Dile sí al “no”: La importancia de entrenar la inhibición.

Publicado el 1 de Septiembre de 2012

Hace tiempo que tenía ganas de escribir un artículo sobre uno de los puntos más característicos y polémicos del trabajo cognitivo: la enseñanza y uso del “no” informativo, la indicación que le damos al perro para dejar de hacer alguna conducta. Como ha surgido el tema en nuestro Laboratorio de ideas creo que esta es una buena ocasión para sacarme la espinita.

Desde ya aviso que haré una encendida defensa de las ventajas de enseñar al perro una indicación para dejar de hacer, pero en modo alguno pretendo descalificar a quienes no lo hacen, pues conozco grandes adiestradores con excelentes resultados que ni entrenan ni usan esta indicación, aunque sí que me gustaría convencer a alguno de ellos para incorporarla a su trabajo con los argumentos que expondré 😉

Antes de empezar haré notar que he utilizado la palabra indicación y no señal o comando para hacer referencia al “no”, aunque coloquialmente se puedan utilizar estos términos (yo el primero), para ponerlo negro sobre blanco no me parecen adecuados, el primero es profundamente conductista y el segundo demasiado cognitivo (porque, al menos en adto. C-E, viene de los comandos de programación y no como parecen creer algunos de la jerga paramilitar). Son inadecuados porque dejan fuera el valor emocional y social que tiene per se cualquier indicación del guía para su perro, haciendo únicamente referencia a la asociación de una palabra o gesto con la realización de conductas concretas.

Por el contrario sabemos que las indicaciones sociales varían su valor y significado según la relación afectiva que tengamos con quien nos la da, según el tono emocional que emplee el emisor y según cómo sean las relaciones de coordinación y subordinación entre ambos. Usar términos que son equivalentes al cambio de color de un semáforo (señal) o al lenguaje de programación de un ordenador (comando) es hacer una renuncia expresa a considerar dichos valores sociales y emocionales como una parte de la ecuación, algo incorrecto puesto que son inevitables.

También se suele hablar del “no” informativo como una MAR, una marca de ausencia de refuerzo, esto es equivocado y particularmente incorrecto (es uno de los anacronismos que conservamos de la hoy superada visión/nomenclatura radicalmente conductista del aprendizaje), una incorrección que nos puede llevar a errores en su entrenamiento y/o uso. Una MAR es una señal que informa al perro que no recibirá refuerzo por la conducta que ha realizado, normalmente indicándole también que debe plantearse realizar otra distinta para conseguir ser reforzado. Una MAR es la bocina que suena cuando un concursante falla una pregunta en un concurso o cuando introduzco una moneda en una máquina de vending y se ilumina el cartel de “producto agotado”. No es equivalente al “no” informativo que proponemos en el trabajo C-E por dos motivos, el primero se deduce de lo anterior, al venir de una persona automáticamente el perro valora muchos más aspectos que el meramente informativo, en el ejemplo de la máquina de vending si alguien me indica que no quedan bebidas actuaré de manera muy distinta a la que tendría cuando se enciende el cartel: si me lo dice un desconocido es muy probable que pruebe, porque no tengo confianza en él y quizá se equivoque, si me lo dice mi madre (que es una santa) me lo creeré y no meteré la moneda, pero si me lo dice mi amigo Javier, que es bastante malévolo, probaré seguro, porque me lo puede estar diciendo para fastidiarme y que me quede sin bebida. Pero además de esta diferencia de base existe otra igual de importante.

El segundo motivo está en la respuesta que buscamos con el “no” informativo, si nos fijamos tanto en el ejemplo del concursante como en el de la máquina de bebidas la MAR aparece cuando ya se ha realizado la conducta, lo que hacen las MAR normalmente es impedir que se reitere o reafirme la conducta que ya se ha realizado, no que se corte durante su realización, esto con las MAR sólo se consigue combinando la MAR con la indicación al perro de que realice otra conducta que sí será reforzada. Es un trabajo que puede ser eficaz en un nivel superficial, pero nos impide que el perro obtenga los beneficios profundos de aprender a inhibirse, algo que podía suceder (y sucedía con relativa frecuencia, qué leche) con el primer protocolo de enseñanza del “no” informativo que proponíamos en trabajo C-E, el que aparece en el libro.

Esto pasaba porque ha sido posteriormente a su publicación cuando han empezado a conocerse bien los mecanismos y características de un proceso muy importante: la inhibición.

La inhibición es la capacidad cognitiva que permite interrumpir una acción o proceso mental ya iniciado, aunque en los perros nos limitaremos a hablar de la interrupción de las conductas.

La importancia y los mecanismos de funcionamiento de la inhibición no eran conocidos porque resultaban extremadamente difíciles de observar, no ha sido hasta el uso de la, tres veces sea bendita, neuroimagen que hemos sabido que la inhibición activa zonas y formas de funcionamiento del cerebro muy distintas a las que se utilizan para aprender conducta nueva o realizar conducta conocida (Wildenberg y col. 2006, Aron y col. 2007, Ray y col. 2009). Estos nuevos conocimientos han permitido, entre otras cosas, importantes avances en la comprensión y estudio de la enfermedad de Parkinson en personas (Obeso y col. 2011), al comprobarse que la capacidad de inhibirse se altera fuertemente al sufrir esta afección, lo que está directamente relacionado con la dificultad y lentitud de quienes la sufren para cambiar de tarea o aprender de manera implícita.

La inhibición es necesaria, entre otras cosas, para el autocontrol, la integración social, el desarrollo de la empatía y el establecimiento de lazos afectivos saludables
¡casi nada!

Como todas las capacidades cognitivas, la inhibición requiere entrenamiento para llegar a ser funcional y adaptativa, si entrenamos el “no” diciéndole al perro que no debe perseverar en la conducta que hace sino realizar otra que sí será reforzada o no entrenamos el “no” y nos limitamos a contracondicionar cualquier cosa que no nos interese que haga el perro, pidiendo y reforzando conductas incompatibles, lo que estamos haciendo es seguir entrenando la parte del cerebro que se dedica a hacer, pero sin poner en marcha ni entrenar las partes que deben emplearse para el no hacer. Nuestro trabajo tendrá resultados en la conducta del perro, pero no en el desarrollo saludable de su capacidad de inhibición.

Para aportarle al perro un buen entrenamiento de dicha capacidad de inhibirse debemos reforzarle por dejar de hacer algo, por interrumpirlo a medias. Una de las características que marcan el buen trabajo es que al construirlo el perro no llegue a terminar la conducta que deseamos inhibir, pero sin impedir que aparezca: activaremos la conducta a inhibir y debemos conseguir que la interrumpa una vez iniciada y antes de completarla. Esto era algo muy difícil con el protocolo de entrenamiento antiguo y por eso desarrollamos el actual, en el que el perro desea alcanzar algo apetecible en una situación controlada, le damos la indicación de inhibición y le reforzamos cuando interrumpe la conducta que ya estaba mostrando.

El entrenamiento de la inhibición dirigida, además de ayudar al desarrollo emocional y social saludable del perro, tiene un sentido práctico, pues el tener una manera positiva y clara de indicarle que deje de hacer determinadas conductas durante los paseos u otros momentos que estén fuera de los reducidos límites de una sesión de adiestramiento es una útil herramienta para la convivencia.

Al darle este valor positivo durante su entrenamiento inicial se hará más fácil su correcta trasferencia al ámbito social manteniendo un tono positivo.

Podría parecer que en dicho ámbito social inhibirse porque nos lo indica otro individuo es algo con valor emocional negativo, esto no es así: si un profesor le indica a un alumno durante un examen que su respuesta no es adecuada este le estará agradecido al profesor que le ha evitado un error (salvo que el profesor sea muy, pero que muy cabrón). Cuando la indicación de que nos inhibamos viene de alguien que merece nuestra confianza es considerada una ayuda y refuerza la calidad de la relación social entre los individuos, de hecho la adecuada capacidad de inhibirse es necesaria para el trabajo coordinado y es uno de los cimientos de la capacidad social.

Esto nos podría hacer pensar que nada es mejor para relacionarnos con nuestro perro que ir diciéndole que “no” a todo, obviamente esto no es cierto.

Es frecuente en las comedias estadounidenses la aparición de una pareja mayor en la que ella le dice a él que no haga/coma determinadas cosas, lo que a él le molesta profundamente y le impulsa a llevar a cabo precisamente lo que le acaban de decir que debería inhibir, normalmente con el resultado de que sale perjudicado porque su esposa, aunque fastidiosa, tenía razón.

¿Qué ha pasado en este caso para que el “no” informativo no ayude a mejorar la relación entre la pareja? Aparentemente se dan todas las condiciones necesarias para ello: la relación afectiva es suficiente, inhibirse trae efectos beneficiosos al marido… Lo que suele fallar es la proporción, la inhibición implica parar bruscamente un montón de procesos físicos y mentales que ya están en marcha, lo que supone un importante sobreesfuerzo para el organismo y el sistema cognitivo. Si durante el transcurso de nuestra relación la mayoría de las veces que damos indicaciones al otro, sea un perro o un marido sesentón, son para que deje de hacer en lugar de para que haga, estaremos causando un agotamiento mental y físico profundo que terminará traduciéndose en un estado emocional negativo. Como tantas cosas en la vida, la inhibición dirigida es algo bueno y saludable en la justa medida, mientras que su abuso resulta perjudicial.

Debemos limitar el número de ocasiones en las que pedimos a nuestro perro que se inhiba, siendo la mayoría de las indicaciones que le demos para que aprenda, para que realice conducta conocida o simples intercambios afectivos. Que las veces que le pedimos que se inhiba no superen el diez por ciento de las cosas que le solicitamos o enseñamos es una buena norma.

Por último decir que en lo que sí coincido plenamente con los críticos de la indicación “no” es en la dificultad de mucha gente para usar esta palabra en concreto con un tono adecuado, de ayuda. Parece que al decir “no” mucha gente saca al oficial prusiano que lleva dentro, haciendo que resulte amenazadora, lo que le dará un valor social y emocional negativo. Aunque el perro deje de realizar la conducta no será porque hayamos conseguido una inhibición saludable, sino debido a la aparición de miedo. Ya llevamos varios cursos diciéndole a nuestros alumnos que estamos pensando en cambiar la señal del “no” a “error”, “fallo” u otra que no tenga en quienes la utilizan el efecto de la pócima que inventó el doctor Jekyll. Creo que de este Abril no pasa.

Qué largo me ha salido, de esta me tengo que buscar una webmamaster nueva 🙁

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Comentarios:


  1. Mónica Garay - Septiembre 1, 2012

    Como siempre, muy interesante. Yo siempre he pensado que es bueno dejar claro al perro lo que NO se puede hacer, es sano por muchos motivos que ya mencionas y no me voy a repetir con lo que dicen mis mayores, pero para mí también me parece importante recalcar que el NO informativo es muy útil sobre todo porque si el perro ceja en su empeño con un NO informativo, no hay que entrar en una reprobación social con un MAL autoritario que sí que tiene afección en el perro y puede generar estados emocionales negativos.
    A mí el NO informativo me funciona muy bien cuando lo uso, que es más bien poco, porque mis perretes son buenines, mayores y además están educados en colegio de pago (jajaja). Ya fuera de bromas, muchas gracias por la aclaración y enhorabuena de nuevo por el Laboratorio de Ideas!!

  2. Estefanía Pérez - Septiembre 1, 2012

    Fantástico artículo, como siempre…

  3. Oído cocina. Y totalmente de acuerdo. Inhibición si, sin afectar al perro. Porque el tono de voz, efectivamente, sigue siendo la gran lucha con los dueños del perro. A algunas personas les cuesta un montón ésto. No consigues hacerlas salir de un tono impositivo o monótono, que desmotiva por completo al perro. Me incluyo, no por monótona, sino por excesiva, cuando el amigo Oreíto se va de “tapas” o en busca de sus grandes amigos, “losgatitos”, o cuando te han contado otro caso de perro envenenado… tengo que hacer verdaderos esfuerzos, a veces, para no equivocarme en el fragor de la llamada (desde que le diagnosticaron las alergias y tengo que cocinar para el señorit-to, me pongo pelín más nerviosa cuando desaparece, aunque ya estoy controlando mejor ese nerviosismo, y vuelve más pronto. Los brotes alimenticios están más o menos controlados. Lleva tiempo, pero se consigue). He de decir que, cuando le llamo y no me hace caso es por dos razones concretas: está haciendo o buscando un sitio para hacer sus deberes, o se está zampando algo. Matemático. Desgraciadamente, en la ciudad y parques hay demasiada “oferta de tapeo”. Por lo demás, hemos conseguido una sintonía que me hace disfrutar un montón. Y además, el chico juguetea más, lo cual es un logro.
    Por otro lado, el “no” informativo me funciona estupendamente. Si se me adelanta un poco por la calle, me paro, abro los brazos, le digo nooooooooo, chiquilín, y sin más, el perrín me mira, vuelve y se coloca en posición, esperando a que volvamos a arrancar. Es genial, la gente nos mira y sonríe.
    ¿Nos harás llegar entonces el nuevo protocolo, cuando lo tengáis montado, a través del laboratorio????? Eh? Porfa? Sí? Anda, jo, diquesí?

    Saludos a toooooooooodos

  4. almudena garcia - Septiembre 3, 2012

    Muchas gracias por esta “mini clase” tan importante, tomaremos nota..

  5. Jorge E. Andreu - Septiembre 11, 2012

    Me alegra leer este artículo y no puedo estar más de acuerdo. Además de bien explicado.

    El uso del “no” es algo natural para los humanos y aunque implica negación, prohibición, etc. también le damos usos informativos. Sobre lo controvertido del asunto, creo comprender la idea que defienden algunos profesionales de desterrar o eliminar cualquier tipo de “no” del adiestramiento y educación. Pienso que es debido a la aplicación inadecuada y abuso del “no impositivo” por parte de algunos profesionales y de muchos propietarios, pero no comparto la idea puesto que pienso que es desaprovechar respuestas naturales, fáciles y rápidas de usar por nuestra parte. Una adecuada aplicación del “no informativo” para inhibir una conducta, pienso que no deteriora la relación, incluso la puede afianzar y dar cierto equilibrio.

    Uso el “no informativo” en la educación de mis perros por lo antes comentado. Ni por asomo tengo ni los conocimientos científicos, ni técnicos descritos en este buen artículo, pero aun careciendo de ellos no he podido dejar de sentir durante su lectura cierta familiaridad con el concepto y los resultados, de ahí que me haya atrevido primero a felicitar a Carlos Alfonso por este artículo y segundo a expresar mi humilde opinión.

    Yo digo sí al “no”.

    Muchas gracias y un saludo.

    Jorge E. Andreu

  6. Yolanda Ruiz - Junio 2, 2016

    Me ha encantado. Me parece un término más de comunicación con nuestro perro que efectivamente le puede ayudar, como por ejemplo, si tienes la mala suerte de que pretenda cruzar la carretera, si tiene aprendido el “no” es fácil que interrumpa su camino y se pare, le pides que vaya hacia a ti, y no acaba atropellado. O si se va a comer un trozo de salchicha de la calle, como le pasó a mi perra, la dije “no” y lo dejó caer, acto seguido le di una chuche suculenta y si no pudiera usar el no en algunas contadas ocasiones, no sabría qué hacer. Me inquietaba muchísimo el discurso de que el “no” es siempre inútil, y solo puede tener efectos negativos, ahora ya puedo vivir en paz jaja. Saludos. 

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