El adiestramiento como hecho social y las palabras

Publicado el 2 de mayo de 2020

Carlos Alfonso López y Ela

Con Ela, mi tanqueta rosa, según definición de mi amiga (y su figurante) Leticia Lama, durante una sesión de fotos.

En un mañana como esta, cuando el tiempo se vuelve cálido sobre los campos en silencio, en una mañana como esta, creo yo, terminó su viaje Ulises, y solo Argos le reconoció al llegar a su casa, donde dormía Penélope.

En una mañana como esta, Hércules descendió dejando su fuerza a un lado, acarició a Cerbero, se hicieron amigos y abandonaron, juntos, el infierno.

En una mañana como esta Orión pidió como último deseo estar por la eternidad al lado de su perro Sirio, y desde entonces, celestes, se miran en las noches sabiendo que ninguno de ellos conocerá la soledad.

Los poetas y el tiempo tienen perspectiva: las destrezas que los perros aprenden se desdibujan en lo grande, pero su relación con nosotros perdura, dándonos la medida de lo que sucede entre nuestras dos especies.

No es el baile de técnicas y conductas lo que queda, porque no es lo que importa: es lo que sucede en sus intersticios, es lo que sucede cuando ambas partes pueden elegir qué hacer y cómo actuar respecto al otro -cuando podrían hacer otra cosa o ignorarse y eligen, de alguna manera, quererse- lo que define nuestra relación.

He escrito Tu perro piensa y te quiere y Los perros necesitan LIBERTAD desde las ciencias del comportamiento (aunque, por supuesto, dentro de estas ciencias hay diferentes enfoques válidos), usándolas para analizar, conocer e intervenir en el comportamiento de los perros de una manera objetiva, evaluable y reproducible. Lo que constituye la base de una tecnología del comportamiento canino.

Sin embargo, he dejado fuera de estos libros el adiestramiento, entendido de la forma en la que lo he definido en ellos: conductas sociales de coordinación entre algún (o algunos) perro y alguna persona, en las que el perro (o perros) debe recibir y seguir indicaciones de acción concretas de esa persona, que adopta un rol de guía.

No es porque lo que sucede durante el adiestramiento y lo que se produce en él no pueda ser cuidadosa y completamente descrito desde las ciencias del comportamiento, es porque  no me parece el mejor enfoque para hacerlo. Al menos no me parece suficiente.

Porque es cierto, necesario y central que en el adiestramiento se obtenga (¡en el mejor de los casos!) una producción cuantificable en forma de conductas, y, si las topografiamos bien, las ciencias del comportamiento nos aportan todo lo necesario para obtenerlas sin que el perro sea maltratado, o abusado.

Pero creo que la producción de conductas de calidad es condición necesaria para un buen adiestramiento, pero no suficiente. Enfocarse en la producción conductual deja fuera y enmudece, al no reconocerlo con palabras, lo más importante: que el adiestramiento es antes que nada un hecho social, aunque viéndolo de cerca, mientras hablamos de conductas, eso sea algo que solo puede reconocerse mirando entre sus rendijas.

Si dejamos el hecho social fuera del lenguaje con el que analizamos el adiestramiento lo dejaremos igualmente fuera de nuestra forma de entenderlo y acercarnos a él, porque lo que no tiene palabras para ser explicado no tiene fuerza para afirmar su importancia.

Aunque tenemos vivencias: sentimos cosas, hacemos cosas y observamos cosas, estas no nos bastan, se hace necesario convertir las vivencias en palabras no solo para comunicárselas a otros, sino para exponérnoslas, ordenarlas, explorarlas y conocerlas nosotros mismos.

Todos hemos tenido la experiencia de que algunas palabras ajenas -que nos pueden llegar desde la ciencia, la narrativa, la poesía, las canciones o cualquier otro lugar- nos expliquen cosas que sentimos, hacemos o conocemos de una manera mejor, más clara, más ordenada, más profunda o más consciente de lo que lo hacen las nuestras. A veces incluso  dan nombre y describen cosas que sentíamos, no solo sin saber explicarlas, sino sin pensar siquiera que tuvieran nombre o explicación. Las palabras importan mucho. Debemos estar muy atentos a ellas, porque cuando se produce la serendipia de que una explicación verbal nos describe, nos define y/o nos permite comprender algo, adquiere un gran poder sobre nosotros: lo que podemos explicar(nos) mejor es lo que pasamos a ver como el núcleo de algo, lo que inevitablemente centra y monopoliza nuestra atención.

Cómo nos relacionamos y construimos nuestra relación con un perro durante las sesiones de adiestramiento, cómo evoluciona esta a lo largo de los años y qué nos aporta cuando estamos juntos, tanto en una sesión, como fuera por completo del adiestramiento es determinante. Lo que perro y persona sentimos el uno por el otro en el transcurso del adiestramiento no es urgente en ese instante de búsqueda de conductas, pero es lo más importante si ponemos el adiestramiento en función de la convivencia durante toda una vida.

Lo que sucede, pensamos y hacemos durante el adiestramiento nos hace ver y entender al otro y a nosotros mismos respecto al otro de alguna manera concreta. El significado para ambos participantes que adquiere el adiestramiento como parte integral e integrada de/en la amplitud de sus vidas y de su relación es central para perro y persona.

Cualquier enfoque que vea la producción conductual como factor principal o único del adiestramiento sesgará nuestra manera de pensar sobre él, reduciendo su valor como hecho social,  y así se lo trasmitiremos al perro con nuestra forma de trabajar. ¿No has estado en trabajos donde la producción era el único dios y el único lenguaje, así como en otros en los que estar, interactuar y hacer era en sí mismo un fin? ¿No has elegido precisamente el adiestramiento como profesión porque prefieres sin dudarlo los segundos? Entonces ¿por qué elegir una forma de explicarte lo que pasa durante el adiestramiento que prioriza la producción y deja en segundo plano lo que sucede entre los participantes durante su transcurso? Existen ciencias que estudian a los sujetos durante su interacción, durante los procesos de enseñanza y aprendizaje, ciencias que tienen palabras para darle peso y centralidad al hecho social que es el cimiento (y, como todo cimiento, invisible a quien no sabe de su existencia) de todo lo demás.

Mi próximo libro sobre adiestramiento, que aún tardará unos años en salir, usa las ciencias del comportamiento para la  parte -necesaria, ineludible, urgente- de la producción conductual, pero para analizar, mejorar, disfrutar y darle carta de existencia a la relevancia del hecho social que constituye el adiestramiento, importo términos de la didáctica, de la pedagogía, de la etología, de la sociología más actual: de aquello que estudia individuos y su relación. De aquellas ciencias que ponen las conductas en función de los individuos y sus relaciones, y no a los individuos y sus relaciones en función de las conductas. Porque necesitamos esas definiciones, objetivas y comprobables, para explicarnos, replicar, modificar y mejorar lo que sucede dentro del adiestramiento como hecho social.

Para el adiestramiento, donde interactuamos de continuo perros y personas, donde hacemos cosas juntos, donde construimos gran parte de lo que será nuestra relación y nuestra forma de entender las relaciones con la otra especie, se hace necesario complementar la nomenclatura de las ciencias del comportamiento con todo aquello que tiene términos y palabras sólidos para todo lo que sucede en/desde un individuo hacia/con otro en una relación de enseñanza-aprendizaje y/o ejecución conjunta de tareas.  Así podremos comprenderlo, podremos conocer lo que sentimos, dándole concreción y solidez para sujetarlo, trabajar con ello, evaluarlo y llevarlo a su máxima expresión, como podemos hacer con las conductas: porque nuestro léxico conceptual nos lo permite.

Esta mañana, como casi todas desde el inicio del confinamiento, he trabajado con Bicho, nos hemos divertido mucho, le he hecho trampas, ha descubierto algunas, le he colado otras y hemos terminado tumbados y jugando. Y no intuyo o siento qué es lo más importante de lo que ha sucedido entre nosotros, lo sé, y lo sé porque tengo palabras para explicarlo. De eso irá mi próximo libro, porque el adiestramiento es sobre todo y antes que ninguna otra cosa un hecho social, y como tal debe ser abordado y estudiado.

 

Alex Márquez y D´India del Valle Alcalans, durante la presentación de Los perros necesitan LIBERTAD ¿binomio de trabajo? Y mucho más.

Post Scriptum: El inicio de este artículo, sus tres primeros párrafos, es mucho más -o mucho menos, según atendamos a forma o fondo, que es de lo que va esto- pretencioso de lo que parece, porque no es un texto realmente mío, como iba a hablar de la importancia de las palabras, he empezado parafraseando a un gran autor, pero la cita parafraseada está sacada de otro escritor, que la usaba para hablar de la importancia de saber qué significan las palabras con las que nos encontramos. Hago estos “homenajes” privados -citas, parafraseos… – con frecuencia, porque me animan y facilitan escribir (para mí escribir implica navegar lo ya escrito), pero siempre me ilusiono con que alguien los reconozca y me mande un ¡Gotcha! Así que si pillas la cita del principio del texto, la cita en la que se cita dicha cita 😀 , o cualquiera de las muchas referencias de este tipo que hay en mis libros, artículos e incluso manuales (que nadie me haya dicho que  reconoce el “Donde caiga la flecha…” que subtitula nuestro manual de targets es un dolor que me acompaña desde hace años), y me escribes contándomelo me harás muy, muy feliz.

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