El antropomorfismo, ese pretendido mal…

Publicado el 28 de mayo de 2012

Ibo Cata y Ela

Antes de empezar a dar mi opinión sobre este tema tan polémico voy a “arroparme” con unos cuantos argumentos de autoridad:

“El miedo al antropomorfismo y sus peligros ha hecho a los etólogos pasar por alto muchos fenómenos interesantes, resultando obvio que podrían haberse permitido el lujo de caer en una mínima indulgencia disciplinada”.

ROBERT HINDE

“Conseguir unir el entendimiento intuitivo con la recogida sistemática de datos supone tanto el desafío como el placer de estudiar el comportamiento animal. No creo que uno pueda realmente investigar sobre un animal al que no quiere”.

KONRAD LORENZ (Varias de estas y me reconcilio para siempre con él, ya estoy en camino).

“El antropomorfismo es un riesgo que debemos correr porque debemos partir de nuestra propia experiencia para poder formular preguntas sobre los animales”.

CENAMI SPADA

“El antropomorfismo ha demostrado su valor al servicio de una ciencia buena y sólida. El vocabulario tan ampliamente utilizado para describir la conducta animal, con términos como agresión, miedo, dominancia, juego, alarma y lazos de parentesco, se han tomado directamente del lenguaje utilizado para estudiar el comportamiento humano”.

FRANS DE WAAL

Una vez visto que si alguien piensa que estoy loco, al menos reconocerá que es una afección que ha contagiado a alguno de los estudiosos más serios y reconocidos de etología, puedo empezar a exponer mi idea.

En el mundo del perro se arroja la acusación de antropomorfismo como la máxima expresión de ignorancia sentimentaloide, quien cae dicho pecado es el último eslabón de la incompetencia.

Y yo creo que de esta visión pacata, corta de miras y que conlleva en realidad un fondo pseudo-religioso (el hombre no es un animal más, es otra categoría, solo por ignorancia o un sentimentalismo blando y fácil se pueden comparar animales y personas), ha hecho más daño al avance de la etología –que ya lo va superando- y del adiestramiento que casi ninguna otra cosa.

Sabiendo que hay que tener una serie de precauciones tales como recordar que entre hombre y perro se pueden establecer analogías pero no homologías, que estas deben manejarse con una visión heurística y no estricta y que sin un conocimiento previo de la etología estructural del perro (los retroconductistas se lo pueden ahorrar, al cabo Skinner dijo: “ Una paloma, rata, mono ¿cuál es cuál? No tiene ninguna importancia”) no se puede llegar a ningún sitio bueno.

Tomando dichas precauciones el uso del antropomorfismo es óptimo para estudiar cómo son los perros en un nivel más profundo del que actualmente conocemos, es una herramienta de análisis, una ayuda para “ver más allá” y plantear hipótesis a contrastar… una gran herramienta para la ciencia de base y para el desarrollo de tecnología.

Como ejemplo pondré el afecto, ¡cuánto ha costado aceptar que el afecto es un poderoso motor de conducta del perro! Todo porque parecía que DEBÍA ser una cualidad estrictamente humana.

En cuanto hacemos el análisis de la utilidad del afecto (mantener cohesionadas a los grupos de especies sociales) vemos que la practicidad es análoga en personas y perros, puesto que ambas especies tienen necesidades equivalentes en esta área. Por ello lo ilógico, lo irracional, sería pensar que no tienen una estructura equivalente (pero no igual a la nuestra).

Por eso yo os recomiendo: un estudio serio del perro, un buen conocimiento de la etopsicología humana, un criterio riguroso y ¡¡¡mucho antropomorfizar!!!

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