Lo que CREO sobre la cría de perros de raza, las adopciones, la castración y otros temas relacionados

Publicado el 18 de mayo de 2020

 

Kata (Zedida de la Serralada) en el sofá después de “terminar” un yogur.

En un espacio online de EDUCAN se ha repetido una discusión que es frecuente encontrar al hablar de perr@s: me refiero a aquella sobre elegir un/a perro@ de raza de un criadero frente a un@ de una protectora. Esta es una discusión que puede ser fértil y que es procedente, porque amar a l@s perr@s es una patria común, pero que contiene muchas sensibilidades, muchas y muy diferentes ideas y formas de entender ese fenómeno desmedidamente maravilloso que es la convivencia entre perr@s y personas.

El problema es que nos han robado esta necesaria discusión sobre los motivos para elegir un/a perr@ de raza  de un criadero o un/a perr@ de una protectora , nos la han impedido, nos la han cambiado por algo sin valor, por algo menor y peor.

Nos la han robado, porque la discusión necesaria y de calidad parte de creer que el/la otr@ tiene tan buena fe, tanto amor por l@s perr@s, como nosotr@s, y ambas partes han enemiguizado al otro. Le han vuelto malo o tonto en su cabeza por su elección.

Nos la han impedido porque si no pensamos que el punto de vista del/la otr@ estará sostenido por un amor y un compromiso con l@s perr@s igual al nuestro no escucharemos lo que dice, no entenderemos por qué lo piensa, solo atacaremos lo que hace.

Nos la han impedido porque nos han puesto en bandos para que peleemos, cuando estamos en el mismo: en el de quienes amamos a l@s perr@s y queremos su felicidad.

Nos la han cambiado por algo sin valor, menor y peor de lo que debería ser, porque esta tesitura de combate nos impide aprender de quien está en el otro lado, nos impide hacer, como decía Séneca, incursiones fértiles en el otro bando, no como espías, sino como explorador@s. Como quienes desean entender por qué otr@s, que aman tanto a l@s perr@s como nosotr@s, piensan lo contrario en temas que consideramos centrales para mejorar su vida y su acceso a la felicidad en un sentido amplio.

Pero también creo que soy en parte culpable de esta situación, pues al saber que este es un tema polémico, y temeroso de que exponer lo que creo me generase antipatías no he hecho público  directamente lo que pienso de estos temas, ni he denunciado antes cómo nos estamos enemiguizando quienes amamos a l@s perr@s, cómo eso nos empobrece y cómo empobrece a l@s perr@s. Lo haré ahora, e intentaré ser claro.

CREO firmemente que:

Creo que el abandono no está relacionado con la cría, sino con lo que se siente hacia los perros. Que las soluciones son educación y sanciones, no eliminar la cría.

Creo que las razas de perros permiten que cada persona, cada familia, encuentre un /a compañer@ canin@ ideal para que se integre, sea feliz y les haga felices según su estilo y condiciones de vida. En consecuencia, creo que las razas de perros minimizan los abandonos.

Creo que la labor de criador@s y protectoras es complementaria, no opuesta: l@s criador@s vacían las perreras desde fuera, minimizando los abandonos, y las protectoras desde dentro, logrando familias para l@s perr@s que están allí. Esta es para mí una idea central, no oponer protectoras a criador@s, sino hacer didáctica sobre cómo se complementa la labor de amb@s actores para reducir abandonos.

Creo que l@s perr@s conviven con nosotr@s como parte de nuestra familia, por eso nos denominamos tutor@s y no propietari@s, por eso hablamos de convivencia y no de propiedad.

Creo, como consecuencia de lo anterior, que la adopción NO tiene que ver con la gratuidad, el origen o edad del/la perr@ que incorporamos a nuestra vida, sino con la vocación de crear un vínculo de parentesco. Adoptar un/a perr@ de raza, como un@ de protectora, implica una serie de gastos que deben cubrirse y asumirlos forma parte del compromiso de adopción.

Creo que la castración altera el carácter del/la perr@ y por ello creo es poco respetuosa con el individuo, creo que si debemos evitar su reproducción con medidas fisiológicas la esterilización (ligadura de trompas, vasectomía) es una alternativa más respetuosa con los derechos de los animales, que tiene la misma función sin modificar la forma de ser del/la perr@.

Pero también creo firmemente que quienes piensan lo contrario lo piensan con el mismo ánimo de cuidar a l@s perr@s que yo, que son compañer@s en la tarea de mejorar la vida de l@s perr@s, de reducir los abandonos y de luchar para reconocer sus derechos.

Y quiero que entiendan que pienso lo anterior desde un amor sincero y reflexivo e informado hacia l@s perr@s, lo que no quiere decir que no pueda estar equivocado, pero sí que está libre de ligereza y malevolencia hacia nadie.

Por eso quiero explicarme con detalle sobre por qué creo lo que acabo de exponer, pero antes debo despejar un par de lugares comunes ponzoñosos que se han instalado entre ambas sensibilidades, imposibilitando que nos veamos como una colectividad, como una comunidad. Lugares comunes que nos han convertido en enemigos sin que lo seamos o, al menos, sin que lo debamos ser. Porque nadie que ame a l@s perr@s y quiera lo mejor para ell@s es mi enemigo, ni debería verlo así ninguna otra persona con esas mismas aspiraciones, por lejanos que estén, que estemos, respecto a cómo operativizarlas.

SOBRE L@S “BUEN@S” CRIADOR@S Y LAS PROTECTORAS “HONESTAS”

Un reflejo defensivo de ambas partes es vincular a la otra con intereses económicos torticeros e ilícitos, argumentando que son estos intereses los que les hacen defender algo que no es bueno para l@s perr@s, así para un@s l@s criador@s aparecen como fabricantes sin escrúpulos de un producto que desean vender a toda costa cuanto puedan fabricar, mientras que para otr@s las protectoras parecen paniaguadas de las subvenciones que rapiñan recursos y atención para medrar y beneficiarse.

Obviamente ambas visiones son mentira, aunque sin duda existirán en los extremos del espectro elementos tan perniciosos y tóxicos, considerarlos como representativos del colectivo es tramposo, falso y enemiguizador en una medida inimaginablemente mezquina.

Tanto se ha convertido esto en un lugar común que ya se habla de “buen@s” criador@s y protectoras “honestas”, para distinguirlos del conjunto, dando por defecto a las palabras criador/a y protectora el valor de sus peores representantes. Me niego a aceptar este uso envenenado y envenenador de los términos. Usaré para hablar criador/a y protectora simplemente, sin adjetivos, pues está implícita la buena práctica en ellos. Reservo los adjetivos para cuando sea necesario descalificar a cualquier miembro de ambos colectivos que actúe miserablemente en cualquier sentido.

SOBRE ANIMALISTAS “IGNORANTES” Y PROFESIONALES QUE NO AMAN A L@S PERR@S

Las descalificaciones generalizadas no solo se han quedado en las actividades que hacen las personas, sino que han llegado tan lejos que se descalifica a las personas, algo que no solo enemiguiza a colectivos, sino que justifica e incluso promueve el ataque personal entre quienes aman a l@s perr@s de manera diferente. Esto el abandono extremo del espíritu humanista y cooperativo que debería imperar, querer atacar al/la otr@, creer que es lícito e incluso conveniente atacar a una persona para atacar a sus ideas. Las ideas pueden y deben ser atacadas, las personas tienen un derecho sacrosanto a ser respetadas por diferentemente que piensen. Cruzar esta línea, dejar el necesario debate de las ideas para dañar a las personas es un terrible peaje que pagamos por la simplificación y la enemiguización, y no es menos terrible para el que ataca, que abandona los mínimos de fraternidad y se suelta un poco de su humanidad, que para el atacado.

Por eso también niego tanto la idea de que los animalistas (condición que me define,) entendido el término como se quiera entender, son ignorantes y eso es lo que motiva lo que piensan y dicen, como la de que profesionales del mundo del perro (cosa que también soy) sean mercenarios que ponen todo en función de obtener algún tipo de beneficio personal: sea este económico, deportivo o de cualquier otra índole. Y desde luego niego radicalmente la oposición entre ambas condiciones.

Una vez expuestas estas premisas me explicaré ahora sobre lo que creo respecto al tema principal de discusión, incidencia y relación entre perr@s de criadero y perr@s de una entidad de protección animal con términos como abandono, adopción y castración. Que constituyen el núcleo de este asunto y de las polémicas a su alrededor.

SOBRE LA RELACIÓN ENTRE LA CRÍA Y EL ABANDONO

Tradicionalmente se ha vinculado la cría con el abandono, pero creo que esta idea es falsa. Creo que la cría no está más relacionada con los abandonos que los nacimientos con los asesinatos: es obvio que para que un/a perr@ sea abandonad@ ha debido nacer, pero esta es la única relación causal entre estos hechos. De hecho, el número de perr@s de raza adquiridos a criadores (de calidad, buen@s… porque eso está implícito) y abandonad@s es muy pequeño.

Quizá estamos confundiendo nacimientos con cría. Porque esa es toda la relación entre cría y abandonos. No se puede cargar la responsabilidad del abandono sobre el hecho de existir. Nadie sería asesinado, si nadie naciera. Esto no quiere decir que no deba regularse la cría, pero desde luego verla como un elemento causal de los abandonos es una reducción al absurdo sobre qué origina el abandono: es atribuir el abandono a que exista el sujeto abandonable, como decir que las causas del robo son que existan personas con bienes codiciables.

Lo que causa la gran mayoría de los abandonos es la manera de las personas de entender la convivencia con l@s perr@s, si los consideran un objeto a poseer, o algún tipo de complemento ornamental en sus vidas, cuando surjan problemas con ellos – algo inevitable, pues los sujetos somos variables y requerimos un tipo de atención social sin el cual aparecen problemas- los abandonarán.

La cría no tiene que ver con los abandonos, los abandonos son consecuencia de la educación, de la forma de ver a un/a perr@ como algo objetual que solo vale en función de lo que nos da a nosotr@s, esta es una forma infantil, mascotista, de acercarse a otra especie, a otr@ sujet@, sin entender sus necesidades, pensando en ell@s únicamente en función de lo que obtendremos (“animal de compañía” es una definición terrible en su fondo) y no de lo que hemos de hacer para cuidarles, garantizando su bienestar. Eso lleva a todos los demás problemas: cría abusiva, adopción irresponsable, falta de compromiso y recursos ante el surgimiento de problemas con el/la perr@ adoptad@, y, en última instancia: abandonos.

Por eso defiendo la figura del tutor@, frente a la del propietari@, creo que quien asume esta condición no abandona ante los problemas, sino que se esfuerza en solucionarlos y en cuidar a su perr@. Creo que la solución a los abandonos está en (1) la educación para que tod@s quienes deseen incorporar un/@ perr@ a sus vidas lo hagan desde este rol de tutor/a y en (2) las sanciones severas a quienes abandonen.

Algunas ideas que relacionan la cría irresponsable con el abandono lo hacen porque el número de perr@s muy jóvenes y cachorr@s que se abandonan es particularmente alto, sin embargo, creo que esta relación no es la causa, sino que lo que sucede es que l@s perr@s cachorr@s y muy jóvenes son aquell@s que más  problemátic@s pueden resultar a quienes los adquieren como un objeto,  maximizando su abandono en estas franjas de edad.

La cría irresponsable debe perseguirse con ferocidad por el terrible maltrato que supone para l@s perr@s implicad@s, no porque sea un factor de abandono. Son acciones que deben ser perseguidas y castigadas por sí mismas, por el mal que existe en ellas, no porque incidan en el abandono.

Creo que es imperativo asumir la cría de perr@s de raza como un segundo frente de acción frente al abandono, como un complemento necesario a la labor de las protectoras.  Lo que falla es que demasiados no lo ven así.

La confrontación con las entidades que ayudan a prevenir y solucionar los problemas de abandono es artificial, porque, en realidad, l@s criador@s son una de ellas. nuestro mejor esfuerzo debe estar en lograr sinergias colectivas y reducir, hasta su desaparición, el abandono de perr@s. Ninguna entidad que defienda a l@s perr@s y su bienestar me tendrá enfrente, siempre estaré de su lado. Y l@s criador@s son una de ellas.

Porque  creo que l@s criador@s, vacían las perreras desde fuera.

Pero también creo firmemente que quienes piensan lo contrario lo piensan con el mismo ánimo de cuidar a l@s perr@s que yo, que son compañer@s en la tarea de mejorar la vida de l@s perr@s, de reducir los abandonos y de luchar para reconocer sus derechos.

SOBRE LA ADOPCIÓN, LA CRÍA DE PERR@S DE RAZA Y VACIAR LAS PERRERAS

El término adopción tiene que ver con el deseo consciente por parte de las personas de crear un vínculo de parentesco con el/la perr@, no con la gratuidad, la raza, la edad, el origen o ningún otro factor secundario: la adopción indica la vocación de parentesco entre la persona que adopta y el/la perr@ que es adoptad@. El intercambio de dinero o su origen no es lo que hace que tener un/a perr@ sea o no una adopción sino la vocación de integrarle como un miembro de la familia.

Si alguien conoce, acepta y asume que su rol será el de tutor/@ al cuidado del/la perr@ no lo esta comprando, sino que lo está adoptando, independientemente de que exista un intercambio económico.

En las adopciones en protectoras existe intercambio de dinero y se considera -con razón- una condición que evalúa un mínimo compromiso del/la adoptante y su cualificación, al entender que tiene que aportar dinero, que es una condición conveniente para sufragar los gastos de cuidado de l@s perr@s antes de encontrar a su familia. De igual manera, la adopción de un/a perr@ de raza implica una serie de gastos, que cubren la inversión de tiempo y conocimiento para su selección y cría. La figura que lo regula es la compraventa, porque, por desgracia y es algo que debe cambiarse, legalmente l@s perr@s son bienes, no por otro motivo. Esto puede ser complementado mediante la adición de cláusulas o de contratos privados de adopción por parte de l@s criador@s, sería muy poderoso promover estos contratos adicionales de adopción entre sus miembros l@s criador@s.

A tod@s nos resulta antipática la figura de la compraventa, y muestra que la legislación va algo por detrás del sentir colectivo respecto a los perros, pero es un hecho cierto que la figura legal de la compraventa es la única que protege tanto a quienes adoptan a un/a perr@ de raza de criador@s desaprensivos, como al/la mism@ perr@. Pues poder demostrar que un /a perr@ concret@ es “propiedad” de alguien dificulta su abandono.

Pero la incorporación de un perro de raza a una familia DEBE SER UNA ADOPCIÓN, y esa es la vocación de quienes amamos a l@s perr@s.

Porque es cierto que los amigos no se compran, pero también que cuidar a la familia cuesta dinero. El primer cuidado que tiene un/a perr@ de raza es muy anterior a su nacimiento, es la selección del/la criador/a para que sea saludable física y emocionalmente. Ese trabajo de cuidado y búsqueda del bienestar del/la perr@ antes incluso de que nazca, es lo que cuesta dinero en esa adopción, pero no deja de ser una adopción si la vocación es esa.

Adoptar, es ir más allá en la relación con el perro, es afirmar que no adquieres un objeto, sino que integras a un/@ perr@ como parte integrante de tu familia: sea de criadero o de protectora, sea de raza o mestiz@, medie o no un contrato de compraventa, sea joven o viej@.

Pero también creo firmemente que quienes piensan lo contrario lo piensan con el mismo ánimo de cuidar a l@s perr@s que yo, que son compañer@s en la tarea de mejorar la vida de l@s perr@s, de reducir los abandonos y de luchar para reconocer sus derechos.

SOBRE LOS PERROS DE RAZA Y LA CRÍA

Es muy generoso, y así debe reconocerse, quien en lugar de adoptar un/a perr@ de raza desde cachorr@, prefiere adoptar al/la perr@ adult@ que esta en una protectora. Es una elección comprometida y solidaria, que prioriza ayudar a quien lo necesita frente a otros aspectos. Es valiente y admirable, y quizá es la más generosa de las formas de incorporar a un perro a nuestra vida, pero no es la única posible.

Creo que la cría cualitativa de perr@s de raza ayuda a vaciar las perreras desde fuera de ellas, reduciendo abandonos, puesto que permiten que cada persona, cada familia, encuentren la raza o razas que mejor pueden integrarse en su forma de vida y de ser: perros sociables o guardianes, activos o tranquilos, grandes o pequeños…

Quizá el lugar común más equivocado y dañino de los que tienen que ver con l@s perr@s de raza es oponerl@s  a l@s perr@s de perrera. La cría de perr@s de raza es la mitad de la solución para vaciar las perreras. Puede resultar chocante oírlo, pero es completamente cierto. Me explico:

Las perreras deben vaciarse desde dos frentes, desde dentro: promoviendo las adopciones de l@s perr@s que están allí, que necesitan y merecen una familia. Pero también desde fuera, reduciendo los abandonos, reduciendo el número de perr@s que puedan llegar a estar en una perrera, esa es la labor de l@s criadores de perr@s de raza. Por su labor educativa, por la previsibilidad del carácter y características físicas, se hace fácil encontrar tu media naranja peluda entre los perr@s de raza, reduciendo los abandonos. De hecho, el número de perr@s de raza que se abandona es pequeño.

Lo urgente es que l@s perr@s que están en perreras encuentren una familia, pero lo urgente no puede hacernos desatender lo importante, y lo importante es que no se abandonen perr@s, y a eso contribuyen l@s perr@s de raza y sus criador@s.

Se ha establecido un falso lugar común que asocia el perro de raza con su aspecto físico, pero, aunque esto es relevante, no es lo más importante de un/a perr@ de raza: lo fundamental es la selección del carácter. Es decir, la apariencia es condición necesaria, pero no suficiente para la raza: porque en l@s perr@s de raza lo más importante es lo que no se ve, su carácter. En l@s perr@s de raza lo valioso está dentro.

Lo que quiero decir es que todo el mundo, antes de incorporar un/a perr@ a sus vidas, tiene más o menos conscientemente una serie de requisitos necesarios o convenientes (activo o tranquilo, sociable o guardián, pequeño o grande…), así como de una serie de características que NO debería tener (que no requiera cuidado del pelo, que no dé problemas con otr@s perr@s…) para que se pueda integrar felizmente en su familia. Y justamente eso es lo que ofrece la variedad de razas: conjuntos de atributos seleccionados para encontrar exactamente el tipo de perr@ que será feliz con nosotr@s y nos hará felices a nosotr@s.

La elección de un/a perr@ de raza es una elección adulta, no una elección caprichosa y mezquina, es la de quienes saben que no tod@s l@s perr@s son iguales, y que para darles la oportunidad de ser felices con ell@s deben centrarse en aquellas razas que más disfrutarán con el tipo de vida que van a ofrecerles.

La cría de perr@s de raza y l@s criador@s reducen activamente los abandonos a través de: educación (del/la criador/a al nuevo tutor), adaptación (del/la perr@ al estilo de vida de su nueva familia) e integración (de l@s tutor@s, que tienen facilidad para encajar la forma de ser y la búsqueda de la felicidad del/la perr@ con la suya). La labor de l@s criador@s es fundamental para mucho más que para reducir abandonos, sirve para garantizar la felicidad de l@s perr@s y sus familias: l@s criador@s educan, adaptan e integran a l@s perr@s de raza y a sus familias. L@s criador@s construyen familias para l@s perr@s que crían.

Pero también creo firmemente que quienes piensan lo contrario lo piensan con el mismo ánimo de cuidar a l@s perr@s que yo, que son compañer@s en la tarea de mejorar la vida de l@s perr@s, de reducir los abandonos y de luchar para reconocer sus derechos.

SOBRE LA CASTRACIÓN

Desde una óptica de respeto a los derechos de los animales, desde una óptica animalista, la castración es conceptualmente problemática, porque cambia para siempre el carácter del individuo al que se le practica, y cabe preguntarse si para que nos resulte más cómodo o fácil vivir con un/a perr@ es lícito cambiar su personalidad para siempre. En este aspecto no está muy lejos de la idea de cortar las cuerdas vocales para evitar que molesten al ladrar, modificar fisiológicamente a un sujeto con derechos, a un individuo que es él mismo e irrepetible, es cuestionable, y si se hace con carácter preventivo, es decir, para evitar que más adelante (nos) dé problemas estas dudas aumentan exponencialmente.

Por supuesto existen beneficios de la castración en relación con la reproducción no deseada, pero estos se obtienen igualmente mediante esterilización, es decir: en lugar de extirpar los órganos reproductivos del perro o perra, lo que alterará su carácter para siempre por los cambios hormonales que provoca, podemos hacer una ligadura de trompas o una vasectomía. Los resultados a nivel de reproducción son los mismos (incluso se ha planteado que la esterilización es más efectiva en poblaciones libres si se  selección la esterilización de los machos reproductivamente más activos), pero el respeto a la personalidad, a la perronalidad, de cada perr@ es máximo. Es cierto que con la castración también se evitan determinados problemas de salud, como piometras o cánceres de mamas o testículos, pero hoy sabemos que la castración correlaciona consistentemente con otros problemas, articulares o de aumento de la incidencia de otros tipos de cánceres, como los osteosarcomas. Por tanto, creo que el respeto al individuo, que es el respeto a su personalidad, inclina la balanza a favor de esterilizar en lugar de castrar.

Pero también creo firmemente que quienes piensan lo contrario lo piensan con el mismo ánimo de cuidar a l@s perr@s que yo, que son compañer@s en la tarea de mejorar la vida de l@s perr@s, de reducir los abandonos y de luchar para reconocer sus derechos.

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Comentarios:


  1. gracias, lo comparto

  2. Nicolás Pérez - mayo 18, 2020

    Esta exposición sobre un debate que como bien dices, enfrenta más a las personas que a las ideas y confronta en vez de aunar a las partes en la búsqueda de una solución al problema del abandono y la tenencia irresponsable de perros, creo que es la más completa, inclusiva y responsable que he escuchado, o leído en este caso. Igualmente creo que la educación es la base fundamental en cualquier aspecto de nuestras vidas y por supuesto en este caso no es menos importante. Hay dos puntos que me gustaría resaltar: uno es la no posesión del perro como un bien material, concepto que necesita arraigarse de forma generalizada entre los “tutores” y la otra es la alternativa de la esterilización frente a la castración, que yo mismo (reconozco mi ignorancia) no había tenido en cuenta y que me parece un avance más hacia la inclusión de los perros como individuos de pleno derecho, manteniendo sus características individuales de origen.
    Gracias por compartir tu visión y conocimientos sobre este tema.
    Un abrazo

  3. Muy interesante, pero por favor no usen / o @ porque dificulta en gran manera la lectura y cuesta más trabajo la comprensión.

  4. Leído tu post coincido pero no con tus opiniones, pero principalmente creo que ha quedado fuera un aspecto ,para mí, determinante.
    Coincido plenamente en algo : “Usaré para hablar criador/a y protectora simplemente, sin adjetivos, pues está implícita la buena práctica en ellos. Reservo los adjetivos para cuando sea necesario descalificar a cualquier miembro de ambos colectivos que actúe miserablemente en cualquier sentido”. Tal cual.
    Luego hay algo en lo que coincido…pero no. Y me explico. Coincido “de base” en la coletilla que has usado en cada apartado de tu post “Pero también creo firmemente que quienes piensan lo contrario lo piensan con el mismo ánimo de cuidar a l@s perr@s que yo, que son compañer@s en la tarea de mejorar la vida de l@s perr@s, de reducir los abandonos y de luchar para reconocer sus derechos” Pero cogiéndolo con pinzas. Y esto viene tras tu aclaración cuando usas esa coletilla por primera vez: “Y quiero que entiendan que pienso lo anterior desde un amor sincero y reflexivo e informado hacia l@s perr@s” Y es en la trampa de usar el “amor” hacia ellos donde está la cosa. Porque hay amores que matan (los cazadores se autoproclaman como los mayores amantes de la naturaleza, o los toreros se rasgan las vestiduras -con lo caro que debe ser un traje de luces- por su amor hacia el toro)
    Es evidente que a los animalistas (sí, yo también me etiqueto como tal) nos mueve un amor (creo que sano), pero también creo que debe ser el respeto y no el amor el motor que mueva nuestras decisiones para con todos los animales (perrunos en el caso que nos lleva)
    En el tema extirpación vs esterilización coincido contigo. Y creo que ahí son determinantes, en el caso de las protectoras, dos cuestiones: la ignorancia y la falta de personal cualificado para determinar caso por caso (como bien dices son individuos e irrepetibles) qué es lo más conveniente.
    Y ahora paso a la polémica.
    No soy partidario de la cría de razas. Creo que entra de lleno en la cosificación del perro, sea cual sea su propósito. Por estética, por capacidades, por carácter…se asemeja a la fabricación y venta de coches “adaptados a tus necesidades”. Defender la pureza de una raza me parece fuera de lugar cuando todas las razas han sido creadas, modificadas al gusto (de manera aberrante a mi parecer cuando lo han sido por cuestiones estéticas). Hacerlo por capacidades, de trabajo o deportivas, creo que es hacer un uso del perro tipo herramienta, bien para nuestro provecho bien para nuestra satisfacción o ego.Y en el tema de carácter me parece que nos acomoda a no tener que trabajar más de la cuenta o nos hace incapaces (o poco capaces) en la aceptación del otro (casi nadie tenemos a los familiares, amigos o pareja PERFECTOS,) Les queremos y les aceptamos en base a ese cariño, aunque tengan esas cosas que nos molestan, incomodan o condicionan de por vida. Pero eso es la convivencia, no?

    • Carlos Alfonso López García - mayo 22, 2020

      Tu argumento en contra de las razas implica cuestiones de fondo extremadamente interesantes, pertinentes y complejas, a cuya respuesta no puedo dedicar tiempo ahora. Intentaré hacerlo tras terminar un curso que inicio en breve, porque creo que es importante analizarlo.
      Pero aquí te dejo apuntadas las líneas que tan complejo hacen opinar sobre esto. Primero tenemos que desnudarlo de coyunturalidad, es decir ir a la base de los conceptos y no a las formas generales en las que los vemos representados en el día a día, pues no tienen porque ser representativas de sus atributos reales.
      La cría de perros, la existencia misma del perro, puesto que los hemos seleccionado para adaptarse a nosotros, es cosificante en el sentido que mencionas: hemos tomado un animal y lo hemos modificado para que viva, sea feliz y se adapte a las personas. En un sentido estricto, tu propuesta implicaría dejar de criar cualquier tipo de perro, darle hogar a los que quedan y dejar que se extingan como especie, pues es la misma especie la que ha sido seleccionada para nuestras necesidades. Esta es una postura lícita, quizá no hubiéramos debido adaptar a una especie a nosotros, quizá debamos, como se suele decir del toro de lidia, dejar que se extinga porque su cría solo tiene sentido en función de su relación con las personas.
      Pero entre estos dos casos hay una acción humana equivalente, pero una diferencia relevante para el animal en los resultados: a uno le hemos seleccionado para sufrir en su relación con nosotros, y al otro para ser feliz. Esto hace que yo considere que debemos seguir criando perros, y perros de raza, que como sabes tan bien como yo, pese a una cierta demagogia en tu exposición, no son “perfectos”, y convivir con ellos, como con cualquier sujeto social implica problemas, concesiones, implicaciones, deberes y vocación de cuidado, no son perfectos sino, como el resto de los sujetos de nuestra vida, concordantes con nosotros. Eso es lo que da la raza, lo otro es una reducción al absurdo de mi argumento triplemente injusta: por no ser cierta, por poner mi propuesta bajo la óptica más mezquina de entre las que puede ser interpretada y porque ¡tú sabes que esos problemas de convivencia no desaparecen en absoluto con las razas, sino que son los razonables entre dos sujetos compatibles!
      El problema del problema es que este es un caso que requiere, en mi opinión, una vía intermedia: comparto la antipatía ante el exceso objetualizador de algunas visiones de la cría, pero creo que debemos seguir criando perros y los mejores perros posibles. Quizá debiéramos movernos en terrenos intermedios, quizá algunas razas de algunas maneras no puedan criarse noblemente y otras sí, quizá tengamos que cambiar cosas. Pero prohibir la cría solo es la solución si nuestro objetivo es acabar con los perros como especie y con su larga historia de convivencia con nosotros. A eso yo me opongo con toda mi alma, creo que es más complejo y menos épico, también menos partidista y menos vendible, ajustar todo lo que hacemos en nuestra relación con los perros que negar los beneficios que, bien entendida, nos aporta la cría de perros de raza para nuestra convivencia actual y futura con una especie a cuyos integrantes podemos hacer felices, y la cría selectiva es la que lo ha hecho posible sin duda. No neguemos el todo, porque alguna parte no funcione o sea nociva. Trabajemos sin grandilocuencia y con entendimiento de la amplia complejidad que tiene el fenómeno de la convivencia entre perros y personas. Los eslóganes convencen, pero no solucionan el día a día.

  5. Quedo a la espera de ese análisis más profundo. Me interesa (creo que a much@s) el tema y me interesa tu aportación al mismo. Es muy probable que me falte información o un análisis más sosegado y menos visceral por mi parte.
    Y digo visceral porque mi postura parte de lo que dices: el perro como tal nace (nació) ya cosificado, y confieso que me duele que el primer lobo se acercase al humano (Padre, perdónalo porque no sabe lo que hace)
    Por último, y a la espera de ese análisis como agua de mayo, lamento (mucho) que puedas haber sentido mi opinión como un discurso mezquino hacia la tuya. Nada más lejos de mi intención aunque no lo haya sabido exponer de otra forma

    • Carlos Alfonso López García - junio 4, 2020

      Mezquino no, me refería a la demagogia que implica el exponer que en los perros de raza se buscan robots perfectos, y no quieren enfrentar problemas de convivencia, mientras que en los mestizos buscamos un compañero equivalente a aquellas personas que amamos y que al elegirlos mostramos una elección más adulta.

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