Mi nueva perra, de la camada B de Fontemordant

Ferro, el papuchi.

Coco, la madrinois 🙂

Como saben todos los que viven con perros, y especialmente quienes además trabajan con ellos, al decir “es MI perro”, no se hace referencia a posesión, sino a un nivel especial de conexión, entendimiento y complicidad, el mismo que al decir: “mi amigo” o “mi amor”.

Ela (von Rosembach) y Cata (Zedida de la Serralada), MIS perras, murieron en mayo y agosto respectivamente, y me ha requerido un tiempo asumirlo. En especial porque Cata no tenía aún once años y le habría debido quedar tiempo para ser cuidada y querida, para ser feliz y para ayudarme a serlo.

Ahora el único perro con el que vivo es Gastón (Astubox Edipo), que no es “mi perro”, sino el de Eva, pues aunque nos queremos mucho, ese tipo de relación de identidad mutua antes expuesto se la reservan para ellos.

Nunca desde mis diez años había estado sin un perro que fuera mío en el sentido en el que Eva y Gastón son el uno del otro. Nunca desde entonces había afrontado la vida sin MI perro (o perros) al lado, como un escudo de cariño y un lugar donde habitar en un mundo que (me) resulta demasiado amplio sin ellos.

En poco más de un mes llegará mi nueva perra, que ha abierto sus ojos por primera vez hace una semana: Bicho de Fontemordant, de la camada B de Fontemordant.

Los malipipiolois de la cama B de Fontemordant.

Y tras contarles mis motivos para elegir esta camada a dos compañeros de EDUCAN, Marcos, nuestro CBO, y Enrique, responsable del club de olfato y jefe de laboratorio, me han dicho que podría merecer la pena exponerlos en un texto, porque a ellos les han parecido lo suficientemente interesantes como para incorporar a sus vidas sendas hermanas de camada: Bomba del Tiempo y Brea de Fontemordant. Vamos a intentarlo.

Con los ojitos cerrados 🙂

En primer lugar diré que elegir una camada es un acto que tiene aspectos de practicismo y de egoísmo. Egoísmo porque todos sabemos que hay muchos perros en adopción, aunque es necesario señalar que aquellos que nacen de una cría responsable, amante y cuidadosa no tienen menos derecho a ser queridos y cuidados. Aquellos cuyos criadores han provisto de cariño, socialización, estímulos y, en general, un entorno perfecto para su desarrollo saludable a nivel físico, cognitivo, emocional y social, no deben ser olvidados, ni relegados. Hacer las cosas de la mejor manera posible, de la única de la que debieran hacerse, no puede penalizarse.

Práctico pues podemos elegir a un perro que no solo se adapte a nuestro tipo de vida, sino que sea feliz compartiéndolo: desde los aspectos físicos, como ser atlético y dinámico si ha de vivir con un aficionado al deporte que corre, sale a la montaña… hasta los aspectos del carácter, pues un perro más nervioso y exigente de actividad física y mental disfrutará más (¡necesitará!) al ser adiestrado para deportes complejos y progresivamente más difíciles.

Práctico porque, como decía, sabremos que su primera infancia habrá sido tutelada de manera que afronte el mundo como un lugar amigable, que le es propio, que no le asusta ni le agrede. La labor de los buenos criadores no es construir a sus perros para el mundo, sino –durante unos meses- construir el mundo para sus perros. Y eso nunca se les agradece lo bastante.

En todo caso, cuando un adiestrador elige una camada ese debiera ser un acto fértil para todos quienes tenemos perro, pues expresará lo que siente y cómo vive su relación a través de su trabajo, afinará sus capacidades y se entretejerá de manera más profunda con la conducta de SU perro, sacando de esa profundidad mejoras respecto a la manera de trabajar con todos los perros.

Porque el amor se aprende mejor ahondándose en quien se ama, como en una mina, que habitándolo brevemente, pasando de una mirada a otra, eludiendo el esfuerzo de seguir en el mismo lugar cuando el terreno se endurece y parece que no sepamos cómo avanzar. Todos los entrenadores que merecen la pena conocen esto, y por arrogante que sea su conducta en ocasiones, vibran en la misma sintonía, pues saben que hoy, ante su perro, de nada les sirven éxitos pasados, reconocimientos, seguidores o fama. Hoy, ante su perro, deben encontrar la manera de hacerse entender para avanzar un paso más.

Y cuando lo logran tendrán entre sus manos un nuevo diamante que compartir (y lo saben, y por ello en ese momento se sienten ricos como nadie que no entrene a su perro se sentirá nunca). Y no es malo que decidan (decidamos) cobrar por ello, pues es fruto de un esfuerzo que no por deseado es menor.

Al elegir una camada los adiestradores buscan (buscamos) la mina en la que más puedan adentrarse, porque en ella habrá más conocimientos que encontrar y sacar a la luz para intervenir mejor en la conducta de todos los perros.

Más B-ichos de Fontemordant

 

Y hablo de elegir una camada y no un cachorro, porque es lo que se debe elegir: los cachorros tienen muchas cosas por desarrollar, muchos momentos diferentes que pueden hacerlos más pizpiretos o apagados puntualmente sin que eso responda demasiado a lo que terminarán siendo. Hay que confiar en la sangre decía un buen amigo.

Yo he buscado una malinois que sea saludable, físicamente muy fuerte y activa, de tamaño mediano para que pueda acompañarme en la camper sin apreturas, que disfrute del entrenamiento de protección, indistintamente del reglamento, y que aporte un extra de intensidad al practicarlo, que vaya más allá de la disputa de un juguete. Una perra muy cariñosa, pero con carácter, con firmeza ante el combate deportivo, con un deseo real e intenso de vencer a su oponente.

Existen dos líneas de malinois que me encantan dentro de la cría alemana, que es la que conozco lo suficiente como para tener un criterio (malo o bueno), la primera es la representada por Alf vom Nordhang der Eifel (padre de Gastón) o Kasper Airport Hannover, perros más medianos que grandes, fuertes al modo de un practicante de MMA. En la protección son percutantes, como un latigazo, con un punch inigualable, pero muy deportivos, además de extremadamente amigables con las personas.

La otra, representada por descendientes de Lupano´s Duke como Yackson de Villalazán, son perros algo más grandes, su físico se parece más al de un Crossfitter. En protección son similares a un boxeador, cuyos golpes son penetrantes, pareciendo que quieren traspasar a su adversario, empleando con inteligencia la inercia de sus poderosos cuerpos. Más serios en el trato con personas, diferencian a la gente de casa, con la que son más tiernos que el día de la madre en El Corte Inglés, de los desconocidos. Y no les suele gustar que estos últimos se tomen excesivas confianzas con ellos.

Por desgracia son dos líneas cuyas características fácilmente se difuminan en la cría demasiado abierta, siendo problemático intentar rebajar su impetuosidad a través de incorporar perros técnicos ajenos a ellas en el programa de cría.

Soy una persona muy afortunada, porque cuando supieron que no tenía perro algunos criadores y amigos extraordinarios me ofrecieron cachorros de sus próximas camadas, de estas líneas: Juan Valero, de Orelav, que tiene ahora una camada de Amaroq Clan der Wolfe (sobre este extraordinario perro y sus hermanos hablaré más adelante) con su perra Bora, pero era demasiado pronto para mí, pese a ser una camada tan atractiva y bastante similar sobre el papel a la B de Fontemordant.

También mi amigo Mikel Pino, de Kireba, me ofreció una cachorra de la camada que hará con la hermana de Gastón, Asturbox Enchilada, una extraordinaria hija de Alf que ha mostrado los problemas de exuberancia de carácter y dificultad para ser controlados característicos de su padre: Alf solo tuvo el grado uno de IPO porque era imposible que soltara la manga en protección, a veces me preguntan si pese a ello es un reproductor –trazador diría Fidel Real- tan importante, y siempre respondo: gracias a ello, no pese a ello.

Otros criadores y amigos, que expresamente me han pedido que no les mencione, también me ofrecieron cachorros de camadas maravillosas: gracias a todos, me hicisteis sentirme querido y apoyado cuando todo se veía muy negro tras morir Cata.

Coco Chanel Clan der Wolfe, la madre de esta camada, es la única perra de mi amigo Ángel Font, es resultado de la tripitición de uno de los cruces más exitosos en la cría alemana para IPO, MecBerger Duunari (un perro en el que se muestran las características de Alf, pero suficientemente atemperadas como para lograr los mayores éxitos deportivos) X Kiss Me von der Steinteichmühle, una perra de la misma línea, que tiene a Alf y a una repetición de camada de la madre de Alf como abuelos. De este cruce salieron cuatro camadas: la A (a la que pertenece Amaroq, el padre de la camada de Orelav), la B (incluyendo a Bowie, el increíble perro de Peter Scherk, y el desmesurado Bagdad), la C, la de Coco y la E, logrando que este afijo, con los perros procedentes de este cruce reiterado, entrase en el olimpo de los criadores alemanes de malinois.

Conocí a Coco cuando aún no tenía un año, y me enamoró desde el principio, amigable, buena y divertida, pero fuerte. No sabía sus orígenes entonces, pero le dije a Ángel que era una perra maravillosa, y que era muy afortunado de vivir con ella.

El padre de la camada, Ferro du Mont Sant Aubert, es un hijo de Yackson de Villalazán, un perro de la otra línea que me gusta, que la representa con claridad: además de competir en IPO es un perro de intervención real, que trabaja con su guía, policía, en el control de incidentes violentos en un estadio de futbol alemán. Si alguien no ve la dificultad de hacer un trabajo de intervención real en un estadio, y luego competir a alto nivel en IPO, también en estadios, es que aún no tiene la suficiente experiencia en este campo. El nivel de dureza mental, la capacidad de confiar en su guía y la entrega por el trabajo que se requiere es inmenso. Y además tiene un tamaño perfecto, muy fuerte, muy potente, pero no enorme ni pesado.

Cuando Ángel hizo esta camada por primera vez me pareció muy arriesgada, pues es un outcross y una de las dos cosas que mejor pueden garantizar el éxito de una camada es la consanguinidad sobre perros relevantes. Sin embargo dos de los entrenadores más interesantes de IPO de nuestro país, Juanjo Barragán y Juan Carlos Moreda, se quedaron cachorros de la camada A, que ahora repite, y ¡¡éxito total!! Tanto Joker (Avenger de Fontemordant) de Moreda, como Arnold de Fontemordant de Barragán son dos perros extraordinarios, que pueden verse en múltiples videos de la red: aquí algunos de Arnold y aquí de Joker (Avenger de Fontemordant). Y cuando el río suena….De esta camada también he conocido a Abyss de Iván López (al que agradezco desplazarse para que pudiera conocer a A byss) y he visto vídeos de Argent, que practica Mondioring en Suecia.

Son perros más fieles al tipo mental de su padre, pero con la expresividad de la línea materna y un físico que reúne lo mejor de cada casa. Saludables, atléticos, fuertes, perros con los que salir a correr, llevarles a nadar, o ir a la montaña… Perros que disfrutan con los saltos de cualquier reglamento y pueden superarlos sin problemas, perros rápidos y coordinados de modo que la obediencia resulte vistosa, explosiva. Perros intensos y entregados en el rastro, donde parecen hundir la nariz en la tierra para tomar más el olor.

En protección son perros extremadamente poderosos, con una capacidad para el enfrentamiento de IPO superlativa y no tan fácil e encontrar en malinois, con bocas muy fuertes y poderosas, aunque pueda requerir algo de trabajo que sean tranquilas. Con capacidad para ser tanto percutantes como penetrantes en su forma de combatir, en sus entradas. Perros que disfrutan y hacen disfrutar, porque permiten mostrar la esencia de la protección deportiva, en cualquier reglamento: no son de esos perros que gustan mucho únicamente en uno de ellos, sino de los que gustan a todos quienes aman la protección deportiva. Y todos son muy cariñosos con sus guías, de hecho Ángel me decía que incluso lo eran más que Cocó.

Aquí quiero reseñar el extraordinario trabajo como figurante de Íñigo Sierra con Arnold, Íñigo es el figurante en manga de su generación que más me gusta (mi preferido en el traje es mi compañero de EDUCAN Iván Guillén), su capacidad para ofrecer un combate deportivo exigente y ordenado al perro, sabiendo exactamente cuándo y cómo perder con él, es sobresaliente. Las desavenencias que he tenido con su padre, Nacho Sierra, no deben hacerme dejar de señalar públicamente su maravilloso trabajo, porque hacen falta figurantes así, para explicar el porqué escribiré otro artículo.

Decía que la consanguinidad es una de las cosas que nos permiten elegir una camada con más probabilidad de saber cómo serán los cachorros. Obviamente la otra cosa que lo permite, aún más, es la repetición de una camada exitosa. Como sucede con esta.

La tercera baza ganadora de esta camada es la manera de criarlos: Ángel es uno de los criadores más responsables que he conocido, Cocó es su única perra, que con sus más de cuatro años ahora hace su segunda camada: la paridera está en el salón, al lado del sofá que ahora usa para dormir. Después dispone de unos patios de recreo enriquecidos para estimular la seguridad y capacidades de los cachorros, su manera de modificar el mundo para que sus cachorros lo pisen con firmeza y seguridad, empoderándose de él, es óptima. O al menos a mí me lo parece.

 

“La maternidad es menos dura en el sofá con papi a mi lado”

Todo lo anterior es lo que me hace dar el paso de que MI próxima perra sea de la camada B de Fontemordant, esa seguridad (siempre relativa) de que saldrá similar en carácter y físico a la anterior, esas líneas de sangre sólidas y excepcionales, esas capacidades físicas, mentales, emocionales y afectivas.

Al exponer estos motivos mis compañeros de EDUCAN se han decidido también por esta camada, y escribo este artículo por si es de utilidad para cualquiera que esté buscando un perro con estas características (creo que aún quedan hembras, además de las tres que se vienen a EDUCAN). También el guía de Ferro, el padre, se quedará un cachorro, esta buscando un perro que pueda hacerlo todo tan seriamente y bien como Ferro, y tras ver la primera camada, sabe que esta es una de la formas más seguras de lograrlo.

 

United Colors Of Fontemordant.

Y quiero aclarar -para que conste como declaración de intereses- que, pese a que muchos de estos amigos y criadores me han ofrecido los cachorros gratuitamente yo pagaré la cachorra al precio de venta normal del criador, pues puedo permitírmelo, y creo que así ayudo a que se puedan seguir criando perros que nos emocionen y nos ayuden a crecer, además no me sentiría cómodo hablando así de bien de la camada si creyera que es una manera de “pagar” el cachorro, de devolver el favor. Siempre que me ha parecido he hablado bien de camadas o de criadores (o de adiestradores o de empresas o de seminarios…), y actuar de este modo me permite sentirme libre para seguir haciéndolo.

Aunque debo decir que siempre he esperado que si algún día por mi situación no pudiera pagar un cachorro de malinois alguien me lo ofrezca porque piense que soy una buena opción para hacerle feliz, ahora sé que sería así.

Tengo la convicción de que la camada B de Fontemordant es una camada extraordinaria y una ocasión fabulosa de que nuestra vida se malinoisice de la mejor de las formas posibles. Gracias Ángel, gracias Coco.

Coco quiere su pelota. Ser madre no implica acabar con la diversión.

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Bitework Project de Natural Gos: bueno para todos.

Bitework Project, de Natural Gos.

El trabajo de mordida es uno de los mejores regalos que podemos ofrecerles a los perros. Bien hecho, les divierte, les ayuda a gestionar sus emociones (pinchando aquí puedes leer sobre ello), a coordinarse con nosotros y construye su felicidad. Bitework Project expone y divulga estos beneficios, librando a los deportes de mordida de prejuicios, ayudando a que progresen y se incorporen de manera natural en la vida de todos los que tienen perros que pueden disfrutarlos.

Mariona Monrós, directora de Natural Gos, junto a su equipo y colaboradores, ha presentado este pasado fin de semana su Bitework Project, realizando la que ojalá sea solo la primera de mucha actividades relacionadas con dicho proyecto, cuyo objetivo es mostrar los beneficios y mejoras en la calidad de vida y la felicidad que los perros (y sus guías) pueden obtener al entrenar protección deportiva -el trabajo de mordida- cuando se realiza de manera lúdica y cooperativa entre guías, figurantes y perros.

Y esto es importante porque el trabajo de mordida -una de las formas más divertidas de hacer feliz a tu perro, de ser felices juntos- necesita amigos.

Alrededor del entrenamiento de protección existen, como decía, muchos prejuicios, los que se refieren a los perros son completamente falsos, pero bastantes de los que se refieren a la forma “dura” de entrenarles han sido ciertos.

En buena parte esto se debe a que los deportes de mordida están rodeados de una compleja malla clientelar que atrapa y limita con facilidad a quienes empiezan a practicarlos: se llega desde el desconocimiento y ser ayudado por quienes tienen experiencia es una necesidad cierta para iniciarse con una mínima competencia, creándose una red de concesiones, agradecimientos y sensaciones de deuda que pueden ser un lastre para mejorar, para cambiar las cosas. Y no es una deuda real: el respeto no es igual al inmovilismo, el cariño no es igual al estatismo, hacer algo una vez de una manera no implica tener que hacerlo siempre así.

Mariona Monrós ha mostrado lucidez e ilusión en el planteamiento de este Bitework Project, pues no descalifica las formas más antiguas de trabajo, sabe que fueron necesarias, y que quienes las aplicaron lo hicieron (mayoritariamente) desde una intención tan buena como la que todos podamos tener hacia nuestros perros. Pero también sabe que ese análisis lúcido, ese agradecimiento e incluso afecto hacia lo anterior, no debe impedir o paralizar el avance. No se debe juzgar el pasado con los criterios del presente, pero tampoco podemos quedarnos en él.

El Bitework Project trae el trabajo de mordida a lo más luminoso del presente, buscándole amigos a través de ofrecer lo que más falta le hacía: un ambiente festivo, con ausencia de trastienda, en el que se podía ver y practicar una de las actividades más divertidas y enriquecedoras que puede hacer un perro.

Invitando a bloggers de divulgación canina relevantes, como Alba Benítez de Si mi perro hablara y llegando así, a través suyo, a muchas personas que aman a los perros pero que no podrían conocer la protección deportiva de otro modo, ofreciendo un fantástico reportaje fotográfico -realizado por Marco Moretti– que muestra perros felices, frescura, interacción, juguetes…

David Garrido, de Natural Gos, durante un entrenamiento en el Bitework Project con  Helite II de la Vallee de Luvry, dit Espiona, Ring III de M. Monrós. Extraordinaria fotografía de Marco Moretti.

Me hubiera gustado enterarme antes para intentar darle aún más difusión, pero estaba centrado en varios temas personales y no ha sido posible. Ahora solo me queda ofrecer mi agradecimiento y desearles el mayor de los éxitos. Porque será un éxito del que todos nos beneficiaremos, perros, entrenadores y amantes de los perros en general.

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Sobre nuestros próximos cursos avanzados (Julio y Octubre 2017)

Ela demostrándome que los perros piensan y nos quieren. En EDUCAN preparamos entrenadores que, además de quererles, también saben pensar.

En la última edición de nuestro curso avanzado cambié por completo el modelo didáctico y buena parte del contenido, incorporando los nuevos protocolos de gestión del entorno objetual y relacional, para que los perros no se limiten a emitir/inhibir conductas, sino que desarrollen capacidades para su gestión autónoma, promoviendo a la vez su empoderamiento a través de actuar de manera voluntaria y adecuada ante las situaciones que antes causaran la conducta problemática.

La primera edición en Sevilla ha sido una experiencia maravillosa, pero agotadora, tanto que pospuse la siguiente convocatoria –estando casi llena- para reajustar algunas cosas y asegurar así que resulte óptima a nivel formativo. Este curso es “mi curso” y quiero que funcione milimétricamente bien (quienes me conocen saben a qué extremos puedo llegar en estas cosas, parafraseando el póster de Pemulis “Sí, soy un neurótico, pero ¿soy lo bastante neurótico?”). Es el único en el que imparto personalmente la gran mayoría del contenido y en el que le “arrebato” la jefatura de estudios al mejor profesor que he conocido en el mundo del perro y jefe de estudios de EDUCAN, Javier Moral, para asumirla yo .

Lo primero que he visto es que por la manera de trabajar de los grupos de alumnos hace falta un entorno formativo más similar a un centro de investigación que a un centro canino tradicional, afortunadamente tenemos el nuestro al ladito del centro formativo 😏 . A partir de ahora nuestros cursos avanzados se realizarán allí, dejando nuestro centro formativo para todos los demás, que se benefician de sus instalaciones más cómodas y amplias, pero menos interactivas.

Y me explico, para la gestión de entorno objetual, hemos creado una “casa de los perros”, una casa real en la que los alumnos podrán dejar al perro solo recreando a conveniencia las situaciones reales que se hace necesario trabajar en los domicilios: comida en la mesa, cubos con basura, subirse o entrar a lugares prohibidos… Incluso hemos incluido un pequeño jardín para trabajar con perros que escarben, arranquen los riegos, las plantas o similares. Todo controlado con cámaras que permitirán a los alumnos evaluar en tiempo real cómo responde el perro a sus medidas de trabajo, bien desde una cabina de control cuando trabajen por su cuenta, bien desde el aula cuando estemos poniendo el trabajo en común o ¡glups! evaluándolo.

También hemos creado pistas especiales para la gestión relacional –un diseño de EDUCAN que seguro que veremos generalizarse en breve- porque permiten a varios perros interactuar sin riesgos, asegurando su bienestar, evitando acciones abusivas o abrumadoras de unos sobre otros, asegurándonos así de la construcción segura y progresiva de sus capacidades relacionales. Porque la relación completamente autónoma es la meta pero no es el camino. Como sabe bien mi amiga Yolanda😉😉 (que por cierto ha leído un pequeño fragmento del nuevo libro y le ha gustado, graaacias por el feedback).

Uno de los ajustes que he tenido claro que eran necesarios es limitar el número de alumnos de este curso a veinticuatro, pues tener que analizar, tomar decisiones y diseñar técnicas novedosas en grupo, requiere apoyo a través del debate, la exposición colectiva, el análisis crítico y otros recursos didácticos que serían inviables en grupos mayores.

Y por eso escribo esta nota, debido a este menor cupo de alumnos ya solo quedan ocho plazas en la convocatoria intensiva, que se lleva a cabo en la segunda mitad de Julio, y doce, la mitad, para la convocatoria extensiva, que haremos de octubre a diciembre (gracias, gracias, recontragracias por tanta confianza💚💚). Como casi siempre que presentamos una nueva formación se dispara la demanda prefiero avisar sobre las plazas disponibles, para que quienes lo tenéis claro podáis apuntaros. Si estás convencido, solo te puedo dar el consejo de Gandalf: “¡Corred insensatos!”

Os aseguro que es una experiencia formativa totalmente diferente.

¡¡Le damos la vuelta a nuestro curso AVANZADO!!

#nadasepareceaEDUCAN #EDUCANtodosabordo #entrenarperrosesotracosa

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Por qué no me gusta el término “leer a los perros” (II)

Pero “leer CON el perro” sí que me gusta 😉

El post que puse ayer ¿Leer a los perros? Not my cup of tea, en el que hablaba de que no me gusta el término leer a los perros y considero que tiene efectos nocivos, ha tenido algunas respuestas interesantes, tanto en el blog como en mis redes sociales, que requieren una respuesta detallada.

Comenta Chema sobre mi antipatía al término leer a los perros lo siguiente:

“Bueno, pues dentro de mi ignorancia infinita, m encuentro con que la quinta acepción del verbo “leer” según la RAE es: “Descubrir por indicios los sentimientos o pensamientos de alguien, o algo oculto que ha hecho o le ha sucedido”. Luego, lingüísticamente hablando, ¿estaría correcto?. Un saludo”

Creo que es una observación muy interesante, porque contiene lo necesario para desgranar los argumentos que me llevan a opinar que: sí, pero no.

O sea, que sí es correcto, pero no creo que deba usarse.

Eso sí Marcos, cuando las explicaciones detalladas entran por la puerta, la brevedad sale por la ventana. Lamento dejar el laconismo del primer post que tanto te había gustado. No se puede tener todo.

Empezando por la conclusión: no creo que sea exactamente (y después me explico) incorrecta la expresión leer al perro, creo que es inadecuada. Que no me gusta, vaya. Porque, en mi opinión, es correcta del mismo modo que lo es amo, puesto que poseemos legalmente a los perros, que no tienen el estatus legal de sujetos, sino de objetos. Nadie puede negar la corrección literal de la expresión amo, pero lo cierto es que cuando se considera a los perros como sujetos y no como a objetos es difícil que guste, y será probable que se prefieran otras expresiones que, siendo también correctas, acoplen mejor con la forma en la que vivimos nuestra relación con los perros.

Por eso digo en el post que no me gusta, no que sea incorrecta.

Para ver porqué no me gusta debemos desplegar el motivo de que antes haya dicho que no es “exactamente” incorrecta.

Y es que, como bien citas en el significado de la RAE, la “lectura” del otro no hace referencia a la recepción de información intencional, directa y expresa, sino a “descubrir por indicios” y después a “algo oculto”. Ahí es donde está el problema.

Los indicios son, según los dos significados de la RAE (los paréntesis y negritas son míos):

  • Fenómeno que permite conocer o inferir la existencia de otro (fenómeno) no percibido.
  • Cantidad pequeñísima de algo, que no acaba de manifestarse como mensurable o significativa

O sea, que hace referencia a (1) leer esas señales sutiles que implican algo subterráneo que no se muestra y/o que nos (2) permiten descubrir que sucede algo con el perro que no vemos de manera expresa.

Ahí esta el problema. Por eso tampoco creo que sea exactamente correcta.

Si consideramos que son los indicios los que deben llevar el peso de la comunicación mal vamos (este es un tema que trate extensamente en Tu perro piensa y te quiere).

Claro que es conveniente leerlos, pero como fuente secundaria: lo primero debería ser atender a la información que se nos trasmite de forma intencional y expresa. Y potenciar que el perro use y busque usar cada vez más esa comunicación voluntaria para decirnos cómo le hace sentir lo que sucede y hacemos, con lo que cada vez sería menos necesaria la lectura de indicios como fuente principal de información sobre cómo va la relación.

Los indicios, como dice la RAE, se leen, las comunicaciones directas se escuchan. Y creo que debemos leer menos y escuchar más a los perros.

Porque si alguien me dice claramente “me molesta/gusta eso que haces” no necesito leer indicios sutiles de que está a gusto/disgusto. Y esto los perros lo hacen, lo pueden hacer, con su señalética social voluntaria.

Por eso para mí el trabajo ideal ofrece al perro una situación en la que puede, y sabe que puede, expresarse con claridad, en la que no necesitemos los indicios como fuente principal de información. En la que lo importante sea escucharle, atender a la información expresa e intencional que nos envía, y no leerle, fijarse en los indicios sutiles e involuntarios que da.

Veamos unos ejemplos:

¿Si el perro me trae el juguete y me lo pone a los pies debo leerle o más bien escucharle?

¿Cuándo se tumba conmigo en el sofá y da con la cabeza en la mano para que le acaricie debo leerle o más bien escucharle?

Esto no quiere decir que no convenga, además atender y reconocer los indicios:

Debo leerle cuando gira 22 grados una oreja y eso me muestra que está a otra cosa.

Debo leerle cuando su forma y lugares de descanso varían y eso implica una modificación de su estado de bienestar.

Porque reconocer los indicios y actuar de acuerdo con ellos es una muestra de calidad de un buen entrenador.

Pero estas lecturas deberían ser la salsa en el plato, y no su componente principal.

Si la forma de hablar de alguien expresa que la salsa es la base de su cocina, y nunca alude a la importancia de la calidad del ingrediente principal no seré yo quien vaya a comer a su restaurante.

Así pues, resumiendo, creo la expresión es correcta, pero no del todo, porque pone el foco en los indicios, que son involuntarios, y no en la comunicación voluntaria, expresa e intencional. Que es donde creo que debería estar.

Por lo anterior no me gusta, aunque sea (prácticamente) correcta la expresión leer al perro como elemento principal de la calidad de un entrenador y prefiero escuchar al perro.

¿Entonces todo esto es una cosa de esa mierda del lenguaje políticamente correcto?

Ahora se me podría hacer una objeción razonable ¿no es esto cogérsela con el papel de fumar de lo políticamente correcto?

Esta crítica es aparentemente lícita, porque en varias ocasiones yo mismo he denunciado que está apareciendo un lenguaje cursi y absurdo dentro del mundo del perro, que me parece que dificulta la comunicación técnica (entre profesionales, no con los perros) sin aportar beneficio alguno, incluso resultando perjudicial.

La base está en que yo creo que las cosas deben hacerse –decirse/escribirse en este caso- por algo, con un objetivo, cuando una expresión solo resulta más “bonita” y no evita un rumbo de pensamiento nocivo no debería adoptarse, por eso no comparto cosas como usar las palabras peludos, cuatro patas, perrihijos en lugar de perro, que no tiene ninguna connotación negativa, ni implica un rumbo de pensamiento objetualizador, especista ni peligroso o nocivo en ningún sentido para ellos.

E incluso voy más allá, tampoco me gustan los eufemismos que facilitan acciones graves, odio cosas como dormí al perro. Ni siquiera me gustan los términos eutanasia ni sacrificio, pues tienen un tono positivo que suena demasiado bien y parece facilitarnos en demasía tomar la decisión unilateral de acabar con una vida, de matar a un individuo que es, que habrá sido, irrepetible y que no volverá a sentir ni a interactuar con el mundo. Una personalidad que se borra, una manera única de actuar que desaparece. La muerte es terrible, y es terrible nuestro poder de decisión sobre la vida de los perros, y ya sucede que a veces nos pesa demasiado nuestro sufrimiento o incomodidad -no creo en absoluto en esa idea generalizada de que normalmente somos muy generosos matándoles para evitarles sufrir, antes bien creo que esta decisión suele tomarse demasiado rápido- si le sumamos palabras bonitas me parece que subimos demasiado el riesgo de tomar una decisión precipitada. Yo siempre hablo de matar, lo que creo que elimina sesgo positivo, pero entiendo que en textos técnicos sean correctos, al fin y al cabo eutanasiar es provocar la muerte para evitar el sufrimiento, pero aún así mi postura personal es preferir la palabras más duras en estos casos.

Entonces ¿cuáles son las consecuencias nocivas que veo en la expresión leer al perro?

En mi opinión son tres:

1 Desvío del foco de atención de lo prioritario. La más grave a nivel técnico.

Si nos centramos en los indicios, si les damos el primer lugar como elemento valioso para la interacción con el perro, secundarizamos el atender, promover y escuchar la comunicación voluntaria e intencional del perro, que debería ser la prioridad comunicativa. Esto es lo que he expuesto al principio en detalle.

2 Objetualización de la relación. La más grave a nivel relacional.

El enfoque en la lectura de indicios, en descubrir y aprovechar las intenciones y deseos del otro a través de su comunicación no intencional, le objetualiza. Porque buscamos cómo manejarle y actuar sobre él de acuerdo a lo que no ha expresado voluntariamente.

Aquí reconozco que influye bastante mi feminismo (sí, además de animalista soy feminista, así pongo más fáciles las descalificaciones ad hominem), y es que esta visión de lectura de indicios, de “expertos lectores de indicios” es lo que ha propulsado la existencia y fama de elementos tan repugnantes como Alvarito Reyes, que se dedica a explicar cosas como que si una chica al decirte “no quiero ver tu puta cara en el resto de mi vida, baboso de mierda” –comunicación clara, expresa e intencional- se inclina de manera que puedas entrever su escote –indicio involuntario- es que lo que quiere, aunque probablemente no sea completamente consciente de ello, es que te la folles.

Y me parece que ya tenemos rulando bastante lenguaje que lleva a justificar y promover la unilateralidad en el trato hacia los perros, si podemos ir cambiándolo por expresiones que les aporten más voz, que los conviertan en una parte más activa del proceso, deberíamos hacerlo.

Sin eliminar la unilateralidad no podemos realizar una tutela responsable y eficaz, si el perro no tiene capacidad de expresar voluntaria y directamente, no a través de indicios, lo que siente y opina sobre lo que sucede para influir en ello solo podremos aspirar a una especie despotismo ilustrado: todo para el perro, pero sin el perro.

Y aquí quiero responder a Alex, que en el post escribe:

“¿No crees que puede haber una lectura bidireccional si tenemos.en cuenta que el perro nos “lee” a nosotros también constantemente muestro lenguaje corporar, manera de actuar y demas? No estoy de acuerdo en que por leer al perro se le robe la condición de interlocutor…
Por ejemplo el término se utiliza mucho en el deporte como “leer al rival” y no se objetualiza ni se le quita a ese rival su capacidad innata de comunicarse, simplemente en leer sería la manera de otro de interpretar ciertos gestos, conductas, expresiones corporales etc..
Vaya por delante que creo entender a lo que quieres hacer alusión pero discrepo en que por leer al perro el pierda su capacidad de interlocutor y no pueda hacer él lo mismo con nosotros..”

Piensa, en primer lugar, que el ejemplo que has puesto es muy claro: leer al rival, a quien no desea comunicarnos sus intenciones, a quien deseamos ganar. Normalmente siempre que se habla de leer a alguien hacemos referencia a quien no desea o no puede comunicarse con nosotros franca y directamente. El rival no quiere que sepamos sus intenciones, por eso la lectura de indicios es tan valiosa. En aprendizaje social -como conté en TPPYTQ- es muy, muy importante la diferencia entre indicios y comunicación expresa. Los indicios nos sirven principalmente para eso, para saber lo que otros sujetos sociales no quieren que sepamos.

Además, y de eso hablé bastante en mi último libro, es falso que los entrenadores busquen una lectura bidireccional de indicios. Precisamente suele buscarse lo contrario, que el perro se siente antes de nuestra palabra sienta, porque le hemos dado indicios corporales de que se lo vamos a pedir, es algo que aprendemos a eliminar ¡¡no queremos que el perro nos lea, queremos que nos escuche!! No queremos que pueda anticiparse a nuestras indicaciones expresas, queremos que espere a nuestra comunicación intencional y clara, y bien que trabajamos para que sea así. Y cuando le damos una indicación “camuflada” antes de un ejercicio, por sutil que sea, no cuenta: porque seguimos teniendo intención comunicativa clara y expresa.

Más bien, mientras buscamos leer al perro, trabajamos para que él no nos lea, sino que nos escuche. Muy simétrico no suena. Porque no creo que nadie diga que cuando el perro se sienta al decirle sienta nos esté leyendo, al menos no en el sentido que le da la RAE y que citaba Chema.

Otra cosa es lo que plantea Olga: la importancia del reconocimiento de indicios cuando la comunicación intencional y expresa, por algún motivo, es insuficiente. Por supuesto que entonces es de máxima relevancia leer lo que desea, lo que necesita el otro a través del mínimo indicio que nos dé y debemos centrarnos en hacerlo, pero cuando la comunicación intencional y expresa es suficiente ahí es donde debe estar la prioridad. Y no hablo de dejar de atender a los indicios, sino de colocarlos en segundo lugar cuando la comunicación voluntaria pueda estar en el primero.

3 Aumento del ya excesivo misticismo que existe en nuestra profesión.

Es la menos importante, sin duda, pero todo lo que vaya quitando del mundo del perro ese rollo de gurús, “capacidades especiales” y basura de autoayuda en general me parece bueno y saludable.

Esto no es una enmienda a la totalidad, no todos quienes usan o han (hemos, que yo también la empleaba hace años) usado la expresión de leer al perro, están en el grupo de quienes promueven estas cosas. Pero para quienes promueven estas visiones lo de leer a los perros sí que suele ser uno de los pilares de su ideario, por aquello de que se necesitan años, agudeza, dones especiales y bla, bla, bla.

Afortunadamente es muy sencillo diferenciar el grano de la paja: si cambias “leer al perro” por “reconocer los indicios no intencionales del perro” y el discurso sigue siendo coherente y consistente sencillamente es una manera de expresarse (que no me gusta) dentro de una propuesta seria. Pero si al hacer el cambio la cosa se queda sin cimientos, resulta confusa, poco clara y se tambalea es que nos estaban dando mística de saldo por adiestramiento técnico. Y este es un experimento fácil que cualquiera puede hacer en casa 😉

Espero que esta exposición de los motivos por los que no me gusta la expresión leer al perro, prefiriendo escuchar al perro sea suficientemente clara y detallada, porque tengo que volver a sumergirme en el trabajo y desaparecer de las redes sociales.

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¿Leer al perro? Not my cup of tea.

Bolo disfrutando de una relación en la que es entendido y se toma en cuenta lo que desea: “si llega el calor quiero duchita. Gracias por hacerlo fácil Marcos”

Pues trabajando en mi próximo -y empieza a ser un próximo de cercano y no únicamente de siguiente 🙂 – libro he pensado en compartir un pequeño corta y pega aquí:

Durante el entrenamiento y en la convivencia enseñamos y usamos indicaciones, señales, comandos… que el perro debe aprender y a los que ha de responder para saber qué le estamos trasmitiendo en momentos de interés, para avanzar.

Que el perro nos entienda, es necesario, está muy bien y mola.

Pero es insuficiente para una relación saludable, porque toda relación saludable entre sujetos es bidireccional. No solo debemos emitir y entrenar al perro para recibirnos, también debemos entrenarnos para recibir la información que el perro nos envía sobre cómo se siente y le influyen nuestras acciones.

Es prioritario establecer una comunicación bidireccional –un diálogo- entre perro y guía que permita transmitir información a ambas partes sobre el estado de la relación social, del entrenamiento y de otros aspectos de la convivencia, y no únicamente sobre la calidad de las conductas entrenadas.

Cuando reconocemos y respondemos a las señales del perro este mejorará su capacidad de comunicarse con nosotros, afinándose cada vez más, llenando de sutileza y complicidad nuestra relación.

Ellos también notan que son escuchados, entendidos y que su aportación es reconocida y tomada en consideración, que son parte activa en la dinámica del grupo, y eso lleva todo a otro nivel. Al mejor nivel, el del compañerismo entre sujetos que se reconocen como tales, se quieren y desean coordinarse para ser felices juntos.

Es lo que se denomina coloquialmente como leer al perro, término que no me gusta nadita nada, porque una vez despojado de su brillo místico (debe pronunciarse en plan iniciado y/o con mirada displicente por parte del “lector experto”, sin eso resulta solo la mitad de cool), lo que queda es otro término objetualizador y especista: no nos comunicamos con él, no le concedemos la condición de interlocutor, sino que lo leemos como a un libro. Sencillamente somos tan listos (nosotros) que conocemos bien el idioma en el que está escrito.

Y así no vamos a salir nunca de un modelo de convivencia que roba a los perros su condición de participantes, que les maquiniza y se horroriza ante la menor muestra de autonomía y empoderamiento por su parte.

EDICIÓN: Este post ha promovido una serie de interesantes cuestiones por parte de los lectores, tanto que para responderlas he preferido hacer otro detallando los motivos de lo mi antipatía por la expresión leer a los perros, que puedes leer pinchando aquí.

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El derecho de renuncia

 

Cata, Zedida de la Serralada, feliz de colaborar si eso implica jugar con nosotros y su palo.

Cata, Zedida de la Serralada, feliz de colaborar si eso implica jugar con nosotros y su palo.

Trabajando en el libro me encuentro con los seis puntos mínimos que consideramos necesario cubrir para emplear a un perro o a otro animal (o a un grupo de perros u otros animales) como socializadores, como “figurantes” en ITC destinadas a mejorar la gestión relacional del perro que es objeto de la intervención. Estos puntos son:

  • Medidas de seguridad
  • Elección del perfil adecuado
  • Derecho de renuncia
  • Evaluación emocional durante el trabajo
  • Duración y frecuencia de las sesiones
  • Medidas de recuperación y bienestar emocional

Y me comentan que podía ser de interés contar aquí qué es el derecho de renuncia y cómo velar por él. Pues vamos anticipando cosillas del libro:

Consideramos que el derecho de renuncia es un derecho fundamental de todo perro que participa en cualquier actividad cuyo objetivo es la mejora o beneficio de otro sujeto y no el suyo propio, como serían perros socializadores, perros de IAP, perros de trabajo deportivo y perro de utilidad principalmente.

El derecho de renuncia consiste en ofrecerle al perro a la posibilidad de abandonar las interacciones con los otros sujetos y/o las situaciones de trabajo en (1) cualquier momento que lo desee, (2) cuando le causa perjuicio y/o (3) cuando no le causa beneficios. 

El derecho de renuncia es una garantía necesaria para (1) la calidad del trabajo, para (2) la garantía del bienestar y seguridad emocional de los perros que participan en esta actividades y para (3) la práctica deontológica de la intervención profesional en el comportamiento.

Asumir y tutelar el derecho de renuncia de los perros no solo es relevante para los perros figurantes en ITC de gestión relacional, sino que debería ser una garantía obligatoria para todos los perros que realizan trabajos que no son para su propio beneficio, sino para el nuestro o el de terceros: sean perros de intervenciones asistidas, sean perros de trabajo deportivo, como los de IPO, OCI, Agility u otros reglamentos, o sean perros de utilidad, como los de rescate, búsqueda de sustancias o detección médica.

Definimos tres niveles de renuncia:

Renuncia momentánea

Llamamos renuncia momentánea a romper y abandonar la interacción o el contacto, sea visual o físico, con el perro con el que trabajamos o la situación de trabajo, separándose y aumentando la distancia con ellos.

Es muy importante dar siempre esta opción, porque el salir y entrar de la distancia de otros, alejarse en momentos tensos de, permite la gestión correcta de la situación para afrontarla después de la mejor manera posible. Los protocolos que no permiten el abandono momentáneo del perro no solo son poco respetuosos con ellos, sino que pueden provocar una tensión emocional acumulada que dificulte, ralentice o impida el progreso.

Renuncia a la sesión

La renuncia a la sesión es la retirada por parte de su guía del perro de la sesión en curso por causarle perjuicio de algún tipo.

Obviamente la decisión de dejar la sesión no está en manos, en patas, del perro, sino del guía. Para decidir la renuncia a la sesión debemos considerar que se dé al menos uno de los siguientes criterios:

  • Las renuncias momentáneas se dan en un número superior a las acciones proactivas de acercamiento/trabajo hacia el sujeto que se beneficia y/o es objeto de dicho trabajo.
  • Tras las renuncias momentáneas el estado emocional del perro es negativo y se mantiene negativo.
  • El perro evita activamente y de manera persistente el contacto con el sujeto que se beneficia y/o es objeto del trabajo.
  • El estado emocional del perro es negativo y se mantiene negativo durante el desarrollo de la sesión, aun cuando sea debido a motivos externos a esta.

Renuncia al trabajo

El perro debe poder renuncia a cualquier trabajo cuyo objetivo sea beneficiar a terceros cuando le cause perjuicios sistemáticos y/o no le produzca algún tipo de beneficio.

Aunque en los perros figurantes en la mejora de la gestión relacional no suele ser un problema la renuncia a su papel, en otras disciplinas sí lo es. Decidir que el perro no debe hacer algún trabajo deportivo, participar en intervenciones asistidas o realizar trabajos de utilidad es algo muy duro para su guía, que puede haberlo seleccionado cuidadosamente y preparado durante años. En estos casos la sensación de tiempo perdido, la negación del fracaso y el vértigo ante la perdida de la inversión de ilusión, tiempo y energía puede hacernos querer persistir en usar, y sería esa la palabra, pues objetualizaríamos por completo al perro, al perro para un trabajo que merma su bienestar y le resta posibilidades de acceso a la felicidad.

No soy en absoluto enemigo de estos trabajos, muy al contrario soy un defensor acérrimo de los perros de utilidad y del deporte con perros, creo que es algo que puede ser genial para ellos. Pero es nuestra obligación emplear para ello a (1) perros que obtengan beneficios de este tipo de prácticas y (2) técnicas que promuevan dichos beneficios. Cuando este tipo de trabajo les perjudica estamos usándolos únicamente para nuestro interés (o el de terceros), sea este del tipo que sea, por noble que parezca ante el público.

Existen varios criterios para que el guía sepa cuando debería dejar que su perro abandonase un trabajo:

  • Es usual que el perro deba renunciar a las sesiones, de acuerdo a lo expuesto antes. Si el perro desea abandonar más del treinta por ciento de las sesiones el trabajo está siendo nocivo para él.
  • El estado emocional de perro al iniciar el trabajo o realizar acciones directamente relacionadas con él, empeora sistemática y regularmente. Cuando las sesiones producen un estado emocional previo peor al basal del perro es trabajo es nocivo para él.
  • Tras el trabajo o de alguna otra manera relacionada directamente con él, el estado emocional del perro no mejora significativa y regularmente. Cuando el trabajo no produce un estado emocional mejor al basal el perro no está obteniendo beneficios, lo que no hace deontológicamente aceptable su participación en un trabajo diseñado principalmente para el beneficio de otro sujeto diferente al perro.

Por supuesto, antes de decidir que un perro abandone un trabajo, cuando empezamos a ver aparecer de manera preocupante alguna de estas pautas, podemos -y debemos- replantear la manera de trabajar y comprobar si con el cambio el perro empieza a disfrutar del trabajo, en cuyo caso podría continuar haciéndolo, pues con los cambios hemos logrado que disfrute y se beneficie de trabajar.

Pero si persiste el problema debemos respetar el derecho de renuncia del perro, porque como tutores es no solo nuestra capacidad, sino nuestra obligación. Cualquiera que considere que el perro, pese a lo que diga la legislación, es un sujeto con derechos debe asumir la obligación consecuente de velar por esos derechos, sin eso solo quedan las palabras bonitas y las frases de galleta de la fortuna compartidas en redes sociales.

#súmatealCOGNITIVOEMOCIONAL #diquequieresunarevolución #EDUCANlaterceravía

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¡¡Di que quieres una revolución!! Laboratorio EDUCAN de medición fisiológica del bienestar canino.

Ilustración de Brian Bolland para el número uno de esa obra maestra/lisérgica de Grant Morrison que es "Los invisibles".

Ilustración de Brian Bolland para el inicio de esa obra maestra/lisérgica de Grant Morrison que es “Los invisibles” 😉 😉  

EDUCAN acaba de poner en marcha el primer laboratorio de España dedicado exclusivamente a la medición de marcadores fisiológicos (cortisol, oxitocina, serotonina, dopamina…) de la influencia en la calidad de vida de los perros de las diferentes acciones que las personas realizamos con ellos, en particular al entrenarlos, educarlos o emplearlos en tareas de asistencia, utilidad o en prácticas deportivas.

EDUCAN se convierte así en la primera y única empresa de adiestramiento y educación canina del mundo que cuenta con instalaciones de investigación química (principalmente) propias para comprobar de manera 100% objetiva la incidencia del adiestramiento en el bienestar y en las posibilidades de los perros de ser felices.

Esto ha supuesto una inversión enorme de recursos, de hecho la práctica totalidad de nuestros beneficios de los últimos años ha ido destinada a montar tanto este laboratorio, como nuestro centro de investigación del comportamiento. Las dos estructuras que sostienen el inicio de nuestra labor de estudio y validación objetiva de la eficacia y seguridad de las diferentes intervenciones que hacemos sobre el comportamiento de los perros.

Antes de exponer lo que se puede lograr con este laboratorio, así como de explicar el porqué de abrirlo, quiero agradecer a los miembros del equipo de EDUCAN por preferir unánimemente que toda nuestra inversión fuese a dotarnos de estas estructuras de investigación y no al beneficio personal de los miembros del equipo. Se han, nos hemos, apretado el cinturón a cambio de obtener un conocimiento real, objetivo y consistente sobre cómo resultan de eficaces y de beneficiosas para los perros las técnicas que empleamos para educarles.

Y ahora sí, explicaré la relevancia y necesidad de estas instalaciones en detalle, por lo que no será un texto corto.

En la educación canina se han instalado dos falsos profetas que están intoxicándonos e impidiendo el avance colectivo y la comunicación honesta entre profesionales.

  • Los resultadismos, que consideran admisible toda forma de práctica profesional que logra los objetivos conductuales deseados. Esta es una puerta abierta al maltrato, al abuso profesional, a la simplificación excesiva y a la objetualización del perro, en oposición al reconocimiento de su valor como individuo.
  • Los buenismos, que hacen grandes declaraciones de intenciones, pero que no concretan de manera objetiva aquellas prácticas que consideran válidas y aquellas que no. Esto da lugar a juicios diferentes sobre prácticas iguales, al sectarismo y a la exclusión, inunda de lugares comunes la profesión y distorsiona los mensajes que reciben los potenciales clientes sobre la profesión, su objetivo y su praxis.

Estas posturas paródicas impiden por completo el desarrollo de una deontología profesional, que es la exposición clara de las prácticas que consideramos eficaces y aceptables en el ejercicio de nuestra profesión y cuáles no.

Dichas prácticas deberían responder a parámetros y criterios que puedan comprobarse y medirse de tal modo que puedan evaluarse objetivamente por parte de un tercero.

La ciencia es la única manera de conocer la realidad que subyace a las diferentes propuestas de tecnología del entrenamiento, por esto en EDUCAN tomamos la decisión de investigar sobre cómo de eficaz es una determinada manera de entrenar y cómo afecta al bienestar del perro, a su acceso a la felicidad.

Cuando empezamos a diseñar nuestro programa de investigación nos encontramos con algunos problemas.

Comprobar la eficacia real de las propuestas de entrenamiento requiere un alto número de perros, demasiadas veces, con voz demasiado alta, esgrimen los resultadistas los éxitos logrados es una única disciplina de adiestramiento, con una única raza de perro, como prueba de su eficacia universal. Esto es ridículo.

La muestra sobre la que debe reposar una afirmación de eficacia debe ser amplia y representativa de todo tipo de perro al que después se le vaya a aplicar. Sin eso no existe prueba real de las bondades de una propuesta de entrenamiento para lograr resultados. 

Esta primera dificultad nos exigió crear un lugar dedicado plenamente a la investigación y destinar personal a esta labor, fue algo exigente en recursos, pero que dependía únicamente de nosotros. Fruto de ello nació el Centro EDUCAN de Investigación Desarrollo e Innovación Tu perro piensa y te quiere para el estudio y bienestar animal.

Pero la eficacia de una técnica de adiestramiento o educación para lograr una determinada conducta es insuficiente para validarla como apta para su aplicación, es necesario conocer también qué repercusión tiene dicha técnica para la salud emocional del perro. Y en esto las grandilocuentes afirmaciones buenistas no valen: es necesario demostrar objetivamente cómo afecta cada cosa a los perros para determinar la ética de su uso.

Inicialmente nos parecía que medir esto no sería demasiado complicado, qué pardillos.

Pensamos en medir el ritmo cardíaco como marcador del estrés que generaba cada técnica aplicada, esto sería ideal: medición no invasiva, sencilla y barata.

Descubrimos que existían dos problemas con esta idea.

El primero es que se ha comprobado que el ritmo cardíaco puede ser un dato de apoyo para aportar consistencia a otras mediciones fisiológicas, pero como único parámetro no aporta mediciones ni mínimamente fiables sobre el nivel de estrés.

El segundo problema era más grave, porque era un problema de enfoque. El estrés nos puede hablar de lo “mala” que es una técnica para el perro ¡¡pero no buscamos las técnicas menos malas sino las buenas!! La técnica ideal no es la que resulta eficaz sin dañar el nivel de bienestar del perro, sino aquella que es eficaz e INCREMENTA dicho nivel de bienestar. Necesitábamos marcadores de la mejora del bienestar además de marcadores de su merma.

Además el estrés no es necesariamente malo, muchas de las cosas que más disfrutamos pueden generar estrés, si (1) de manera simultánea aumentan otros marcadores de bienestar y se comprueba que (2) el estrés se disipa rápidamente (un marcador fiable de que estamos ante un estrés “bueno”) podremos considerarlas seguras y saludables.

Además debíamos encontrar formas de medición no invasivas para los perros: la toma de muestras de saliva para medir cortisol (estrés) y oxitocina (bienestar social) eran óptimas.

Peeeero resulta que los laboratorios no están muy por la labor de medir estas variables en nuestros compañeros de cuatro patas, no parece haber demanda suficiente como para que les compense configurar sus máquinas para la medición en perros, ni para destinar a su personal a hacerlo. Encontrar uno que aceptase era difícil y casi parecían hacernos un favor, en estas circunstancias podríamos haber sacado adelante nuestro primer experimento, que empieza esta semana, pero no podíamos garantizarnos la necesaria continuidad que se requiere para lograr objetivos globales de conocimiento y comprensión sobre cómo influyen nuestros actos en el bienestar y la felicidad de los perros.

Así que, reunido con el equipo de trabajo, decidimos que nuestra mejor posibilidad era adquirir nosotros el equipo y montar un laboratorio que nos permitiera hacerlo. Todos estuvieron de acuerdo: los perros nos han dado mucha felicidad, y ahora tocaba invertir en una buena manera para devolverles al menos una parte.

¡He tenido que abrir una de las cajas con

¡He tenido que abrir una de las cajas con los salivettes para la medición del cortisol y hacerle una foto!! …Porque no me dejan desembalar las máquinas caras. Dicen que se me caen demasiadas cosas al suelo y que ya les haré fotos cuando estén instaladas (por otros más cuidadosos y cualificados). Jo 🙁 🙁  

Ya puestos a montar un chiringuito de esta entidad, quienes me conocen lo pueden imaginar 😉 , preferimos no quedarnos limitados a la medición de estas dos sustancias.

Nos hemos dotado también de recursos para medir decenas de parámetros importantes para conocer el bienestar de los perros, como la serotonina, la dopamina, la adrenalina, la noradrenalina… algunas cosas en saliva, otras en orina. También tenemos la posibilidad de medir en plasma diferentes sustancias, aunque de momento no consideramos necesario ni justificado tomar muestras de sangre para ninguno de los estudios proyectados, pero mejor tener una estructura de laboratorio demasiado grande, que demasiado pequeña. También mediremos cuando convenga como dato de apoyo el ritmo cardíaco a través de pulsómetros, al fin y al cabo cuando nos dijeron que era una medición insuficiente ya los teníamos comprados :-/

Por supuesto, como decía el tío Ben, un gran poder implica una gran responsabilidad y por ello este laboratorio de medición fisiológica del bienestar no es algo solo para EDUCAN, queremos que todo el mundo de la educación canina, de la investigación sobre perros en nuestro país y también quienes emplean a los perros tanto en diferentes labores de utilidad (asistencia, terapia, localización…) como deportivas (Agility, IPO, Disc Dog…) pueda acceder a la evaluación de aquellos parámetros que garanticen que su trabajo, además de eficaz, está contribuyendo a mejorar la calidad de vida de sus perros.

Aunque aún tardaremos unos meses en poder ofrecer servicios de medición a otras entidades, la posibilidad de hacerlo, sin búsqueda de beneficio económico alguno por nuestra parte, es una de las ideas que nos animaron en este proyecto, que puedo asegurar que está al servicio de todos aquellos que elijan el camino de la comprobación objetiva de su trabajo.

Elige el conocimiento.

Hazle frente al frentismo.

Comprueba, mide y colabora.

Podemos convertir el mundo profesional del perro en una empresa colaborativa. Hagámoslo.

¡¡Di que quieres una revolución!!

#laboratorioEDUCAN #descubrealosperros #EDUCANtodosabordo #EDUCANesEDUCAN #nadasepareceaEDUCAN #elÉXITOseaprende #bienvenidosalmundodelmañana #EDUCANdiquequieresunarevolución

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Tripi

Tripi

Este fin de semana estaba impartiendo un seminario de olfato y hablé de Tripi.

Siempre que explico los beneficios del olfato hablo de Tripi.

Y justo al día siguiente Noelia, su mejor amiga, escribe para decirnos a todos que Tripi ha muerto.

Es difícil escribir sobre las personas importantes de tu vida, sean humanas, caninas o de cualquier otra especie, porque todo suena como ya dicho, todo parece poco valioso.

En el mundo del perro esto se multiplica, pues las palabras que hablan de los sentimientos más profundos han sido prostituidas por gurús que no tienen pudor en repetirlas hasta gastarlas para su propio engrandecimiento, sacrificándolas para iluminarse de buenrrollismo barato, lo que normalmente me molesta, pero hoy me enfada porque debido a ese uso negligente, egocéntrico y ligero no puedo usarlas para hablar de Tripi.

No me gusta encontrarme con que han robado o roto las mejores palabras cuando necesito escribir sobre las mejores personas.

Tripi era un labrador de dieciséis años que entró en mi vida junto con Noelia hace mucho tiempo, aunque no era ya ningún jovenzuelo, precisamente una de las grandes satisfacciones de mi vida profesional fue la prodigiosa recuperación de su alegría y de sus capacidades como consecuencia de incorporar trabajos de olfato en su día a día cuando la edad empezaba a afectarle.

Esa es una escarapela verde que Tripi me colgó en el ánimo para siempre y que siempre me refresca cuando lo recuerdo ¿cómo no mencionarlo cada vez? ¿cómo no compartir ese regalo con quienes quieren saber qué puede conseguirse con el trabajo de olfato? Gracias.

Tripi nos ha acompañado durante años, tumbado en una mantita al lado de Noelia, ha estado en seminarios y cursos, en nuestros diferentes centros, en el ayuntamiento de Brunete… Siempre contento de ver a sus amigos, fuera cual fuera su especie, y siempre dispuesto a hacer nuevos amigos.

Inicialmente no se notaban sus canas hasta que estabas cerca, porque se mezclaban con su color, fueron apareciendo poco a poco, ahora ya tenía su cara blanqueada por completo. Tenía el pelo algo rizado en el lomo y soltaba mucho, en el seminario con Irene Pepperberg, como se hizo en el Ayuntamiento de Brunete, estuve a su lado cepillándole con la mano para no dejar demasiado pelo allí ¡¡estaba encantado!! Contacto era cariño para él.

Los perros viven poco, no es posible cambiar eso. Pero sí el significado de ese tiempo: Tripi ha vivido en un mundo en el que las personas y los perros han sido compañeros confiables, en el que cada nueva experiencia era una promesa de diversión y cada nuevo lugar seguro y cómodo. Para Tripi el mundo, la vida, tenían el significado más hermoso, y eso ha sido gracias a Noelia.

Porque lo mejor que podemos hacer por quienes queremos es promover su felicidad, y con los perros tenemos la suerte -y con ello la obligación- de poder ayudarles a lograrla en gran medida

Y solemos ser negligentes, confundiendo el bienestar con la felicidad, lo suficiente con lo correcto.

Noelia nunca lo hizo, nunca se relajó, nunca dejó a Tripi en casa en lugar de llevarle con ella a divertirse e interacturar con el mundo, pero tampoco le pidió que hiciera nada, ni le puso en situación alguna que le hiciese dudar de que el mundo en el que vivía era un lugar bueno y seguro.

Noelia asumió su amistad con Tripi como un cargo del que se debe estar a la altura, sin descuidos, y eso dio a Tripi la posibilidad de disfrutar completamente de su tiempo.

Noelia ha dado a la vida de Tripi el mejor de los sentidos, adensándola y haciendo que sea triste que haya acabado, pues era plena y cada momento resultaba valioso.

A cambio Tripi, no sabiendo vivir fuera de la felicidad, nos ayudó a todos a conseguirla cuando estábamos con él, siendo cariñoso y guasón. Es que me sigue haciendo sonreír recordar las cosas que hacía cuando estábamos juntos.

Por eso es triste que acabe, porque ha sido alegre mientras duraba.

Y porque cada persona, sea de la especie que sea, tiene una manera de estar, de interactuar, que es única y que se pierde para siempre con ella. Nadie (me/nos) saludará moviendo todo el cuerpo mientras se acerca con los ojos entornados y la boca entreabierta como lo hacía Tripi, esa forma de ser y de querer ya no existe y es justo y bueno estar tristes.

Estoy triste, pero no me descuido, es Noelia quien leerá esto, no Tripi, y lo que más me importa es recordarle lo que ha hecho: ha logrado que otra persona sea feliz, que el tiempo de Tripi tenga sentido y que este haya sido para él el mejor de los mundos. No es posible hacer más, no es posible hacerlo mejor.

Y quiero recordarle quién ha sido: la mejor amiga de Tripi, aquella que cada día -discretamente y sin grandes palabras- cultivaba para él la felicidad.

Gracias Noelia.

Adiós Tripi.

Inserto el video de homenaje a Tripi que ha preparado Noelia, así podéis verle de nuevo quienes le conocíais y conocerle quienes no: orejas al viento, narices al suelo, considerando el mundo un lugar estupendo y haciendo del mundo un lugar estupendo.

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Riesgos emocionales de los trabajos de olfato mal planteados.

Kata en el sofá después de "terminar" un yogur, le encanta quedarse dormida olfateando algo que hubiera tenido comida antes, es su equivalente a leer algo en la cama para facilitar dormirse. ¿Perros histéricos por hacer olfato? ¡Not my cup of tea!

Cata en el sofá después de “terminar” un yogur, le encanta quedarse dormida olfateando algo que hubiera contenido comida, es su equivalente a leer algo en la cama para facilitar dormirse.
¿Perros histéricos por hacer olfato? Not my cup of tea! 🙂 🙂  

Mi amigo troceó varias lonchas de bacon crujiente sobre la lechuga cortada, picó encima queso cheddar, puso una generosa cantidad de croutones de pan frito y terminó su labor añadiendo tres grandes cucharadas de una espesa salsa César: “Es que quiero empezar a cuidarme y ya sabes que la ensalada es lo más saludable, lo mejor para adelgazar.”

Parece obvio que la ensalada será más o menos saludable o más o menos eficaz para adelgazar según cómo la preparemos, sin embargo a muchas personas les parece que cualquier cosa que puedan hacer entrar en la definición de ensalada será, mágicamente, saludable y ligera.

El trabajo de olfato es la ensalada de los entrenadores caninos: desde que se han descubierto sus potenciales beneficios parece que cualquier trabajo de olfato que hagamos será saludable para el perro y le ayudará a mejorar su gestión emocional.

Pero todo depende de cómo preparemos la ensalada.

En ocasiones se promueven y recomiendan, con la mejor intención del mundo, algunos modelos de entrenamiento de olfato que son eficaces -muy eficaces- para alcanzar resultados, pero que en realidad son insalubres para los perros.

Debemos saber cuáles son la premisas para que un trabajo de olfato sea emocionalmente seguro y saludable, y es muy sencillo.

Los beneficios del olfato se originan en gran medida en que el perro disfruta de lo que está haciendo, con lo que puede aplazarse la obtención de los resultados, encontrar, sin que el perro genere problemas emocionales.

Esto es importante porque (hoy) sabemos hacer muy pocas cosas con los perros que nos permitan diferir en el tiempo la obtención de una meta sin hacer que se obsesionen con ella.

Lo que permite que disfrute de todo el proceso es que el perro durante el trabajo de olfato de manera natural obtiene, llamémosles así en pro de la claridad,  tres “refuerzos”: buscar, encontrar y lo que obtiene al encontrar.

Estos tres “refuerzos” deben mantener un balance entre sí para que el perro continúe disfrutando del conjunto de la búsqueda, siendo particularmente importante mantener el placer de buscar, de explorar el olor. Y eso es lo que solemos romper.

Los perros no necesitan encontrar nada para pasarlo bien olfateando, se quedan largo rato oliendo cosas interesantes sin llegar nunca a localizar su origen: si por tu casa pasan unos gatos, verás cómo después tu perro olisquea con intensidad. Aunque nunca encuentre a los gatos no dudes que cada vez que pasen por allí tu perro volverá a pasar un largo rato oliendo. Un rato divertido.

Los principales problemas, a nivel de salud emocional, con los trabajos de olfato surgen por dos motivos, que se potencian el uno al otro:

  • Elegir mal el refuerzo que le ofrecemos cuando localiza, lo que puede generar adicciones.
  • Entrenar de manera que todo el interés del perro se concentre en encontrar, lo que desvaloriza la búsqueda.

Muchas veces lo que el perro busca es directamente lo que hace valiosa la búsqueda, como al buscar comida o los rastros de otros animales, en estos casos se da una natural proporcionalidad entre intensidad e interés en la búsqueda y satisfacción al encontrar lo buscado. Sin embargo, en otras ocasiones queremos que encuentre algo que no tiene interés directo para él, como drogas, café u otras sustancias que ni le van ni le vienen. Para lograrlo asociamos la sustancia con algo que sí le guste al perro, pero si lo que obtiene es excesivamente excitante y valioso con respecto a la búsqueda podremos generar adicciones, que es el tipo de maltrato, soterrado y discreto, que más frecuente se ha vuelto en el entrenamiento canino y del que no solemos darnos ni cuenta. Sobre ello realicé hace tiempo este artículo.

Además, es usual traernos nuestro enfoque en adiestramiento de obediencia al trabajo de olfato. Si nos fijamos, veremos que en la mayoría de los entrenamientos de obediencia (no en el C-E) lo que se hace es atrasar progresivamente la entrega de un refuerzo individual de interés para el perro, esto hace que se muestre activo e interesado, pero tiene un coste: el perro trabaja con concentración tensa, centrado solo en lo que obtendrá, lo que es vistoso y eficaz, pero emocionalmente insalubre, en lugar de mostrar concentración relajada, centrado en lo que está haciendo, que es el tipo de concentración que trae mejoras en la gestión emocional. Esto lo expuse en detalle cuando escribí sobre la concentración relajada. Este enfoque es completamente errado en el olfato, y, sea como sea nuestra manera de entrenar, innecesario: lo adoptamos por inercia, por la pereza, que nos tienta a hacer lo mismo que nos funciona en otra área del entrenamiento, pero si entrenas olfato con la misma cabeza que te pones para entrenar obediencia estás entrenando olfato mal.

En el trabajo de olfato es fundamental  mantener un balance entre (A) el tiempo y (B) dificultad de búsqueda, (C) el valor de lo que se obtiene al encontrar y (D) el estado emocional que genera el refuerzo elegido.

Nada más nocivo para el perro y para su formación en olfato que combinar estas dos cosas: (1) asociar al principio del entrenamiento un refuerzo demasiado valioso y excitante, típicamente un mordedor o pelota, a encontrar y (2) hacer que las primeras búsquedas sean muy cortas y sencillas en pro de una pretendida “intensidad” y facilidad.

La combinación de búsquedas muy cortas y sencillas con la obtención de refuerzos muy valiosos y excitantes lleva al perro a desvalorizar la búsqueda y obsesionarse con encontrar. Esta obsesión “parece” intensidad, pero es debido a la concentración tensa: el perro quiere llegar al punto final y hasta que lo consigue en lugar de disfrutar del proceso está mostrando ansiedad por no alcanzar su refuerzo. Quien se da un atracón de estudio porque necesita aprobar un examen, mostrará una actividad muy intensa, con ello podría parecer que tiene más interés y que logrará más resultados que quien disfruta de estudiar un tema que le gusta, y que, debido a la concentración relajada, se muestra más tranquilo cuando lo hace, sin conductas exuberantes. Pero lo cierto es que el que aprende mejor en el largo plazo y, sobre todo, el que disfruta del proceso es el segundo. Sin embargo caemos con frecuencia en la cortedad de miras que supone ver a un perro obsesivo y ansioso mientras busca y considerar deseable, incluso necesario, ese estado emocional insalubre.

La obsesión nos puede traer excelentes resultados, sobre todo a corto plazo, pero no es necesaria para lograrlos y además destruye la salud emocional del perro. El mundo del entrenamiento habrá dado un paso de gigante cuando decir que un perro “es un yonki de la pelota” sea un diagnóstico y no una alabanza.

Para hacerlo bien, en el sentido de saludablemente, es importante empezar con búsquedas que no sean demasiado cortas y con refuerzos que no exciten tanto al perro, típicamente la comida. Debemos mimar al máximo el disfrute durante la búsqueda, pues es el mecanismo que hace del trabajo de olfato algo bueno para el perro. Si lo destruimos podemos olvidarnos de la mejora de la gestión emocional. Esto no quiere decir que no usemos mordedores o pelotas, pero no al inicio, es mejor introducirlos más adelante, cuando las búsquedas son más largas y complejas y, pese a ser divertidas y satisfactorias, generan algo de eustrés en los perros, que podrán descargarlo a través del juego coordinado con su guía usando el mordedor.

Un recurso extraordinariamente útil para evolucionar las capacidades olfativas de nuestros perros de manera sana, sobre todo cuando nuestro objetivo es algún tipo de búsqueda deportiva o funcional, es entrenar los recursos de olfato con ejercicios y búsquedas alejados de los que deseamos finalmente. En el Club de Olfato EDUCAN, en nuestros cursos de trabajo de nariz  y en los seminarios que impartimos sobre este tema, como el que daré yo la semana que viene en Kireba, es frecuente que algunos entrenadores se sorprendan de ver cómo sencillos juegos de nariz pueden ser las herramientas perfectas para conseguir mejoras impresionantes en casi todo lo que es valioso para las competiciones o búsquedas funcionales: marcaje de objetos, tiempo de búsqueda, discriminación de olores, superación de dificultades…  Y sin necesidad de obsesionar al perro, ni rayarle para que se ponga como loco.

No caigamos ni en el error de mi amigo al preparar la ensalada y no supongamos que todo trabajo de olfato será necesariamente saludables, ni en el simplismo resultadista de suponer que un trabajo eficaz y que no implica pegar al perro será siempre seguro y bueno para el perro.

Porque en el trabajo de olfato es sencillo hacerlo bien, pero es igual de fácil hacerlo mal 😉

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Dogalia: Cómo nos aman los perros

El regalo de Carlos Dangoor, un libro precioso y el detalle de llenarlo de corazones de papel :-)

El regalo de Carlos Dangoor, un libro precioso y el detalle de llenarlo de corazones de papel 🙂

Carlos Dangoor, mi editor y amigo, me ha enviado el libro que acaban de publicar en Dogalia: “Cómo nos aman los perros”.

De primeras me alegré mucho por este detalle de cariño e interés, era un regalo perfecto e inesperado: un (otro) libro para el “lado cognitivo” de la estantería canina, como casi todos ellos de un científico “en activo” y mostrando investigaciones actuales, no basándose en las que se hicieron en el neolítico del estudio científico del comportamiento.

Al abrirlo la sensación positiva se intensificó brevemente, porque en su interior había una pléyade de corazones de papel. Seré (soy) un poco moñas, porque pensé ¡qué lindo detalle! Como haríais vosotros, al ser lectores de buena fe.

Por supuesto, con tan cuidadosa presentación Carlos no podía haber olvidado una dedicatoria. Fui a buscarla y ahí estaban la letra y la firma de Carlos.

Mi editor.

Mi amigo.

Mi editor: todo era una trampa que se cerraba en la dedicatoria, reclamándome el segundo tomo de Tu perro piensa y te quiere a cambio del libro. Qué sutil e ingenioso recordatorio de mi retraso en la entrega, dudo que nadie pueda discurrir una manera más delicada y atenta para darle un tirón de orejas a un autor y que este se sienta incluso contento de recibirlo.

La dedicatoria, recordándome que voy con retraso en la entrega de mi libro. Con una delicadeza y savoir faire perfectos, eso sí.

La dedicatoria, recordándome que voy con retraso en la entrega de mi libro. Con una delicadeza y savoir faire perfectos, eso sí.

En todo caso merecía la pena por el libro.

Conocía el trabajo científico con perros de Berns, así como algo del resto, y no tenía mucha esperanza de que su libro de divulgación mereciese demasiado la pena para mí o para quienes estamos relativamente actualizados sobre investigación en perros, por eso no lo compré en inglés en su momento. Leo con dificultad en ese idioma y no pensé que el esfuerzo compensase.

Me equivocaba.

No me iré al lugar común de señalar que debe estar en las bibliotecas de todos los entrenadores o personas interesadas en el comportamiento de los perros, puesto que yo tengo en la mía muchos tomos que no he leído.

Esta es una obra que ha de leerse.

Porque además de dar explicaciones de mucha calidad y sencillez sobre conceptos relevantes, como las emociones o la cognición canina, plantea un viaje a la ética del trabajo y la relación con los animales no humanos, un viaje inevitable para todos aquellos que somos conscientes de que los perros piensan y nos quieren. Es un libro teñido absolutamente del concepto básico de que los perros sienten y por ello deben ser considerados sujetos con derechos, lo que ha de regir toda interacción con ellos.

Y es que la ciencia no es algo frío, aunque su producto se presente de manera objetiva el proceso es pasional: la necesidad de saber cómo es lo que nos importa, de abandonar el terreno de la creencia, donde todo es válido y por ello nada es real, para conocer cómo piensan y aman los perros. Porque Gregory Berns quiere a los perros, quiere a sus perros y quiere saber cómo son de una manera intensa y profunda, de una manera científica.

Y claro cuando te pasa esto, eres un científico y te han dejado un escáner…

Berns comparte conmigo una cierta sorpresa sobre cómo desde Darwin, que reconocía emociones en los animales sin problemas y que amaba a los perros, hemos llegado a Paulov, de quien afirma que no le gustaban y al que le reconoce su mérito, sin dejar de señalar la antipatía que puede producir su trabajo.

Sobre algunos de los temas más “populares” en entrenamiento pasa rápido, pero los toca casi todos: señala los peligros de lupocentrismo, un término que me parece particularmente afortunado, y al hablar de condicionamiento operante menciona sus limitaciones y desinterés para saber o estudiar los motivos de los perros para hacer las cosas, algo sobre lo que espera arrojar luz con sus investigaciones. Sobre aprendizaje operante señalar que en el capítulo específico menciona más a Thorndike que a Skinner: cuatro frente a dos, algo que le habrá encantado al traductor ;-), aunque la proporción cambia a los largo del libro. Por cierto, la traducción de mi amigo Luis Souto es muy buena, y sus cuatro anotaciones al texto impecables y claras (yo en la cuarta me habría perdido hablando de teoría de juegos).

Como sucede con demasiada frecuencia en autores con un conocimiento poco profundo del conductismo hace una exposición de su funcionamiento básico que no está todo lo afinada que se desearía, pudiendo sacarse de su lectura el error común de que la relevancia está en los emparejamientos entre estímulos apetitivos y/o aversivos y las conductas y no en las relaciones de contingencia que establezcan entre sí. Le debo a mi amigo Eduardo Polín al menos mencionarlo.

Además, aunque indica que cree que se producían procesos de aprendizaje social cognitivo más complejo al entrenar a McKenzie (¿existe un nombre mejor para una perra?, dejando además entrever alguna de sus filiaciones), explica cómo la entrenaron usando el clicker y mencionando las ventajas de esta herramienta. Una buena cosa en un cognitivo 🙂 .

El fallo principal, en mi opinión, de la edición es que las notas se encuentren al final del libro y no a pie de página, pues son pocas y están redactadas mayoritariamente para integrarse en la lectura del texto, con lo que no encuentro motivo para obligar al lector a apartarse del punto de lectura para ir a la búsqueda de cada una de ellas. También echo de menos un índice onomástico, pues la forma narrativa se complementaría muy bien con un buscador que permitiese que encontrásemos todas las referencias en el libro sobre un mismo tema, facilitando la lectura o relectura técnica.

Aparte de este problema menor el libro físico tiene un tamaño, formato y fuente de texto cómodos para leer, solapas, que sirven como útiles marcapáginas y que protegen al libro del deterioro. Una edición muy bien planteada.

Leedlo, conocer el trabajo de Berns y sus planteamientos éticos es necesario para la comprensión y adopción de un modelo de entrenamiento cognitivo y para llegar a una deontología acorde.

Y gracias a Carlos Dangoor, a Luis Souto y a Dogalia por la publicación y por la calidad de la publicación, que son dos cosas casi igual de importantes, de estos textos tan actuales y valiosos. No es fácil arriesgarse con algo que no lleve cincuenta años vendiéndose, bastante hemos sufrido esto en el mundo del perro, donde se veía como textos obsoletos se publicaban y reeditaban sin que nadie se atreviera con nada más moderno.

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Click or Think? La tirita antes que la herida.

El futuro es ahora

En su imprescindible libro Genios, Brian Hare, director de Dognition y creador del Duke Canine Cognition Center (primer centro de investigación de la cognición canina que se ubica en y como parte de una universidad) habla de su sorpresa cuando le invitaron a dar una charla sobre la cognición canina en un conocido fórum estadounidense de adiestramiento canino y descubrió que muchos de los ponentes promovían el uso del entrenamiento con clicker.

Brian escribió cosas como: “Se proyectaron diapositivas de hacía décadas en las que se veía a ratas y palomas en cajas de Skinner”, “a continuación vino una oda a B. F. Skinner por haber descubierto los principios universales del aprendizaje” “Los clickers habían vuelto a la palestra”.

Todo esto le causó una sensación que describe perfectamente: “Fue como si una nave espacial hubiera aterrizado y un montón de alienígenas hubieran bajado de ella para anunciar que nos iban a llevar a los años cincuenta”.

Brian señala en su texto que no hay ninguna evidencia científica de que el clicker acelere o mejore el entrenamiento canino, habiendo un único estudio comparativo entre adiestramiento con clicker y enseñanza de la misma destreza sin clicker, trabajo en el que la velocidad de aprendizaje fue igual entre los perros que aprendían sólo con un reforzador primario y aquellos a los que “marcaban” la conducta con el clicker antes de entregar dicho reforzador. En esta única investigación el clicker no mostraba ningún beneficio.

Es bien sabido que estas ideas han llevado a Brian a tener duras polémicas con entrenador@s con clicker tan reputados como Jean Donaldson (cuyo libro El choque de culturas nos parece bastante nocivo para la comprensión de los perros y de la manera de relacionarnos con ellos a la mayoría de autores relacionados con la cognición canina, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión).

En la misma línea, hace poco Claudia Fugazza publicó un estudio comparativo enseñando algunas destrezas a perros con Clicker Training (entendido este como moldeado libre) y a través de Do as I Do, una técnica de aprendizaje cognitivo basada en la imitación. El resultado es que el aprendizaje con la técnica cognitiva resulta más eficaz.

Y ahora nosotros publicamos una entrevista con Juliane Kaminski, autora de “The Social Dog: Behaviour and Cognition” en la que dice que usar el clicker no tiene sentido en la educación de un perro, que los perros entrenados con clicker parecen mostrar menos capacidades de resolución de problemas y que, de hecho, han tenido que rechazar en la investigación cognitiva perros entrenados con clicker porque parece que este entrenamiento les impide hacer inferencias complejas para resolver una situación, o sea: que parece empeorar las capacidades cognitivas de los perros, incluso que podría destruirlas de manera permanente (todo esto a partir del minuto 28 aproximadamente). Afirma que el entrenamiento con clicker “reduce al perro a algo parecido a una máquina”. Tan relevante resulta esta situación que actualmente se está llevando a cabo una investigación sobre cómo afecta negativamente el Clicker Training a las capacidades cognitivas, sociales, emocionales y comunicativas de los perros, como también menciona Juliane en el video.

En EDUCAN ahora mismo estamos colaborando en un proyecto de investigación internacional sobre mejoras técnicas y éticas para el entrenamiento (que espero poder contar en detalle en unos mesecitos) y la única condición que se nos ha puesto desde la dirección del proyecto, que parte de investigadores de la cognición animal, es que los perros que preparemos no pueden ser entrenados con clicker. De hecho las palabras fueron: “Que no hayan escuchado un clicker en su vida”.

Joder, qué fuerte.

¿Qué nos pasa a los cognitivos con el clicker? ¿Es tan “malo” como parece sugerir todo lo que he escrito?

En el mundo del perro tendemos a los bandos, y esta progresiva descalificación del Clicker Training por parte de “los cognitivos” ya ha causado enfrentamientos y frentismos en EE.UU. y otros países, en donde se ha llegado a excesos como tildar de maltratadores a los entrenadores que practican Clicker Training, con la furibunda respuesta que era esperable por parte de quienes lo usan.

El objetivo de este artículo es, si no evitar la polémica, porque muchos en nuestro sector parece que se “nutren” de la confrontación y que les encanta, al menos minimizar la tensión entre los entrenadores razonables de ambas tendencias antes de que entremos en (otra) lucha absurda, debilitante y creadora de división. O sea, lo del título: poner la tirita antes de que llegue la herida.

En primer lugar deben mencionarse los argumentos en contra del clicker que aportan los cognitivos.

Un primer argumento, que es muy repetido y resulta injusto es descalificar al clicker por ser arcaico. Sin duda es cierto que es una herramienta antiquísima a nivel de tecnología del comportamiento, entiendo que a Brian y a otros investigadores de la cognición les pueda causar la misma sensación de anacronismo que un teléfono fijo con disco de marcar a un adolescente. Y desde luego no ayudan aquellos entrenadores que lo publicitan como la herramienta del “entrenamiento moderno”, y que deberían ser más cautelosos o precisos en sus expresiones.

Pero más veterana es la correa y aún no hemos encontrado nada que la sustituya para llevar al perro de manera segura y cómoda en determinadas circunstancias. Su antigüedad no es per se un motivo para descalificar al clicker y cuando escucho a alguien usar seriamente este argumento me parece que se roza el esnobismo intelectual.

Sin embargo sí existen una serie de argumentos consistentes, basados en los conocimientos actuales sobre las capacidades emocionales, cognitivas, sociales y comunicativas de los perros, que muestran riesgos reales en determinadas maneras de usar el clicker, principalmente el moldeado libre, que es el que, con algunas variaciones, siempre se ha defendido como mejor y principal forma de enseñanza con clicker desde los sectores más “ortodoxos” de uso de esta herramienta.

Veamos cuáles son esos riesgos:

Sufrimiento emocional del perro.

Cuando los perros se encuentran en situaciones de interés en las que no saben cómo actuar y están acompañados por personas queridas, emiten señales sociales intencionales para buscar su ayuda y apoyo. El perro sufre cuando ignoramos estas señales, como recomiendan algunas escuelas que plantean entrenamientos de moldeado libre sin que el entrenador o propietario se dirija al perro, sin responder a sus señales con información social de ningún tipo, sino “quedándose como un palo” y emitiendo información solo con el clicker cuando el perro realiza alguna aproximación a la conducta deseada.

También causa sufrimiento emocional el proceso de reforzamiento diferencial que implica avanzar a través aproximaciones sucesivas, pues antes de ofrecer el siguiente avance el perro debe extinguir el anterior, y hoy sabemos que los procesos de extinción de conducta causan altos niveles de estrés y ansiedad, más que el reforzamiento negativo en muchos casos. No entraré a exponer y valorar el peligro adicional de que el perro, una vez entrenado, pueda ofrecer conductas parciales en situaciones de estrés, iguales a alguna de las aproximaciones que se han premiado, porque es un problema técnico para la calidad del entrenamiento y no un riesgo para el perro.

Atrofia de las capacidades de comunicación social y deterioro de la relación afectiva.

Que no respondamos a las señales sociales de nuestro perro y que no emitamos información social durante las sesiones de moldeado libre tiene otro efecto potencialmente más grave que el sufrimiento durante la sesión: y es que el perro, viendo que su comunicación social no es recibida y que, a su vez, el entrenador no le emite ninguna información social tienda a extinguir esta forma de comunicarse. Con lo que el perro empeorará una de sus más impresionantes y potentes capacidades cognitivas sociales: la de comunicarse con nosotros como individuos queridos. Este es un riesgo real, severo y que puede empeorar para siempre tanto nuestra relación con los perros, como su capacidad de aprendizaje, puesto que hoy sabemos que el aprendizaje social es de los más “potentes” en nuestros compañeros.

Además esto impide un entrenamiento cooperativo, en el que el perro sepa que puede informarnos sobre sus emociones y capacidades durante el afrontamiento de una situación. Sin señalética social sus únicas posibilidades son hacer o no hacer y esperar nuestra respuesta. No podemos sostener su estado emocional con señales sociales para trasmitirle calma y seguridad, el perro está solo para afrontar la situación.

Esto “semaforiza” al entrenador, que para estas propuestas de entrenamiento idealmente sería un emisor de clicks y comida para el perro, al menos en las etapas iniciales de enseñanza, las que suelen generar más estrés y más demanda de apoyo. Una tristísima relación que, como dice Kaminski en el video, puede ser necesaria para el entrenamiento de animales no humanos, que no tienen relación social con las personas, no comunicándose con nosotros en este plano, pero que empeora las capacidades sociales de los perros e imposibilita que el entrenamiento pueda basarse en el afecto y confianza entre perro y entrenador. De hecho en algunos foros de clicker se ha llegado a publicar y difundir la idea de que cuando un modelo de entrenamiento o un entrenador hablan del afecto como elemento de trabajo están saliéndose de un modelo de adiestramiento científico ¡Lo juro!

Atrofia de las capacidades cognitivas de prospección e inferencia.

Esto es a lo que se refería Kaminski en el video, hoy sabemos que los perros no solo aprenden por asociaciones, sino que son capaces de hacer inferencias de manera que su conducta busque intencionalmente un fin. Esto, que puede parecer un tanto ambiguo puede verse en los siguientes vídeos:

Perro buscando cómo alcanzar su pelota naúfraga.

Whippet planificando una siesta en su mantita.

Estos perros intentan alcanzar un objetivo concreto y reconocible (un refuerzo referencial, que ahora veremos lo que es) con su conducta, no la emiten aleatoriamente, sino de manera prospectiva para alcanzar dicho objetivo. Obviamente evalúan la eficacia de la conducta según les acerque a él.

Este es el tipo de cosas que se investigan en cognición, cómo el perro es capaz de hacer inferencias sobre lo que su conducta causará en el entorno. Cómo resolver la situación.

¿Y por qué esto se afecta con el clicker? ¿No nos han dicho una y otra vez que las sesiones de moldeado libre precisamente potencian la capacidad del perro para “pensar” (un término sorprendente por parte de quienes defienden un modelo conductista de entrenamiento)?

Bueno, pues sí y no.

Es cierto que hace que el perro genere mucha conducta, pero no es conducta prospectiva sino pruebas “a ver qué pasa, a ver qué hace sonar al clicker”. El perro piensa sí, pero en un nivel muy, muy básico. No hay aprendizaje inferencial, no hay interacción para modificar el entorno de manera planificada e intencional…

Para verlo partamos de uno de los conceptos importantes para la cognición, que menciono en mi último libro: los reforzadores referenciales -imprescindibles para hacer inferencias- que son aquellos que no se limitan a aparecer de manera consecutiva a la conducta del perro, sino que además guardan una correspondencia lógica y directa con el objetivo, correspondencia que es perceptible por el perro,  permitiéndole planificar y elegir un rumbo conductual que previsiblemente le ayudará a modificar el entorno de manera propositiva para obtener dicho refuerzo.

Por ejemplo, el perro del video que quiere agarrar la pelota en la piscina o el cachorro de whippet que busca salir de su encierro para tumbarse en la toalla pueden proyectar que determinadas conductas les permitirán alcanzar estos objetivos, los refuerzos referenciales: alcanzar la pelota/tumbarse en la toalla. Como estos refuerzos son de este tipo especial, refuerzos referenciales, ayudan al perro a generar conductas intencionales dirigidas de manera prospectiva y proactiva hacia alcanzarlos. Esta es la cognición de calidad.

El clicker es un reforzador no referencial. El perro no puede proyectar qué conductas lo harán sonar, desea que suene, pero no puede diseñar una estrategia conductual para conseguirlo. Por tanto se ve obligado al juego de “frío” (no suena el click), “caliente” (suena el click) probando una conducta tras otra e intentando ver cuál consigue hacer sonar el clicker, con lo que la conducta no puede ser prospectiva, no hay planes, solo pruebas al azar. Un avance a tientas hacia un objetivo oscuro para el perro, un objetivo que solo está en la mente del entrenador.

El perro más bien aprende a ignorar el ambiente que a manipularlo a su favor, pues no le ayuda a predecir ni a planificar qué hacer. Además su evaluador de éxito es solo el click. Es como danzar para un dios misterioso esperando que nos envíe una señal para indicarnos cuál de nuestros pasos de baile le ha satisfecho. Le “robamos” al perro el control de su entorno, su capacidad prospectiva y le decimos que depende de fuerzas invisibles y caprichosas para saber cuándo su conducta es adecuada o no.

Es por esto que perros que han trabajado con clicker a través de moldeado libre no funcionan en los experimentos de cognición, cuando se les plantean situaciones en las que deben deducir qué hacer analizando su entorno y generando conducta prospectiva no lo intentan, sino que prueban conductas no relacionadas con la situación, esperando a que suene el click, y cuando no lo hace se frustran y no buscan soluciones proactivas. En lugar de analizar la situación para resolverla empiezan su danza esperando hacer algo que agrade al misterioso Dios del Clicker.

Sobreexcitación al obtener el refuerzo

Me hace notar mi amigo David Ordóñez de Perruneando, que he soslayado un problema. David es una de las personas que, en mi opinión, que podría ser parcial por el cariño que le tengo, más está haciendo avanzar en nuestro país las Intervenciones Asistidas por Perros hacia el ámbito de la seriedad y la consistencia científica. Es, junto a Rafael Martos, el artífice y “padre” del Máster Universitario Oficial en Intervención Asistida por Animales por la Universidad de Jaén y la Universidad Internacional de Andalucía, único título oficial del área en España.

Sobre este tema dejo el enlace a un post del blog de David donde lo explica requetebién. David me recuerda que otro problema potencial del clicker, muy importante en su área de especialización, las Intervenciones Asistidas por Animales, es la excitación que genera en el perro. Y tiene toda la razón del mundo. Me apunto un negativo por negligencia involuntaria, edito el post y lo explico:

La forma de responder cuando obtenemos un refuerzo referencial y uno no referencial, que no podemos prever cuando aparecerá, es diferente. Al alcanzar un refuerzo referencial se consigue lo que se preveía conseguir, el whippet llega a su mantita, el perro del otro video obtiene la pelota. Como su conducta está dirigida a este fin no hay sorpresa al alcanzarlo, de hecho, según se realiza la conducta el perro va viendo si está saliendo bien o no. Esto hace que al lograr el objetivo el perro “cierre” la excitación, que ha sido necesaria para alcanzar lo que deseaba.

Sin embargo, durante los moldeados libres, el perro no sabe qué conducta hará sonar el clicker por lo que cuando lo hace no se calma sino que se excita por haber acertado, puesto que no sabía qué era lo que le haría lograr que sonase. Esto es incompatible con la calma.

Además, según postula la misma Karen Pryor, existe una reactivación de la parte emocional del cerebro al sonar el clicker, que aumentaría la alegría, lo que se traduce en excitación. Esto puede ser un problema para trabajos, como menciona David, que requieran tranquilidad de ejecución o bien para perros fácilmente sobreexcitables.

Hasta aquí vemos que sí existen problemas severos que parecen justificar la poca simpatía de los científicos y entrenadores interesados en la cognición canina hacia el Clicker Training. Pero es que las cosas no son ni blancas ni negras, como suele suceder.

Porque se pueden tomar algunas sencillas precauciones que nos eviten estos efectos nocivos del clicker, mientras que nos permiten seguir aprovechando sus ventajas.

1- En primer lugar las sesiones de moldeado libre estricto solo serán nocivas si constituyen el grueso del entrenamiento del perro, pero si la mayoría del trabajo se hace con protocolos que no incluyan el clicker y que impliquen a la comunicación social como herramienta de relación y avance no supondrá un problema usarlo para las destrezas concretas que lo requieran. Mientras sea un porcentaje pequeño e informemos al perro de cuándo trabajaremos sin comunicación social, para que sólo la abandone en dicha situación, podremos evitar los problemas antes mencionados.

2- También podemos incluir la comunicación social bidireccional dentro del trabajo con clicker, lo que hace “daño” afectivo al perro es la propuesta clásica en la que el entrenador solo activa el click y da la comida. Pero si modificamos esa práctica estricta, caduca y nociva, introduciendo señales sociales por nuestra parte y respondiendo a las del perro podemos minimizar el riesgo enormemente. En este aspecto debo decir que las propuestas innovadoras de entrenamiento con clicker que se han diseñado en España, incorporando motivaciones sociales y pautas emocionales en sus protocolos, y que están muy siendo difundidas, son un paso de gigante e infinitamente más actuales, eficaces y saludables para los perros que las espantosamente rígidas que nos suelen llegar de los países anglosajones, y que son las que han dado lugar a las acusaciones de maltrato emocional que mencionaba antes. Si la propuesta de trabajo con clicker es igual para una gallina que para un perro la cosa va mal.

3- Deberíamos plantearnos usar el clicker sólo para la enseñanza de aquellas habilidades que realmente lo necesiten, por resultar conductas que muy difícilmente el perro nos ofrezca o podamos inducir, evitándolo en los procesos educativos que regulan la relación del perro con sus personas queridas. Al final la cosa es tan sencilla como usar una herramienta como tal y no como una forma de trabajo universal, puesto que ninguna herramienta es una forma de entrenamiento en sí misma.

Con las anteriores precauciones podremos evitar suficientemente los efectos adversos del clicker a nivel global, aprovechando su utilidad como herramienta de adiestramiento, pero algunos problemas como el estrés del trabajo por aproximaciones sucesivas (no el del aprendizaje, que es conveniente e inevitable, sino el debido a los procesos de extinción de las aproximaciones anteriores, que es el chungo) o el aprendizaje de conductas en segmentos no pueden separarse del trabajo de moldeado libre o dirigido, aunque podamos minimizarlo a través de responder a las señales sociales de los perros y de trasmitirles a nuestra vez comunicación social tranquilizadora.

Otros aspectos como la falta de referencialidad del refuerzo sencillamente no pueden suplirse, porque se desvirtuarían los mecanismos que hacen eficaz al clicker, pero es que en el entrenamiento del día a día también necesitamos enseñar al perro cosas que no pueda deducir del ambiente y por ello no siempre es óptimo el uso de refuerzos referenciales.

Lo que debemos hacer es recordar que un entrenamiento moderno debe actualizarse con los nuevos conocimientos, ni la actitud ética ni el avance técnico están en las herramientas. Hay que desecharlas o cambiar su forma de uso cuando descubrimos nuevas cosas sobre cómo afectan o influyen al perro más allá del aprendizaje de destrezas. Porque lo más urgente para los entrenadores pueden ser la conductas, pero lo más importante para los perros es el bienestar, el desarrollo saludable como animales sociales y el acceso a la felicidad.

El entrenamiento con clicker es viable e incluso divertido y saludable mientras suponga una pequeña parte del entrenamiento, pero cuando es la principal manera de enseñar, de educar y de relacionarnos con los perros puede causar problemas y dar lugar a disfunciones afectivas, emocionales, sociales y cognitivas.

Winston Churchill decía que un fanático es alguien que nunca cambia de opinión, sin importar los datos. No seamos fanáticos, el clicker sin duda e históricamente ha ahorrado mucho dolor físico y emocional a los perros, pero es el momento de intentar avanzar un paso más, de hacerlo un poco mejor que ayer. Sabiendo que lo que ahora hagamos dentro de unos años será modificado o abandonado porque sabremos más y podremos mejorarlo. La ética es continua, pero la técnica es temporal, tiene fecha de caducidad.

No es justo ni razonable etiquetar como sospechosos de mala praxis a quienes utilizan el  clicker, entendiendo que sigue siendo una herramienta útil para el entrenamiento (y creo que lo será durante largo tiempo, al menos para algunos tipos de entrenamiento) siempre que limitemos y afinemos su uso, asegurándonos de aprovechar los beneficios que ofrece y evitando a la vez sus peligros para los perros que entrenamos.

Pero debe entenderse también que, al no ser el clicker una herramienta cognitiva por  estos riesgos y por no aportar prácticamente ninguna ventaja a la hora de “tocar” la capacidades cognitivas (objetuales y sociales) de los perros, quienes investigan estas áreas y no entrenan perros vean el clicker con cierta antipatía y sospecha. 

Los nuevos conocimientos redefinen lo que es bueno o malo para los perros durante su entrenamiento, quizá debamos optar por alternativas educativas al clicker en determinadas áreas, en las que su uso deberá restringirse progresivamente, pero tampoco desechemos o demonicemos por completo una herramienta útil y eficaz, incluso necesaria, para conseguir resultados en algunas acciones complejas.

No hagamos bandos con esta situación, debatamos pero no peleemos. Más bien se pueden abrir espacios de diálogo que nos permitan aprovechar los conocimientos y experiencia de entrenadores y científicos de diferentes ópticas.

Porque del disenso sobre conceptos, sobre ideas, y no sobre personas, de la discusión donde se respeta al que piensa diferente y se le presupone la misma buena fe en sus ideas y prácticas que tenemos nosotros en las nuestras, es de donde pueden salir los avances más notables para mejorar la tecnología del comportamiento canino. Y esta es, debe ser, puede ser, una empresa colectiva donde todos podemos encontrarnos.

 

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Antropomorfismo, las medias verdades…

Referido a animales no humanos, el antropomorfismo implica interpretar alguna conducta de un animal no humano de manera equivalente a cómo la interpretaríamos en una persona, en lugar de hacerlo de manera que se corresponda con su etología.

El antropomorfismo es un sesgo, es decir, una desviación en el análisis de lo que percibimos que nos aleja de la conclusión o actuación correcta. Los sesgos son chungos cuando estudiamos o entrenamos a un perro porque nos sacan de la buena ciencia.

Pero cuando el antropomorfismo se explica de manera parcial, interesada y tramposa también supone un peligro. Y, por desgracia, es algo muy frecuente en el mundo del perro.

Siempre que doy clase a entrenadores, ya sean expertos o estén iniciando su formación, les hago la misma pregunta:

“¿Habéis oído hablar del antropomorfismo y de sus peligros?”

Y siempre me responden afirmativamente, se les ha insistido en que el antropomorfismo es un abismo que se encuentra a uno de los lados de la carretera de la ciencia y que deben evitarlo a toda costa para no despeñarse.

Todos los entrenadores que he conocido han recibido una y otra vez este mensaje. Consecuentemente se preocupan mucho de conducirse de manera lo más alejada posible de ese temible peligro.

Pero les han hecho trampa.

Porque lo siguiente que les pregunto es si conocen el sesgo contrario, el que te hace caer por el otro lado de la carretera.

Y nunca les han hablado de él. Ninguno de los entrenadores a los que les he preguntado conocían cuál era el sesgo opuesto al antropomorfismo. Eso es mala praxis formativa.

El sesgo contrario al antropomorfismo es el sesgo de objetualización, que implica interpretar las conductas de un perro (u otro ANH) de manera equivalente a como interpretaríamos las acciones de un objeto. La objetualización causa una desviación de la calidad del análisis de la conducta de los perros mucho mayor que la derivada del antropomorfismo.

Porque es bastante evidente que los perros -mamíferos sociales, emocionales y comunicativos- son bastante más parecidos a las personas que a los microondas. Y que la interpretación correcta de sus motivaciones y de sus acciones están más alejadas del conocimiento de las funciones de cada tecla del microondas y de la manera correcta de programarlo, que de las equivalencias con las motivaciones y acciones de otro mamífero social, emocional y comunicativo.

Cuando alguien informa enfáticamente sobre el peligro en un lado de la carretera y omite decir que al otro lado acecha un abismo aún más peligroso está actuando negligentemente, bien por ignorancia, bien por mala fe, y quien confíe en esta información parcial terminará despeñándose por el lado que pensaba seguro.

Porque las medias verdades son las peores mentiras.

Para estudiar y entrenar a los perros sin soltar la mano de la ciencia es muy importante conocer ambos sesgos, antromorfizar y objetualizar. Cuando nos informan solo de uno nos empujan hacia el otro, provocando que caigamos en el sesgo contrario al que conocemos. En muchas ocasiones esto se hace con plena intencionalidad.

Demasiada gente está aprovechando el fantasma de la antropomorfización, sacudiendo su esqueleto como una amenaza, para conseguir que cada vez más entrenadores objetualicen a los perros, los cosifiquen y vean su entrenamiento y la convivencia con ellos como la programación de un complejo electrodoméstico, que funcionará eficazmente conociendo y pulsando la secuencia de botones adecuada.

Los perros no funcionan así. Porque los perros son sujetos y no objetos.

Por eso, aunque hay que evitar ambos sesgos, tengo claro en cuál de ellos preferiría incurrir ¿Y tú? ¿En qué lado de la carretera te sientes más cómodo y seguro cuando llegan las curvas?

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NatuKa, la felicidad.

En este post voy a recomendar  la comida de NatuKa y debo empezar haciendo una declaración de intereses.

Ni he recibido, ni recibo ningún beneficio económico -ni en dinero ni en especies- por esta recomendación. Muchas empresas que producen alimentación “natural y saludable” han contactado conmigo para promocionar sus productos. Todas me han ofrecido beneficios por hacerlo. Siempre les informé de que probaría la comida y comprobaría la veracidad y ética de su publicidad y, si me convencían estos tres parámetros, la recomendaría sin aceptar compensaciones económicas. Eso sí, de mis criterios en la búsqueda de la calidad y de una publicidad honesta no pensaba moverme.

Hasta hoy nunca había recomendado públicamente ningún tipo de alimentación comercial.

Los lectores deben saber que mi opinión puede estar equivocada, pero no está influida por ninguna “bonificación”, más allá de la alegría que me produce recomendar la que, en mi opinión, es la mejor comida preparada (y digo “preparada” para referirme a que está lista para usar con solo dejar que se descongele, porque es alimentación cruda) para perros y gatos que puede comprarse en Europa, y probablemente en el mundo (siempre quise usar el discurso de Anton Ego para decir algo así 🙂 ).

Os voy a contar la historia de cómo Carla y Germán han conseguido cambiar para siempre la alimentación comercial. La historia de NatuKa.

El día 15 de Abril de 2013 me llegó un email con el asunto Opinión proyecto. Lo enviaba una alumna de EDUCAN, Carla Gómez. Estaba pensando en importar piensos ecológicos de Alemania.

Germán, la pareja de Carla y Ricardo, su suegro, estaban muy implicados en la agricultura y ganadería ecológica y les había espantado (con razón) lo que dábamos de comer a los perros. Creían que era una buena idea montar una empresa que permitiera a los que compartiesen estas inquietudes acceder a una alimentación ecológica y natural para sus perros.

Carla sabía que hace un par de años estudié la calidad de diferentes propuestas de alimentación “de gama alta” en Europa, aunque entonces decidí no publicar mis impresiones. Le expuse a Carla los resultados y mi decepción con el panorama, indicándoles que, en mi opinión había productos buenos, pero ninguno óptimo.

Pero no les convencí. Germán se había criado con esta filosofía de alimentación y de vida y es muuuuy cabezón. Dedicaron varios meses a estudiar todas las opciones de comidas preparadas que había en el mercado. Me gusta que no querían revolucionar, ni inventar nada: solo encontrar un producto ecológico, natural y saludable. El mundo es grande, así que debía haber algo así.

Durante este proceso mantuvimos activamente el contacto y colaboré en lo que pude. Aunque creía que se habían marcado un objetivo imposible Carla y Germán son de los buenos. Y hay que apoyar a los buenos, porque es más importante elegir bando que ganar 😉

En Octubre de 2013 empezaron interesarse por la alimentación que se conoce como BARF (acrónimo de Biologically Appropriate Raw Food). Les pareció la mejor opción posible.

¡Pues claro! Pero todo el mundo sabe que no es viable a nivel comercial. Y menos con ingredientes ecológicos, si se pudiera alguien lo habría hecho.

¿Os he dicho lo cabezón que es Germán? Recurrió a todos los contactos de su padre, Ricardo, que ha ayudado a poner en marcha y hacer viables muchísimos proyectos de agricultura y ganadería ecológica.

Bueno, cuanto más se informasen antes asumirían la imposibilidad de comercializar una alimentación natural, ecológica y óptima. Yo me había dado cuenta. Y me considero un chico listo.

En Enero de 2014 tenían un plan de viabilidad para preparar y comercializar comida ecológica.

En Febrero de 2014 tenían una nave equipada para producir y congelar alimentación BARF ecológica. También me tenían muy impresionado.

A finales de nuestro curso avanzado, Marzo de 2014, nos trajeron las primeras muestras de NatuKa, que aún no tenía nombre (esta primera remesa de no-name-NatuKa es la única que no he pagado).

Yo aun estaba escéptico, había visto y probado todos los intentos de “alimentación natural” y, a mi entender, presentaban limitaciones. Creía sinceramente que Carla y Germán lo mejorarían, una diferencia de grado. Sin duda sería lo mejor que hubiera, pero no alcanzarían su objetivo inicial: no llegarían a la luna, pero tocarían las estrellas.

Pero no habían conseguido una diferencia de grado.

Habían creado una nueva categoría.

Para que os hagáis una idea, si un pienso barato es un Lada y uno normal un Renault, podríamos decir que las mejores opciones de alimentación natural son un Mercedes o un Audi, algunas incluso podrían ser un Ferrari.

NatuKa es el Halcón Milenario.

Me entusiasmé, les dije que lo comercializaran, que sería un exitazo. Pues no, no creían que fuera correcto hasta probarlo un tiempo mínimo, ajustarlo perfectamente y comprobar su capacidad para mantener la calidad durante una producción prolongada. También tenían que asegurar una distribución que garantizase la cadena de frío, puesto que es un alimento fresco y crudo que se sirve congelado. Me estaban dando lecciones de capitalismo ético unos mocosos de veinte años. Qué bien. 🙂 🙂 🙂

Han dedicado catorce meses en el que solo los amigos y conocidos hemos sido clientes de NatuKa para que hoy se inicie la venta al público ¿Quién es capaz de aguantar más de un año solo con gastos para que el producto sea perfecto?

NatuKa.

No quiero incluir en este post demasiadas explicaciones técnicas ni descripciones, porque en la web de NatuKa hay una amplia sección explicando casi todas las dudas al respecto, pero sí decir que una alimentación Barf ecológica y libre de cereales aporta, a mi entender, tres beneficios fundamentales.

La salud: el modelo “normalizado” de alimentación es potenciadora, en perros y personas, de múltiples desajustes hormonales, alergias e intolerancias entre otros problemas. Evitar plaguicidas, aditivos, hormonas y otros elementos con efectos potencialmente perniciosos es importante. También disminuir el nivel de procesamiento de los alimentos es algo necesario, nadie se alimentaría de harinas, purés o batidos durante demasiado tiempo (por no decir que estas preparaciones hacen imposible “ver” de qué están hechos en realidad, la legislación permite llamar “carne” a cosas sorprendentes). Pero eso es lo que hay en el mercado.

La sostenibilidad: los modelos de explotación agrícola y ganadera rapaces y abusivos son el reflejo de la enfermedad más grave del mercado: la rapiña cortoplacista a la que únicamente le importa facturar lo máximo en el momento sin importar las consecuencias. Esto ha creado un tipo de empresarios que quemarían su propia alma si pudieran vender las cenizas.

La calidad de vida de los animales usados para alimentación: no quiero entrar demasiado en temas éticos sobre este punto, tan complejo. Pero todos quienes nos sentimos compañeros y amigos de los animales estaremos de acuerdo en que lo mínimo –minimísimo- es garantizar el bienestar de aquellos criados para su consumo. La ganadería ecológica es la única que aporta calidad de vida suficiente. Entiendo que esto pueda ser secundario para otros, para mí es muy relevante y quería al menos mencionarlo.

Además hay varias ideas brillantes en NatuKa, como sus propuestas de recetas o el uso de las verduras –también ecológicas- que, al estar batidas no son dejadas a un lado por el perro y, además, hace que nos llegue una aroma vegetal, fresco y agradable al abrir los paquetes (particularmente las que contienen pimiento rojo). Tengo muchos amig@s que dan carne a sus perros y/o gatos, pero ellos no la consumen en sus dietas e incluso encuentran desagradable su olor, esta opción es perfecta para ell@s.

La variedad de opciones es muy grande y permite cubrir casi todas las problemáticas de alimentación normales. Yo alterno los menús de pollo, vaca y pollo y vaca, uno por la mañana y otro por la noche. Pero Gastón, uno de mis malinois, adelgaza con facilidad, así que a veces le añado a su menú un taco de grasa de pavo o pollo. Cata, mi otra malinois, sin embargo tiene tendencia a engordar y divido un solo menú para las dos tomas pero lo complemento con tacos de ternera, que más magro imposible. Pongo unas foticos para estrenar nuevas utilidades del blog 🙂

 

Me alegra poder ayudarles hablando bien de NatuKa. Me encanta escribir cosas buenas de otros, creo que la sinergia y el apoyo a las empresas que no solo tienen un producto excelente, sino un compromiso ético firme, es necesario para un capitalismo sostenible y sano. Hay que dejar de entender los beneficios como algo exclusivamente económico, si algo es realmente bueno al recomendarlo ganamos todos.

“La búsqueda de la felicidad” no es solo un eslogan, es la filosofía que construye a NatuKa.

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Adiestramiento cognitivo-emocional: Sin revelación no hay revolución

Cuando hace tres años formamos al equipo de entrenadores del Zoo de Madrid para cambiar de un entrenamiento conductista a uno cognitivo-emocional escribí un post, Corazón de León, explicando el momento en el que uno de los leones marinos de California cambió el chip y empezó a trabajar para disfrutar con lo que hacía y de su relación afectiva con su entrenadora en lugar de buscando un arenque. Entonces escribí este párrafo.

“… no pudimos evitar emocionarnos, después de años de trabajo en los que lo único importante era obtener un premio de comida habíamos conseguido que Elvis prefiriese estar con su entrenadora y realizar las conductas “de gratis” que un seguro y suculento refuerzo de comida a cambio de una conducta.”

Este verano la responsable de EDUCAN en Argentina, como parte de su formación para incorporarse a nuestra empresa realizó todos nuestros cursos de entrenamiento comercial en España. Creía en el sistema, había decidido dar un giro a su trabajo y hacer adiestramiento cognitivo-emocional. Es una decisión valiente.

Como la mayoría de quienes hacen formación con nosotros su decisión se basaba en la consistencia de la propuesta de adiestramiento cognitivo-emocional y la idea de conseguir que su perro disfrutara de su trabajo y lo realizase basándose en su relación afectiva. Aun no había hecho “contacto”.

Pasarse al adiestramiento cognitivo-emocional es un paso que da vértigo, hasta el momento del “contacto”, en el que todo cambia, puedes sentirte inseguro. Pero puedes darlo tranquilo, la ciencia del comportamiento más actual, la más reconocida te sujetará. No en vano TODOS los investigadores actuales relevantes que estudian el comportamiento de los perros (Miklosi, Hare, Horowitz…) lo hacen desde una óptica cognitiva y relacional. Ninguno piensa ya que el conductismo permita explicar el conjunto de su comportamiento, ni mucho menos que sea la manera más ética ni eficaz de relacionarnos con ellos.

Un día, en el segundo curso, su perro tuvo su cambió de chip, fue tan rápido como todo en los border collies… Y empezó a trabajar en base al afecto. Ella empezó a llorar, primero lentamente y después como un manantial: su border, que meditaba cada cosa que le pedían, que parecía sopesar cada ventaja e inconveniente de realizar las conductas de una manera egoísta y manipuladora digna de Maquiavelo había cambiado. Estaba trabajando (que no es lo mismo que realizando conductas, le pese a quien le pese) en equipo, porque se querían, sin importarle otra cosa que disfrutar del trabajo y de su comunicación mutua.

El trabajo cognitivo-emocional es una revolución, pero para entrar del todo, con el corazón y no sólo con la cabeza, es necesario ver, sentir, a tu compañero de una manera completamente diferente: trabajando en equipo.

Cuando tienes la experiencia personal de dejar de funcionar como un expendedor de premios para ser un compañero, ese momento en el que dejas de ser el semáforo de las señales para realizar conductas y empieza la comunicación, cuando sobrepasas el aprendizaje asociativo para entrar en la didáctica ya no hay vuelta atrás.

Por eso entiendo a quienes necesitan afirmar que todo es aprendizaje asociativo, que los perros no sienten afecto por las personas y que solo se nos acercan y se mueven para obtener recursos individuales. Ellos nunca han sentido ese momento en el que todo cambia, en el que la conexión es personal y el perro y tú sólo queréis manteneros conectados, sincronizados a través del entrenamiento, en una intimidad en la que no tiene cabida ni sentido la expectativa de conseguir un trozo de salchicha.

Les entiendo y me apena su situación. Porque sin revelación no hay revolución.

Y por eso agradezco a los entrenadores del Zoo de Madrid y a todos nuestros alumnos que hayan salido de su zona de confort, renunciando a “programar” conductas, renunciando al control total que objetualiza al animal entrenado, para aceptar una didáctica negociada con él.

Es muy generoso y valiente dar un paso adelante y ofrecerles a los animales con los que convivimos y entrenamos la posibilidad de ser nuestros compañeros, de demostrarnos que piensan y que nos quieren.

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EDUCAN y Dognition: hacia una nueva tecnología (cognitiva, of course) del comportamiento.

Los entrenadores caninos somos técnicos del comportamiento, tenemos que disponer de una tecnología que convierta los conocimientos que aporta la ciencia de base en herramientas aplicables en el día a día para educar y adiestrar a nuestros alumnos caninos.

Sin embargo, la tecnología del comportamiento disponible en el mundo del perro se desarrolló con una óptica que hoy ha sido ampliada y superada. Aunque sea eficaz, nos impide aprovechar los nuevos conocimientos que han surgido y ofrecer un servicio de mayor calidad.

La ciencia que estudia el comportamiento ha cambiado su enfoque en los últimos años, mientras que antes sólo era objeto de interés científico la conducta observable ahora han pasado a primer plano los procesos cognitivos que sustentan a la conducta.

También sucedía que antes el estudio del comportamiento se centraba en los procesos de aprendizaje más generales y comunes a la mayoría de las especies, ahora ha pasado a atender también y especialmente a las capacidades de aprendizaje que son propias de cada especie e incluso de cada individuo.

Por último, los perros no habían despertado interés en quienes estudiaban el comportamiento, por lo que se infería su manera de actuar desde la comparaciones con otras especies, como los ratones o palomas estudiadas en laboratorio o los lobos observados en libertad. Sin embargo en los últimos años los perros han sido exhaustivamente estudiados respecto a sus capacidades cognitivas, tanto individuales como sociales, y de comunicación e interacción con las personas.

A finales de los noventa en EDUCAN iniciamos la tarea de desarrollar una nueva tecnología del comportamiento, diseñando protocolos y pautas de intervención comportamental para aprovechar estos nuevos conocimientos científicos. Hemos mantenido este mismo criterio desde entonces y, por supuesto, es el que anima mi nuevo libro: Tu perro piensa y te quiere.

Pero los investigadores que estudiaban estas capacidades y que estaban cambiando la manera de entender a los perros no parecían mostrar demasiado interés en la aplicación práctica de sus descubrimientos. Hoy también esto ha cambiado. Dognition es la primera muestra de ese cambio.

Dognition es una página web cofundada por Brian Hare, autor de Genios y director del Duke Canine Cognition Center, y que cuenta en su plantel de expertos con algunos de los investigadores más importantes sobre cognición canina. Su objetivo es ofrecer una evaluación personalizada de las capacidades cognitivas de cada perro a través de juegos sencillos que los propietarios pueden llevar a cabo en casa.

Dognition está desarrollando tecnología de evaluación cognitiva, lo que cuadra y encaja perfectamente con la labor de EDUCAN de desarrollar tecnología de entrenamiento y educación cognitiva.

Para entender la importancia de los desarrollos tecnológicos de Dognition pondré un ejemplo: mi compañero Javier Moral, Jefe de Estudios de EDUCAN, y yo somos profesores en nuestros cursos para entrenadores, aunque nuestra manera de preparar las clases es muy diferente.

Javier tiene una inteligencia muy visual y sus apuntes están llenos de diferentes colores, flechas, llaves y otras representaciones gráficas. Yo, en cambio, trabajo con palabras resumiendo, sinoptizando y redactando de diversas formas la materia que voy a explicar.

Si cada uno de nosotros tuviera que preparar sus clases con los recursos del otro no dudéis que nos costaría más esfuerzo y el resultado sería peor. Ninguno es más inteligente, sencillamente nuestras capacidades cognitivas son diferentes, es razonable que nuestra manera de trabajar se adapte para sacarles el máximo partido.

De igual modo, sabemos que nuestros hijos no aprenden igual y buscamos que aprovechen todo su potencial a través de algunas actividades que les permitan desplegar sus destrezas y de otras destinadas a potenciar sus puntos débiles.

Con nuestros perros deberíamos seguir estos mismos criterios. Sin embargo la tecnología de entrenamiento actual sólo dispone (disponía ;)) de recursos para aprovechar las capacidades de aprendizaje que son generales y comunes a muchas especies. Esto puede proveernos de herramientas de calidad para enseñar trucos circenses o rutinas repetitivas y mecánicas, pero para la educación integral de nuestros perros apenas resultan suficientes, nunca óptimas. Sobre todo en aquellas razas e individuos que más se alejan de la media en un sentido u otro. Los buenos entrenadores de manera intuitiva son capaces de salirse de las normas trazadas para adaptarse a cada perro, pero no disponen de ningún criterio técnico, de ningún evaluador objetivo, para hacerlo. Dependen únicamente de su talento.

Por eso EDUCAN y Dognition nos hemos unido en un proyecto que nos llena de ilusión a ambas partes: desarrollar una nueva tecnología del comportamiento que, en primer lugar, evalúe con objetividad y claridad cómo puede aprender cada perro individualmente y luego plantee protocolos y técnicas de trabajo adaptados a esta evaluación personalizada.

Y, antes de que me preguntéis, que os conozco bacalaos, os lo digo: sí, ambas empresas estamos trabajando para traducir nuestras páginas e información al otro idioma.

Esto dará lugar a una nueva manera de entender no solo el entrenamiento de los perros sino la convivencia con ellos. A través del entrenamiento podremos ayudarles a desarrollarse, conseguir una vida más plena e integrada con nosotros y, en última instancia, más feliz.

Se acerca una nueva estación, más luminosa, al entrenamiento y educación canina.

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Tu perro piensa y te quiere: La introducción de Josep Call al libro y alguna cosilla más.

Mi nuevo libro, Tu perro piensa y te quiere, ya está colgado en Dogalia (por cierto ¡me encantan las tapas! ¿a vosotros no?) y tenía este post reservado para publicar la introducción que Josep Call ha tenido la gentileza de escribir para él. Sin embargo, tengo que hacer antes un comentario: mi amiga María me hizo saber que el día elegido para presentarlo podría coincidir con un partido España-Brasil del próximo mundial de fútbol. Como no querríamos restarle público a ese evento, hemos decidido hacerla al día siguiente: domingo 29 de Junio. La próxima semana explicaré con detalle cómo y cuándo será este acto de presentación, así como el proceso para solicitar invitaciones y los beneficios, además de pasar un buen rato entre amigos, que obtendrán los asistentes.

Y ahora vamos al turrón.

Creo firmemente que mi nuevo libro aporta novedades conceptuales de gran calado al entrenamiento canino, pero cuando Josep Call, uno de los científicos más importantes del mundo en cognición animal, se interesó en leerlo confieso que me sentí simultáneamente entusiasmado y aterrorizado. Uno está muy seguro de su trabajo hasta que una de las autoridades mundiales del tema dice que lo va a revisar, entonces la cosa cambia. Reconozco que lo releí por completo y reajuste aquellos puntos que me parecía que podían pecar de ambiguos o que podían ser explicados con más exactitud.

Tras haberlo leído se ofreció a escribir una introducción a mi texto como forma de apoyo y reconocimiento de la calidad e innovación de la propuesta. Esto me llenó de alegría, pensaba que no podía estar más feliz. Hasta que leí lo que había escrito, entonces descubrí que sí podía :). Ahora comparto con vosotros sus palabras a modo de anticipo (las negritas son mías). Y de nuevo: Gracias Josep.

Presentación de Tu perro piensa y te quiere. Entrenar perro no es como te lo habían contando, por Josep Call:

“La ciencia se nutre del cambio. Las nuevas metodologías producen nuevos resultados que a su vez requieren la formulación de nuevas teorías. El estudio científico de la conducta y del aprendizaje ha experimentado una importante doble transformación en las últimas tres décadas. En primer lugar, se ha mostrado particularmente interesado en los procesos cognitivos que sustentan la conducta, y no únicamente en la conducta. En segundo lugar, se ha interesado en el estudio del carácter concreto de cada individuo, y no únicamente en el de grupos o especies.

Este libro ha adoptado plenamente estos dos cambios fundamentales y como consecuencia permite importar los últimos avances en la ciencia básica del comportamiento al campo del entrenamiento canino. La tesis defendida en este libro representa un cambio audaz y radical en relación a los actuales regímenes de entrenamiento, a menudo únicamente preocupados en la modificación de la conducta aplicada a cualquier especie. Tres aspectos en concreto hacen que la perspectiva defendida en este libro sea especialmente única y atractiva. En primer lugar, el autor ha situado las tareas y procedimientos dentro de un marco ecológico y evolutivo adecuado. De tal modo que escapa a la simplificación excesiva de algunos etólogos que consideran a los perros como una versión ‘light’ de los lobos y de algunos psicólogos que consideran a los perros como palomas sin alas o ratas que menean la cola. Obviamente, los perros comparten ciertos rasgos conductuales y cognitivos con los lobos, las ratas y las palomas, pero los perros son algo más, como el autor argumenta de forma convincente.

Su detallado análisis de las causas subyacentes de la conducta que incluyen la cognición, la emoción y la motivación (así como sus correlatos neuronales) representan la segunda característica que hacen que la lectura de este libro sea extremadamente atractiva y fascinante. La conducta del perro se analiza desde una perspectiva multifactorial que revela un organismo complejo, intrigante y emocionante de descubrir, mucho más de lo que cabría esperar de una simple máquina de aprendizaje. En tercer lugar, el autor se toma en serio las diferencias individuales, no considerándolas una molestia que deba ser barrida debajo de la alfombra simplemente por el hecho de que no se ajusta a las recetas preestablecidas que a menudo predominan en muchas formas de entrenamiento animal. Por el contrario propone que dichas diferencias individuales son algo que el entrenador puede aprovechar para optimizar su trabajo.

En última instancia, se podría decir que un tipo de entrenamiento será juzgado por su eficacia (es decir, por su facilidad para ponerlo en práctica y mantenerlo en el tiempo sin necesidad de reentrenamiento o de programas de refuerzo constantes), no por la teoría en la que se sustente. No olvidemos que este es un libro sobre entrenamiento canino con una orientación esencialmente aplicada y los lectores pueden tener la tentación de considerar que el marco propuesto no es nada nuevo, solo una mera refundición de las técnicas antiguas adornadas por una nueva terminología. Sin embargo, creo que hacer caso omiso de los fundamentos teóricos en que se basa esta propuesta o asimilarla a otras ya existentes sería un grave error tanto para los entrenadores de perros como para sus dueños.

Desde el punto de vista del entrenador, el aprovechamiento de las predisposiciones naturales del perro, en lugar de ignorarlas o suprimirlas, así como de sus mecanismos de regulación cognitiva, pueden permitir un entrenamiento más efectivo, tanto en términos de velocidad de adquisición como en durabilidad en ausencia de refuerzo externo. Dicha optimización puede lograrse, entre otras formas descritas en el libro, mediante el entrenamiento de la motivación intrínseca que permite que el perro realice ciertas tareas sin necesidad de obtener un refuerzo externo en forma de comida. Por cierto, téngase en cuenta que la motivación intrínseca ¡también funciona muy bien con los niños! Además, el enfoque propuesto permite aprovechar los recursos cognitivos que hacen del perro un organismo flexible, permitiendo generar nuevas opciones de entrenamiento.

Desde el punto de vista del propietario, a sabiendas de que el desarrollo cognitivo también es crucial para los perros, y que el entrenamiento puede afectar sustancialmente a éste ¿no deberíamos entonces seleccionar un método que aproveche toda la gama de mecanismos cognitivos del perro y que simultáneamente tenga en cuenta su propia personalidad? Si simplemente se quiere que el perro aprenda un conjunto de rutinas fijas o trucos de circo no creo que sea necesario. Pero si se quiere dar una oportunidad al perro para que desarrolle plenamente las estrategias cognitivas que le ayudarán a hacer frente a los desafíos del día a día, y en consecuencia a mejorar su bienestar, se debería considerar muy seriamente la propuesta de este libro.”

Josep Call
Catedrático sobre los Orígenes Evolutivos de la Mente
Universidad de St Andrews.

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Dios está en los detalles (II): Conseguir una llamada eficaz y consistente.

Sin duda el ejercicio más relevante del adiestramiento para el manejo y tenencia responsable de un perro es la llamada. Cuando resulta consistente, forma el cimiento para que nuestros compañeros caninos jueguen y corran libremente, pues nos permite recuperarlos y evitar que invadan zonas que pudieran ser peligrosas para ellos.

Pero no es fácil obtener una llamada de calidad. En este post voy a intentar ofrecer algunas claves para conseguirlo.

Buena parte de los problemas se deben a una doble condición, obvia y contradictoria: La llamada es muy sencilla de entrenar en un ambiente controlado, pero después es muy difícil de realizar en la vida cotidiana del perro. Gran parte del quid del éxito en este ejercicio consiste en entender esto de manera profunda y entrenar de manera concordante.

La llamada es fácil de entrenar porque, como acción, no tiene complejidad: acercarse hacia una persona querida que además le entrega un premio (incluso con los sistemas menos respetuosos es sencillo para el perro entender que el “refugio” ante un aversivo está en una persona querida). Cuando les enseñamos a acudir en una sesión de entrenamiento, el guía o el entrenador somos referencias claras y la obtención del refuerzo también es bastante simple de asociar con la conducta.

Pero después solicitaremos la llamada mientras esta jugando, corriendo con otros perros o abstraído en la exploración de una apetecible basura. Esto hace que las dos condiciones que se daban durante su entrenamiento, la referencia social clara y la evidencia de dónde se encuentra el refuerzo de su interés, simplemente desaparezcan. El plano social enfocado en otros perros amigos y los refuerzos que se obtienen al jugar con ellos, buscar en la basura… hacen que se volatilice todo lo que hacía fácil la llamada. Si nuestro entrenamiento se ha basado en una técnica que daba el máximo protagonismo a estos dos parámetros, el ofrecerle un refuerzo individual al acudir y la facilidad de encontrarnos como referencia de llegada, el ejercicio se nos escurrirá entre los dedos.

La llamada puede y debe iniciarse de esa sencilla manera, pero es un primer paso que sin una evolución posterior del entrenamiento a través de trabajos conceptuales, que van mucho más allá de la generalización (tan sobrevalorada como herramienta para dar consistencia a un adiestramiento), no permitirá desarrollar el ejercicio para que sea eficaz en la vida cotidiana del perro.

¿Qué debemos hacer para que el perro que en una sesión de entrenamiento oye “¡Aquí!” y acude con nosotros termine haciéndolo también durante sus paseos? Existen varios puntos que tenemos que conocer y trabajar:

  1. Refuerza la llamada principalmente a través de actividades favoritas: Igual que un niño cuando está jugando con sus amigos ignorará olímpicamente tu oferta de un helado, el perro no acudirá si el refuerzo principal que has usado para construir la llamada es un pequeño trozo de comida ¿qué es eso frente a la libertad de correr, revolcarse y servirse basura? Aquí aprovechar el principio de Premack es fundamental. Una vez asociada la señal, empieza a llamarle antes de dejarle libre en el parque, de salir a la calle, de hacerle localizar un juguete o de que aparezca su mejor amigo. Esto le da a la llamada un valor contextual y situacional, que es el que puede funcionar después, en las situaciones reales en las que la usarás. Estás integrando la llamada en las circunstancias finales de trabajo.
  2. Entrena en situaciones de activación emocional alta: Es absurdo pensar que el perro va a realizar la llamada cuando esté excitado si sólo entrenas con el perro concentrado y tranquilo. El contexto emocional es determinante, los mecanismos neurales que el perro utilizará para escucharte, controlarse y acudir mientras corre y juega son específicos y deben ser entrenados para que se vuelvan funcionales. Para conseguirlo búscate “simuladores emocionales” que permitan trabajar con una alta activación emocional: pedirle la llamada dentro de casa cuando es la hora del paseo y está en la puerta deseando salir es una buena manera de hacerlo, cuando acuda correcta y establemente un par de veces le pones la correa y ¡a la calle! También lo puedes hacer antes de entrar al coche para ir al campo. Incluso, si fuera posible, podrías entrenar en el veterinario, siempre que a tu perro no le guste ir, antes de salir le pides la llamada y sólo os vais cuando la haga bien. Entrenando así conviertes la llamada en algo más, en un ejercicio de gestión emocional que mejorará las capacidades emocionales de tu perro. Mejor imposible.
  3. Convierte el buscarte y llegar hasta ti en un reto: Puesto que la otra gran diferencia que separa las situaciones de entreno de las reales es la facilidad de mantener al guía como referencia, debemos entrenar al perro a localizarnos, esforzarse en llegar hasta nosotros y, además, haciéndoselo divertido. Para ello recomiendo dificultar el acceso a la posición de llegada poniéndole problemas como cambiar nuestra posición, colocarnos de espaldas, escondidos entre arbustos… Llegar hasta ti debe ser un juego divertido, proactivo y que requiera de esfuerzo mental. Esta técnica, que es bien conocida por los practicantes del adiestramiento C-E, resulta ventajosa para mejorar la llamada independientemente de cuál sea nuestro sistema de entrenamiento.
  4. Estabilidad, estabilidad, estabilidad: Una de las causas más frecuentes del deterioro de la llamada es la inestabilidad. Su aparición es lógica, le pedimos al perro que haga algo en un entorno altamente emocional y está deseando terminar para volver a lo suyo ¿Cuántas veces has visto a un perro hacer la llamada casi con urgencia para inmediatamente salir de nuevo corriendo hacia sus amigos? Esto funciona como una trampa para cazar adiestradores novatos, como vemos que el perro acude con presteza pensamos que es buena cosa permitir esta inestabilidad, dejándole volver de inmediato a jugar, lo que inicialmente activará al perro para venir rápido. Pero si trabajamos así, la inestabilidad se fijará por condicionamiento clásico (me sigue gustando más este término, qué se le va a hacer) y la llamada se irá deteriorando desde dentro, desde el mismo corazón del ejercicio, hasta que el perro se limite a dar un par de pasos hacia nosotros antes de reanudar con entusiasmo lo que realmente quería hacer. Para evitarlo tenemos que conseguir que el perro se estabilice y serene emocionalmente antes de liberarle. Esto se consigue dándole una referencia clara sobre el final del ejercicio cuya realización le requiera y facilite el autocontrol. Lo normal es pedirle que se siente delante nuestro, lo que le desconecta visualmente de la situación. Esto es óptimo para que los perros con una impulsividad baja o media se estabilicen. Sin embargo en perros extremadamente dinámicos, que no pueden dejar de atender a lo que les interesa, esta llegada resulta potencialmente estresante. Para ellos es mejor acudir a sentarse al lado de su guía, de manera similar a lo que sería la posición base de IPO, OCI o Ring, lo que les permite comprobar mediante el tacto que están correctamente situados con nosotros, mientras con la vista pueden controlar lo que pasa, algo importante para que perros muy dinámicos se controlen y estabilicen en un contexto con varios puntos de interés. En ambos casos la calidad y estabilidad del sentado funcionan como evaluadores del autocontrol emocional. Cuando el perro se encuentre estable y autocontrolado es el momento de liberarle y permitirle volver de nuevo a su actividad.
  5. Renuncia a la perfección: Los perros, como nosotros, tienen días mejores y peores, lo importante es la regularidad. Cuando alguien empieza a plantearse que el perro debe venir siempre, de inmediato, a la primera y suceda lo que suceda, está plantando en su pensamiento la semilla del abuso. El perro debe ser fiable en la llamada, no soy condescendiente con esto porque su seguridad y su calidad de vida están comprometidas, pero si un día está jugando con sus amigos ¿no te parece razonable tener que llamarle un par de veces?
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Desmontando el JUNTO.

Empezaré diciendo que el ejercicio de junto es mi favorito de entre todos los que se entrenan con perro. Creo que permite y crea una máxima coordinación y armonía en el binomio, siendo muy educativo para ambas partes que deben trabajar al unísono en un auténtico baile que entrelaza conductas y emociones para darle una expresión final particular y propia en cada binomio, que lo convierte en el ejercicio más personal e individualizado del adiestramiento.

Todo lo que me interesa saber de un adiestrador y de la relación que mantiene con su perro me lo dice su junto, quienes lo entrenan contra el perro, forzándoles a acoplarse a ellos, haciendo que los refuerzos o puniciones sean más relevantes que la mutua atención entre guía y perro me parece que desaprovechan la mejor ocasión que nos presta el adiestramiento para ESTAR con nuestro perro y objetualizan su relación de una manera que me parece tristísima. El junto tiende a lo burdo o a lo sublime, sin término medio.

Quienes me conocen saben que tengo un permanente desborde de trabajo que me impide entrenar con regularidad (o que uso como auto-excusa para no entrenar, que en esto de los actos fallidos Freud parece que estaba bastante atinado), sin embargo, aunque no haga ninguna otra cosa, es seguro que todas las semanas haré dos o tres sesiones de junto con mi perro, tener un perro que quiere trabajar y no hacer junto es como tener pareja (potente) y no practicar sexo: falta algo que aporta una intimidad y contacto a la relación que no puede, sencillamente no puede, obtenerse de ninguna otra manera. Porque ir al cine está muy bien, pero estaremos tod@s de acuerdo en que es otra cosa.

Entiendo y me parece algo natural, casi sobrevenido, que se haya creado una disciplina centrada en este ejercicio y sus variaciones, el Heelwork to Music, porque muchos ejercicios son más difíciles de enseñar, otros requieren mayor control pero ninguno implica una comunicación tan satisfactoria, fluida y continua del binomio.

El junto no es un ejercicio: es una comunidad. Yo actualmente lo uso como refuerzo social y emocional por haber realizado otras conductas ¿lo has hecho bien? ¡pues hacemos un rato de junto para premiarte/premiarnos!

Una vez que he dejado claro que el junto me gusta mucho, muchísimo, muchisimísimo quiero decir que me parece obsoleto, ineficaz y equivocado incluirlo en el adiestramiento comercial y quienes lo hacen están dando un servicio comparativamente peor que quienes optan por otras alternativas. Y paso a explicarme.

El uso del junto en un adiestramiento comercial no es el que he descrito antes, sino que es un ejercicio de manejo que permite transitar con el perro controlado y de manera cómoda (que era su objetivo original), pero como los perros normalmente hacen rutas repetidas en las que conocen el final, por ejemplo de casa al parque, se hace muy difícil que mantengan la calidad del ejercicio, pues la expectativa de llegar al lugar deseado tira de ellos, afectando a la manera de ir al lado de su guía, esto lleva a que la práctica totalidad de los casos requieran mucho mantenimiento, tenemos un ejercicio incómodo para el dueño, que finalmente lo percibe como pesado (si hace el mantenimiento) o como poco eficaz (si no lo hace), algo que influirá en la imagen que le quedará de nosotros como adiestradores. Además cuando empieza a deteriorarse el ejercicio es demasiado frecuente recurrir a los tirones para corregir al perro, lo que produce que al final los propietarios suelen tener un ejercicio mediocre percibido muy negativamente por el perro (y no mucho mejor por ellos).

Esto nos lleva al segundo punto: aunque esté perfectamente entrenado el junto centrará al perro en su guía, en acoplarse más o menos felizmente a su paso, lo que impide que el tiempo que está realizando el ejercicio sea relajante. Por así decirlo, el tiempo de junto no computa como paseo, algo que es un problema cuando tenemos la necesidad de pasear al perro sin poder soltarlo, como en determinadas zonas o cuando está convaleciente de alguna operación (si lo sabré yo 🙁 ). Es necesario enseñar al perro una manera de pasear tranquilo que le permita relajarse, olfatear el entorno, curiosear… Esto no es posible durante el junto, el junto tiene muchas cosas buenas, pero no estas.

Además nos encontramos en un momento en el que existen en el mercado muchas opciones de elementos anti-tiro amigables que permiten, junto con una correa lo bastante larga como para que el perro pueda mantener su propio espacio, enseñar al perro a pasear tranquilo y convertir esta manera de ir cómoda y relajadamente de la correa en un hábito, no en un ejercicio de disciplina, algo que la mayoría de los propietarios prefieren.

Por todo la anterior retirar el junto de nuestro empaquetado de adiestramiento comercial abarata el servicio al restar tiempo al entrenamiento, le resulta más útil y sencillo al cliente, hace más amigable y relajado el proceso para el perro y se mantiene con el simple uso, creo que es una elección más que justificada. Por supuesto siempre aparece alguien con una visión prusiana del manejo del perro que demanda el ejercicio de junto por la sensación de máximo control que le aporta, pero es un público residual que terminará eligiendo inevitablemente a profesionales que compartan su enfoque, por lo que tampoco debemos darle mayor importancia.

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Enseñar con red.

En las respuestas a La importancia de la comunicación le prometí a Luis Souto que dedicaría un post a comentar algunas formas de minimizar los riesgos potenciales que aparecen al comunicar información novedosa al perro (en el pecado llevas la penitencia Luis). Es un tema más relevante de lo que pueda parecer en un primera lectura y como Luis siempre hace dos o tres(cientas) es muy consciente de ello.

Los entrenadores de animales trabajamos en una situación peligrosa, mientras en la mayoría de profesiones es posible probar innovaciones de manera relativamente segura, aislando la situación experimental de nuestra operativa cotidiana, con animales esto es bastante más complejo: no se le puede explicar al perro que estamos con algo nuevo y que, si nos sale mal, no nos lo tome en cuenta y lo olvide. Los perros se toman perfectamente en serio todo lo que hacemos con ellos (y así les va :(), así que hacer experimentos se vuelve mucho más arriesgado y es, en buena parte, lo que nos hace un gremio profundamente conservador: cuando tenemos una manera de conseguir un resultado es realmente difícil convencernos de probar otra cosa, normalmente sólo el fracaso nos lleva al incómodo y arriesgado terreno de la novedad.

Sin embargo, tomando perspectiva, resulta evidente que debemos innovar. En todas las profesiones han de introducirse avances que permitan su evolución y progreso. No es que lo que hagamos ahora no sea lo mejor, es que no puede serlo por siempre.

Y esto nos deja en equilibrio sobre el filo de la navaja ¿cómo introducir novedades o alternativas creativas sin que se pueda venir abajo el entrenamiento o incluso el proceso terapéutico en el que está inmerso el perro?

Es imposible reducir el riesgo a cero, pero existen una serie de medidas que permiten disminuirlo hasta un punto seguro:

  • Entrenar las técnicas en vacío: En ocasiones aprendemos o diseñamos una nueva técnica que resulta compleja para nosotros, es un error correr a probarla con el perro. Precisamente a este caso hacía referencia Luis Souto en su comentario: el adiestrador no debe estar aprendiendo a realizar la técnica a la vez que está enseñando al perro con ella. Esto es usar a nuestro aprendiz como perrillo de indias para conseguir nuestro progreso. Es más que razonable hacer la inversión de tiempo de llevar a cabo una y otra vez la técnica sin perro (o con un amigo haciendo ese papel) hasta que nos resulte cómoda y familiar, momento en el que podemos pasar a intentarlo con el perro. Además, si lo hacemos con un colega adiestrador, es una manera muy divertida y eficaz de analizar la nueva técnica y ajustarla al uso concreto que le daremos, al fin y al cabo no es estrictamente necesario que cuando se juntan dos adiestradores únicamente se dediquen a hablar mal de otros colegas, se pueden intercalar algunos momentos de debate técnico 😉
  • Usar acciones afines: Otra manera de afrontar las situaciones o conductas complicadas con el mínimo riesgo es el trabajo sobre conductas similares o muy cercanas en la secuencia temporal a aquella sobre la que queremos los resultados finales. Esta es una estrategia que me parece particularmente recomendable para todos los que compiten en reglamentos deportivos o se dedican a la modificación de conducta. Hace poco un amigo y competidor de IPO compartía conmigo la inquietud que le provocaba tener que enseñar a su perro a señalizar los objetos durante el rastro; el perro tenía un rastro excelente y la idea de que se deteriorase esa calidad al introducir la novedad le mantenía parado, sin atreverse a avanzar. La solución fue tan sencilla como enseñar al perro a seguir con el olfato líneas de comida en el suelo, una acción evidentemente afín al seguimiento de pistas, e introducir la señalización de objetos en esas líneas de comida. El aprendizaje fue rápido y claro, además, cuando decidimos incorporarlo al rastro le pusimos al perro dos líneas de comida con objetos que señalar justo antes de introducirle en su primer rastro con objetos, la cercanía en la secuencia terminó de preparar la cabeza del perro para afrontar con éxito la novedad (que ya no era tanta) durante el rastro. Esto es aún más interesante para la modificación de conducta, iniciar un trabajo para corregir la predación usando un coche teledirigido sobre el que hemos puesto un peluche es mucho más seguro y controlado que hacerlo arriesgando la vida de los gatos del barrio. Por supuesto debe entenderse que el trabajo sobre acciones afines es un facilitador y no un recurso milagroso que nos evite el trabajo sobre la conducta de interés. El coche teledirigido nos permite observar cómo responde al perro a nuestra estrategia de adiestramiento y nos facilita el moldeo de su conducta de la manera deseada, pero al final un gato es un gato y, con lo conseguido en la conducta afín, tendremos finalmente que trabajar sobre la situación predatoria que era motivo de consulta.
  • Crear un entorno relajado de aprendizaje: Frente a la antigua visión conductista de que el perro siempre tenía conectado el aprendizaje de la misma manera -por lo que era vital que las sesiones de entrenamiento y los momentos de su uso fueran homogéneos y sin fallos- hoy sabemos que el perro adapta su manera de aprender y consolidar el aprendizaje al conjunto de la situación en la que se encuentra, mostrando aprendizajes más parsimoniosos y plásticos a la modificación en un entorno seguro, con refuerzos de valencia emocional positiva y de valor medio. Podemos diseñar un espacio de aprendizaje que mantenga estas características y usarlo como lugar seguro para probar nuevas cosas: lo que hagamos dentro de ese espacio no generará aprendizajes consistentes, conductas intensas, ni estados emocionales que puedan fijarse de manera problemática a la conducta o situación, lo que es ventajoso al aparecer fallos o problemas. Y si todo sale bien (que a veces pasa 🙂 ) no será problema reproducir el proceso durante las sesiones normales de entrenamiento, en las que la mayor atención, interés e implicación del perro nos harán obtener un aprendizaje de más calidad.
  • Estructurar y acotar los entrenamientos libres: En ocasiones tenemos una idea general sobre cómo entrenar una acción, pero no podríamos concretarla exactamente, esto sucede cuando nuestra experiencia nos aporta intuiciones sobre la dirección que debe llevar el entrenamiento. La intuición es valiosa, es la presentación consciente de un conocimiento que tenemos, pero que no podemos reducir mediante análisis voluntario. A veces se plantea que las propuestas de entrenamiento técnico son limitantes porque no aprovechan la intuición, nada más lejos de mi opinión: si no tenemos manera de aprovechar la intuición no tenemos un protocolo de entrenamiento técnico de calidad, así de sencillo. Sin embargo creo que, puesto que lo que está en juego es la salud emocional del aprendiz -que recordemos siempre que no se ha presentado voluntario al entrenamiento, por mucho que lo disfrute- no está justificado el seguir las intuiciones de cualquier manera, sin criterio ni medidas de control (de autocontrol en este caso). Por ello, en adiestramiento C-E, tenemos una serie de normas para organizar estos entrenamientos libres, que son necesarios para probar nuestras intuiciones y concretarlas en líneas definidas de trabajo.
    1. Los entrenamientos libres tienen que ser ocasionales, no superando el diez por ciento del total de sesiones, el objetivo de estos entrenamientos es aprovechar nuestras intuiciones en momentos en los que no tengamos claro cómo llevar adelante un entrenamiento, si terminan siendo la norma lo que hemos hecho es aceptar la improvisación como premisa y renunciar a nuestras responsabilidades como profesores, lo menos que deberíamos esperar es que el alumno haga lo propio.
    2. Los entrenamientos libres tienen que ser cortos, puesto que metemos al animal en una situación en la que su profesor no tiene claro qué hacer y está probando, se hace evidente que no existe una claridad informativa, lo que puede generar estrés al aprendiz, que se ve obligado a seguir un discurso formativo variable, dubitativo y con reajustes continuos. Nuestro límite es una duración máxima del veinticinco por ciento del tiempo de una sesión de entrenamiento normal y ordenado para el mismo perro, esto nos asegura que no maltratamos sus capacidades cognitivas.
    3. Los entrenamientos libres deben ser percibidos de manera positiva por el perro, puesto que si a la confusión didáctica le sumamos un estado emocional negativo tendremos necesariamente problemas emocionales en el perro, haciendo que se deteriore su relación con el entrenador y con el entrenamiento.

Un cuarteto de medidas que nos permiten hacer experimentos con algo más que con gaseosa, dando seguridad, naturalidad y fluidez a la incorporación de novedades a nuestro entrenamiento, pero siempre sin olvidar que el educando tiene derecho a que tomemos nuestra labor formativa con total seriedad, no frivolizando un proceso que será determinante para su competencia social, su capacidad emocional y sus posibilidades de acceder a la felicidad.

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Adicción: El riesgo invisible.

Es frecuente que los adiestradores nos refiramos a perros con un enorme interés por jugar con mordedores o pelotas como “yonkis”. Lo curioso es que le damos un valor positivo a esta expresión, porque gracias a ello podremos obtener un adiestramiento deportivo o de utilidad (aquí no me refiero al adiestramiento destinado a mejorar la convivencia) positivo, implicado, proactivo y de calidad.

Sin embargo esta fuerte predisposición puede generar lo que es, en mi opinión, uno de los principales “riesgos ocultos” del entrenamiento: convertir a los perros en adictos, ya sea a los juguetes, la mordida, las pistas de obstáculos… Y cuando hablo de adictos me refiero exactamente a eso.

El límite entre la implicación y el disfrute de algo muy divertido y la adicción es difuso. ¿Cuándo pasa una gran afición al deporte a convertirse en vigorexia? ¿En qué momento exacto podemos decir que estamos rozando lo insalubre?

Para encontrar esa frontera debemos definir claramente el concepto:

La adicción se caracteriza por la pérdida más o menos completa del control al aparecer estímulos que anuncien la posibilidad de realizar la conducta a la que se es adicto, como sucede cuando un ludópata escucha el tintineo de una máquina tragaperras o cuando algunos perros practicantes de Agility esperan el inicio de la pista. Esto implica actuar incluso de maneras autolesivas o que serían inaceptables en situaciones de control cognitivo saludable, ignorando las consecuencias negativas de la conducta adoptada, así como ser incapaz de iniciar otras conductas altamente valiosas que impidan la realización de la conducta adictiva.

No debemos confundir la adicción con la dependencia que implica un síndrome de abstinencia físico cuando deja de suministrarse una sustancia, mientras que en la dependencia las alteraciones se relacionan con la carencia, en la adicción están relacionadas con la obtención, al parecer existe un desequilibrio entre los circuitos neuronales de búsqueda, que activan al perro para realizar una conducta, y los de gratificación, que hacen que se sienta satisfecho al haber obtenido lo deseado (como la pelota). Este desequilibrio se construye a través del aprendizaje, particularmente cuando se hacen programas de refuerzo de expectativa y programas de refuerzo intermitente. Obviamente esto no quiere decir que siempre que realicemos entrenamientos de este tipo vayamos a generar adicciones, pero debe ser tenido en cuenta al entrenar a perros que ya muestran un altísimo interés por los juguetes que le ofrecemos como reforzadores.

Evitar la adicción en determinados individuos y razas es algo difícil cuando se entrenan trabajos deportivos y es uno de los puntos sobre los que tengo más enfocada mi atención actualmente. Afortunadamente hay varias cosas que podemos hacer para disminuir este riesgo y mantener en el perro una alta implicación que permita una evolución máxima del entrenamiento. Y lo bueno es que puede hacerse casi con cualquier sistema de entrenamiento, no vale únicamente para el adiestramiento cognitivo-emocional.

1- Respeta su infancia:

Los cachorros están construyendo su forma de entender el mundo, si le das una relevancia excesiva al entrenamiento durante esta etapa, independientemente de lo respetuosa o positiva que sea tu manera de entrenar, potenciaras que el perro lo vea como el centro de su vida. Es importante trabajar con el cachorro, en ningún caso defiendo que no se inicie el adiestramiento hasta la madurez, pero desde luego nunca debería ser su actividad principal: clases grupales para cachorros (en EDUCAN tenemos unas estupendas), salidas de socialización… son opciones más interesantes para ocupar la mayoría de la puppy-agenda. Cuando veo cachorros con menos de seis meses que hacen prácticamente todo su reglamento siempre tengo la misma impresión que al ver a las gimnastas de doce años: que no han podido elegir si les gusta lo que hacen y que a esa edad hay opciones más saludables.

2-Convive con el perro:

Nada potencia más la adicción que mantener a un perro viviendo todo el día en una perrera y sacarle únicamente a entrenar. La convivencia implica la interacción con los perros en muchos contextos emocionales y sociales, y por ello una educación social mínima. Nadie tendría en su casa a un perro que le muerde la mano cuanto sacude una servilleta o que se pase toda la noche empujando una pelota para que se la tires. La convivencia hace del entrenamiento otra actividad con su dueño, si todo sale como debe, será la más divertida, pero no la única en la que el perro puede interactuar con él y obtener refuerzos sociales e individuales.

3-Pasea por el campo:

Sé que Dani Pardos, que es lo máximo en cordura que se sirve en adiestradores, cree que se ha abusado de la expresión “dejar al perro ser perro” hasta convertirlo en un mantra sentimentaloide y sin sentido, pero creo sinceramente que pasear con los perros libres por el campo les permite y potencia disfrutar de sus capacidades naturales mejor que ninguna otra cosa, recordándoles que no solo pelotas, mangas o saltos son divertidos. Sólo son algunas de las opciones para pasarlo bien.

4-Que se relacione con otros perros:

Los perros tienen que relacionarse con perros, les permite sutilezas de comunicación e interacción que engrasan sus capacidades sociales y evitan que haga de un juguete el centro de su mundo, por mucho que le guste. Si tienes un perro al que no le gusta interactuar con perros desconocidos (no me refiero a casos patológicos) te recomiendo incluir en tu familia un cachorro del sexo opuesto al de tu perro: en este caso dos en mejor que uno, se relacionarán entre sí y tú podrás pasar horas viéndoles jugar. Tampoco tienes que ser el centro del mundo de tu perro (ni de tu pareja, ni de tus amigos humanos) tooodo el tiempo ¿verdad? ¿O eres así de inseguro?

5-Trabaja en equipo:

Es curioso que todas las conductas adictivas en personas son conductas individuales (podríamos excluir las adicciones sexuales, pero en realidad también lo son, pues el partenaire está objetualizado), por ello el trabajo en equipo es muy eficaz para evitar la adicción. Al existir reglas de coordinación y subordinación que ambas partes –perro y adiestrador- deben conocer y seguir, necesitando de la interacción para alcanzar los objetivos, evitamos que el perro vea la pista, el juguete… lo que sea como algo que buscar obsesivamente: la pista es algo que requiere la colaboración de ambos y la pelota o el mordedor son elementos para jugar con su guía, no objetivos por sí mismos.

6-Ten una manera de indicarle cuándo ha terminado de trabajar:

Si a tu perro le encanta el adiestramiento y no sabe claramente cuando termina una sesión será fácil que mantenga la expectativa de continuarla, requiriéndote a ello de manera insistente. Ten un comando o señal que uses siempre cuando termines una sesión, si eres consistente en muy poco tiempo sabrá diferenciar cuándo puede acceder a la pelota y cuándo no, mejorando su autocontrol y aprendiendo a desconectarse del juguete.

7-Mantén una comunicación honesta con tu perro:

Debo reconocer mi antipatía a todo programa de refuerzo intermitente, cuando el perro no sabe si aparecerá o no el premio se obsesiona con él y no puede conectar su concentración relajada, disfrutando de lo que está haciendo sin pensar únicamente “pelota, pelota, ¡¡peloooota!!”. Veo muchos perros de razas afectuosas e inteligentes, como los malinois, convertidos en adictos por programas de este tipo. La comunicación honesta quiere decir que el perro sabe qué es lo que va a pasar cuando realiza una conducta: si le hemos indicado que conseguirá la pelota por hacer algo debe obtenerla siempre, si no se la vamos a dar el perro debe saberlo también. Quizá este es el punto que más excluyente resulte para determinados modelos de adiestramiento y es que es una seña muy identificativa del trabajo C-E. Pero si practicas otro modelo de entrenamiento que hace imposible la comunicación honesta no te preocupes, sé más escrupuloso al seguir el resto de los consejos de este artículo y mantendrás a tu perro lejos de la adicción sin necesidad de cambiar tu forma de entrenar.

8-No seas obsesivo adiestrando:

Los perros son muy empáticos, para tu perro será muy difícil no obsesionarse con el entrenamiento si tú lo estás. Hace muchos años un excelente entrenador y amigo me propuso dejarme a su perro un tiempo porque lo tenía sobreentrenado y no se consideraba capaz de parar si lo tenía en casa. A los lectores que no tengan interés en el adiestramiento deportivo les podrá parecer un caso exagerado, no creo que coincida con ellos nadie que lo practique. Es difícil cambiar nuestra actitud hacia el adiestramiento, pero es fácil ponernos unos límites: deja un par de días a la semana libres de entrenamientos, tú puedes pasar el mono viendo videos de adiestramiento en internet, leyendo sobre ello o incluso opinando en foros (pero sin abusar Payno, sin abusar en ningún sentido 😉 ). Además oblígate a pagarle al perro por cada hora que dedica al entrenamiento a la semana con otra hora de actividades divertidas de otro tipo, valen las descritas de pasear por el campo o jugar con perros, pero también sesiones de masaje relajante o (si no es lo que entrenas) sesiones lúdicas de trabajo de olfato, llévalo a nadar en un pantano o rio…. Esa contabilidad te asegura que le remuneras en calidad emocional por implicarse tanto en el adiestramiento, al fin y al cabo en Google, empresa famosa por los resultados y compromiso de sus trabajadores, tienen sillones de masaje y videojuegos para los empleados. Y no parece que les vaya mal.

La adicción es un riesgo real en los perros seleccionados y destinados al trabajo deportivo o funcional de casi cualquier especialidad, es nuestra responsabilidad mantenerles emocionalmente saludables para que disfruten del adiestramiento tanto como nosotros, pero se obsesionen con él bastante menos.

Pardo, por dos no me ha salido un decálogo, cada vez estoy más cerca.

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Importancia de los oteaderos para la calidad de vida del gato doméstico.

Me ha decidido a escribir este post la consulta de una alumna sobre su gata Amparo (decidme que no es un nombre genial para una gata), con un feo problema de agresión, porque me pareció curioso que, aunque ha consultado a buenos profesionales y le habían prescrito un tratamiento adecuado, nadie había tomado en cuenta la existencia, cantidad y distribución de oteaderos en su vivienda.

Los oteaderos son lugares elevados y cómodos que permiten controlar visualmente el entorno, son muy relevantes para la mayoría de los félidos, entre ellos el gato doméstico, pues permiten evaluar las situaciones novedosas que se produzcan desde una situación segura y así elegir una estrategia de afrontamiento controlada, con niveles de estrés que puede gestionar fácilmente. También ofrecen al gato la posibilidad de retirarse a un lugar privado y tranquilo para estar sólo, si los perros adoran las “cuevas” que se forman en las esquinas y bajo los muebles de casa los gatos se pirran por los “miradores” (algo que he intentado -sin éxito- explicarle a Gastón, el malinois macho de casa, que se tumba largas horas en lo alto del respaldo del sofá para otear desde el ventanal qué pasa por el campo cuando él no está persiguiendo conejos).

La primera opción de un gato ante una situación tensa será observarla a distancia segura desde su oteadero, si no dispone de uno se encontrará inmerso en el problema sin poder hacer su evaluación “a vista de pájaro”, lo que le genera altos niveles de estrés y fácilmente termina en problemas de miedos y/o agresión. Y es que la segunda opción (no disponiendo de la primera) del gato ante un problema, será esconderse debajo de algún mueble, pero al hacerlo no procesa la información como haría desde el oteadero, mientras está escondido se mantiene e incluso aumenta el nivel de ansiedad, por lo que esconderse no es una ayuda para superar positivamente la situación, sólo es un recurso de urgencia para salir del paso. Si esto se repite mucho o el escondite es inseguro para el gato aumentará aún más su ansiedad y es fácil que empiece a mostrar conductas agresivas. Muchos problemas severos empiezan por la falta de estas atalayas que son parte de la cimentación de la salud emocional del gato.

Pero sin ponernos tremendos e irnos a casos de agresión podemos afirmar que los oteaderos funcionan como reguladores del estrés, elementos de seguridad, comodidad y calidad de vida para los gatos domésticos, por lo que debemos procurárselos en aquellos lugares de nuestra vivienda en los que hay movimiento y pasan más cosas, principalmente el salón (salvo en casa de Álvaro Muñoz Escassi ;)).

Espero que este tema gatuno no desanime a los perreros acérrimos que siguen el blog, pero no sólo con perros convive el hombre. Además es que me encantan, flipo con los gatos, es un animal inteligente, atractivo y con una etología apasionante, su conducta está muy influída por su ecología, lo que hace que diseñar un entorno vital adecuado permita su felicidad y evite el surgimiento de problemas. Desde aquí animo a todos los interesados en conducta canina que se animen a estudiar a los gatos, enganchan muchísimo.

Feliz salida y entrada de año para tod@s. El 2012 va a ser el año de la educación canina y el buen rollo entre profesionales de la conducta canina, ya lo veréis.

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Artículos para “Pelo, pico, pata”: Usando la nariz.

Aunque empecé a publicar aquí los textos que escribo para “Pelo, pico, pata” en seguida me di cuenta de que el perfil de seguidores de este blog era muy diferente al de los lectores de la revista y no tenía sentido seguir haciéndolo; odio esos blogs que meten entradas de cualquier tipo u origen para aumentar su contenido y simular una actividad como bloggers que en realidad no existe.

Sin embargo creo que el presente artículo es una excepción, el trabajo de olfato es poco conocido en sus aplicaciones lúdicas y terapéuticas incluso por muchos profesionales del adiestramiento ¡y los resultados que se pueden obtener son realmente sorprendentes! Hace poco el excelente adiestrador Sergio Sinobas (que trabaja en EDUCAN, en Madrid) iba a incorporar a su familia a un pastor alemán macho de trabajo de casi tres años con RCI II, tenía que conseguir que conviviera con su rottweiler macho de seis años y su yorkie, también macho y adulto, por si esto le parece poco a alguien además vive en un piso. Quien conozca algo sobre perros sabe que esta es una situación complicada. El inicio del contacto y el trabajo de presentación se realizó mediante protocolos de olfato y hoy, apenas un par de meses después, basta pasarse por su face para ver los videos de los perros interactuando como los mejores amigos del mundo (¡¡gran trabajo Sergio!!).

Por ello creo que divulgar las bondades de hacer que nuestros perros usen su nariz no está de más en esta Caja Verde.

Es fácil darse cuenta de que los perros son unos entusiastas de olfatear, sin embargo no suelen conocerse bien las múltiples aplicaciones prácticas que tiene esta afición de nuestros amigos caninos.

Cuando pensamos en aprovechar el olfato nos vienen a la cabeza los perros que detectan explosivos, los que localizan droga o los que encuentran a las personas sepultadas o perdidas. Son actividades admirables y que requieren implicación y entrenamiento consistente, no parece algo demasiado aprovechable para nuestros perros caseros.

Sin embargo el trabajar con la nariz puede cambiar la vida de un perro, ayudándole a corregir problemas de conducta o haciendo que se divierta como no creías que fuera posible, además es algo que podemos hacer con cualquier perro, independientemente de su raza o edad.

Esto sucede porque los perros están preparados de forma natural para que el sentido del olfato sea uno de sus principales herramientas para interpretar el mundo, pero habitualmente nosotros, que somos una especie principalmente visual, no dejamos que este potencial se desarrolle o incluso corregimos que intente olfatear determinadas cosas (por poco higiénicas o porque resulta socialmente comprometido), con lo que esa extraordinaria capacidad queda reducida y minimizada.

Como el uso del olfato está muy relacionado en el perro con el desarrollo de la capacidad de concentración, el autocontrol y la gestión de las emociones el resultado final de no usarlo es que limitamos la capacidad del perro para mejorar en estos aspectos, con lo que aumentan todos los problemas relacionados con ellos: lentitud en el aprendizaje, generación de estrés, mala gestión de la ansiedad…

Realizar ejercicios de olfato está sustituyendo ventajosamente al uso de ansiolíticos y otros fármacos en el tratamiento de múltiples problemas de conducta, permite regular la actividad en perros excesivamente dinámicos, ayuda a solucionar problemas de miedo y agresión
… Un auténtico comodín para la “medicina natural” canina.

Particularmente el olfato me parece muy importante como elemento recuperador de la calidad de vida en perros geriátricos, pues activa y estimula mentalmente en un nivel óptimo: los abueletes que pensábamos que solo querían dormir se revitalizan y divierten como hacía años que sus dueños no les veían hacerlo, retrasando o incluso deteniendo los deterioros cognitivos asociados con la vejez. En este punto tengo que pedirle a los lectores un favor personal: Si tienen un perro mayor y le ven apático y desanimado denle estimulación olfativa a través de ejercicios sencillos de olfato, no se resignen. Lo agradecerá.

Pero es que, además de con aspectos que pueden resultar problemáticos, el trabajo de olfato puede ayudar a nuestro perro no sólo a evitar problemas sino también a ser más feliz. Y que nadie piense que un perro es feliz sólo por estar tumbado en el sofá, como a nosotros, eso les gusta un rato, pero también desean tener actividad y les satisface alcanzar objetivos y si lo hace con sus compañeros humanos ¡miel sobre hojuelas! En los días de lluvia en los que es inevitable acortar los paseos el complementarlos con trabajos sencillos de olfato aporta al perro el extra de esfuerzo mental necesario para que se lo pase tan bien como corriendo por el parque.

¿Y qué se puede hacer en casa para usar esta capacidad tan extraordinaria? No hace falta intentar complejos entrenamientos, puede limitarse a poner trocitos de comida por la casa y darle a su perro una señal para que los busque, puede ocultar su juguete o incluso esconder a algún miembro de la familia (que se esconda bien para que el perro deba usar su nariz), también puede enseñarle a seguir pequeños rastros de comida o a localizar un objeto que usted ha tocado de entre varios similares (no crea que es tan difícil, cuando usted le lanza un palo en el campo su perro siempre le trae el correcto ¡y en el campo hay muchos otros palos!). Verá como su perro está más calmado en casa, como se vuelve más tranquilo y relajado en el trato con perros o personas y que cosas que antes le ponían muy nervioso y alterado ahora no parecen afectarle en absoluto.

Aunque si empieza a trabajar con su perro es muy probable que se aficione y termine buscando cómo avanzar y entrenar acciones más complejas, el trabajo de olfato fácilmente se convierte en una afición compartida ¡Bienvenido al club! 🙂 🙂

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Artículos para “Pelo, pico, pata”: La educación en los perros jóvenes

Hace unos meses comentaba que “Pelo, pico, pata” me había contratado para escribir una serie de artículos, esto me alegró mucho por varios motivos: el primero era poder colaborar con el director de esta publicación, persona que siempre he considerado de las más interesantes del entorno profesional del perro.

También me gustó que ni siquiera se plantearon que escribiese los artículos gratis, lo que en este mundillo es extraño, pues publicaciones que tienen un claro y lícito ánimo de lucro suelen considerar normal solicitar artículos a especialistas sin pensar siquiera en pagarles, considerando que la promoción que les supondrá aparecer en sus páginas es recompensa más que suficiente. Considero que esta práctica es muy nociva (y un poco surrealista) para todos los profesionales. Para entidades sin ánimo de lucro toda la ayuda que haga falta, pero si quieren generar beneficios comerciales con tu trabajo deben pagarlo.

La tercera razón es que me ofrecieron la posibilidad de que los artículos que escribiese para ellos fueran publicados en este blog dos meses después de salir publicados en la revista, lo que me pareció una buena idea.

A partir de ahora iré publicando estos artículos citando que son los redactados para “Pelo, pico, pata”.

La educación de los perros jóvenes

Los perros también pasan una adolescencia que puede poner a prueba los nervios de sus familias, conociendo cómo actuar será mucho más fácil que superemos esta etapa sin desesperarnos, incluso podemos hacerlo divertido.

La madurez sexual de un perro (que suele darse entre los nueve y los dieciocho meses, según la raza y el individuo concreto) es un momento difícil para él y, en muchas ocasiones, para su familia humana. La efervescencia de las hormonas puede hacer que se desordene la conducta, incluso en perros en los que era impecable, además el perro joven se siente físicamente más seguro de sí mismo, con lo que su vitalidad e impulsividad aumentan, lo que puede causar desajustes en la convivencia familiar y alterar su estado emocional.

El trabajo con un perro joven debe cubrir varias áreas para poder resultar eficaz a largo plazo, no debemos limitarnos a intentar cortar sus conductas, pues son la expresión de una serie de cambios físicos y mentales inevitables que debemos canalizar de manera adecuada. La represión y el castigo como única solución pueden dar resultados a corto plazo, pero a la larga afectarán negativamente al perro y pueden terminar en la aparición de problemas de conducta. No estamos ante un perro desobediente, sino ante un adolescente desorientado, deberíamos ser comprensivos ¡Todos hemos pasado por ello! La prioridad es la educación.

La educación es el proceso de aprendizaje que busca integrar al perro en su grupo social y hacerlo competente en las relaciones que establezca en él. Por ello es muy relevante enseñarle juegos y acciones que realizar de manera coordinada y subordinada con los miembros humanos de su familia: Enseñarle a traer y entregar la pelota o juegos de tirar del juguete hasta que se le indica que lo suelte facilitan que aprenda a formar equipo con nosotros, pero aceptando nuestra dirección al tener que empezar y terminar los juegos cuando indicamos.

Los perros jóvenes suelen ser fácilmente excitables, la gestión de las emociones es una parte fundamental de una educación correcta: tenemos que enseñar a nuestro perro a ser capaz de auto-controlarse, pues si no tendremos que ante cualquier situación que le altere se subirá por las paredes (en algunos casos literalmente). Para ello es ideal entrenar su olfato con ejercicios sencillos y divertidos, escóndele unos trozos de comida por la casa e indícale con un comando que los busque, también puedes hacerlo en el parque o en el campo poniendo varios premios distribuidos por una zona concreta. Cuando inicies el juego verás cómo se entusiasma, pero lo bueno de esto es que para poder olfatear con eficacia y conseguir sus chuches necesita concentrarse y actuar con autocontrol, con lo que en pocas sesiones verás que tu perro ha aprendido a mantener sujeta esa excitación. Es una lección que aprovechará toda su vida. Además habrás incorporado una nueva y divertida actividad a la lista de juegos que puedes hacer con tu perro.

También es un momento en el que el perro desarrolla al máximo sus capacidades de propiocepción (sentido que informa al perro de la posición y estado de su cuerpo) y equilibrio, por eso los adolescentes son tan desgarbados: han crecido, sus cuerpos son casi adultos, pero aún tienen que aprender a conocerlos y controlarlos. Los perros son iguales, basta ver un dogo alemán o un San Bernardo de un año para darnos cuenta de que aún no tienen muy claro qué hacer con todas esas patas. Podemos enseñarles ejercicios simples que aceleren y mejoren este proceso: andar hacia atrás, rodar, tocarse la nariz con la pata (no se crean que exagero) son ejemplos divertidos y eficaces de esto.

Con respecto a la relación con otros perros este es un momento particularmente importante, pues aunque nuestro joven amigo estuviese bien socializado y fuera amigable es posible que en esta etapa se vuelva un poco “gallito”, lo que lleva a mucha gente a dejar de juntar a su perro con otros para evitar conflictos. Esto es peligroso, pues podemos estar aumentando el problema y encontrarnos con un día en el que ya no podemos estar con casi ningún perro. Lo ideal es acudir a grupos o clases de socialización de perros jóvenes, donde a través de la inducción de calma, las sueltas controladas y las correcciones adecuadas a los perros que se ponen brutotes (normalmente “arrestándoles” diez minutos) se consigue mantener la capacidad y buenas maneras sociales del adolescente canino. Estas clases de jóvenes también incluyen sesiones de adiestramiento, con particular énfasis en el comando de acudir a la llamada (porque es frecuente que en esta etapa se vuelvan algo “sordos” cuando se les pide que vengan), y paseos en grupo, que nos ayudarán a que nuestro amigo canino sea obediente con nosotros y sociable con sus congéneres. Esta es una de las mejores inversiones que podemos hacer, además encontraremos gente con problemas e inquietudes similares a las nuestras, lo que nos animará y normalmente terminará con la incorporación de un par de buenos amigos con perro a nuestra agenda ¡Ya tenemos con quienes organizar actividades caninas!

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La importancia de las emociones dentro del grupo social (II): La sincronía

Este segundo artículo es el más corto y sencillo de la serie, así que no creo que haya problema en que no espere las dos semanas preceptivas según mi Webmaster y lo cuelgue ya 😉

La sincronía es la segunda de las capacidades emocionales relevantes en los mamíferos sociales, la sincronía es una capacidad derivada de la empatía y es necesaria esta (la empatía) para que pueda aparecer la sincronía.

La sincronía es la capacidad de los miembros de un grupo social para activar simultáneamente estados emocionales concretos así como las conductas consecuentes a dichos estados emocionales.

Formar grupos sociales tiene una finalidad utilitaria: mejorar la capacidad de conseguir recursos -por ejemplo cazando en grupo- ser más eficaces para defenderse o defender los recursos, como puede suceder en la defensa del territorio ante intrusiones o predadores. Pero para poder llevar esto a cabo, antes que la coordinación compleja que implican estas acciones, es necesario que exista sincronía entre los individuos, por eso los bostezos son contagiosos y ver a alguien bostezar nos induce al sueño: conviene que todo el grupo sincronice sus actividades, entre ellas el descanso, para conseguir un máximo  rendimiento cuando sea necesario. También durante los desplazamientos  los grupos sociales se sincronizan para moverse a la vez, lo que permite que el grupo se mueva de forma homogénea y no que cada individuo adopte una velocidad distinta.

En la doma natural de caballos es habitual evaluar, entrenar y aprovechar esta sincronía (por ejemplo), lo mismo podría hacerse en adiestramiento de perros, hace poco un colega de Cataluña me contaba que conocía a un anciano que adiestraba los perros de sus vecinos para no tirar de la correa: sencillamente se los ataba a la cintura y se dedicaba a cuidar su jardín y su huerto durante horas, tranquilamente. En pocas semanas el perro se sincronizaba con el anciano y dejaba de tirar, sin más. Encontrar técnicas que nos permitan sincronizar al perro con nosotros y no sólo realizar la conducta para conseguir un refuerzo es de gran utillidad para los muchos adiestramientos que demandan una fuerte coordinación en el binomio guía-perro.

Yo tengo la costumbre de dormir la siesta (¡eh, no me deis caña! que me levanto muy temprano) y mis perros están sincronizados, a la hora de la siesta empiezan a mostrar sueño y, si me retraso en ir a dormir, me los encuentro a los tres totalmente traspuestos en la habitación. Y dos son malinois. Esta sincronía facilita la armonía en el grupo social ¡os lo garantizo!

¿En alguna ocasión habéis observado que uno de vuestros perros persigue una liebre y otro, sin ver a la liebre, sale corriendo a cazarla también? Eso es posible gracias a la sincronía: la empatía ha permitido al segundo perro reconocer el estado emocional asociado a la caza en el primero y se ha sincronizado con él, si el primer perro hubiera corrido a exactamente la misma velocidad y realizando el mismo trayecto pero como consecuencia de un susto, el segundo perro hubiera reaccionado de manera muy distinta, pese a ser la conducta muy similar en su forma: el poder reconocer el estado emocional es lo que permite actuar de manera sincronizada. Los comportamientos contagiosos (como la huida de los antílopes) son ejemplos de sincronía, donde el correcto reconocimiento del estado emocional permite la coordinación adecuada para actuar.

Cuando hablamos de comportamientos imitativos de alegría o miedo estamos reconociendo implícitamente la capacidad de reconocer este estado emocional en otro individuo (empatía) y de adoptarlo (sincronía) por parte del animal que imita, de hecho la imitación es un proceso bastante complejo que, cuando se refiere a conductas concretas y no a estados emocionales, constituye el primer paso del aprendizaje cultural (algo probado en póngidos, tilonorrincos, algunos monos y en elefantes).

La sincronía es una capacidad relevante para la eficacia del grupo social, por ello toda falta de sincronía genera malestar en el grupo, lo que explica por qué incluso  perros trabajados en positivo se muestran aburridos frente a las sesiones de entreno: cuando una y otra vez el guía intenta no interactuar con su perro, ser neutro y la única información que recibe el perro es un click, se está potenciando que el perro se sincronice con su apatía e inmovilidad o peor que no se sincronice con su guía, esta manera de entrenar puede convenirnos en ocasiones puntuales, pero sistematizarlo y utilizarlo en todos los entrenos tiende a volver al perro pasivo (como el guía durante el entreno) y poco interactivo (también como el guía). Seguro que preferiría que el adiestramiento fuera algo que su guía hiciese alegre e interactuando, así al valor de los refuerzos le sumamos el valor social de interactuar con la persona a la que quiere ¡A todos nos sabe mejor la comida cuando la disfrutamos en un contexto social!

Ahora ya sabes que cuando tenías veinte años y tu madre te reñía porque no comías con la familia, te levantabas y te acostabas a horas extrañas y en general “parece que esto es una pensión y no tu casa”, lo que sucedía es que notaba tu falta de sincronía con el grupo social y esto le hacía sentir mal. Eso y que –seamos sinceros- con veinte años te pasabas un taco 🙂

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La importancia de las emociones dentro del grupo social (I): La empatía

AVISO A NAVEGANTES: Originalmente este artículo iba a llamarse “Empatía, sincronía, simpatía y entropía”, pero como se me ha ido de madre (again) lo dividiré en cuatro partes, una por cada fenómeno enumerado, así ni mi Webmaster se tira de los pelos (porque tirarme a mí es más bien difícil), ni quienes leáis esto tendréis que sufrir un maratón tipo “¡Veamos la trilogía del Señor de los Anillos, versiones extendidas, seguidas y sin descansar!” (pese a que mi amiga Sonia opine que no hay otra manera correcta de verla ;)). Además, reconozcámoslo: uno no es Tolkien, así que he optado por este formato. A los que sé que esperabais un artículo de entropía os tocará esperar un poco. Aclarado esto vamos al turrón:

Hoy es reconocida la importancia de las emociones en el aprendizaje y la conducta del individuo (perro o persona), sabemos que ayudan a reaccionar con rapidez y eficacia en momentos comprometidos, que facilitan la toma de decisiones correctas y que se sinergizan con los procesos cognitivos.

Pero además de esta utilidad individual las emociones son muy relevantes para la organización y eficacia de los mamíferos sociales como el perro (¡o nosotros!), haciendo posible la coordinación y colaboración del individuo con su grupo. Esto es debido a una capacidad emocional muy relevante y demostrada en los perros: la empatía.

Coloquialmente se habla mucho de la empatía, para explicar su importancia en etología debemos saber cómo se define exactamente para esta ciencia: la empatía es la capacidad de percibir y reconocer los estados emocionales de otros individuos y modificar la propia conducta en consecuencia. Pero hay que tener ojo, la empatía es una capacidad neutra, esto es, no implica, como coloquialmente se supone, que se quiera ayudar al otro: la empatía es lo que usamos cuando tenemos que negociar un aumento y esperamos al día en que percibimos que el jefe “esté de buenas”, evitando aquellos días que su estado emocional es negativo por la mala disposición que tendrá ante nuestra propuesta. O cuando guardábamos las malas notas hasta que nuestros padres estaban contentos con nosotros (a mí eso me podía suponer meses). Incluso es lo que usan los matones en el colegio para elegir a víctimas que se dejarán intimidar. Y desde luego es lo que hemos usado todos para ligar al notar cuándo “le gustabas” a alguien y cuándo eran los momentos adecuados para ir “avanzando”, de hecho en la adolescencia le pedimos, le rogamos, a la empatía que nos ayude a hacer bien cosas que no hemos hecho nunca antes. Por su parte la empatía quiere revisar el convenio.

En los perros no sólo se ha demostrado la empatía hacia otros perros, sino también hacia personas (e incluso hacia otras especies de animales): por eso los perros se activan cuando nos ven contentos y nos rehúyen en momentos de enfado, aunque nunca les hayamos castigado. Cuando Iniesta marcó EL GOL todos mis perros notaron el ambiente festivo y se pusieron a dar saltos e invitarnos a jugar ¡qué mejor momento, viéndonos con un estado emocional tan alegre! Por eso también es importante cuál es nuestro estado emocional al convivir, entrenar y competir. Muchos perros “fallan” en competición porque nuestro estado emocional es extraño y están más pendientes de qué nos pasa y por qué estamos tan alterados que del adiestramiento. Esto no debe extrañarnos, en realidad nos sucede los mismo cuando llegamos a nuestro puesto de trabajo y un compañero tiene un estado emocional extraño: hasta que no sabemos qué le sucede nuestro rendimiento está bajo mínimos, no pudiendo desviar la atención de él (“sabéis si a Paco le pasa algo, es que está rarísimo”).

Por ello debemos incluir en nuestro entrenamiento la evaluación y gestión de nuestras emociones y no sólo las del perro, pues por bueno que sea un adiestramiento, si el perro ha formado equipo con nosotros, no podemos pedirle que desconecte su capacidad de empatizar cuando competimos porque somos incapaces de controlar nuestros nervios. En primer lugar porque es injusto y en segundo porque es imposible.

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Beneficios del estrés (I)

El año pasado el modesto equipo del Alcorcón dio un “baño” futbolístico al Real Madrid, un cuatro a cero que paso a denominarse “el Alcorconazo”. Todos los analistas coincidían en una de las causas principales: el Real Madrid estaba demasiado relajado frente un Alcorcón que se esforzó al máximo. En realidad se estaba recriminando al Real Madrid no haberse estresado lo suficiente por el partido y se felicitaba al Alcorcón porque este sí que lo había hecho.

Casi siempre que hablamos del estrés relacionado con el adiestramiento o, en general, con los perros solemos referirnos a sus consecuencias negativas, pero se obvian los mucho beneficios que se pueden obtener de este mecanismo de adaptación. El estrés se está convirtiendo en uno de esos “demonios” que parece necesario evitar a toda costa y cuyas consecuencias son, por definición, nocivas.

Pero la investigación ha demostrado múltiples beneficios del estrés cuando es correctamente gestionado. De hecho si el estrés no fuera beneficioso nunca se hubiera desarrollado como mecanismo de adaptación, existe porque funciona y ayuda a tener éxito en el afrontamiento y evaluación de situaciones.

Hoy se sabe que el estrés es un componente necesario y conveniente del éxito deportivo, de la creación artística, un potenciador de la diversión, un eliminador de la dependencia de refuerzos externos y un elemento imprescindible del crecimiento personal de cada uno de nosotros.

Debemos tener en cuenta que el estrés es un proceso interno individual cuya causalidad es susceptible de ser modificada, no es algo con una relación causa/efecto inalterable, lo que estresa a algunos perros a otros no les afecta lo más mínimo. Para decirlo de manera fácil: el estrés no es algo que le sucede AL perro sino algo que sucede EN el perro. Se debe entrenar desde esta perspectiva y tomando en cuenta que no debemos asumir como fijos sino como dinámicos aquellos factores que generan estrés, por ello evitar sistemáticamente las situaciones de estrés es una de las peores maneras de afrontarlo que hay, el perro se irá haciendo progresivamente más sensible y activará el estrés ante nuevos estímulos de menor magnitud.

Entonces ¿qué hacemos con el estrés? El trabajo más eficaz y aprovechable, puesto que es un proceso que sucede dentro del perro y que puede ser variado, es enseñar al perro a gestionar su estrés, con ello lograremos que el perro no active una respuesta estresante ante estímulos que no causen una situación de riesgo real, con la consiguiente mejora en fobias y en perros sensibles.

Cuando un perro sabe gestionar el estrés además de evitar sus efectos nocivos podremos empezar a aprovechar sus beneficios.

Los beneficios del estrés bien gestionado para el adiestramiento son:

  • Fuerte implicación y compromiso en el trabajo, con lo que el perro disfruta al máximo de lo que está haciendo.
  • Auto-refuerzo, al activarse el estrés correctamente el perro automáticamente pasa a que el mero hecho de estar trabajando sea un premio, sin necesidad de refuerzos externos.
  • Aumento/potenciación de la diversión, la diversión y el estrés están directamente relacionados. Si nos fijamos la mayoría de las cosas que nos divierten nos generan un estrés positivo (eustrés), esta relación se da también al revés: lo que nos genera estrés positivo nos termina resultando divertido.
  • Inmediatez de respuesta (velocidad), las respuestas que se dan cuando el estrés está activo son mucho más rápidas y asertivas.
  • Entreno de la atención, el estrés ayuda a fijarse en lo importante con lo que se consiguen mejoras automáticas en:
    • Concentración.
    • Capacidad para aislarse de estímulos triviales o irrelevantes para el trabajo.
  • Entreno de la resiliencia o resilencia, la capacidad de resistir situaciones estresantes sin efectos negativos y superarlas positivamente por lo que parece que hay que entrenar con estrés para evitar sus efectos negativos.
  • Sensación del perro de controlar la situación, con lo que los elementos negativos que puedan aparecer se gestionan de forma proactiva y se perciben como superables, aumentando la confianza del perro en sí mismo.

Sin embargo para aprovechar todas estas ventajas debemos cumplir a rajatabla una serie de condiciones que nos evitarán caer en el lado negativo del estrés:

  • Respuesta rápida y clara a la situación estresante, la solución a la situación debe ser inmediata a ella y fácil de alcanzar para el perro, ya sea porque la conozca perfectamente o porque podamos inducirla con facilidad.
  • Corta activación del estrés. Si prolongamos la activación del estrés durante demasiado rato o bien los efectos beneficiosos desaparecerán o bien el perro se hará “adicto” a trabajar bajo estrés y necesitará de este para mantener la calidad de su adiestramiento, lo que sí generará toda la batería de problemas que conocemos.
  • Dar al perro tiempo y actividades posteriores suficientes y adecuadas para recuperarse. El estrés está diseñado para darnos sus beneficios cuando se activa brevemente y de forma ocasional, por lo que debemos dejar al perro normalizarse tras haberlo activado, lo que puede ser facilitado dejándole realizar sus actividades favoritas, como correr por el campo.
  • Buena forma física del perro para que la activación no genere tensión o malestar muscular que impida el disfrute de dicha activación extra. El estrés es físicamente agotador, por lo que si el perro no tiene una buena condición física o se encuentra enfermo no conseguiremos ningún beneficio.
  • No ser activado en cada entrenamiento, sino ocasionalmente. Es habitual que cuando alguien ve por primera vez los importantes beneficios en adiestramiento y en calidad de vida del perro que se consiguen con estrés decida usarlo cada vez que entrena. Si es hábil podrá conseguir un alto rendimiento deportivo a costa de hacer al perro adicto al estrés, pero las mejoras de calidad de vida desaparecerán por completo y el estrés empezará a mostrar su peor cara.
  • Autonomía, si el perro se somete a estrés bajo una disciplina muy férrea que hace que pequeños fallos sean inmediatamente corregidos, el estrés resultará muy nocivo. Para que el perro sienta que tiene control de la situación y aproveche el estrés las respuestas posibles deben verse como un rango y no como algo inalterable y exacto.

Los beneficios del estrés están empezando a popularizarse tanto que ya se han planteado unos interesantes modelos de “simulación de estrés”, sin estrés real, para sacar el máximo partido de este proceso sin riesgo. Había incluido la explicación de estos modelos (y su aplicación en perros) en este artículo, pero mi webmaster me ha dicho que más de dos páginas es fatal de la muerte para el formato blog y llevo tres, así que lo publicaré en un par de semanas como segunda parte.

Prometo que en el siguiente artículo hablaré del trabajo que estamos haciendo en el Zoo, pero le debía este a Eliseo 😉

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¿Fallar o acertar?

Antes que según la escuela de adiestramiento que sigan, que el tipo de estímulos que usen o que la modalidad de adiestramiento que practiquen yo divido a los adiestradores en dos grupos: los que entrenan los perros para no fallar y los que entrenan los perros para acertar.

Desde ya quiero aclarar al lector que soy un firme defensor de trabajar a los perros para realizar la conducta correcta y no para evitar fallos, además como durante años trabajé de la manera contraria tengo la firmeza de los conversos en este tema.

Hay bastantes más adiestradores entrenando para que sus perros no fallen, el error nos parece peligroso y se oyen frases como “no dejes que tenga opción de fallar, así no aprenderá incorrectamente”. Esto además tiene mucho que ver con lo nerviosos que nos pone ver al perro haciendo mal una de las acciones que estamos entrenando.

Evitar que el perro se equivoque es la prioridad para muchos adiestradores. Así pues nuestra energía y atención se ponen en localizar errores y encontrar técnicas que los bloqueen, impidan o corrijan. El acierto termina sucediendo más por las cosas que el perro no hace que por las que intenta de forma activa. Las sesiones están dedicadas a crear “situaciones seguras” de entreno, a cerrar puertas, a limitar opciones…

Pero esta forma de adiestrar conlleva varios problemas:

El primero es que, al cabo de un tiempo entrenando así (y vuelvo a recalcar que no estoy hablando de trabajos únicamente en negativo, muchos adiestradores positivos, cognitivos y de toda índole tienen esta visión), el perro, que no es tonto, se da cuenta y su atención voluntaria se enfoca en localizar lo que no debe hacer, volviéndose más eficaz en dejar de hacer cosas que en hacerlas. Es el esquema general de trabajo que le hemos creado, no nos debería parecer mal.

Emocionalmente es más agotador, recordemos esas películas con un joven y prometedor deportista al que su bienintencionado pero exigente padre/entrenador/agente le recalca cada error que comete hasta que deja de disfrutar de su deporte y decide marcharse con su chica a poner una granja en Idaho, mandando al carajo deporte y exigidor (a pesar de las buenas intenciones y sincero amor de este).

Como nuestros perros es poco probable que puedan marcharse a poner una granja en Idaho en el caso de que estén hartitos de entrenar con nosotros, debemos tener cuidado y asumir como nuestra responsabilidad que el perro no se sature emocionalmente, lo que no debe confundirse con no exigir implicación y esfuerzo al perro. Pero incidir en los errores genera inseguridades y agotamiento emocional en el perro ¿cómo nos sentiríamos nosotros yendo a un trabajo en el que sabemos que nuestro jefe nos va a decir TODOS LOS DÍAS que lo hemos hecho mal o que tengamos mucho ojo de no hacerlo mal? Así no se construye seguridad, implicación ni equipo.

Además aunque inicialmente es más fácil entrenar al perro para no fallar (es más rápido aprender a no hacer que a hacer), al cabo de un tiempo nos daremos cuenta de que existen tantos fallos posibles que toda nuestra vida no será suficiente para entrenarlos todos, sin embargo conducta acertada sólo hay una en cada caso: a la larga es muuucho más cómodo y sencillo para el perro y para el adiestrador centrarse en ella.

En mi opinión es muy importante construir la cabeza del perro para acertar, para ello debemos tolerar fallos inicialmente e informar al perro de ellos sin preocuparnos. El error es parte necesaria de un aprendizaje activo. Nuestra atención debe estar en los aciertos porque así la del perro también lo estará.

Cuando esto sea sólido, cuando el perro trabaje para hacerlo bien y su esquema mental esté construido podremos darle mayor importancia a corregir los fallos que puedan surgir sin que suponga ningún problema.

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Enseñar al perro a alejarse.

Sin duda la conducta más importante para tener un perro con una buena calidad de vida es la llamada.

Que el perro acuda consistentemente y pese a estar distraído o entretenido nos permite soltarle para que juegue con sus amigos o corra y explore en el campo.

En este artículo no hablaré de cómo llegar a una llamada consistente, sino de algunos riesgos que corremos, sobre todo los adiestradores, al entrenar “bien” la llamada y de cómo preparo yo a mis cachorros antes de iniciar la llamada para evitarlos.

Hace muchos años Jaime Parejo y yo teníamos mucho contacto. Jaime es un gran adiestrador y una persona a la que quiero mucho, en ese momento estaba elaborando el libro que le granjearía el reconocimiento mundial: “El método Arcón” y, como es lógico, hablábamos mucho de su trabajo.

Jaime definió como “efecto yo-yo” la tendencia de algunos perros a volver hacia su guía cuando llegaban a una lejanía determinada. Había observado que este problema viene por el exceso de trabajo de la llamada y que es muy nocivo para el perro de rescate porque merma enormemente su autonomía de trabajo.

La verdad es que Jaime tenía razón, una gran parte de los perros de adiestradores no eran capaces de alejarse más allá de un punto de su guía.

Mi interés siempre ha estado más en buscar los por qués generales de la conducta de los perros y cómo aprovecharlas que en el diseño de técnicas concretas, y desde esta óptica analicé el fenómeno.

Me di cuenta de que, hasta ese momento y de forma inconsciente, yo consideraba que este era un efecto beneficioso: es el perro el que se preocupa de estar cerca de su guía. Pero al reflexionar sobre ello cambiaron mi opinión, mi manera de entrenar las llamadas y, en general, mi manera de tener perros. Además de mi cariño Jaime siempre tendrá mi agradecimiento por hacer que me fijara en esto, gracias a él mis perros son más felices.

Los perros que muestran este “efecto yo-yo” no disfrutan tanto de sus exploraciones por el campo, no hacen un ejercicio igual de expansivo y liberador de estrés, no pueden dar total libertad a sus patrones motores innatos. Este es un problema común en los perros de profesionales (y lo era en mis perros), permanecen siempre pendientes de sus guía y necesitan que estos les den indicaciones de qué hacer para poder divertirse, si por casualidad salen persiguiendo un conejo luego vuelven agobiados porque al terminar la persecución se han encontrado lejos del guía y esto les causa malestar. (Otros perros tienen el problema contrario: se lo pasan como grajos en el campo, pero vienen más o menos cuando les apetece, eso lo comentaré en otro momento.)

En razas activas la posibilidad de correr libres y de explorar amplias zonas es determinante para alcanzar una situación de bienestar, ya hemos superado la visión de la salud como ausencia de enfermedad: es más importante alcanzar bienestar, que el perro se desarrolle como perro feliz más que pensar sólo en evitar el estrés o la ansiedad.

Así ahora lo primero que enseño a mis cachorros no es a venir sino a alejarse, a separarse de mí, a disfrutar de sus paseos al máximo. Los cachorros son muy permeables y es una etapa en la que es muy fácil que los adiestradores los hagamos demasiado dependientes pues también a nosotros nos cuesta sacar a los perros sin ponernos a entrenar algo, y luego los perros no se hayan cuando no están haciendo algo con nosotros.

Es bien cierto que mis condiciones de vida me permiten que entrenar al perro a alejarse sea fácil: en primer lugar la puerta trasera de mi casa sale directamente al campo y en segundo lugar mis perros adultos que ya tienen construida esta conducta ayudan a que el cachorro se aleje al acompañarlos en sus exploraciones. En esta etapa nunca hago nada que potencie la dependencia: no me escondo para que se preocupe por dónde estoy, no le felicito cada vez que se me acerca voluntariamente, sólo paseo y le dejo que se dé cuenta de lo divertido e interesante que es todo: olores, sonidos. Que vea lo bien que se siente cuando corre, salta y aprende a usar su cuerpo. Que haga cosas de perro con mis otros perros, que aprenda que, en el campo, los compañeros más divertidos son mis otros perros y no yo.

Casi parece un contra-decálogo de lo que algunos textos aconsejan para enseñar la llamada a un cachorro, y sin embargo estoy particularmente contento de mi trabajo de llamada, de hecho es lo que más gusta e interesa a otros colegas cuando lo ven. Los perros acuden consistentemente, sin esperar más refuerzo que el social y cuando los libero vuelven a correr y explorar sin quedarse atentos a mi por si hay otra llamada, pero cuando les vuelvo a llamar vuelven a acudir de igual manera.

Por supuesto he comentado que mis condiciones son muy facilitadoras, pues puedo entrenar en una zona segura y sé que al llamar a mis otros perros estos acudirán y el cachorro vendrá con ellos.

Como siempre he pensado que si conocemos cómo funciona algo -aunque sea algo negativo en general- le podremos sacar partido en el adiestramiento, aunque evito que mis tengan ese “efecto yo-yo”  permanentemente empleo una técnica que me permite activarlo a voluntad: como no siempre paseo por el campo y a veces es necesario limitar la distancia de los perros por seguridad, he creado un código con mis perros: si deseo limitar su radio lo que hago es llamarlos diez o doce veces seguidas nada más empezar la salida cuando alcanzan la distancia que he decidido, cuando inicio una salida con este trabajo los perros saben que deben mantenerse en este radio y así puedo sacarlos por diferentes lugares con seguridad. Pero nunca hago este trabajo hasta que he completado la llamada sin dependencia.

Si potenciáis que los cachorros se alejen, exploren, tengan conductas expansivas conseguiréis un máximo de disfrute de las salidas: de ellos que pueden ser y actuar como perros con mayúsculas y vuestro al poder verlos en su máxima expresión. Un perro sin autonomía es un perro menos feliz.

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Entrenamiento de expresiones faciales.

Hablando con una compañera adiestradora que tiene una perra ya mayor, me comentaba lo difícil que le resulta encontrar nuevas conductas que enseñarle en las sesiones de moldeado libre, porque entre las muchísimas ya sabía la perra y las que no le podía enseñar por la displasia severa y su avanzada edad, se veía limitada, quitándole además a su perra una fuente de diversión y actividad mental.

Aunque yo prefiero fomentar la actividad mental a través de la resolución de problemas, sí que es una pena que una perra que disfruta de un tipo de trabajo encuentre estas limitaciones para seguir haciendo lo que le gusta.

Muchos le propondréis ser imaginativos, yo hice lo mismo, ¡¡pero todo lo que se me ocurría lo sabía hacer!! No es tan fácil.

Sin embargo hay una forma de trabajar que podía ayudarle, y que, en mi opinión, es lo más difícil para entrenar con clicker y lo que más afina la calidad del adiestrador que usa esta herramienta: el entrenamiento de expresiones faciales.

Si tomamos tres parámetros: Expresión de los ojos, posición de las orejas y posición de los labios (hay quien también mete la posición de la cabeza, pero esto resulta muy simple de entrenar en comparación con las anteriores) y empezamos a plantear combinaciones de estos tres elementos veremos que nos ocupará horas y horas de entreno y que después capturar conductas motoras que activen músculos grandes se ha vuelto mucho más sencillo.

Empieza por algo simple: Que achine los ojos, esto ya es entretenimiento para un rato, la inducción y captura de estas conductas es al moldeado libre lo que la cirugía neurovascular a las operaciones de amígdalas: precisión, delicadeza… El manejo de conductas movidas por músculos muy pequeño es otro deporte, para miniaturistas.

Cuando ya lo tengas fija que suba los labios, esto tampoco será rápido.

Y ahora ve a las orejas, consigue que las pliegue hacia atrás (no vale agobiar).

Bueno, bueno…

Pues ahora combina de forma que el perro haga una, dos o las tres cosas según le indiques.

Bien, estás en el principio. Ahora enseña una segunda acción para cada rasgo de la cara, puedes hacer que baje la mirada o la suba (¡la cabeza no vale!), que ponga los labios cerrados hacia delante (como justo antes de un ¡¡wuff!!) o que los apriete, que ponga las orejas hacia arriba…

Y empieza a combinar entre estos rasgos para tener diferentes expresiones de la cara, con esto tienes para entrenar muchos meses y además tu perro será el que más se divierta, si es un perro mayor, como la de la compañera de la que hablé al principio, no supone ningún problema entrenar estas acciones complejas, pero tranquilas ¿quién dijo que los adiestradores no podíamos jugar a “Mr. Potato”?

Si eres un crack del clicker también tenemos un nivel “no intente esto si no tiene experiencia”: Que un lado de la cara haga una cosa y el otro otra: un ojo entornado otro abierto, una oreja arriba la otra abajo, un labio cerrado el otro subido como si gruñese. Además cuando rueden una película de Batman tu perro tiene contrato asegurado como mejor amigo del supervillano “Dos Caras”.

Cuando todo esto te salga con facilidad llámame para darme envidia, aunque seguro que Pere Saavedra ha colgado quince video con trescientas expresiones diferentes para cuando eso suceda.

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La socialización de las razas sensibles

Siguiendo con problemas comunes a razas de trabajo sensibles (característicamente los border collie, shetland, malinois y pastores australianos) hay un tema que empezó a intrigarme hace ya algunos años, se veían muchos perros de estas características en manos de competidores o profesionales que mostraban miedos e inseguridades que siempre eran achacadas a una mala socialización.

Cuando el propietario afirmaba haber socializado correctamente al perro y este seguía mostrando estos “fantasmas” se atribuía a:

  1. El dueño miente y no lo ha sacado a tantos sitios como dice.
  2. El propietario es un tío bruto y como estos perros son así le ha roto el carácter.
  3. Con estos perros ya se sabe, siempre sale alguno con fantasmas por bien que lo hagas.

Estos tres argumentos son reales y en muchos casos el mal carácter final se debía al menos a uno de ellos.

Pero en un momento determinado, cuando me impliqué más seriamente con los malinois, decidí fijarme más.

Lo cierto es que había mucha gente que hacía lo que entendemos por un trabajo modélico de socialización: desde que el cachorro llegaba a casa con una edad correcta y criado por un criador responsable y amante de la raza se le empezaba a llevar a mil sitios y situaciones nuevas. Se reservaban tardes para ir al aeropuerto, a las fiestas del barrio, al centro comercial…

Todos los días se trabajaba para evitar que nuestro cachorro llegara a ser uno de los ejemplares que se afectaban exageradamente, además en muchos casos estos propietarios preocupados eran profesionales o competidores del adiestramiento, con un nivel de conocimiento, experiencia e implicación superior a la media.

Al hacer un pequeño censo (sin rigor de estudio) entre conocidos encontré un dato preocupante: el porcentaje de perros con miedos era igual entre aquellos cuya socialización era modélica y entre los que estaban a la buena de Dios, criándose en perreras u otros tipos de aislamiento. Recordemos que siempre me estoy refiriendo a individuos de las razas antes citadas.

Esto nos podría llevar a pensar que este problema era totalmente innato y resultaba indiferente lo que hiciésemos durante el tan temido periodo crítico.

Pero había dos datos que nos decían que esto no era así:

  1. El primero, el más general, eran los estudios en un abanico más amplio de razas que mostraban que los individuos aislados tenían más problemas que los que entendemos por bien socializados.
  2. El otro era más especifico, si tomábamos un tercer grupo de individuos de estas razas, los que se habían criado con un nivel intermedio de socialización, encontrábamos que eran estos los que mostraban un número sustancialmente menor de problemas.

Este grupo corresponde a particulares que llevaban el perro a los mismos sitios de paseo una y otra vez y a profesionales menos entusiastas que cuando podían llevaban al perro a algún sitio nuevo, pero sin hacer de ello una obligación diaria. Ellos eran los que tenían más calidad de carácter en sus perros.

Obviamente se deduce que hay un rango óptimo de salidas a sitios nuevos, pero a mi me interesaba saber el por qué más que encontrar dicho rango a través de un análisis estadístico.

Encontré la solución en los estudios sobre estrés, el estrés genera una activación extra del organismo. Aunque se supere y gestione ese estrés correctamente será necesario un tiempo mínimo para que el perro se recupere y no acumule estrés residual, esto sucede también con los procesos de eustrés (estrés positivo, como el que teníamos a los quince antes de una cita).

Al hacer tantas salidas a ambientes nuevos los perros más sensibles se sometían a una activación continua del estrés y cuando llegaba la siguiente salida aún no se habían podido recuperar, hasta llegar al punto donde la acumulación de estrés residual hacía el mismo efecto nocivo que la falta de socialización, y quien piense que no hay que recuperarse del estrés positivo que después de una vacaciones activas y estimulantes no vuelva a decir que necesita un par de días de recuperación antes de volver al trabajo.

Por lo anterior debemos tomar preocupación especial en que el cachorro se recupere y elimine el estrés residual correctamente: jugando con perros o personas conocidas en un ambiente seguro, recordemos que personas y lugares habituales (¡y seguros!) son un inductor de calma en mamíferos sociales. Además en la socialización es más importante la interacción continuada con individuos conocidos (miembros del grupo social) que la introducción en ambientes nuevos, y nosotros trabajamos como si el elemento principal socializador fuera conocer cosas nuevas. Error.

También el tiempo de descanso es importante. Los masajes ayudan si el perro los acepta (en Dinamarca y Noruega empiezan a ser habituales los masajistas de perros a domicilio, y los agilitistas son uno de sus principales clientes).

Con respecto a la frecuencia óptima, aunque los datos que tomamos fueron recogidos de manera guarripey y no deben ser tomados de otra manera, encontramos que dos, máximo tres salidas semanales a lo nuevo son suficientes y que a partir de ahí empieza el riesgo de exceso.

¡Pero de jugar con los amiguetes no hay más límite que el del cansancio! Así que: Más parque y menos fiestas del barrio (aunque no haya churros).

También es muy importante el tiempo y distribución de actividades en esas salidas, pero eso lo voy a desarrollar en otro artículo para no soltar un ladrillako ultramortal.

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Gestión de estados emocionales negativos en perros sensibles

Hace unos días una nueva amiga me consultó por los problemas de su sheltie de siete meses: ante determinadas situaciones mostraba miedo y se bloqueaba. Esto era un problema para su calidad de vida y para su potencial futuro en el Agilty.

Concretamente el coche y el trasportín provocaban babeo, bloqueo emocional e incluso respuestas de huida, cuando vino a casa tardó más de diez minutos en recuperarse y empezar a jugar con mi cachorro.

Últimamente aparecen muchos perros de razas sensibles e inteligentes, particularmente border collie, shetland, pastores australianos y malinois, con problemas de bloqueo o mala gestión de las emociones negativas.

Es normal que razas sensibles y con respuestas nerviosas puedan afectarse puntualmente por algo, si no se les enseña a gestionar correctamente las emociones negativas pueden generar inseguridad, respuestas miedosas e incluso problemas más severos.

Según parece la sheltie tuvo un mal traslado de cachorra cuando fue enviada por mensajería (no suele ser buena idea enviar un cachorro por mensajería, aunque a veces es la única opción). Esto generó una mala asociación emocional tanto con el coche como con el trasportín.

Las emociones se asocian por condicionamiento clásico y son más consistentes que una asociación realizada de forma operante, además es frecuente que aparezcan procesos de autoalimentación del estado emocional: el tener miedo (el conjunto de estado interno, reacción fisiológica y  tendencia a la acción) genera más miedo por sí mismo, sin que haya más estímulos externos. Cuando esto sucede la asociación no puede ser extinguida, además será frecuente que empiece a asociar otras cosas a ese miedo, por ejemplo nuestra sheltie podría llegar en coche a la pista de trabajo y, al bajarse con el miedo provocado por el coche, asociarlo a la pista generando miedo a esta, estas transferencias pueden aumentar de forma indefinida.

Es fundamental para la calidad de vida de un perro estar preparado para gestionar correctamente los estados emocionales negativos o tendremos poca tolerancia y mala gestión del estrés, tendencia a la inconsistencia de las conductas, inseguridad e infelicidad del perro.

En este caso le recomendé lo siguiente:

Juegos de entrar en el trasportín y en el coche: Poniéndole alguna comida apetitosa dentro dejamos que sea la perra quien decide entrar,  progresivamente vamos poniéndole dificultades para acceder tanto al trasportín como al coche (trasportín lateral, puerta entreabierta, puerta pegada a una pared para que necesite mover el trasportín para entrar, periódicos arrugados llenando el trasportín…). Aquí es muy importante hacerlo bien, no deben aparecer comandos de “muy bien”, ni se deben clickar los aciertos. No estamos enseñando una acción por condicionamiento operante, no queremos que los refuerzos y confirmaciones sean externos, lo que estamos haciendo es poner al perro en una situación que percibe como emocionalmente negativa (¡cielos, el trasportín!), al aparecer algo de su interés creamos un pequeño conflicto: quiero la comida, pero me da miedo entrar. Es importante que el perro decida si le compensa afrontar lo negativo o no, si decide hacerlo va a estar aprendiendo algo mucho más importante que hacer positivo el trasportín: aprenderá que aunque tenga una emoción negativa puede trabajar y que con ese afrontamiento voluntario del miedo consigue resultados y llega a un estado emocional positivo. Le estamos enseñando a gestionar correctamente el miedo, no eliminándolo de un punto concreto. El refuerzo debe ser el menor posible y la dificultad cada vez mayor, así sustituimos el refuerzo externo (comida) por el refuerzo interno (solución de problemas). Al final conseguiremos que entrar al trasportín y al coche sea divertido y un fin por sí mismo, con lo que habremos “vuelto la tortilla” de la asociación emocional.

Pero si sólo hacemos esto, aunque mejoremos al perro de su problema concreto, no estamos terminando de prepararlo para gestionar correctamente emociones negativas.

A partir de que superemos este problema seguiremos trabajando: dentro de sus sesiones de adiestramiento normales usaremos ocasionalmente estímulos negativos de baja intensidad (una goma del pelo en una pata, un post-it en una oreja…) para que vea que trabajando accede a un estado emocional positivo aunque aparezcan ligeras incomodidades..

En mi opinión un adiestramiento debe conseguir que el perro pueda acceder a un estado emocional positivo más que evitar a toda costa los estímulos negativos, creo que hay mucha confusión entre estímulo negativo y estado emocional negativo y eso lleva a adiestramientos sobreprotectores  muy nocivos en los cachorros, que deben construir sus herramientas de gestión de las situaciones negativas, debemos saber cómo introducir elementos suavemente negativos para enseñar al perro que se pueden superar, sin esto no le estaremos preparando para tener una calidad de vida óptima.

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Conductas de bienestar o confort

Hoy se sabe que múltiples animales, una vez cubiertas sus necesidades de supervivencia buscan mejorar su bienestar o confort ( Korttland 1940 explicita la búsqueda del confort en animales). El descubrimiento de esta característica nos mostró que la forma de generar conducta -tanto social como individual- y el aprendizaje de los animales que tienen asegurados sus recursos (comida, agua, lugar de descanso…) en cantidad y calidad suficiente y que además viven en condiciones de seguridad continuada es diferente a la de aquellos otros que no tienen estas garantías. Así pues tenemos que la misma especie mostrará diferencias en su etología según se encuentre en un nicho ecológico de lucha por la supervivencia o de búsqueda del bienestar.

Existen una serie de conductas o movimientos que son indicadores de que un perro se encuentra en situación de bienestar (Baerends 1960 acuña la expresión “movimientos de confort”). La aparición de estas conductas de forma frecuente es un indicador de la calidad de vida y de la salud mental y emocional del perro más fiable que la ausencia de señales de apaciguamiento o la búsqueda activa de refuerzos externos. Entre las conductas de confort  o bienestar en el perro están el juego (social o individual), las invitaciones al juego, el “revolcarse” en la hierba, el descansar muy extendidos y patas arriba,  el descansar en lugares abiertos en lugar de preferir rincones o lugares cerrados, solicitar contacto tocando con las patas o la nariz, la actitud “expansiva”, el movimiento con saltos y giros bruscos…. Si estas actitudes son continuadas y habituales tendremos a nuestro perro en la situación óptima: sus objetivos conductuales estarán destinados principalmente a “disfrutar de la vida” y no a luchar por la supervivencia. Obviamente un perro en estado de bienestar podrá disfrutar más del adiestramiento y de la convivencia con nosotros.

Una de las características de los movimientos de confort es que en una gran cantidad de casos no tienen un fin comunicativo, un perro se puede revolcar en la hierba sin que nadie lo esté mirando y desde luego al dormir de una u otra manera no intenta informar a nadie de nada, por supuesto si otro perro o una persona con conocimientos lo ve sabrá que esta contento y relajado respectivamente, pero frente a las conductas de apaciguamiento o agresión que siempre se realizan para transmitir información a otro individuo los movimientos de confort no necesariamente tienen dicho objetivo informativo ¡salvo en aquellos casos en que quiera que compartamos su bienestar invitándonos a jugar!

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