulta muy eficaz, después de hacerlo durante unos días se mantiene un par de semanas sin despertarme, después vuelve a empezar.

Aunque me propuse dejarla dos semanas sin medidas anti-estrés, a los diez días decidí que o probaba ya el Thundershirt o uno de los dos nos teníamos que ir de casa.

Así que nos pusimos a probar nuestra “camisa de fuerza”, que es como coloquialmente hemos llamado al Thundershirt. La manera de usarla fue mantenerla puesta (después de habituar a la perra) todo el tiempo diario excepto durante los paseos, en parte por que mantuviese su tiempo de ocio sin alterar y en parte por la dificultad de moverse por el campo con el Thundershirt. Antes de dormir le quitábamos su camiseta y por la noche dormía sin ella.

Desde el primer día teníamos la impresión de mejora, pero sabíamos que dicha impresión podía ser falsa y más debida a nuestro deseo que a una realidad objetiva.

  1. A los seis días la perra había dejado de ladrar e incordiar a los otros perros antes de las salidas por completo, en alguna ocasión aislada dio un pequeño ladrido pero nada más.
  2. En las reuniones en casa cesó de ser insistente y tras un pequeño saludo se tumbaba y relajaba ¡quienes la conocían nos preguntaron varias veces si estaba enferma!
  3. Su estado de inquietud permanente desapareció y podíamos movernos sin que se levantase o acudiera, en ocasiones creímos que se habría quedado en el jardín o en alguna habitación y por eso no venía a ver lo que hacíamos.
  4. No me despertó en ninguna ocasión, pese a haber estado haciéndolo los días anteriores.

Tan radical fue el cambio, recordemos además que el Thundershirt era la única medida anti-estrés que se estaba usando, que Eva, mi pareja, decidió que se lo quitásemos porque la perra se había aquietado tanto que temía que terminase en un estado depresivo.

Y aquí viene lo mejor; le quitamos el Thundershirt y decidí esperar, sin aplicar ninguna medida anti-estrés o de gestión de la ansiedad, a ver cuándo desaparecía la mejora. Esto ha retrasado bastante el artículo porque han pasado ¡más de tres semanas! y ahora empiezan a aparecer los problemas tímidamente: esta mañana me ha despertado por primera vez y lleva un par de días ladrando a mis otros perros al ir hacia la puerta de salida. En casa está algo más alerta y se levanta o cotillear cuando sucede algo inesperado, pero no por cualquier cosa.

Mi opinión sobre el Thundershirt no pueden ser más positivas, tanto por el efecto durante su uso como por la persistencia de la mejoría. Aunque aún lo probaré con algunos casos concretos de miedo y agresión, ya mismo voy a recomendar a nuestros adiestradores de toda España que lo incorporen a sus protocolos cuando medien problemas de estrés o ansiedad. Ahora soy uno de los miles de entrenadores que, según la página de Thundershirt, recomiendan su uso.

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Algunas ventajas emocionales del entrenamiento de la propiocepción y el equilibrio.

El trabajo de mejora de la propiocepción y el equilibrio no sólo sirve para conseguir complejas habilidades caninas, también aporta una serie de beneficios globales que hace recomendable su entreno en todos nuestros perros, llegando a tener utilidad terapéutica en algunos casos.

Por ejemplo: los perros tienden a tener una mala percepción de su parte trasera, esto hace que se sientan inseguros al tropezar sus patas posteriores con alguna cosa, al intentar andar hacia atrás o, simplemente, al moverse por entornos abigarrados y notar que algo les toca el tercio posterior. Esto es importante, por ejemplo, para los perros de terapia que tendrán que trabajar en lugares cerrados, con múltiples “cacharros” con los que puede topar su parte de atrás, si su propiocepción no está entrenada es fácil que el perro (que ya está en un ambiente generador de estrés) tenga una respuesta excesiva que le pueda llevar a negativizar la situación de trabajo e incluso dar al traste con la sesión.

También los perros sensibles y muy activos (como muchos malinois y border collies) muestran normalmente una respuesta excesiva al verse sorprendidos cuando algo toca su parte trasera, esta activación tan alta fácilmente puede convertirse en miedo, dando lugar a múltiples problemas. Si el perro tiene una buena propiocepción de dicha parte trasera la respuesta de sorpresa no desaparecerá del todo, pero disminuirá notablemente, evitándonos que aparezcan y se fijen las reacciones emocionales negativas de las que hablábamos.

El entrenar a tocar y mantener el contacto en targets con aquellas partes del cuerpo que provocan en el perro una respuesta emocional excesiva es una buena medida para aplicar la propiocepción a la mejora de la conducta e incluso la salud de los perros. Es frecuente que animales que muestran respuestas inadecuadas al tocarles, por ejemplo, las patas puedan eliminar su problema si les moldeamos que toquen un target con ellas: evitamos conflictos, malestar emocional y problemas, cuando esto se consigue podemos generalizar con facilidad el estado emocional positivo, además al ser el perro el que “decide” tocar es proactivo durante el avance del trabajo y no tienen por qué aparecer reacciones problemáticas. Incluso hemos usado esta técnica para perros que después de una operación no se atrevían a usar la extremidad operada, con el consiguiente riesgo de atrofia, así empezaban a utilizarla voluntariamente, mostrando confianza y seguridad crecientes, en pocas sesiones apoyaban y andaban con normalidad.

También se puede conseguir en los zoos que animales muy tímidos y reactivos mejoren su autocontrol y permitan el manejo de cara a recibir cuidados veterinarios o ser trasladados sin generar altos niveles de estrés, incluso mostrando un estado emocional positivo.

En general el trabajo de propiocepción permite que animales muy nerviosos y sensibles mejoren su calidad de vida, generen menos estrés y disminuyan sus reacciones emocionales exageradas al sorprenderse o asustarse.

El entreno del equilibrio tiene un similar efecto terapéutico: al destinar buena parte de su atención a mantenerse equilibrado el perro recibirá la información del entorno atenuada, con lo que reaccionará menos y la desensibilización a cualquier estímulo será más rápida y eficaz. Esto lo hemos utilizado en Reina, una leona marina (bueno es cruce de león y oso marino, pero ella no lo sabe) del Zoo de Madrid que tiende a ser miedosa. Introduciendo los estímulos causantes de miedo (por supuesto atenuados, esto no es Vietnam) mientras se le solicitan conductas de equilibrio la respuesta miedosa disminuía casi hasta mostrarse normal y confiada, trabajando así en poquísimas sesiones se puede hacer desaparecer el miedo.

Para los alumnos de EDUCAN: Sí, habéis acertado, todos estos trabajos tienen un componente de mejora emocional y por ello se entrenan de manera piramidal. Podéis apuntaros un mini-punto 😉

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Beneficios del estrés (II)

AVISO: Post largo, larguísimo, de los que me traen tirón de orejas inmediato de mi Webmaster.

En el anterior post refería los beneficios generales de trabajar con estrés, hay que añadir que, como comenta Fernado Silva en dicho post, si no somos capaces de enseñar al perro a trabajar con pequeños niveles de estrés y a gestionarlos correctamente nos encontraremos atados de pies y manos para hacer trabajo comerciales, correcciones de conducta o trabajos deportivos de calidad.

Si no podemos trabajar por el pequeño nivel de estrés que causa estar un par de horas guardados en el coche, como cuenta el señor Silva, el consecuente con haber viajado varias horas y estar en un lugar nuevo, como sucede a quienes participan en pruebas deportivas de cualquier especialidad, el que pueda darse cuando iniciamos algunos protocolos de manejo y seguridad para mejorar a perros con miedo o determinados tipos de agresión o, sencillamente, el que en ocasiones causa la enseñanza de alguna conducta difícil para el perro, realmente no podremos entrenar casi nunca y los perros que más necesitan de trabajo tendrán que renunciar a determinados beneficios que en el medio plazo podrían mejorar mucho su calidad de vida y entrenamiento.

Enseñar al perro a gestionar el estrés es una necesidad real que tiene dos beneficios principales:

  • El perro se estresará progresivamente menos ante los estímulos o entornos que antes le generaban un nivel alto de estrés.
  • El perro dejará de mostrarse inseguro, inestable y nervioso cuando algo le afecte, cambiando progresivamente su actitud a la de un afrontamiento seguro de los problemas.

El primer punto es beneficioso para mejorar las reacciones hiperemocionales de perros sensibles (como los border collie o los malinois) ante cambios de entorno o situación. Es frecuente que este tipo de perros, cuando no han sido entrenados para gestionar el estrés, muestren agobio, sorpresa excesiva o incluso miedo cuando cambian determinadas circunstancias. He visto a perros adiestrados con el máximo de respeto y absolutamente sin nada parecido a un trato inadecuado mostrarse medrosos por este motivo, pareciendo a ojos de los neófitos que su adiestramiento había sido brutal o incorrecto. Sencillamente no sabían cómo gestionar esa situación nueva, no habían entrenado su capacidad de gestionar el estrés (como un brillante científico que no fuera capaz de exponer en público sus trabajos porque la situación de encontrarse rodeado de gente inhibiese su capacidad de comunicarse y le hiciera parecer torpe), en la mayoría de los casos por una prevención excesiva del adiestrador, que le lleva a evitar la aparición de esas situaciones estresantes en lugar de darle al perro recursos para solucionarlas.

El segundo punto es más importante si cabe, pues es el que consigue que el perro aprenda a “disfrutar” de un nivel adecuado de estrés. Como las personas que “se crecen” ante el surgimiento de un problema. Todos estaremos de acuerdo en que hay pocas sensaciones más satisfactorias que la de haber solucionado algo difícil y percibido como un problema: el entrenamiento de un ejercicio que llevaba tiempo resistiéndose, la presentación a una prueba comprometida… Que el perro pase de ver una situación como agobiante a verla como una oportunidad de disfrutar con sus capacidades depende de su capacidad de gestionar el estrés. Creo que la mayoría de grandes adiestradores que he conocido me han hecho referencia, más que a sus éxitos deportivos, a perros que trabajaron y que ”se venían arriba” ante las dificultades, pocas cosas emocionan más que estar en prueba, en una situación difícil y notar que el perro aumenta su implicación y tenacidad.

De hecho los beneficios de una buena gestión del estrés son tantos que se han diseñado formas de reproducir el estrés sin riesgo para optimizar el aprendizaje o rendimiento de manera puntual, estos “simuladores” de estrés se basan en tres coordenadas principales:

  • Activación física: Todo estrés lleva implícito un aumento de la activación física, por ello si generamos una actividad física más alta de lo normal tendremos mejoras en la atención, capacidad de reacción y discriminación de información relevante, similares a las que suceden en una situación de estrés real, pero sin este. Sencillamente un poco de ejercicio antes de iniciar una actividad para “acelerar” el cuerpo implicaba mejoras sustanciales de rendimiento y de sensaciones de auto-satisfacción y bienestar.
  • Novedades en el entorno: Toda novedad implica un nivel mínimo de estrés adaptativo, si las introducimos de forma intencionada y calculada podemos aprovechar la mejora en la capacidad de adaptarse, la atención, la concentración mantenida y todos los beneficios adaptativos del estrés descritos en el anterior post. Sin riesgos. Cambiando los lugares de trabajo de varios profesionales se conseguía automáticamente una mejora de la capacidad de analizar los problemas que se les presentaban, de los resultados del trabajo y una importante disminución de las distracciones.
  • Salir de la rutina: La rutina es algo tranquilizador y un eliminador de estrés, pero cuando experimentalmente se cambiaron las rutinas de varios profesionales, con el consiguiente aumento de estrés para ellos, se comprobó un efecto muy curioso: en un primer momento todos los profesionales coincidieron en que sería perjudicial para su trabajo y que les resultaba molesto tener que dejar su forma habitual de hacer las cosas, también pensaban que empeoraría su rendimiento. Sin embargo después de trabajar de forma no rutinaria se comprobó que su eficacia había aumentado (rendimiento por hora y calidad del trabajo final) y la sensación de satisfacción con el trabajo también. Esto debe ser ocasional para no causar estrés residual, después de obtener los beneficios de un cambio de rutina el volver a ella impide que el estrés llegue a tener efectos negativos o acumularse de forma residual.

Si usamos bien estos tres principios entrenaremos una buena base de gestión del estrés y aprovecharemos su parte positiva para nuestro adiestramiento sin sufrir sus consecuencias nocivas.

¡Pero ojo! Estos tres “simuladores” son tan eficaces -recordemos que el estrés y la diversión están muy relacionados- que quienes los usan con frecuencia pueden hacerse adictos (no olvidemos que el estrés genera endorfinas) y querer trabajar sólo bajo estrés. Lo que explica la adicción al trabajo en algunas personas que necesitan activación alta, novedades y nuevos retos para sentirse bien: ¡Se han enganchado!

Esto también explica por qué tantos perros de Agility parecen mostrar niveles muy altos de estrés durante sus pruebas de trabajo. Hace poco me comentaba una amiga que compite en esta disciplina que no entendía que su perro, que vivía con ellos en casa y era el rey de los sofás, que salía al campo a correr y jugar varias veces por semana, que convivía, además de con la familia, con otros perros con los que se llevaba bien y cuyo adiestramiento había sido positivo y pro-perro, mostrara signos altos de estrés en la pista, realmente le preocupaba mucho. Pero es que el Agility es un auténtico simulador de estrés inintencionado: activación física alta, cambios de entorno (los competidores de Agility frecuentemente compiten varias veces al mes en diferentes campos de trabajo) y diferentes rutinas (cada pista es distinta a las anteriores). Por ello tiende a causar esa adicción al estrés que comentábamos. En estos casos el problema no es evitar esta activación, lo que es prácticamente imposible, sino enseñar al perro desde el principio a gestionar su estrés para que no empiece a subir y subir en cada entreno y prueba ¡Ese aparente estrés puede ser el equivalente al que tiene la gente que “pierde la cabeza” por su afición y estar más relacionado con la excitación ante la idea de divertirse como locos que con ninguna asociación negativa!

La gestión del estrés en estos entornos potenciadores o activadores del estrés será la tercera y última entrega de esta serie de artículos destinados a explicar los beneficios que este proceso, bien manejado, puede aportar al entrenamiento y a la calidad de vida de los perros.

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Otra vuelta de tuerca al castigo negativo.

Entre los procesos de condicionamiento más utilizados y promocionados últimamente para el adiestramiento eficaz está el castigo negativo: desaparición de un estímulo positivo al aparecer una conducta que deseamos eliminar.

Antes de entrar en el tema es importante hacer notar que el castigo negativo no es la panacea para eliminar todo tipo de conducta, sólo es útil en conductas operantes, esto es, aquellas que no tienen asociados procesos de auto-refuerzo y cuya aparición depende de estar asociada a otros reforzadores, ¡que nadie espere extinguir la conducta de su perro de escarbar en el jardín dejándole hacerlo!

Es importante conocer no sólo los ámbitos de aplicación de un proceso, sino también aquellos en los que no es eficaz, pocas cosas han dado peor imagen del castigo negativo al público que su recomendación indiscriminada, con mejores intenciones que resultados, para solucionar problemas emocionales o asociados a conductas auto-reforzantes.

Pero lo cierto es que entre los profesionales el castigo negativo goza de una excelente reputación pues permite eliminar consistentemente muchas conductas sin generar conflictos ni usar estímulos negativos.

El castigo negativo tiene varias formas de aplicación, siendo la más utilizada la supresión del estímulo positivo que refuerza la conducta.

Normalmente nos limitamos a recomendar que no se refuerce al perro cuando realiza la conducta inadecuada, lo que en realidad es un mix entre extinguir una conducta premiada y un castigo negativo, hacerlo de esta manera es un proceso muy lento que puede acelerarse con facilidad si conseguimos que el perro esté recibiendo un estímulo positivo antes de realizar la conducta y este cesa al realizarla.

Por ejemplo si queremos extinguir la conducta de subírsenos encima podemos sentarnos en el suelo acariciando y mimando al perro y cuando se suba nos levantamos y terminamos la sesión. Esto requiere más preparación pero es más rápido y consistente que una de las aplicaciones usuales: cuando se suba le ignoras y cuando esté abajo le acaricias, actuar así hace que el perro aprenda que debe subirse alguna vez para “activar” en el dueño la secuencia de abajo-caricias, arriba-nada, esto es muy frecuente en particulares y ralentiza, cuando no imposibilita, el avance. Si preparamos la sesión de manera que el estímulo positivo esté siempre antes de que aparezca la conducta inadecuada sanearemos la cabeza del perro ¡y del propietario! Con lo que conseguiremos una mejora clara y rápida.

Más inusual es usar aplicar el castigo negativo por saciación.

La saciación es una aplicación del castigo negativo que consiste en mantener activo el estímulo positivo hasta que, por duración o intensidad, deje de ser positivo. En muchas ocasiones es la manera más divertida, fácil y eficaz de eliminar determinadas conductas operantes.

Creo que el uso inteligente del castigo negativo por saciación es lo que más clientes me ha hecho “ganarle” a la competencia en adiestramientos comerciales, sinceramente.

Cuando iba a entrevistar a un potencial cliente de adiestramiento comercial y tenía un perro que se subía a jugar insistentemente sabía que ninguna otra empresa le produciría mejor impresión que la nuestra.

¿Por qué? Muy sencillo, el cliente se iba a encontrar con tres actitudes por parte de los otros profesionales, tres actitudes eficaces bien aplicadas, pero menos divertidas y peor percibidas por el cliente.

  1. Una corrección en negativo por parte del adiestrador como interponer la rodilla al saltar el perro, molestarle en las patas traseras o pisarle una correa para bloquear el salto. Esto no les gusta a la mayoría de clientes y muchos perros se impresionan demasiado, además de que hay que ser diestro haciéndolo.
  2. Un castigo por supresión, ignorando al perro activamente hasta que dejaba de saltar y reforzándole entonces, esta técnica, aparte de los problemas que he comentado antes, resulta insufrible para algunos clientes que ven como sus perros se volvían insistentes (temas de la curva de extinción y de superactivación que causa un cambio de actitud de un compañero social) hasta más allá de su aguante. Y desde luego en ese primer día olvídate de conseguir un trabajo que el cliente perciba como perfecto.
  3. Contra-condicionar al perro con otra acción, como sentarse, esto no siempre es fácil para el dueño pues el primer día se encuentra con muchas cosas que pedirle-enseñarle-evaluar al perro.

Y llegaba yo, con la saciación en la mochila, y le decía al cliente: ¡bien, si quiere amor démosle amor! y le pedía al dueño que se pusiera a abrazar y dar cariño a su perro con todo el entusiasmo del mundo, a los pocos minutos el perro decía ¡eh, ya basta!, pero de eso nada ¡más amor!

El dueño se divertía haciéndolo, era fácil desde el primer día y obtenía resultados más rápidos que las otras estrategias (vuelvo a recordar que las otras estrategias bien aplicada tienen excelentes resultados, pero requieren un plazo mayor y son peor percibidas en sus inicios por el cliente).

¡Anda que no era divertido para un cliente cuyo border era un “okupa” de sofás no dejar que bajara del sofá para enseñarle a no usarlo! Aunque esto no lo intentéis con perros vagos: a lo mejor necesitáis treinta horas para que sea eficaz. Adapta tus técnicas al perro concreto, no intentes encajar a todos los perros en las mismas técnicas.

Este es un artículo que deseo especialmente que os guste ¡he sacrificado uno de mis mejores ganchos comerciales para escribirlo!

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La socialización de las razas sensibles

Siguiendo con problemas comunes a razas de trabajo sensibles (característicamente los border collie, shetland, malinois y pastores australianos) hay un tema que empezó a intrigarme hace ya algunos años, se veían muchos perros de estas características en manos de competidores o profesionales que mostraban miedos e inseguridades que siempre eran achacadas a una mala socialización.

Cuando el propietario afirmaba haber socializado correctamente al perro y este seguía mostrando estos “fantasmas” se atribuía a:

  1. El dueño miente y no lo ha sacado a tantos sitios como dice.
  2. El propietario es un tío bruto y como estos perros son así le ha roto el carácter.
  3. Con estos perros ya se sabe, siempre sale alguno con fantasmas por bien que lo hagas.

Estos tres argumentos son reales y en muchos casos el mal carácter final se debía al menos a uno de ellos.

Pero en un momento determinado, cuando me impliqué más seriamente con los malinois, decidí fijarme más.

Lo cierto es que había mucha gente que hacía lo que entendemos por un trabajo modélico de socialización: desde que el cachorro llegaba a casa con una edad correcta y criado por un criador responsable y amante de la raza se le empezaba a llevar a mil sitios y situaciones nuevas. Se reservaban tardes para ir al aeropuerto, a las fiestas del barrio, al centro comercial…

Todos los días se trabajaba para evitar que nuestro cachorro llegara a ser uno de los ejemplares que se afectaban exageradamente, además en muchos casos estos propietarios preocupados eran profesionales o competidores del adiestramiento, con un nivel de conocimiento, experiencia e implicación superior a la media.

Al hacer un pequeño censo (sin rigor de estudio) entre conocidos encontré un dato preocupante: el porcentaje de perros con miedos era igual entre aquellos cuya socialización era modélica y entre los que estaban a la buena de Dios, criándose en perreras u otros tipos de aislamiento. Recordemos que siempre me estoy refiriendo a individuos de las razas antes citadas.

Esto nos podría llevar a pensar que este problema era totalmente innato y resultaba indiferente lo que hiciésemos durante el tan temido periodo crítico.

Pero había dos datos que nos decían que esto no era así:

  1. El primero, el más general, eran los estudios en un abanico más amplio de razas que mostraban que los individuos aislados tenían más problemas que los que entendemos por bien socializados.
  2. El otro era más especifico, si tomábamos un tercer grupo de individuos de estas razas, los que se habían criado con un nivel intermedio de socialización, encontrábamos que eran estos los que mostraban un número sustancialmente menor de problemas.

Este grupo corresponde a particulares que llevaban el perro a los mismos sitios de paseo una y otra vez y a profesionales menos entusiastas que cuando podían llevaban al perro a algún sitio nuevo, pero sin hacer de ello una obligación diaria. Ellos eran los que tenían más calidad de carácter en sus perros.

Obviamente se deduce que hay un rango óptimo de salidas a sitios nuevos, pero a mi me interesaba saber el por qué más que encontrar dicho rango a través de un análisis estadístico.

Encontré la solución en los estudios sobre estrés, el estrés genera una activación extra del organismo. Aunque se supere y gestione ese estrés correctamente será necesario un tiempo mínimo para que el perro se recupere y no acumule estrés residual, esto sucede también con los procesos de eustrés (estrés positivo, como el que teníamos a los quince antes de una cita).

Al hacer tantas salidas a ambientes nuevos los perros más sensibles se sometían a una activación continua del estrés y cuando llegaba la siguiente salida aún no se habían podido recuperar, hasta llegar al punto donde la acumulación de estrés residual hacía el mismo efecto nocivo que la falta de socialización, y quien piense que no hay que recuperarse del estrés positivo que después de una vacaciones activas y estimulantes no vuelva a decir que necesita un par de días de recuperación antes de volver al trabajo.

Por lo anterior debemos tomar preocupación especial en que el cachorro se recupere y elimine el estrés residual correctamente: jugando con perros o personas conocidas en un ambiente seguro, recordemos que personas y lugares habituales (¡y seguros!) son un inductor de calma en mamíferos sociales. Además en la socialización es más importante la interacción continuada con individuos conocidos (miembros del grupo social) que la introducción en ambientes nuevos, y nosotros trabajamos como si el elemento principal socializador fuera conocer cosas nuevas. Error.

También el tiempo de descanso es importante. Los masajes ayudan si el perro los acepta (en Dinamarca y Noruega empiezan a ser habituales los masajistas de perros a domicilio, y los agilitistas son uno de sus principales clientes).

Con respecto a la frecuencia óptima, aunque los datos que tomamos fueron recogidos de manera guarripey y no deben ser tomados de otra manera, encontramos que dos, máximo tres salidas semanales a lo nuevo son suficientes y que a partir de ahí empieza el riesgo de exceso.

¡Pero de jugar con los amiguetes no hay más límite que el del cansancio! Así que: Más parque y menos fiestas del barrio (aunque no haya churros).

También es muy importante el tiempo y distribución de actividades en esas salidas, pero eso lo voy a desarrollar en otro artículo para no soltar un ladrillako ultramortal.

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Gestión de estados emocionales negativos en perros sensibles

Hace unos días una nueva amiga me consultó por los problemas de su sheltie de siete meses: ante determinadas situaciones mostraba miedo y se bloqueaba. Esto era un problema para su calidad de vida y para su potencial futuro en el Agilty.

Concretamente el coche y el trasportín provocaban babeo, bloqueo emocional e incluso respuestas de huida, cuando vino a casa tardó más de diez minutos en recuperarse y empezar a jugar con mi cachorro.

Últimamente aparecen muchos perros de razas sensibles e inteligentes, particularmente border collie, shetland, pastores australianos y malinois, con problemas de bloqueo o mala gestión de las emociones negativas.

Es normal que razas sensibles y con respuestas nerviosas puedan afectarse puntualmente por algo, si no se les enseña a gestionar correctamente las emociones negativas pueden generar inseguridad, respuestas miedosas e incluso problemas más severos.

Según parece la sheltie tuvo un mal traslado de cachorra cuando fue enviada por mensajería (no suele ser buena idea enviar un cachorro por mensajería, aunque a veces es la única opción). Esto generó una mala asociación emocional tanto con el coche como con el trasportín.

Las emociones se asocian por condicionamiento clásico y son más consistentes que una asociación realizada de forma operante, además es frecuente que aparezcan procesos de autoalimentación del estado emocional: el tener miedo (el conjunto de estado interno, reacción fisiológica y  tendencia a la acción) genera más miedo por sí mismo, sin que haya más estímulos externos. Cuando esto sucede la asociación no puede ser extinguida, además será frecuente que empiece a asociar otras cosas a ese miedo, por ejemplo nuestra sheltie podría llegar en coche a la pista de trabajo y, al bajarse con el miedo provocado por el coche, asociarlo a la pista generando miedo a esta, estas transferencias pueden aumentar de forma indefinida.

Es fundamental para la calidad de vida de un perro estar preparado para gestionar correctamente los estados emocionales negativos o tendremos poca tolerancia y mala gestión del estrés, tendencia a la inconsistencia de las conductas, inseguridad e infelicidad del perro.

En este caso le recomendé lo siguiente:

Juegos de entrar en el trasportín y en el coche: Poniéndole alguna comida apetitosa dentro dejamos que sea la perra quien decide entrar,  progresivamente vamos poniéndole dificultades para acceder tanto al trasportín como al coche (trasportín lateral, puerta entreabierta, puerta pegada a una pared para que necesite mover el trasportín para entrar, periódicos arrugados llenando el trasportín…). Aquí es muy importante hacerlo bien, no deben aparecer comandos de “muy bien”, ni se deben clickar los aciertos. No estamos enseñando una acción por condicionamiento operante, no queremos que los refuerzos y confirmaciones sean externos, lo que estamos haciendo es poner al perro en una situación que percibe como emocionalmente negativa (¡cielos, el trasportín!), al aparecer algo de su interés creamos un pequeño conflicto: quiero la comida, pero me da miedo entrar. Es importante que el perro decida si le compensa afrontar lo negativo o no, si decide hacerlo va a estar aprendiendo algo mucho más importante que hacer positivo el trasportín: aprenderá que aunque tenga una emoción negativa puede trabajar y que con ese afrontamiento voluntario del miedo consigue resultados y llega a un estado emocional positivo. Le estamos enseñando a gestionar correctamente el miedo, no eliminándolo de un punto concreto. El refuerzo debe ser el menor posible y la dificultad cada vez mayor, así sustituimos el refuerzo externo (comida) por el refuerzo interno (solución de problemas). Al final conseguiremos que entrar al trasportín y al coche sea divertido y un fin por sí mismo, con lo que habremos “vuelto la tortilla” de la asociación emocional.

Pero si sólo hacemos esto, aunque mejoremos al perro de su problema concreto, no estamos terminando de prepararlo para gestionar correctamente emociones negativas.

A partir de que superemos este problema seguiremos trabajando: dentro de sus sesiones de adiestramiento normales usaremos ocasionalmente estímulos negativos de baja intensidad (una goma del pelo en una pata, un post-it en una oreja…) para que vea que trabajando accede a un estado emocional positivo aunque aparezcan ligeras incomodidades..

En mi opinión un adiestramiento debe conseguir que el perro pueda acceder a un estado emocional positivo más que evitar a toda costa los estímulos negativos, creo que hay mucha confusión entre estímulo negativo y estado emocional negativo y eso lleva a adiestramientos sobreprotectores  muy nocivos en los cachorros, que deben construir sus herramientas de gestión de las situaciones negativas, debemos saber cómo introducir elementos suavemente negativos para enseñar al perro que se pueden superar, sin esto no le estaremos preparando para tener una calidad de vida óptima.

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Refuerzos internos y externos

Existen dos formas de refuerzo individual para el perro:

  1. Interno, que hace que al perro le satisfaga estar haciendo lo que hace, la misma conducta es el refuerzo.
  2. Externo, que motoriza la conducta en base a la expectativa de obtener algo de interés (comida, juguete…).

Lo más interesante es que hoy sabemos que se puede conseguir que conductas obtenidas por un tipo de refuerzo individual pasen progresivamente a ser reforzadas por el otro. Esto permite grandes ventajas:

  1. Para el adiestramiento donde podremos conseguir que una conducta nueva, aprendida con reforzadores externos, pase a auto-reforzarse con los beneficios en economía de refuerzos y proactividad que supone. Aquí pondría un ejemplo, pero creo que la serie de vídeos de Pere Saavedra con el “rodea” en border collies es modélico. Lo cierto es que gran parte del nuevo libro que tengo “en el horno” se centra en cómo conseguir esto y lo iré contando en diferentes entradas.
  2. Para la corrección de conducta, que es en lo que me voy a concentrar hoy, donde una conducta que el perro realiza por diversión (refuerzo interno) puede reforzarse externamente hasta que deje de tener valor propio y se extinga al abandonar el programa de refuerzo externo.

Aquí pondré como ejemplo uno muy clarificador que me contó Pablo Roy, el responsable de los leones marinos de Zoo de Madrid: Tenían una orca que se divertía arrancando la silicona de las ventanas de su piscina, esto era un problema porque podía romper la instalación. Era obvio que la orca se aburría e intentaron varias medidas de enriquecimiento ambiental, pero lo que de verdad le molaba al bicho era ir arrancando la silicona.

Trabajar con orcas es muy didáctico porque no se sienten tentaciones de enfadarse con ellas ni de ponerse a castigar antes de pensar alternativas (¿por qué será?). Lo que hicieron fue usar un programa de refuerzo externo continuo: cada vez que cogía la silicona, pescado al canto.

¿Estaban locos premiándole por su mala conducta?, ni mucho menos, estaban haciendo que una conducta que era auto-satisfactoria, y que por ello se mantenía por sí misma, dependiera de refuerzos externos. Además al usar refuerzo continuo sabemos que la extinción al dejar de reforzar es más rápida: en un par de meses de trabajo la orca tiraba de la silicona y salía a pedir su premio, cuando dejaron de darle el pescado la orca dejó de arrancar la silicona.

Un uso alternativo y diferente de los premios para eliminar conductas incorrectas, lo hemos probado en muchas ocasiones con perros y, si se consigue el refuerzo continuo, SIEMPRE nos ha salido. Los propietarios flipan y te hacen la ola.

La verdad es que para no ser un positivo “de carnet”, mira que doy ideas de trabajo en positivo. 😉

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