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Toro de la Vega 2016. Contentos pero no satisfechos.

Publicado el 22 de mayo de 2016

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Se acaba de publicar que la punta de lanza –literalmente- de la barbarie contra los animales en nuestro país, el Toro de la Vega, ha sido regulado por este decreto: ahora no se podrá lancear al toro para matarlo públicamente.

Cuando se está claramente posicionado e implicado con la abolición encontrarse una regulación, que no prohíbe, pero limita, siempre pilla un poco con el pie cambiado.

Y cuesta saber si celebrar el avance o denunciar la insuficiencia.

Cuesta poner en orden nuestros sentimientos, porque los grises son un terreno difícil de gestionar y nos quedamos desorientados y suspicaces.

Yo creo, y he tardado varios días en recolocar mi cabeza, que debemos estar contentos por esta regulación, pero no satisfechos con ella.

Debemos estar contentos porque si queremos ser activos en la lucha por el reconocimiento y respeto de los derechos de los animales, si queremos cambiar el mundo y no limitarnos a señalar sus fallos, hemos de saber que con frecuencia nos moveremos con pasos cortos. Las pequeñas victorias son la manera en la que andaremos gran parte de este camino, debemos reconocerlas y disfrutarlas.

Debemos estar contentos porque este, no lo dudéis, es un logro colectivo de todos quienes se han opuesto, de quienes han gritado y llorado, han sufrido y han luchado para acabar con el Toro de la Vega. No hubiera existido esta regulación sin animalistas.

Alegraos, porque sin vosotros nadie habría dicho en un despacho “habrá que hacer algo con esto”. Y es merecido y justo alegrarse cuando se ha conseguido cambiar el mundo un poco a mejor. No se ha hecho justicia, pero ahora hay menos injusticia.

La meta está lejos, pero menos que antes. Si no fuera así no estarían indignados los peores tordesillanos, esos que tienen secuestrada la voz y la imagen de su pueblo. Si no lo vieran como una grieta en los cimientos sobre los que sostienen sus terribles actos no estaría su alcalde intentado recurrir legalmente lo que no puede defenderse moralmente. Y ya les han dicho que se vayan olvidando de esa idea de delinquir a escote, que nada de quedarse en las multas: puede haber cárcel para los lanceros asesinos.

La alegría por las pequeñas victorias puede alimentarnos la ilusión para seguir. Porque la lucha es muy larga y hay que sentir orgullo por cada avance, es un éxito insuficiente pero colectivo, y merece un momento de celebración antes de continuar peleando.

Pero lo que sería un error terrible es que estuviéramos satisfechos. No podemos, no debemos.

No podemos estar satisfechos porque el sufrimiento persiste y se aferra a nuevas formas para no desaparecer, intenta adaptarse para volverse admisible, y no debemos considerar ni por un segundo que este nuevo Toro de la Vega sea aceptable. Solo es menos malo.

No podemos estar satisfechos porque querrán hacer frontera de lo que es camino y no podemos dejar que eso suceda: es solo un paso inicial, es solo uno de muchos. Y no podemos, no debemos, estar satisfechos hasta que demos el último, por mucho que nos alegre saber que se ha dado el primero.

No podemos estar satisfechos porque después de que haya sido el colectivo animalista quien, no lo dudéis, ha logrado forzar a la administración a regular esta barbarie, ahora querrán anotarse el tanto. Y los políticos contarán que fueron ellos quienes nos invitaron a su festín y nos llamarán desagradecidos porque en lugar de inclinarnos con sumisión y agradecimiento ante su generosidad pedimos más. Pero todo es mentira. Entramos a la fuerza, y les arrancamos apenas unas migajas de justicia. Y no podemos pararnos ahí. No vamos a pararnos ahí.

Por tanto alegrémonos, pero sin que se nos mezcle a esa alegría ni un ápice de satisfacción. Porque para el siguiente paso será necesario empujar con más fuerza.

Lo que se ha logrado no es todo, pero tampoco es nada.

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