Perros, preposiciones e intervenciones asistidas.

A raíz de mi post sobre la manera tradicionalmente tendenciosa de explicar el antropomorfismo, sin explicar el sesgo opuesto: la objetualización, me ha escrito Nela Larrinaga, de Lagunkan, organización dedicada a las Intervenciones Asistidas… ¿por? ¿con? Perros.

Porque ese era el motivo de su mensaje, me decía que tras leer mi post le parecía que usar con implica un sesgo de objetualización que lo hacía menos adecuado que usar, por, que reconocía mejor la condición de sujeto del perro. Yo pienso lo mismo, así que entre los dos hemos decidido que podía hacer un post explicando mi opinión.

Aunque este no es un problema grave, pues conozco gente que realiza intervenciones con y por perros que mantienen con ellos una relación intersubjetiva impecable y que les tratan como a compañeros de trabajo cuya labor tienen bien definida y acotada.

No es grave, pero tampoco es indiferente, porque las palabras tienen poder. Cuando hablamos de un sujeto como un objeto le estamos robando, precisamente, el derecho a su condición como sujeto. Además cuando nos referimos a alguien como a un algo nuestra manera de pensar sobre él (¿ello?) cambia sutilmente. Y cambia a peor.

En EDUCAN llevamos muchos años usando el por, sin embargo en muchos lugares parece más aceptado el uso de con. Este uso del con se defiende principalmente con los siguientes argumentos:

  1. Deja claro que el perro no es el protagonista de la intervención.
  2. Pasa a un primer plano al terapeuta/especialista humano responsable de la intervención y deja al perro en segundo plano.
  3. Mantiene la visión funcionalista sobre la labor del perro.

Estos tres argumentos son relevantes y deben tomarse en consideración para realizar una Intervención Asistida por Perros de calidad.

El primero impide que el perro tome un papel de “vedette” y, como consecuencia, evita que el mero hecho de contactar perros y personas con algún problema sea tomado como un trabajo técnico de terapia o intervención. Que demasiadas veces hemos visto como la gente llega incluso a poner en peligro a los sujetos de una terapia al ponerlos a interactuar de manera desordenada (aquí sí) con perros.

El segundo incide en que el responsable, director y realizador de la terapia es una persona cualificada y preparada (un psicólogo, un neuropediatra, un fisioterapeuta…) y no el perro. Es necesario que la terapia sea dirigida por quien puede determinar las necesidades individuales de cada sujeto en cada momento, así como de evaluar su respuesta a la intervención. Esto es evidente.

El tercero es importante también, el perro tiene una labor instrumental dentro de la intervención, es un medio para alcanzar un fin. En algunas ocasiones se han realizado intervenciones con perros con carácter inadecuado por motivos peregrinos “a él también le viene bien estar aquí, porque es un poco gruñón y así se acostumbra a la gente”. El perro debe estar seleccionado para que su carácter y comportamiento sean los que les convienen a las personas receptoras de la intervención ¡nunca al contrario!

Pero de estas tres verdades se da un salto inferencial excesivo e incorrecto, pues ninguna de ellas justifica que se le dé tratamiento de objeto y no de sujeto al perro. De hecho no está relacionado en absoluto.

Lo explico.

En primer lugar vayámonos al desarrollo completo de la frase “Intervenciones Asistidas con/por Perro”, pues existe una parte que está omitida y que cuando se hace explícita ayuda mucho a entender cuál es la preposición adecuada para referirse al perro.

En realidad lo que hacemos son:

“Intervenciones Realizadas/Dirigidas por Psicólogos/Neuropediatras/ Fisioterapeutas… y Asistidas por Perros/ Bedeles/Enfermeros/Familiares”.

Vemos que el papel secundario del perro queda claro en su labor de asistente (ayudante) en la intervención, ni la dirige ni la realiza. Es al omitir en la frase quién dirige y realiza la intervención y mencionar solo al asistente cuando puede dar esa impresión, pero en realidad su labor secundaria se deja clara al definir la labor del perro como la de un asistente.

Al omitir la primera parte de la frase somos nosotros los que decidimos darle protagonismo al perro, como elemento diferencial, característico o atractivo de nuestra oferta terapéutica o de intervenciones. El que después nos la queramos coger con papel de fumar y “pecar y ser absueltos a la vez” a través de elegir una preposición es sólo un intento de nadar y guardar la ropa.

Hay que asumir que el protagonismo “mediático”, emocional y publicitario es del perro, nuestro deber, nuestra responsabilidad será que eso no fagocite la  correcta puesta en marcha y desarrollo de la terapia o intervención. El perro es nuestro “pie en la puerta” para que nos contraten, a partir de ahí que tengamos una buena praxis o que nos dediquemos a pasear al perro con las personas que reciben la terapia o intervención y hacernos fotos para molar mil es cosa nuestra, no de Lázaro Carreter.

Con respecto a la labor instrumental del perro debemos decir que no es diferente a la que tendría un asistente humano, como un bedel o un monitor de tiempo libre. En última instancia incluso el psicólogo/neuropediatra/fisioterapeuta… responsable de la intervención, durante el desarrollo de su trabajo, también es un instrumento para la mejora de sus pacientes. Sin embargo eso no justifica nombrar a ninguno de ellos como objetos:

“Intervenciones Dirigidas/Realizadas con Psicólogos/Neuropediatras/Fisioterapeutas… y Asistidas con Perros/Bedeles/Enfermeros/Familiares”.

Por tanto creo que, la redacción más justa con la labor del perro es la que usa la preposición por, sin que eso implique caer en ninguno de los tres errores de valoración que se suelen argumentar para defender el uso del con.

Pero además de perrero soy aficionado a la gramática. Y siempre es bueno saber qué es lo correcto desde el punto de vista gramatical, pues suele ayudar mucho a dirimir problemas de este tipo.

En el nivel gramatical la cuestión está en determinar si perro es un complemento agente, el que realiza la acción de asistir, y debería usarse la preposición por , o es un complemento circunstancial de modo, el que informa sobre las circunstancias en las que transcurre la acción y debería usarse la preposición con.

En la redacción “intervenciones asistidas por perro” el perro es un agente, puesto que es el que realiza la acción del verbo, que es asistir, no intervenir. El perro es el que asiste y consecuentemente debe usarse por.

El uso de con sería correcto en redacciones que ponen la labor de asistencia como complemento circunstancial de modo, como por ejemplo:

“El psicólogo realiza la terapia con la asistencia de un perro.”

“El psicólogo realiza la terapia con la asistencia de un bedel”.

“El psicólogo realiza la terapia con la ayuda de un test.”

Que sería equivalente a:

“Mi amigo está curándose con la ayuda del fisioterapeuta.”

“Mi amigo está curándose con la ayuda de un perro”.

“Mi amigo está curándose con la ayuda de unas pastillas”.

 

Como vemos el uso de la preposición nada que ver con que sea un perro, una persona o un objeto en este nivel gramatical.

Por lo anterior, tanto desde el punto de vista del reconocimiento de la condición del perro como sujeto y no como objeto, como desde el punto de vista de la corrección gramatical, creo que debería usarse “Terapias/Intervenciones Asistidas por Perros”.

Pero sin que la cosa sea tan relevante como para que dejemos de hablarnos los partidarios de una u otra preposición 🙂 . Que hay gente muy maja y con muy buenos trabajos usando ambas nomenclaturas.

Yo estoy POR los perros y CON todos los que hacen intervenciones y terapias de calidad con esta misma visión, para ir HACIA un enfoque más colaborativo 😉

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Algunos problemas que se han instalado en la Terapia Asistida por Perros.

Mi amiga María Daniela Balduzzi, que lidera el Big Team Argentina dedicado a la terapia y las actividades asistidas por perros, me ha animado a escribir este post, sobre lo que ambos creemos que son problemas extendidos en el área de la Terapia Asistida por Perros (TAP).

En nuestras conversaciones privadas ambos coincidimos en que existen prácticas negligentes que se han vuelto tan habituales en la TAP que se llegan a considerar  normales y correctas. María Daniela me animó a escribir este post exponiéndolas, defendiendo la necesidad de que estos problemas se conozcan, pues muchas veces quienes se inician en este área no están sobre aviso y llegan a adoptarlas de buena fe.

La causa primera de muchos de estos problemas son determinados modelos formativos que afectan a la forma de realizar TAP de quienes  aprenden con ellos.

En muchos países, entre ellos España y, según me dice María Daniela, Argentina, se ha generalizado en la formación de los futuros Técnicos de Terapia Asistido por Perros (TTAP) un modelo de trabajo en el que se asocia una discapacidad, patología o problemática con unos objetivos de mejora comunes a dicha discapacidad, patología o problemática (“esto” es lo que se hace con ancianos, “esto” es lo que se hace con menores en situación de exclusión social…)

Este modelo no solo es equivocado, sino que potencia fuertemente la discriminación que implica evaluar y clasificar a quienes reciben la terapia por su discapacidad, patología o problemática y no por sus necesidades y circunstancias individuales y únicas. Etiquetar a las personas de esta manera es un fortísimo generador de discriminación, paternalismo y otras consecuencias igualmente severas para los potenciales beneficiarios de la terapia. Por ello lo consideramos no solo un enfoque equivocado sino peligroso.

Además es un modelo que potencia que los TTAP “suplanten” a los terapeutas especialistas (psicólogos, fisioterapeutas, neuropediatras…) en la dirección de la terapia, causando que muchas de sus acciones supuestamente terapéuticas no lo sean realmente:  en primer lugar no se evalúa objetivamente su eficacia, con lo que no se puede saber si existe mejoría, algunas de estas actuaciones podrían resultar problemáticas, ya sea durante su realización, ya sea al finalizarlas por los problemas emocionales que puedan darse en los sujetos de terapia y que no se han previsto (¿en cuántos casos se implementan las necesarias sesiones de finalización que preparan emocionalmente a los sujetos de terapia para terminar el proceso y dejar de ver a sus amigos caninos?).

Por esto siempre hemos defendido un modelo formativo muy diferente, que se basa en las áreas de mejora potenciales de cada persona, permitiendo individualizar el proceso y dejando el protagonismo técnico, la dirección y la evaluación de la terapia al especialista y no al TTAP. Puedes conocer más sobre nuestro modelo formativo pinchando aquí.

Pero el modelo de trabajo que proponemos choca con varios escollos, más relacionados con las tres Ps: Pereza, Poder y Pasta (en Argentina la tercera sería Plata) del entrenamiento de animales, que con aspectos técnicos.

En primer lugar muchas personas, al formarse y después al trabajar como TTAP, prefieren un modelo tranquilizador que les aporte fórmulas de trabajo generales a las que acogerse. Individualizar el diseño de cada terapia, coordinarse (y subordinarse) con el especialista y evaluar objetivamente los resultados sobre el papel resultan cosas sencillas, pero en la práctica profesional exigen mucho más  trabajo que repetir sesiones tipo por colectivos, trabajar a nuestro aire o apelar al “buenismo” autocomplaciente para validar los resultados únicamente con frases como “su sonrisa es mi evaluación”. Esto tiene que ver con la pereza.

En segundo lugar muchas entidades dedicadas a la TAP están formadas única o principalmente por especialistas caninos, que prefieren mantener un mayor rol directivo en su trabajo, para así funcionar de la manera más autónoma y con el mayor control de la terapia que sea posible. Es normal, pues algunas de estas entidades llegan a ser muy grandes y no les gusta depender de especialistas ajenos, que además pudieran dar una valoración negativa de su trabajo en alguna ocasión. Esto tiene que ver con el poder.

Por último la TAP es un negocio rentable y muchas entidades tienen intereses económicos notables, dependiendo sus beneficios e incluso su supervivencia de mantener un trabajo fácil de realizar y de delegar, a veces tan sencillo que puedan llevarlo a cabo por completo alumnos en formación. Esto tiene que ver con la pasta/plata.

Aunque debe asumirse que la terapia ha ser rentable para resultar una actividad viable, esta rentabilidad no puede basarse en un modelo que dependa (1) de la discriminación de los sujetos de terapia reduciéndolos, igualándolos, a su discapacidad, patología o problemática, (2) de trabajadores de baja cualificación y escasamente remunerados y (3) de la evaluación propia, autocomplaciente y siempre positiva, de los resultados.

Finalmente los actores principales no somos nosotros, ni los perros, sino individuos diferenciados que confían en un protocolo terapéutico y cuya potencial mejora está comprometida. No basta con que la terapia no haga daño, debe exigírsenos a quienes estamos implicados una continua y rigurosa evaluación de que estamos consiguiendo todo lo posible en el tiempo y con los medios de los que disponemos, pues finalmente este tiempo y estos medios están dejando de invertirse de otros modos en la mejora de los sujetos de terapia. No basta con hacer algo, si no hacemos más que otras acciones que requieran medios y tiempo equivalentes estamos “robando” a los sujetos de terapia su mejora potencial. La visión de la TAP como canal de autorrealización del TTAP debe acabarse y debemos verla como la herramienta terapéutica que es, que debe ser. La felicidad y realización de quienes disfrutamos con esto ha de ser una consecuencia del trabajo y no su objetivo.

Aunque, por supuesto, esto es mi opinión y tiendo a ser algo severo en este tema, puesto que creo que se ha generalizado un discurso “buenista” que tapa muchas carencias, actuaciones deficientes y una cierta pereza para analizar en profundidad y con consistencia lo que realmente aporta la TAP a quienes la reciben.

Compromiso y evaluación de resultados objetivos y fiables, diseño del trabajo técnico, personalizado y dirigido por un especialista en el área. Y todo el corazón para llevarlo a cabo, no para sustituir las premisas técnicas.

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El curso EDUCAN de Técnico en Terapia Asistida por Perros (TTAP)

Quienes me conocen son conscientes de que la Terapia Asistida por Perros (en adelante TAP) en nuestro país no sigue una línea que yo comparta, por supuesto respeto todas las propuestas -formativas y operativas- serias de TAP, pero creo que algunos planteamientos son más eficaces y consistentes que otros. Y los que han arraigado en España me parecen menos interesantes que algunas de las alternativas posibles.

Por esto me ha llegado un aluvión de mails consultándome sobre el curso de Técnico en Terapia Asistida por Perros (en adelante TTAP) que EDUCAN ha incluido en su calendario para ser impartido a partir de Enero. Es razonable: si las propuestas actuales no me parecen interesantes es de suponer que la nuestra planteará una alternativa y que no será similar al resto de la oferta formativa sobre esta especialidad, si no fuera así no tendría sentido.

Como la mayoría de la gente que nos está consultando (a EDUCAN o a mí directamente) conoce la empresa y este blog creo que explicar nuestra propuesta aquí nos evitará tener que hacer “corta y pega” en varios mails al día. Menos trabajo y una comunicación más eficaz 🙂

Las opciones más comunes de oferta formativa para TTAP son dos: una ofrece un ciclo de ponentes muy amplio y con conocimientos profundos sobre la TAP en una especialidad concreta (por ejemplo: vamos de EDUCAN a exponer y comentar nuestro proyecto de terapia para enfermos de cáncer y familiares de enfermos), la otra opción se centra en dar formación aplicada básica de psicología, fisioterapia y otras áreas, de manera que el TTAP conozca los diseños de terapias para colectivos concretos, tales como ancianos, menores infractores o diferentes discapacitados psíquicos.

Siempre partiendo del respeto a cualquier profesional que oferte formación o TAP, creo que estos dos modelos tienen limitaciones importantes.

¿Qué es lo que no me convence de estas opciones?

El primero, los ciclos de ponentes especializados, creo que son de mucho interés para quienes ya conocen la operativa de la TAP y llevan tiempo ejerciendo como TTAP, pues les permiten conocer enfoques distintos que amplían su visión profesional, permitiendo que se acerquen a la TAP en otros colectivos que aquellos que normalmente tratan, consiguiéndose que la exposición de los diferentes especialistas les enriquezca con la importación de técnicas o protocolos complementarios a los que ya conocen.

Sin embargo como primer acercamiento formativo no permite aprender protocolos generales, ni el seguimiento de un programa formativo progresivo, pues muchos de los enfoques aportados son muy distintos y apenas está el neófito “digiriendo” uno cuando se le presenta otro diferente, lo que genera confusión, porque la información presentada de este modo necesita de un enfoque crítico para ser analizada (con provecho) del que no está provisto quien inicia su andadura en la TAP. Además, como es lógico, los ponentes no pueden responder preguntas sobre los otros trabajos presentados sin introducir un sesgo favorable o negativo, convirtiéndose este tipo de formación en un ciclo de conferencias con un hilo conductor demasiado débil para que el alumno consiga una formación consistente, por lo que al final tiende a imitar los modelos de terapia cuyos expositores resultasen más brillantes o convincentes.

El otro modelo, el que aporta formación técnica de psicología, fisioterapia y otras disciplinas mayores relacionadas con la TAP para poder tratar a colectivos concretos, no me convence más que el anterior. Es cierto que en este caso se dan conocimientos consistentes sobre diferentes problemas y que la formación, si está bien estructurada, puede ser recibida y procesada por quien no tiene conocimiento previos de TAP, en este aspecto es un modelo más interesante para quien empieza que el anterior, que requiere de experiencia para ser aprovechado.

Pero sin embargo tiene otros problemas, en primer lugar la labor del TTAP no es determinar las necesidades terapéuticas del sujeto de terapia, pues no está suficientemente cualificado: son los psicólogos, fisioterapeutas, neurólogos… quienes conocen en profundidad la problemática de cada sujeto y quienes pueden y deben decidir qué se debe buscar en la TAP. Ningún TTAP puede tener la suficiente formación para suplir a todos estos especialistas, pongamos un ejemplo real: el otro día me llamo la madre de un niño que nació muy prematuramente, lo que causó problemas neurológicos que han afectado a su movilidad, para su recuperación debe producirse mejora neurológica, ese es uno de los objetivos de la terapia, por ello los responsables técnicos de su mejoría son un neuropediatra y una fisioterapeuta ¿Qué curso de TTAP me ha dado instrumentos para diseñar y poner en marcha una terapia para este niño? ¿Realmente alguien cree que es el TTAP el que debe de tomar decisiones de qué debe buscar la terapia en este caso? Son el neuropediatra y la fisioterapeuta los que nos deben decir cuál es el objetivo de la TAP, la labor del TTAP es saber si esos objetivos se pueden conseguir con la TAP y, en caso afirmativo, saber cómo consiguen esos objetivos a través del trabajo con/del perro. Además normalmente realizaremos la terapia para entidades que llevan tiempo de trabajo con los sujetos de terapia, tienen su plan de acción ya estructurado, un conocimiento profundo de los sujetos de terapia y no nos van a dejar “probar” lo que se nos ocurra, al menos no en los sitios serios.

El segundo problema que encuentro en este modelo formativo es que aporta un modelo de terapia para cada colectivo basándose en los problemas más comunes de dicho colectivo, pero en muchos casos se nos pueden demandar mejoras en áreas terapéuticas diferentes a las usuales y el TTAP debe poder adaptarse y no intentar imponer “su” modelo de terapia. Pongamos un ejemplo: nos han enseñado que los ancianos deben hacer ejercicios de mejora de la motricidad y nos llaman de un geriátrico para hacer TAP, pero resulta que este centro tiene varias actividades (paseos por el campo, tai-chi, natación y fisioterapia, por ejemplo) que mantienen perfectamente a los ancianos y resulta que los yayos se mueven mejor que nosotros 😮 ¿qué sentido tiene que intentemos ejercicios de mejora de motricidad? Sin embargo a lo mejor ese geriátrico tiene un particular interés por la mejora cognitiva en los ancianos (algo mucho menos usual), debemos adaptarnos a los objetivos terapéuticos de la entidad, no al revés.

Por ello este segundo modelo es, en mi opinión, útil para introducirse en la TAP y para tener una visión general de los objetivos de trabajo y la manera más común de obtenerlos, pero resulta rígido, complicado y en ocasiones insuficiente para iniciarse en la práctica profesional real.

¿Cuál es, entonces, el modelo que nosotros planteamos como alternativa a estos dos?

Nuestro curso busca dar conocimientos de en qué áreas puede ayudar la TAP (motricidad, integración social, entrenamiento atencional…), qué ejercicios se pueden realizar con los perros para cada una de estas áreas de mejora, cómo entrenarlos, cómo ordenarlos en forma de sesiones y cómo llevarlos a cabo con los sujetos de terapia en los entornos de terapia.

Proponemos que el TTAP ofrezca al psiquiatra, neurólogo, fisioterapeuta… un “menú” de áreas en las que la TAP puede ser útil, pues estos profesionales no tienen por qué saber (y de hecho no suelen saberlo) dónde puede ayudarles la TAP, en base a este “menú” elegirán aquellas áreas que le convenga, a su experto entender, al sujeto concreto de terapia y después, en equipo con el TTAP, escogerán los ejercicios más adecuados de los disponibles y diseñarán, también en equipo con el TTAP, las sesiones de trabajo, que el TTAP podrá llevar a cabo después. Sin que el TTAP en ningún momento “usurpe” las funciones de los especialistas en cada campo, sino que los complementará y trabajará en equipo con ellos. Tampoco ofrece una visión predeterminada de lo que la terapia aportará a cada colectivo, sino que adaptará las áreas de mejora a las necesidades de cada caso concreto.

Sí que mantenemos en nuestro modelo la operativa de juegos de rol (simulaciones de situaciones de terapia) que es común a todas las opciones formativas, si bien, como opción de mejora de la calidad de las sesiones, todas la fichas de sujetos de terapia simulados están sacadas de perfiles reales de sujetos de terapia y han sido elaboradas por profesionales del sector. O sea que no nos “inventamos” nada, con lo que la cercanía a la realidad es la máxima posible.

Espero que este larguísimo 🙁 artículo deje claras las diferencias (y los motivos de estas diferencias) de nuestro curso con respecto a otras opciones, que, reitero, respeto, pero en mi opinión tienen una serie de limitaciones que intentamos superar con nuestra propuesta formativa.

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