Adiestramiento en entornos de bienestar (I)

Publicado el 2 de febrero de 2010

En otro artículo hablé de las señales de bienestar o confort que nos sirven como evaluadores para saber que nuestro perro se encuentra en situación de bienestar, hoy voy a referirme a uno de los ejes fundamentales de nuestro nuevo trabajo: la diferente manera que tienen de aprender y generar conducta los perros según se encuentren en situaciones de supervivencia o bienestar.

Este es un tema muy relevante para el diseño de técnicas de adiestramiento y por ello este es sólo un primer artículo de acercamiento, realmente las formas de enseñanza-aprendizaje cambian completamente de un entorno a otro y nos permite sistematizar y reproducir los mecanismos que hacen que un perro disfrute trabajando sin depender del talento especial del perro o del adiestrador.

Lo primero que debo aclarar es que no es mejor o peor para la calidad final del adiestramiento que el perro trabaje en uno u otro entorno, en ambos podemos utilizar estímulos positivos y negativos para el aprendizaje pero la forma de usarlos es muy diferente.

  • Se considera entorno de supervivencia aquel en que el animal no tiene garantizados los recursos (comida, agua…) ni su seguridad
  • El entorno de bienestar es aquel en el que el animal tiene abundancia de recursos y seguridad.

Algunas especies -entre ellas los perros y las personas- cambian su forma de aprender y generar conducta según se encuentren en uno u otro entorno.

Hay que tener claro que en situaciones de bienestar el objetivo del perro es pasarlo bien, mejorar su bienestar, mientras que en las de supervivencia es obtener recursos de supervivencia y seguridad. No se actúa igual. No se aprende igual.

Deberíamos entenderlo, pues viviendo en el primer mundo es muy probable que la mayoría de lectores se encuentren en situación de bienestar. Es fácil que alguno de nosotros se haya pasado días recorriendo tiendas para encontrar un disco especial (¡ese maldito Charlie Patton Yazoo L-1020!), algún libro u otra cosa. También es muy posible que al llegar a casa nos encontrásemos con que no había nada en la nevera y dijéramos “paso de ir a comprar ahora, estoy cansado, ya iré mañana”. Hemos sido capaces de generar una gran cantidad de conducta para conseguir algo que no es una necesidad vital y sin embargo no bajamos a la tienda de al lado para conseguir algo primario para la supervivencia: la comida. Qué raro.

En absoluto, al tener garantizado que no vamos a morirnos de hambre y que en cuanto queramos podremos comer, la comida baja de valor como motivador, sin embargo el auto-refuerzo y calidad de vida extra que supone encontrar ese disco especial sube su valor como motivador. Esta es una de las primeras diferencias de un entorno de supervivencia y uno de bienestar: los estímulos positivos más eficaces son los que potencian el auto-refuerzo, mientras que los estímulos primarios pasan a ser menos eficaces. En un entorno de supervivencia sucede al revés.

Pero también la forma de gestionar los estímulos negativos cambia. En un entorno de supervivencia un estímulo negativo tiene que ser claramente percibido y provocar un estado emocional negativo que advierta de un riesgo posible para que el perro genere conducta. En un entorno de bienestar es mucho más eficaz usar un estímulo negativo de baja intensidad que dificulte el disfrute de una actividad divertida sin eliminar el estado emocional positivo asociado a dicha actividad, el perro generará mucha conducta para eliminar esa interferencia y volver a disfrutar a tope de la situación, por esto son tan eficaces las pequeñas molestias como poner un post-it o una goma del pelo a un perro durante una sesión de moldeado. Además entrena la capacidad del perro de afrontar problemas y gestionar el estrés.

Es importante saber que no podemos variar de uno a otro entorno cuando queramos, debemos elegir para cada trabajo un entorno de bienestar o de supervivencia y entrenar coherentemente a este entorno. Si vamos a usar sólo comida como reforzador es mejor que planteemos un entorno de supervivencia, pues tendrá más valor y el aprendizaje será de más calidad y más consistente. Si tenemos un perro que se lo pasa bien resolviendo problemas y para el que el adiestramiento es un fin en sí mismo mejor es trabajar en un entorno de bienestar.

Share Button

Comentarios:


  1. German-Aisha - febrero 2, 2010

    Hola Carlos

    ¿Como se creamos un entorno de supervivencia?
    Me imagino que tendriamos que jugar con los recursos, limitando las comidas y el agua , haciendole mas consciente de su necesidad de comer y beber y luego resolviendo esa necesidad , de esta forma el perro se identificaria más con nosotros y le hariamos más dependiente, y obviamente aumentaria el valor de la comida como refuerzo como bien apuntas, pero ¿como debemos actuar para que se sienta más o menos seguro e interprete el entorno como supervivencia y no bienestar?
    ¿Podrias poner algunos ejemplos de ambos entornos?
    Y gracias por todos los temas que tocas en tu blog dan mucho que pensar…

    Saludos German

  2. Rafa Ecco Alicante - febrero 5, 2010

    Muy bueno el artículo Carlos…pocas personas son capaces de analizar un hecho con tanta exactitud , sacar partido de ello,y ser capaz de transmitirlo a nivel de enseñanza con tanta claridad.Un saludo.

  3. jonel bascuñan - febrero 6, 2010

    hola, quiero mandarle un saludo muy afectuoso a carlos y agrader por la (caja verde) me ayuda mucho con nuestros problemas.

    jonel Bascuñan Rodriguez
    Brigada Adiestramiento Canino
    Policia de Investigacines de Chile

  4. Hola Jonel, hola Rafa,
    Muchas gracias por leer este blog y por vuestras palabras.
    Germán;
    En realidad el problema que tenemos hoy día es que la gran mayoría de las técnicas de adiestramiento -no sólo de perros sino de casi todos los animales que se trabajan- se basan en la forma de aprender y generar conducta en entornos de supervivencia, lo que les resta eficacia cuando el perro vive y debe trabajar en los de bienestar, como suele suceder con los adiestramientos comerciales.
    Esto es normal porque hasta hace poco no se conocía la diferenciación de modos de aprender y generar conducta en los entornos de bienestar con respecto a los de supervivencia.
    El reto (EMO) es desarrollar técnicas que sean eficaces y promuevan las situaciones de bienestar y estas técnicas tendrán que basarse en la solución de problemas, la estabilidad tímica, en la activación de estados de flujo y otros importantes procesos de generación de auto-refuerzo que hoy día son casi desconocidos en el adiestramiento de animales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *