Es necesario recordar a Excálibur

Publicado el 10 de octubre de 2014

Excalibur

Lo más doloroso del sacrificio de Excálibur no es la muerte ligera e irreflexiva de un perro anciano, después de obligar a sus propietarios a dejarle solo en su piso durante días.

Lo más doloroso no es saber que con doce años enfrentó sus últimos momentos desorientado y desasistido de sus personas queridas. Y es difícil que esto no lo sea.

Lo más doloroso no es descubrir cómo se cuida a una profesional de la sanidad que, desde la seguridad de los despachos, fue enviada a las trincheras y cayó en ese frente silencioso: como medallas ha obtenido las insinuaciones de negligencia y el sacrificio apresurado de su compañero canino.

Tampoco pensar cómo la muerte de su perro puede afectar a la ilusión, a las ganas de vivir y a las posibilidades de recuperarse de quien está luchando con una terrible enfermedad es lo que más duele.

Ni siquiera es lo más doloroso constatar que, como tantas veces ha sucedido en la historia, los negligentes intentan a posteriori simular firmeza y criterio actuando con atropellada crueldad.

Lo más doloroso sería que no lo recordásemos al votar, que es cuando el recuerdo puede hacer justicia.

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