¿Qué es “adiestramiento en positivo”?

Publicado el 15 de mayo de 2015

Normalmente cuando un post tiene por título una pregunta es porque el autor va a exponer su respuesta a continuación. Este no es el caso, la del título es una pregunta sincera que planteo para que la respondan los lectores que tengan los datos y la gentileza para hacerlo.

Explicaré el motivo de esta consulta.

En varias ocasiones he mencionado que no he encontrado una definición operativa y funcional que pueda aplicarse de manera imparcial para evaluar si una determinada técnica, protocolo o práctica profesional es o no es adiestramiento en positivo.

Esto implicaría que no hay manera de saber objetivamente si alguien lleva a cabo adiestramiento en positivo o no lo hace, por lo que el término no podría usarse para saber qué tipo de prácticas lleva a cabo un entrenador.

En un trabajo de colaboración entre EDUCAN y colegas de EE.UU. ha surgido de manera lateral este tema (estamos trabajando sobre el maltrato, cómo definirlo y evaluarlo de manera objetiva) y les he trasmitido mi impresión. Pero como este proyecto puede tener una gran repercusión, también les he comentado que es muy probable que, aunque yo no las conozca, sí exista/n una o varias definiciones claras sobre qué es adiestramiento en positivo, con normas detalladas para saber qué prácticas de trabajo entran dentro del concepto y cuáles no.

Por eso quería pediros a tod@s los lectores que, si sabéis de alguna definición funcional y operativa que permita evaluar de manera objetiva y no subjetiva qué es adiestramiento en positivo y qué no lo es, me la enviéis como respuesta a este post, para revisarla y comprobar si cumple los parámetros que menciono. Esto es importante porque tengo que determinar si el término adiestramiento en positivo tiene o no cabida en un texto técnico sobre evaluación objetiva del maltrato en el entrenamiento, lo que no depende de simpatías o antipatías, sino de la existencia de que se pueda comprobar objetivamente cuándo un adiestramiento pertenece a la categoría adiestramiento en positivo y cuándo no pertenece.

Como sé que tengo un sesgo negativo hacia las ideas radicalmente conductistas que podría influir en mi evaluación de alguno de los conceptos que me enviéis, he pedido la colaboración de mi amigo Eduardo Polín, entrenador, psicólogo e investigador especializado en Análisis Experimental del Comportamiento, para que revise conmigo tanto vuestras propuestas, como mis respuestas. Así aseguramos que todas las ópticas científicas de entrenamiento están representadas en el proceso y generamos un proceso de revisión más sólido.

En este caso, puesto que os estoy pidiendo ayuda, prometo contestar (aunque no de inmediato) a todas y cada una las propuestas que se envíen con un análisis detallado sobre su validez operativa para el objetivo que buscamos.

La definición que enviéis no tiene que ser vuestra: enlaces a páginas o textos serán bienvenidos también, sí os pongo una única condición, si los textos son en otro idioma diferente al castellano tendréis que enviar una traducción y haremos la revisión sobre dicha traducción, esto es porque no puedo asegurar que sepa captar todos los matices de un texto en otro idioma y el análisis posterior podría no hacerle justicia.

En fin, que os agradeceré enormemente tanto que enviéis definiciones, como que divulguéis este post para que podamos contar con la mayor cantidad posible de compañeros para ver si encontramos una definición técnica que sea válida para adiestramiento en positivo.

Muchísimas gracias 🙂 🙂 🙂

Share Button

Comentarios:


  1. Hola, Carlos,
    Os expongo la definición que en su día me dieron un par de personas que teóricamente se dedicaban al adiestramiento en positivo (y digo teóricamente, pues como parece que no existe una definición clara y operativa, habrá que analizar si lo que me decían era adecuado para tal definición. No lo digo porque dude de su operativa). Además, le añado algún matiz que creo que hacen la definición más operativa, pero sin ánimo de inventar nada (no soy yo quién para inventar la definición del adiestramiento de moda de los últimos años), sino más bien de operativizar dicha definición:
    “El adiestramiento en positivo en perros es el proceso de trabajo que se lleva a cabo para la enseñanza de nuevas conductas o correcciones de indeseadas, SIEMPRE llevado a cabo con refuerzos positivos (que aumentan una conducta con un estímulo apetitivo) o castigos negativos (que reducen una conducta también con un estímulo apetitivo). La clave es utilizar SOLAMENTE estímulos apetitivos, los cuales pueden ser objetuales (p.ej., premios o el juguete favorito) o sociales (p.ej. felicitaciones, caricias o juego conjunto), y NUNCA estímulos aversivos (ni sociales ni de cualquier otro tipo). La operativa del educador ante una conducta indeseada es la ignorancia de dicha conducta.”
    Ya me direis si desde vuestra experiencia y punto de vista definición os parece suficientemente objetiva y operativa o si me estoy dejando matices, situaciones y/o características en el tintero.
    Un saludo,
    Carlos Míllara

    • Carlos Alfonso López García - mayo 19, 2015

      REVISIÓN – Carlos A. López

      Hola tocayo,

      En primer lugar muchas gracias por escribir, la que envías es una definición frecuente, pero que no es válida por varios errores conceptuales. Además excluye a gran parte de las intervenciones sobre el comportamiento de mayor relevancia.

      Me explico, en primer lugar hay algún problema con el uso de los términos.

      Dices: “… proceso de trabajo que se lleva a cabo para la enseñanza de nuevas conductas o correcciones de indeseadas, SIEMPRE llevado a cabo con refuerzos positivos (que aumentan una conducta con un estímulo apetitivo)”

      Se alude a la teoría del aprendizaje conductista, en la que positivo se refiere a un estímulo que aparece en el ambiente y negativo a algo que se retira del ambiente. Apetitivo es un término que no sé si le terminará de gustar a Eduardo pero que en conductismo se refiere a aquellos estímulos incondicionados que elicitan una RI de tipo apetitivo, como la comida o el agua. Sin embargo, no todos los reforzadores consisten en un EI.

      Y aquí esta el primer salto intuitivo falaz y equivocado: parece considerarse que son términos equivalentes reforzamiento positivo (proceso), reforzador positivo (estímulo), apetitivo y “bueno para el perro”. Estos términos no son iguales y no son intercambiables.

      Parece creerse que lo que el perro desea conseguir siempre será algo bueno para él. Todos pensamos en un trocito de salchicha al pensar en refuerzo positivo.

      Pero en realidad esto no es así, supongo que todos quienes están en el mundo del perro desde hace algún tiempo han oído el siguiente ejemplo: un propietario tiene un perro con ansiedad por separación, dice al profesional que ha esperado a escucharle rascar en la puerta y ha entrado a regañarle, pero no ha funcionado. El profesional le responde que ha hecho mal, porque eso refuerza al perro en su conducta ansiosa. El perro ha conseguido un refuerzo positivo: la bronca de su dueño, que potenciaría la conducta ansiosa.

      Un refuerzo positivo no tiene porqué ser algo saludable -“bueno”- para el perro, otro ejemplo claro es la bien conocida tendencia de los perros a acercarse y potenciar el contacto con las personas queridas si le dan un cachete. En este caso el cachete sería un refuerzo positivo respecto a la conducta de acercarse, no creo que nadie proponga este tipo de acción dentro del adiestramiento en positivo, pero con la definición que envías sí que estaría incluido dentro del adiestramiento en positivo.

      Después añades:

      “La clave es utilizar SOLAMENTE estímulos apetitivos, los cuales pueden ser objetuales (p.ej., premios o el juguete favorito) o sociales (p.ej. felicitaciones, caricias o juego conjunto), y NUNCA estímulos aversivos (ni sociales ni de cualquier otro tipo.”

      Siguiendo esta premisa no podría realizarse ningún trabajo para solucionar los problemas de miedo o agresión, puesto que lo que provoca las conductas de miedo o agresión son aversivos para el perro. Al preparar una situación en la que, por ejemplo, colocamos personas o perros para tratar perros con miedo o agresión hacia las personas o perros estamos trabajando con aversivos. Como sucede en el trabajo de BAT, el de CAT, el protocolo C-E de gestión emocional, en las desensibilizaciones…

      Por tanto aceptando esta definición no se podrían tratar este tipo de problemas a través de adiestramiento en positivo y ninguna de estas prácticas sería “adiestramiento en positivo”.

      Además cuando lo usamos como “vara de medir” diferentes trabajos, recordando que lo importante en una definición de este tipo es que nos sirva para analizar si algo es o no es adiestramiento en positivo, nos encontramos que el trabajo de paseo tranquilo de Turid Rugaas no cumpliría las premisas, pues la correa que fijada al arnés impide al perro avanzar cuando nota tensión es un aversivo (algo que el perro no quiere que aparezca siguiendo los términos conductistas que son los que usa de referencia la definición). Resultaría sorprendente una definición de “adiestramiento en positivo” que dejase fuera a una de las referencias mundiales del adiestramiento en positivo.
      Podrían hacerse más objeciones menores a esta definición para confirmar que no es una definición válida, pero sólo hare otra más por su calado.

      Terminas con:

      “La operativa del educador ante una conducta indeseada es la ignorancia de dicha conducta.”


      Esto es eficaz en algunos casos para las conductas aprendidas a través de condicionamiento operante (contingencias de tres términos Antecedente-Conducta-Consecuencia), concretamente en todos aquellos en los que la consecuencia que el perro desea/espera obtener es la atención del educador o persona querida. Pero si la consecuencia es otra esta operativa no tiene eficacia.

      Tampoco la tiene para muchas conductas aprendidas a través de condicionamiento respondiente, pues aquí se darían contingencias de dos términos y la conducta no dependería de sus consecuencias de la misma manera, con lo que ignorar al perro no sería funcional. Por ello, de nuevo, esta definición deja fuera muchísimas situaciones en las que se desea eliminar una conducta indeseada: todas aquellas aprendidas de manera operante cuyo refuerzo no es la atención social y todas aquellas fijadas mediante condicionamiento respondiente.

      Y eso manteniendo como elemento de análisis del concepto la teoría del aprendizaje conductista, por ser en la que parece apoyarse la definición que envías. Si metiéramos parámetros cognitivos la cosa sería más compleja, pero puesto que sin necesidad de hacerlo es fácil ver que no es una definición operativa no merece la pena ampliar esta respuesta.

      REVISIÓN – Eduardo Polín.

      La definición proporcionada presenta algunos matices que, a mi modo de ver, deberían ser más explícitos para poder operativizarse adecuadamente.

      En primer lugar, se debe indicar si el término “refuerzo” en este caso se refiere al reforzamiento (procedimiento de Condicionamiento Operante) o al reforzador (estímulo o conjunto de estímulos que participan en el procedimiento):

      – En caso de que se refiera al primero (reforzamiento), entonces se debería indicar qué criterio se utiliza para considerar “apetitivos” a los estímulos involucrados, puesto que dependiendo de dicho criterio, podría haber estímulos que se queden fuera o no. A grandes rasgos, el término apetitivo resulta funcional, pero también puede ser engañoso. Que un estímulo, a priori, resulte “agradable” para un perro, no convierte necesariamente en “saludable” a la conducta a la cual pueda estar reforzando. Además. también puede haber estímulos que no son estrictamente apetitivos pero que sean susceptibles de convertirse en reforzadores positivos en función de la situación y/o de la historia de aprendizaje previa.

      – En caso de que se refiera al segundo (reforzador), entonces no hace falta mencionar al castigo negativo, puesto que los reforzadores positivos sólo son considerados tales en los procedimientos de reforzamiento positivo y castigo negativo. Además, en caso de sólo poder utilizarse reforzadores positivos, quedarían fuera algunas intervenciones frecuentemente utilizadas, sobre todo para el tratamiento de miedo y/o agresión (como por ejemplo BAT), basadas fundamentalmente en el reforzamiento negativo. Nótese además que, si bien es cierto que estas intervenciones no emplean reforzadores positivos, las consecuencias de la conducta sí podrían ser consideradas como de tipo apetitivo en función del criterio que se adopte para ello (comentado en el punto anterior). De ahí la necesidad de operativizar adecuadamente estos términos.

      En segundo lugar, la definición entra en un conflicto conceptual en cuanto a la manera de proceder para la “reducción de conductas indeseadas”. Primero se indica que el procedimiento de elección sería el castigo negativo, pero después se explicita que la manera de actuar sería ignorando la conducta.

      – Ignorar una respuesta operante puede implicar que su frecuencia de aparición disminuya (o no) por varios motivos, pero sólo uno de ellos encajaría en la definición de castigo negativo: Que haya una contingencia negativa entre la emisión de la respuesta y las consecuencias, es decir, que cuando se realiza la respuesta, se retire la atención (y para ello, es necesario que la atención estuviera presente antes de la respuesta). Aquí hay que tener cuidado porque el procedimiento de extinción (operante) también puede implicar ignorar al perro, pero en este caso la relación de contingencia entre la conducta y las consecuencias sería inexistente (la extinción implica una relación de contingencia = 0). Como puede verse, este punto debería estar mejor operativizado para utilizarse como un criterio potencial.

      En tercer lugar, no se hace referencia directa a las respuestas de tipo reflejo que se adquieran o se puedan modificar a través de Condicionamiento Clásico. Sin embargo, es muy común el empleo de técnicas que implican, por ejemplo, un “contra-condicionamiento”.

      – Este fenómeno, por definición, requiere la aparición en algún momento tanto de estímulos que se pueden considerar apetitivos como de estímulos que se pueden considerar aversivos (como siempre, en función del criterio adoptado para ello, podrán ser más o menos), por lo que si para el Condicionamiento Clásico se siguen las mismas pautas que para el Operante, habría intervenciones que se podrían quedar fuera.

      • Hola, Carlos y Eduardo,

        Tras leer, releer y rumiar vuestros comentarios, así como las definiciones de los compañeros, he elaborado una nueva definición, basándome en la anterior que os había propuesto, pero haciendo cambios y concreciones que espero ayuden a una mejor explicación de lo que podría ser el “Adiestramiento en positivo”. Os pongo primero la definición, y luego algunos comentarios sobre los cambios realizados y sobre vuestros apuntes a la definición anterior (así que viene parrafada):

        DEFINICIÓN MODIFICADA:
        “El adiestramiento en positivo en perros es el proceso de trabajo que se lleva a cabo para la enseñanza de nuevas conductas, correcciones de indeseadas, o solución de problemas emocionales, llevado a cabo con estímulos apetitivos (que el perro quiere en su vida) objetuales o sociales, o con ausencia de los mismos, en general sin estímulos aversivos (que el perro no quiere en su vida). Podrían aparecer estímulos aversivos si y solo si:
        1) Éstos no provocan en el perro un estado emocional negativo de alto nivel (Dirección o Rapto emocional); y
        2) A la vez o justo después del estímulo aversivo aparece un estímulo apetitivo.
        La operativa del educador ante una conducta indeseada es la privación de cualquier estímulo apetitivo (objetual o social) por su parte.”

        COMENTARIOS ADICIONALES:
        – Añado el matiz de la solución de los problemas emocionales.
        – Simplifico y me ciño al tipo de estímulo (apetitivo/aversivo) que se utiliza, quitando la posible ambigüedad del refuerzo/reforzamiento (estímulo/proceso) que comentáis ambos (Carlos y Eduardo). En el ejemplo que pone Carlos sobre la ansiedad causada por la separación la bronca del dueño es un estímulo aversivo (el perro no quiere ese tipo de relación social), pero en paralelo está recibiendo un estímulo apetitivo que es la presencia del dueño (eso sí lo quiere). Aquí lo difícil sería evaluar objetivamente qué pesa más en el perro.
        – Sobre lo que comenta Eduardo de la definición de lo que es “apetitivo”, aquí no entra a mi modo de ver que una conducta sea “saludable” o no para el perro: un adiestrador puede utilizar “adiestramiento en positivo” para que un perro adquiera la conducta de atacar a otros. Considero que el “en positivo” para el adiestramiento se refiere al método utilizado, y no al fin del mismo; eso ya sería cosa de la ética, y como dijo una vez alguien que conozco, “la ética es como los culos, cada uno tiene la suya” (te suena, Carlos? :P).
        – Sí estoy de acuerdo con Eduardo en que hay estímulos que pueden resultar apetitivos o no según el perro concreto, el historial, … y creo que no debemos entrar en eso en la definición: lo importante es que para un perro concreto y en una situación concreta sea o no sea apetitivo.
        – Sobre lo que comentas, Eduardo, de la extinción… sé de “adiestradores en positivo” que utilizan la extinción como parte de su adiestramiento: puede que estos adiestradores digan utilizar el “adiestramiento en positivo” y no lo sea, pues por lo que estamos viendo falta definirlo y concretar mucho, pero personalmente no veo incompatible la extinción con la definición que buscamos, sino más bien al revés.
        – Incluyo matiz de ciertas situaciones donde podría aparecer un estímulo aversivo y aún considerarse (a mi entender, que no sé si es el correcto) “adiestramiento en positivo”. Con esto se cubrirían casos por ejemplo de gestión de emociones negativas.
        – No no estoy de acuerdo con que la “ignorancia” de la conducta por parte del adiestrador mencionada en la definición inicial solo sirva para los casos en los que la consecuencia esperada por el perro sea la atención del educador/persona querida: considero que si fuera un estímulo apetitivo objetual también sería válido. De todas formas reformulo esta parte en la definición de otra forma que creo es más específica.
        – Sobre lo que comentáis ambos de las conductas aprendidas con condicionamiento respondiente tengo una duda que igual me podéis ayudar a aclarar. En estos casos inicialmente hay un estímulo neutro (el sonido de la campana o de la pata de palo de Pavlov, según diferentes versiones), seguido por el estímulo incondicionado (la comida de Pavlov), y ello provoca una respuesta incondicionada (la salivación de los perros de Pavlov). Luego, tras el condicionamiento, el estímulo neutro pasa a ser el estímulo condicionado (campana/pata de palo), no se necesita del estímulo incondicionado (comida) y aun así se produce la respuesta condicionada (que antes era incondicionada, la salivación). Y aquí viene mi duda: no se puede realizar un contra-condicionamiento de esta respuesta condicionada? Me explico: si se repite muchas veces el proceso de la aparición del estímulo condicionado, con ausencia del incondicionado (comida), no dejaría de aparecer la respuesta condicionada? Sería una extinción de dicha conducta…. Yo opino que sí, aunque es solo eso: una opinión, y soy consciente de que una definición formal no debe basarse nunca en una opinión. Pero quizás vosotros tengáis más datos sobre si la ciencia ha dicho algo a este respecto… Si construimos entre todos es posible que lleguemos a algo más concreto.

        • Carlos Alfonso López García - mayo 21, 2015

          REVISIÓN – Carlos A. López

          Hola de nuevo Carlos,

          En primer lugar señalar que hay un malentendido, como he escrito en un comentario no estamos intentando “crear” una definición de “adiestramiento en positivo”, ese no es ni mucho menos el objetivo de este post. Queremos que nos den la definición que actualmente se use para determinar qué es adiestramiento en positivo y qué no cumple las premisas técnicas/deontológicas y por tanto no es “adiestramiento en positivo”. Si hay que “crear” la definición, porque no existe, y por tanto no hay ninguna manera de saber actualmente qué es “adiestramiento en positivo”, lo que supondrá es que no tiene sentido usar ese término en ninguna comunicación de carácter técnico y/o científico.
          Reviso brevemente tu propuesta, porque entiendo que es una búsqueda de la definición más que una definición que ya exista por parte de alguien.

          La primera parte de tu definición no ayuda mucho, porque dice, literalmente:

          − “llevado a cabo con estímulos aperitivos”

          − “o con ausencia de los mismos”

          − “podrían aparecer estímulos aversivos”, lo que se limita a algunos casos.

          Si te fijas bien lo que dice aquí, en realidad, es que se puede usar todo tipo de estímulos salvo aversivos en algunos casos. Por tanto la definición acota el “adiestramiento en positivo” como todo tipo de adiestramiento, excepto los casos concretos de uso de aversivos que excluyes de forma expresa, que son dos:

          − Que los estímulos aversivos lleven al pero a un estado emocional negativo muy alto. En este caso el “adiestramiento en positivo” admitiría el uso sistemático y repetido de collares eléctricos, “toques” a los perros, de collares de presión… siempre que no se llegase a estos niveles. Creo que muy poca gente que se defina como “adiestrador en positivo” admitiría esta premisa. En conductismo se te podría señalar la dificultad de operativizar esta premisa, pero desde el enfoque de ITC creo puede operativizarse.

          − Que junto o después del estímulo aversivo aparezca un estímulo apetitivo. Esta premisa sí sería válida, pues se puede objetivar desde cualquier perspectiva.

          Aunque si a un perro con, por ejemplo, un problema severo de miedo, no le interesa ningún apetitivo durante las sesiones y sólo podemos trabajar con programas de refuerzo negativo diferencial, no podríamos trabajarlo con tu definición de “adiestramiento en positivo”. Sería un caso que no podría aceptar un “adiestrador en positivo”.
          En todo caso me parece que los comentarios adicionales son interesantes y dan motivo a la reflexión de todos los lectores. Para las dudas que expresas respecto de algunos programas de condicionamiento dejo que sea Eduardo quien las responda, pues está más cualificado para hacerlo.

          REVISIÓN – Eduardo.

          La descripción de las premisas en esta ocasión es más precisa y parte de su contenido sí sería susceptible de ser operativizado. Tal y como yo lo he entendido, la propuesta es que sería considerada como “adiestramiento en positivo” cualquier intervención en el ámbito del comportamiento canino que cumpliese dos condiciones, ambas referidas al empleo de estímulos aversivos:

          – La primera condición sería que los estímulos no produjesen en el perro un “estado emocional negativo de alto nivel”.

          – La segunda condición sería que, en caso de aparecer un estímulo aversivo, hacerlo junto a – o antes de – un estímulo apetitivo.

          La segunda es más objetiva que la primera, y fácilmente podría valer como premisa. La segunda tiene el problema de la dificultad a la hora de cuantificar el valor de un “estado emocional”. Sería interesante comprobar si existe consenso a este respecto entre aquellos adiestradores que se consideran “adiestradores en positivo”, es decir, si a todos ellos (o a una gran mayoría) estas dos premisas les sirven para establecer el criterio que defina cuándo alguien trabaja o no “en positivo”.

          Y hasta aquí la revisión, que en este caso ha sido breve. A continuación, me dispongo a responder acerca de los comentarios efectuados:

          – “Sobre lo que comenta Eduardo de la definición de lo que es “apetitivo”, aquí no entra a mi modo de ver que una conducta sea “saludable” o no para el perro: un adiestrador puede utilizar “adiestramiento en positivo” para que un perro adquiera la conducta de atacar a otros. Considero que el “en positivo” para el adiestramiento se refiere al método utilizado, y no al fin del mismo…”.

          Estoy totalmente de acuerdo, yo en ningún momento quise definir “apetitivo” como aquello que contribuye a la adquisición de conductas “saludables”. Simplemente maticé que se puede caer en el error de hacer tal cosa, en este caso tengo que entonar el mea culpa, puesto que no me expliqué bien. Pido disculpas por ello y espero que se entienda que el término “apetitivo” es inherente a los estímulos, bien sea por su propia naturaleza, o bien por determinadas propiedades excitatorias o inhibitorias que éstos hayan podido adquirir a lo largo de la historia de aprendizaje de un individuo.

          – “Sobre lo que comentas, Eduardo, de la extinción… sé de “adiestradores en positivo” que utilizan la extinción como parte de su adiestramiento: puede que estos adiestradores digan utilizar el “adiestramiento en positivo” y no lo sea, pues por lo que estamos viendo falta definirlo y concretar mucho, pero personalmente no veo incompatible la extinción con la definición que buscamos, sino más bien al revés”.

          Yo no entré a valorar lo que sería compatible o incompatible con una u otra manera de adiestrar, tan solo me ceñí al análisis de la definición, la cual, por una parte decía que “SIEMPRE llevado a cabo con refuerzos positivos (…) o castigos negativos (que reducen una conducta también con un estímulo apetitivo)”, mientras que después añadía que “La operativa del educador ante una conducta indeseada es la ignorancia de dicha conducta.”. En otras palabras, en la definición se decía que para reducir una conducta siempre se debía optar por aplicar castigo negativo, no obstante, también se decía que la manera de proceder debía ser a base de ignorarla. Y existen otros mecanismos para reducir o eliminar una conducta basados en “ignorar” que no necesariamente se ajustan al castigo negativo (como la extinción).

          Por lo tanto, yo lo que quise decir en relación a este punto, aunque a lo mejor no me expresé bien, fue que, o bien se debería detallar la forma de proceder a la hora de ignorar una conducta, o bien se debería añadir explícitamente la extinción junto al castigo negativo.

          – Sobre lo que comentas del Condicionamiento Pavloviano:

          En primer lugar, aunque es algo puramente anecdótico, debo decir que no había oído hablar de ninguna “pata de palo” en relación a Pavlov. Lo que sí puedo decir es que lo que Pavlov originalmente utilizó como estímulo (inicialmente) neutro, fue un metrónomo. Más adelante, probó también con otros estímulos, entre los cuales se encontraba la famosa campana.

          En cuanto a tu duda, el fenómeno que has descrito es una extinción en términos clásicos. Vamos, que en este caso tu opinión coincide con los hechos. La extinción en el condicionamiento clásico es un fenómeno ampliamente conocido y estudiado.
          Efectivamente, un estímulo que inicialmente es neutro puede adquirir una función excitatoria (o inhibitoria) apetitiva (o aversiva) a través de sucesivos emparejamientos con la aparición (o desaparición) de un estímulo incondicionado (apetitivo o aversivo). Esto significa que se convertiría en un estímulo condicionado (EC) y la forma de saber si se ha producido el condicionamiento, es presentar dicho EC y observar si ante su mera presencia se produce una respuesta condicionada (RC). Cojamos el ejemplo de Pavlov: Si resulta que, una vez emparejados los estímulos, continuamos presentando el EC (campana) sin ir seguido del EI (comida), el EC al final dejará de predecir la subsecuente aparición del EI, es decir dejará de elicitar una RC. Estaríamos ante un procedimiento de extinción. Popularmente se suele decir que “las respuestas se extinguen”, pero aquí conviene señalar que lo que se extinguen no son las respuestas: Se extingue el control que el EC ejerce sobre las mismas.
          Por último, conviene aclarar que lo que has comentado es un ejemplo de extinción, pero no de contracondicionamiento, ya que son dos fenómenos distintos que no deben ser confundidos. El contracondicionamiento consiste en cambiar la función previamente adquirida por un EC, por otra de naturaleza contraria. Por ejemplo, continuando con la situación experimental de Pavlov: Emparejamos el sonido con la aparición de la comida y de esta forma lo convertimos en un EC excitatorio apetitivo. Si después lo emparejamos con la aparición de una descarga eléctrica, se contracondicionará para pasar a ser un EC excitatorio aversivo. El contracondicionamiento puede realizarse para cambiar de apetitivo a aversivo (y viceversa) o para cambiar de excitatorio a inhibitorio (y viceversa).

          • Hola, Carlos y Eduardo!
            Siento la confusión, Carlos. Tienes razón: he intentado elaborar la definición basándome en lo que me han dicho diferentes personas que dicen practicar “adiestramiento en positivo”, cuando no era la idea: en lugar de “elaborarla” debíamos poner definiciones ya elaboradas. Dejemos que profesionales que lo ejerzan, sin duda más cualificados que yo a este respecto (por experiencia en el “adiestramiento en positivo”, por formación o por ambas), se pronuncien. Mi formación ha sido principalmente con vosotros en el Adiestramiento Cognitivo-Emocional y no tanto en el “Adiestramiento en positivo” “puro”.
            Tenéis razón en que con la definición así podrían entrar dentro de la misma ciertas actuaciones (collares eléctricos, “toques”, … siempre que no provoquen el estado emocional negativo del nivel elevado detallado), que estaría bien que un “adiestrador en positivo” nos dijera si serían viables en su trabajo (que yo intuyo que no). Así como también habría ciertos casos de problemas emocionales de cierto nivel que no se podrían trabajar con adiestramiento en positivo si la definición fuera válida. Aquí, como dice Eduardo, ya necesitaríamos el feed-back de “adiestradores en positivo”.
            Sobre vuestros comentarios al respecto: aclaratorios y constructivos. Gracias y quedamos a la espera de ver si otras personas pueden ayudarnos a concretar y clarificar la definición.

          • Os sigo con mucha atención porque el tema me encanta, pero una duda que me surge de todo lo leido aquí:
            “La segunda condición sería que, en caso de aparecer un estímulo aversivo, hacerlo junto a – o antes de – un estímulo apetitivo”

            Estaríamos hablando entonces de un Refuerzo Negativo o de un Castigo Positivo seguido de un Refuerzo Positivo? ya de por si, parece contradecirse con lo que por ahora se escucha sobre el “adiestramiento en positivo”

  2. A riesgo de ser simple, para mi un adiestramiento 100% en positivo es aquel en el que el perro acaba con una emoción igual o más positiva que con la que empezó, independientemente de la Valencia de los estímulos utilizados. Gracias 

    • Carlos Alfonso López García - mayo 19, 2015

      REVISIÓN – Carlos A. López

      Andrés envía una respuesta que me gusta, aunque tampoco me vale por varios motivos.

      En primer lugar porque esta premisa es una de las que determinan la ética del adiestramiento cognitivo-emocional, concretamente la segunda, como se puede comprobar en el siguiente enlace a nuestra página:

      http://www.adiestramientoeducan.com/conocenos#como-vemos

      Entiendo que muchos de los términos que yo he introducido en el adiestramiento canino como gestión emocional o estados emocionales, se hayan incorporado a la nomenclatura común de entrenadores de todas las tendencias, especialmente en aquellos que parecen usar el término “adiestramiento en positivo” (si alguien duda de mi afirmación que busque algún texto de entrenamiento anterior a 1997, cuando registramos nuestro primer manual, que los utiliza, aplica y sistematiza en el trabajo con perros, que ahora todo el mundo parece haberlo usado desde siempre y va a ser que no 😉 ). Esta importación de conceptos es algo bueno y normal.

      Pero que se “roben” los planteamientos éticos que definen el adiestramiento cognitivo-emocional y se los intenten quedar me parece algo más discutible. Yo sí he explicitado en muchas ocasiones qué nos parece ético hacer en un adiestramiento Cognitivo-Emocional, en mi libro le dedico seis página a explicar qué considero éticamente aceptable hacer y qué no durante una intervención en el comportamiento.

      Creo que cualquier entrenador debería explicitar sus premisas éticas para que los clientes tomen una decisión informada, cuando esto no se hace estamos ante una mala praxis. Justo esto es lo que pretendo saber sobre el “adiestramiento en positivo”.

      Pero además hay otra objeción a tu definición, una conceptual.

      La premisa no es válida para un análisis objetivo porque vincula la ética con el éxito de la intervención. Es decir, tú puedes tener el objetivo de mejorar el estado emocional, pero la sesión salir mal por diferentes motivos y empeorar el estado emocional del perro: de repente mientras trabajamos con un perro con miedo nos encontramos con una banda de música, adiestrando pisamos sin querer al perro, el perro se siente mal del estómago sin que lo sepamos y al ofrecerle salchicha como refuerzo empeora su estado emocional…. Eso no debería descalificar la intervención.

      Y lo contrario también ¿cualquier técnica es “adiestramiento en positivo” si al final el perro ha mejorado su estado emocional? Esto es un “todo vale”… si sale bien. Choca contra una idea que parece básica (digo “parece” porque no puedo decir que lo sea hasta tener una definición objetiva y operativa) para el adiestramiento en positivo, que el fin no justifica los medios. Esta idea de que no todo vale es fundamental para el trabajo Cognitivo-Emocional y por eso explicamos qué vale, en qué intensidad y cuándo (como se puede consultar en el enlace previo y con más detalle en mi libro).

      En todo caso esta premisa de dar máxima importancia al estado emocional es primeramente del adiestramiento Congitivo-Emocional, que tiene claramente definidas y públicamente expuestas sus premisas éticas. Y salvo que consideres que el auténtico adiestramiento en positivo es el adiestramiento cognitivo-emocional no me vale. Entiendo que otra forma de entender el entrenamiento “importe” alguna de las premisas éticas que nosotros hemos desarrollado y puesto por escrito, negro sobre blanco, pero si no tiene otras premisas propias no puede ser considerada una forma de entrenamiento diferenciada, si acaso un subconjunto del adiestramiento cognitivo-emocional 🙂

      REVISIÓN 2 – Eduardo Polín.

      Para que esta definición sea operativa, sería necesario indicar cuál sería la manera de medir la emoción tanto antes como después de la intervención. Y después, habría que determinar si lo que diferencia al adiestramiento en positivo de otro tipo de trabajos serían únicamente estos parámetros emocionales (sin tener en cuenta la manera de lograrlos), o si por el contrario los resultados han de alcanzarse mediante determinados procedimientos concretos y no otros. Es decir, si vale todo con tal de llegar al objetivo indicado o no, y si es ese objetivo el que marca que un trabajo sea en positivo, para lo cual se debería mostrar que otro tipo de trabajos no lo cumplen.

  3. Sergio - mayo 18, 2015

    Aquí va un intento de definición de adiestramiento en positivo:
    Intervención externa, con origen humano, planificada e intencionada sobre la vida de un animal con el objetivo de o bien mejorar su calidad de vida o bien crear nuevos comportamientos o aprendizajes, necesarios para su correcta relación con el ambiente (desde un punto de vista humano) o desarrollo de alguna disciplina, trabajo o deporte. 
    Dicha intervención seguirá las siguientes premisas:
    1- no someter al animal a consecuencias negativas en dicho proceso tanto a nivel físico o emocional 
    2-reducir el nivel de estrés sufrido por el animal en ducha intervención  y posteriormente a la misma
    3-obtener unos resultados duraderos en el tiempo
    4- poder evaluar dichos aprendizajes o intervenciones en procesos comparativos del antes y después de la intervención 

    Y me falta algo más, pero cuando me vaya acordando te la voy completando

    • Carlos Alfonso López García - mayo 19, 2015

      REVISIÓN – Carlos A. López

      Muchas gracias por la definición Sergio,

      Es una definición muy crossover, pero esto no tiene porque restarle operatividad.

      Sin embargo sí presenta algunos problemas conceptuales: en primer lugar la definición primera no presenta ningún elemento diferencial con cualquier adiestramiento que no sea en positivo, es la definición de “intervención en el comportamiento”. O sea, es lo que hacen todos los que trabajan con perros, sea en positivo, con trabajo cognitivo, con pressing… Por ello no puede considerarse que defina un subconjunto del total.

      Así que la diferenciación debería estar en las premisas, lo que es lo adecuado, porque se trata de decir qué caracteriza, qué diferencia una intervención sobre el comportamiento realizada a través de “adiestramiento en positivo” frente a otras intervenciones del comportamiento. Los atributos específicos que tiene el subconjunto “adiestramiento en positivo” dentro del conjunto al que pertenece “intervenciones en el comportamiento”.

      Empezaré por las premisas 2 y 3, con el mismo problema que plantea la respuesta de Andrés: que no podemos considerar que sea válida una intervención en base a su éxito.

      Como decía esto es por dos motivos: una misma práctica sería “adiestramiento en positivo” si sale bien y no lo sería en caso de que no consigamos resultados. Debemos poder definir qué es correcto antes de saber los resultados, puesto que eso es lo que permitiría elegir las técnicas que entrasen dentro de “adiestramiento en positivo”, además con estas premisas cualquier trabajo que salga bien, use las técnicas que use sería “adiestramiento en positivo”, por ello estas premisas no son válidas para definir el “adiestramiento en positivo”. No toda intervención con éxito debería ser “adiestramiento en positivo”, no toda intervención que no consiga el éxito debería estar excluida de ser “adiestramiento en positivo”.

      La premisa 4 tampoco es válida, porque lo que plantea es que un trabajo pueda evaluarse objetivamente en su éxito y esto es aplicable, de nuevo, a cualquier intervención, use los medios que use.

      Lo que nos deja únicamente la premisa 1, que tampoco es válida porque no defines “consecuencias negativas”, que es lo que no consideras válido dentro de tu definición de “adiestramiento en positivo” ¿Es “consecuencia negativa” igual a aversivo? Tendríamos el problema mencionado en la primera respuesta: la correa al no tirar, los perros o personas al tratar un problema de miedo… son aversivos.

      Si “consecuencias negativas” se refiere al medio o largo plazo tenemos que cualquier cosa vale, cualquier técnica si al final logra el éxito, la mejora del perro, puesto que esas son las consecuencias de la aplicación en el largo plazo. Y son positivas.

      En un análisis de este tipo debe definirse cualquier concepto de manera clara, quizá con una definición operativa de “consecuencias negativas” pudiera establecerse un parámetro de evaluación de qué es y qué no es “adiestramiento en positivo”, pero sin eso no puede hacerse, pues “consecuencias negativas” puede significar una cosa diferente para cada persona.

      Piensa en la evaluación del siguiente ejemplo aplicando esta premisa: un veterinario pone una vacuna, si “consecuencias negativas” es referido a aversivo esta intervención no sería “positiva”, pero si “consecuencias negativas” se refiere al efecto a largo plazo sí que sería positiva. Únicamente dejaría de ser “positiva” la intervención si alguien pinchase al perro sin motivo. Aquí se ve claro, pero sustituye la jeringuilla por un aversivo, la vacuna por la conducta de la llamada: pasa lo mismo, si consideramos “consecuencias negativas” al aversivo usado para enseñar al perro a venir no es “adiestramiento en positivo”, pero si consideramos “consecuencias negativas o positivas” al éxito o fracaso de la llamada sí sería “adiestramiento en positivo” cuando el perro acude si no muestra miedo. Únicamente cumple para alguien que usa un aversivo porque sí, sin buscar un resultado, y esto no cumple la premisa previa de ser “adiestramiento”, ni en positivo ni en negativo, ni clásico, ni cognitivo. Sencillamente es maltrato.

      REVISIÓN – Eduardo Polín

      Esta definición comienza describiendo lo que es el adiestramiento de animales a un nivel general, y pasando después a concretar cuatro premisas que convertirían a la intervención en “positiva”.

      – Comienzo por el final: Las premisas 3 y 4 son – o deberían ser – comunes y obligatorias para cualquier tipo de intervención profesional sobre el comportamiento. Si no se consiguen resultados estables, consistentes y duraderos en el tiempo, la intervención, sea del tipo que sea, sencillamente habrá fracasado. Esto además implicaría que sólo podríamos catalogar una intervención como “en positivo” una vez que ha transcurrido un plazo considerable de tiempo, por lo que no nos valdría como una premisa a priori. Además, el hecho de poder hacer una evaluación pre y post tratamiento, es decir, establecer una línea base y observar los cambios en la variable dependiente en función de la manipulación de la independiente, puede ser posible sea cual sea la intervención. Es una práctica que se realiza sistemáticamente en Ciencia y por ende debería hacerse en cualquier situación que conlleve una aplicación de la misma. Lo que convertiría a esta premisa en algo diferente del resto de sistemas de trabajo sería que dicha evaluación se realizara de una forma especial o diferente, pero esto no se ha explicitado en la definición.

      – En cuanto a las premisas 1 y 2: La premisa 1, por su parte, debería especificar lo que debemos entender por “consecuencias negativas”. Podría referirse, por ejemplo, a resultados conductuales no deseados, a la mera exposición a estímulos aversivos, al posible efecto de éstos sobre el organismo (p.ej. dolor, heridas, miedo), a todas ellas, o a diversos factores distintos de los mencionados, etc. Por otro lado, si entendemos (o al menos así lo he entendido yo, aunque por supuesto puedo estar equivocado) que causar estrés al animal durante la intervención se puede considerar como una “consecuencia emocional negativa” de la misma, entonces podríamos dar por hecho que la premisa 2 en realidad forma parte de la 1, es decir, sería innecesario incluirla como una premisa independiente puesto que ya está contenida dentro de otra.

    • Carlos Alfonso López García - junio 11, 2015

      Lluis nos enlaza un artículo de Emily Larham traducido por mi amigo Juan Francisco Calle, que también cita mi amiga Mercedes a través del Facebook:

      REVISIÓN- Carlos A. López.

      Deseaba que alguien me enviase este trabajo de Emily Larham, porque lo conozco y me parece de lo más interesante que se ha hecho. Sólo la voluntad de definir y acotar un término, indicando qué actuaciones son adecuadas dentro de esta forma de entrenar y cuáles no, y exponerlas al público merecen un decidido aplauso. Así sí se puede promocionar algo, diciendo lo que es de la manera más claraque sepamos.

      Por tanto lo primero que quiero hacer es reconocer y alabar la valentía, seriedad y compromiso para promocionar un trabajo respetuoso con los perros por parte la señorita Larham. Si todo el mundo mostrase este compromiso real, poniendo en negro sobre blanco sus ideas, tendríamos la ocasión de avanzar todos juntos a través del diálogo sobre ideas y no moviéndonos en oscuras entelequias.

      Una vez dicho esto paso al análisis de la propuesta, que intentaré hacer con tanto detalle como pueda, pues bien lo merece.
      En primer lugar debe señalarse que no es una definición estrictamente válida para el objeto de este post, puesto que es la misma autora la que afirma que “Es necesario un término más específico, más preciso y más ajustado a la realidad (que el de “adiestramiento en positivo”)”. Está un poco cogido por los pelos tomar como definición de “adiestramiento en positivo” una que empieza su redacción diciendo que “adiestramiento en positivo” es un término poco específico, poco preciso, poco ajustado a la realidad y que debe cambiarse por otro, que la autora propone a continuación. Pero aceptaremos “barco” como animal acuático 🙂

      También mencionar aquí que el término “Refuerzo progresivo” se elige inicialmente (aunque en el texto no se comenta) por considerar que quien entrena principalmente con aversivos y amedrentamiento no trabaja por moldeamiento, por aproximaciones sucesivas, cosa que sí hacen quienes trabajan de la manera amable propuesta por la autora. Es importante hacer notar que el refuerzo negativo es tan eficaz para moldear conductas de manera progresiva como el refuerzo positivo, y que es frecuentemente usado de este modo por los entrenadores que trabajan con él. El “refuerzo progresivo” no es privativo del trabajo con apetitivos en absoluto y cualquiera que trabajase con refuerzo negativo a través de aproximaciones sucesivas podría reivindicarse desde el plano conceptual como adiestrador con “refuerzo progresivo” sin faltar a la verdad en absoluto. Por ello creo que lo peor de la propuesta es el “nombre” elegido para la forma de entrenar.

      Pero el nombre es, desde luego, menos relevante que el código que se propone en el manifiesto. Analicemos todo con detalle.
      En primer lugar está la definición:

      Adiestramiento por Refuerzo Progresivo es esencialmente la enseñanza a los animales recompensando los comportamientos deseados, excluyendo en todo momento el uso intencionado de la intimidación física o psicológica.

      Aunque el término “recompensa” debería definirse de manera operativa me atreveré a suponer que se refiere a un refuerzo positivo que provoca un estado emocional de valencia positiva, lo que excluiría los refuerzos positivos que, como el mencionado en otra respuesta respecto a la ansiedad por separación, tuvieran valencia emocional negativa. Incluyo términos referidos a la emoción porque la autora lo hace, alejándose de unas bases conceptuales estrictamente conductistas. Es muy posible que Eduardo no vea tan bien como yo esta nomenclatura en su revisión, pero para mí es válida. Yo creo que deja relativamente claros los recursos válidos para trabajar.

      Además indica algo importante, también relacionado con las emociones, lo que NO es válido para trabajar, que es intimidar al animal. Esto es provocarle miedo para enseñarle. Como el miedo es el evaluador es innecesario y redundante señalar y diferenciar la intimidación “física” o “psicológica”. Además hace algo muy relevante, indica que la intimidación debe causarse de manera “intencionada”, excluyendo así acciones como pisar al perro de manera inintencionada.

      Esta definición es la mejor que se ha presentado, pero tiene varias limitaciones. En primer lugar indica que el único mecanismo válido para enseñar comportamiento es la recompensa, ningún otro. Si bien veremos que suple esta carencia en el desarrollo de la idea a través de puntos relevantes.

      El otro problema es el uso de la palabra “intencionado”, pues alguien puede causar daño a un perro por creer que las técnicas invasivas que use no son problemáticas. Así pues, alguien podría estar causando intimidación al perro de manera voluntaria, pero no intencionada. Yo me he encontrado este mismo problema al tener que definir el maltrato y se soluciona cambiando “intencionado” por “voluntario”, que acota perfectamente el sentido que la autora busca.

      A partir de aquí plantea varios puntos:

      1) Adiestramiento recompensando las conductas deseables, por lo que será más probable que ocurran en el futuro, al tiempo que se evita el refuerzo de las conductas que son indeseables.

      Esto abunda en la idea original de la definición, no obstante la autora se contradice al poner como ejemplo “dejar que la correa queda floja para oler un arbusto como recompensa…., sin dejar que el perro alcance el arbusto si la correa se tensa (por lo que tirando de la correa no se ve recompensado).” Esto es un programa de refuerzo diferencial, que emplea reforzamiento positivo y negativo. Por ello cumple la segunda premisa de la definición “no intimidar”, pues el refuerzo aversivo es de baja intensidad, pero no la primera “enseñar únicamente a través de recompensa”.

      2) La interrupción y la prevención de comportamientos indeseables sin intimidación física o psicológica, así como gratificar una respuesta alternativa (la creación de un comportamiento correcto que sustituya al incorrecto).

      Aquí la autora plantea que existen dos mecanismos lícitos para evitar una conducta inadecuada: bloquear la posibilidad de hacer la conducta cuando estamos presentes o entrenar al animal para atender al entrenador a una señal de este cuando aparezca el estímulo que activa la conducta inadecuada. A partir de ahí debemos buscar que realice una conducta alternativa y gratificarla, pero no indica qué medios son válidos para llevar o ayudar al perro a realizar la conducta alternativa.

      Sin embargo para llevar a cabo el proceso en sus ejemplos nuevamente usa refuerzo diferencial usando la correa para bloquear la realización de la conducta inadecuada. Esto, como antes, cumple la segunda condición de la definición “no intimidar”, pero no la primera “enseñar únicamente a través de recompensa”.

      También menciona un ejemplo de perro que roba los calcetines y corre con ellos para conseguir la atención del propietario diciendo que debemos prestarle atención cuando está en calma y no hace, pero es una generalización equivocada que todos los perros que roban los calcetines lo hagan para obtener la atención del dueño, muchos lo hacen porque ¡es divertido romperlos! En estos casos es procedimiento propuesto sería ineficaz. Además no indica en su ejemplo qué hacer para recuperar los calcetines si el perro, por ejemplo, empieza a comérselos. Por último decir que retirar la atención ante una conducta que busca atención es, por supuesto, un castigo negativo y/o un proceso de extinción y no un trabajo de recompensa, aunque después la usemos para reforzar otra conducta alternativa. Por tanto de nuevo cumple la segunda premisa de su definición, “no intimidar”, pero no la primera “enseñar únicamente a través de recompensa”.

      3) Debemos tener en cuenta el estado emocional del perro y los niveles de estrés.

      Este punto me parece óptimamente desarrollado, quizá no se lo parezca tanto a Eduardo, porque no solo hace referencia a la importancia de las emociones y del nivel de estrés, sino que provee de un mecanismo para evaluarlo: la lectura de las señales que emita el perro.

      4) La socialización y la enseñanza de un animal para hacer frente a su entorno mediante el refuerzo.

      Aquí nuevamente entra en contradicción con su primera premisa: pues dejar que experimente situaciones de baja intensidad no es un aprendizaje por refuerzo (aunque en el enunciado no se indica se supone que es refuerzo positivo a través de algo que el perro disfruta), sino muy probablemente una habituación respondiente. Aunque después se sume un refuerzo positivo se usan otros procesos y por tanto, de nuevo, cumple “no intimidar”, pero no ““enseñar únicamente a través de recompensa”.

      5) El uso de un marcador para el adiestramiento, ya se trate de un clicker, algún otro sonido, su voz, gestos, o un marcador visual. O, por el contrario, sin marcador y en su lugar -por ejemplo- reforzar al perro con un regalo directamente a su boca.
      Este punto no dice nada en realidad, pues es evidente que usar o no usar un marcador engloba a todas las posibilidades al reforzar.

      6) El empleo de un método de adiestramiento más humano, eficaz y respetuoso, basado en las evidencias científicas más recientes.
      Este es un punto que no explicita qué prácticas son las adecuadas y cuáles son inadecuadas, sino que más bien plantea una idea general. Parece proponer que debe haber un compromiso entre un adiestramiento “humano”, eficaz y respetuoso. “Eficaz” es algo fácil de evaluar, pero “humano” y “respetuoso” no tanto.

      También plantea que el entrenamiento debería basarse en las evidencias científicas más recientes (algunas de la cuáles muestran que los procesos de extinción parecen ser más estresantes y aversivos para los perros que algunos procesos de refuerzo negativo), por lo que debería de cambiarse la manera de entrenar de acuerdo a los avances de la ciencia. Algo con lo que no puedo estar más de acuerdo, y que, necesariamente, hará que queden obsoletas técnicas y herramientas, incluso conceptos, que usamos actualmente. No debemos aferrarnos a ellos, sino evolucionar, como bien recomienda este texto.

      “El compromiso con el Adiestramiento por Refuerzo Progresivo es seguir y respetar estos principios no sólo en las sesiones de adiestramiento, sino el cien por cien del tiempo que pasamos con el perro.”

      Bien esto amplia lo dicho a todo el tiempo de interacción entre el perro y el entrenador.

      De esta primera parte sólo se puede deducir que el trabajo por reforzamiento progresivo se caracteriza por no intimidar al perro, pues la otra premisa, el uso de recompensa para construir las conductas ya se ha mostrado que no corresponde a las prácticas propuestas.

      Después añade otros tres puntos sobre prácticas que no deben llevarse a cabo:

      1) El uso deliberado de la intimidación física o psicológica.
      2) Ignorar intencionadamente los niveles de estrés de un perro o sus señales de excitación.
      3) Mantener objetivos egoístas en el adiestramiento.

      Los dos primeros abundan en el concepto de intimidación y su evaluación, aunque el término “señales de excitación” plantea dudas operativas, pues no toda excitación es negativa, ni está relacionada con el miedo.

      La tercera implica otra condición muy interesante y que también comparto, pues plantea que el adiestramiento debe evitar poner al perro en riesgo al perro para que las personas consigamos un beneficio.

      Según esto sería válido de manera implícita el uso de cualquier herramienta aversiva, siempre y cuando no llegase a causar miedo y su objetivo no pusiera en riesgo al perro. Porque esta definición admite, en realidad, cualquier trabajo posible, incluyendo los aversivos, mientras que se cumpla dos condiciones:

      A) No causar miedo al perro.

      B) Que la conducta enseñada no entrañe riesgos físicos o psicológicos.

      Posteriormente se añaden razones para evitar la “intimidación” y también la “presión”, que no se había mencionado hasta este momento y que no se define ni operativiza, pero como no se vuelve a mencionar al exponer dicha razones supondré que lo utiliza como un sinónimo. No analizo el listado de razones porque no es necesario para analizar la propuesta de definición y buena praxis que se presenta y creo que haría innecesariamente larga esta respuesta.

      REVISIÓN – Eduardo Polín.

      Esta propuesta es la que más estructurada se encuentra de cuantas he visto, puesto que presenta 6 premisas que toda intervención debe cumplir y 3 que nunca debe cumplir para ser considerada “en positivo”. Paso a comentarlas una a una para tratar de determinar el nivel de objetividad y posibilidad de operativización de cada una de ellas. Empiezo por las 6 primeras (las que se deben cumplir):

      “Adiestramiento recompensando las conductas deseables, por lo que será más probable que ocurran en el futuro, al tiempo que se evita el refuerzo de las conductas que son indeseables”.

      Hasta aquí nada de especial. Cualquier intervención que se precie debe basarse en esta premisa para poder ser exitosa. Supongo que hay que tomar este primer punto en conjunto con los demás.

      “La interrupción y la prevención de comportamientos indeseables sin intimidación física o psicológica, así como gratificar una respuesta alternativa (la creación de un comportamiento correcto que sustituya al incorrecto)”.

      No tengo muy claro qué es lo que determinaría que se está produciendo una intimidación física o psicológica. ¿Las herramientas que se utilizan “per se”?, ¿algo en el perro que lo indique? ¿Podemos determinarlo a priori? Es un punto interesante, pero que bajo mi punto de vista debería desarrollarse para poder evaluarse mejor.

      “Debemos tener en cuenta el estado emocional del perro y los niveles de estrés”.

      Este punto parece bastante claro y definido, pero hay una cuestión importante, aunque sutil, que dificulta su operativización. ¿Qué implica “tener en cuenta” el estado emocional? ¿Qué nivel de estrés está permitido?

      “La socialización y la enseñanza de un animal para hacer frente a su entorno mediante el refuerzo”.

      La premisa por sí misma es demasiado abstracta. Si nos fijamos en los ejemplos que la autora describe, vemos que en realidad se refiere a los procedimientos de Condicionamiento Clásico que se deben aplicar con los perros. Aunque no lo dice directa ni claramente, parece que se refiere a que todo procedimiento de este tipo debe ser excitatorio apetitivo, es decir, que toda situación – conocida o desconocida para el perro – debe ser emparejada necesariamente con la aparición de eventos de tipo apetitivo. Al igual que en los puntos anteriores, hace falta concretar más para que la premisa se torne en una pauta objetiva y operativa.

      “El uso de un marcador para el adiestramiento, ya se trate de un clicker, algún otro sonido, su voz, gestos, o un marcador visual. O, por el contrario, sin marcador y en su lugar -por ejemplo- reforzar al perro con un regalo directamente a su boca”.

      No veo que este punto aporte nada a lo que ya se incluye en la primera premisa. Simplemente añade explícitamente que también se pueden utilizar reforzadores secundarios. Supongo que esto está permitido en cualquier tipo de adiestramiento. De hecho, el propio gesto de coger un premio comestible de la bolsa casi siempre puede ser un reforzador secundario.

      “El empleo de un método de adiestramiento más humano, eficaz y respetuoso, basado en las evidencias científicas más recientes”.

      Cualquier intervención debería estar basada en las evidencias científicas más recientes. Si no, directamente no sería honesto, y además no sabríamos determinar si resultaría eficaz. La premisa podría ser válida si definimos objetivamente lo que se debe entender por “más humano” y “más respetuoso”.

      Continúo con las 3 últimas premisas (las que NO se deben cumplir según la autora):

      “El uso deliberado de la intimidación física o psicológica”.

      Aunque tenemos el mismo inconveniente de antes con el tema de la intimidación física o psicológica, esta premisa sí que puede ser operativa, puesto que introduce el matiz de la deliberación por nuestra parte, y podría ser objetiva si señalamos la manera de saber cuándo se está produciendo dicha intimidación.

      “Ignorar intencionadamente los niveles de estrés de un perro o sus señales de excitación”.

      Este punto es perfectamente operativo y objetivo.

      “Mantener objetivos egoístas en el adiestramiento”.

      La premisa por sí misma puede ser problemática, pero si nos fijamos en la descripción posterior de la autora, vemos que es un punto válido: “Poner al perro ante riesgos físicos o psicológicos de forma intencionada sólo para satisfacer nuestros propios intereses”.

      Finalmente, mi opinión personal acerca de esta propuesta es que es un intento muy valioso de crear una serie de premisas aunque se ha quedado en el principio. Se pueden coger varios puntos de la propuesta para desarrollarlos y llegar a convertirla en operativa y objetiva, pero por algo hay que empezar. Quizás alguno de los puntos debería ser condensado junto a otro(s) para que sean claros, independientes y no presenten ambigüedad. Otros, sin embargo, presentan matices muy interesantes por sí solos, pero necesitan algo de desarrollo y/o concreción. En cualquier caso hay que reconocer que la propuesta, aunque tal y como yo lo veo no resulta operativa en su conjunto, presenta premisas de forma clara y estructurada, algo necesario para cualquier tipo de protocolo de trabajo. Los puntos que más claros e interesantes me han resultado, dicho sea de paso, han sido los 3 últimos, referidos a lo que no se debe realizar para que una intervención sea “en positivo”.

  4. Josu Matías Costales - mayo 19, 2015

    Adiestramiento es un término militarizado que se caracteriza por el entrenamiento y disciplina.
    “en positivo” alude a utilización de refuerzos positivos que supongan una experiencia positiva mediante las cuales llegamos a conseguir una conducta del perro deseada y entrenarla sin técnicas que infrinjan dolor o experiencias negativas. Pero esto es un arma de doble filo. Creo que un perro maltratado no necesita ser adiestrado, sino educado y comprendido, porqué digo esto… un militar es adiestrado y no tiene que porque recibir estímulos negativos para ser anulado como persona, no tiene capacidad de decisión, se le entrena para ejecutar un comportamiento aprendido a la orden sin emportar el estado emocional, sino no sirves o llegarán a frustrarte, a anularte. Vale que no ha sufrido dolor, salvo que el entrenamiento sea sobredimensionado pero hemos anulado la capacidad de decidir correctamente o no de esa persona, y a expresar sus emociones, teniendo un objetivo general negativo, creo que en los perros es igual. La educación nos permite aprender a aprender, a gestionar las emociones y a tener unos valores, a desenvolvernos en nuestro entorno, nos da la oportunidad de ver más posibilidades y como hacerlo. No podemos decir que empatizamos o que conocemos el estado emocional de los perros, si para arreglar un problema vemos que se necesita un adiestramiento. Un perro maltratado debería ir a un psicólogo, no a aprender comportamientos a la orden, pero cómo, no hablan, no razonan… ¿entonces? Si algo tienen seguro son emociones (no hablo de sentimientos que habría mucho por debatir) y podemos ver sus estados emocionales para reconducir su conducta mediante técnicas que más que de adiestramiento son de educación, incluso me atrevería a llamar de coach… un coach es un profesional que ayuda a otra persona a llegar a su objetivo acompañándolo por su propio camino y haciéndole ver las posibilidades sin afectar en su decisión. Me duele oír la palabra adiestramiento para un animal maltratado. Me duele oír en positivo porque creo que nadie debe hacer absolutamente todo a cambio de chuches, como parece con algunos positivistas. De hecho es interesante saber que en el caso de los humanos si quieres anular una persona lo mejor que puedes hacer es dárselo todo (darle todo lo bueno) y no dejarle decidir nada. Adiestramiento en positivo pues me suena contradictorio, igual que cuando decimos “inteligencia militar”, cuando se sabe que uno llega a conflicto es porque ha agotado todos sus recursos… Adiestramiento en positivo lo veo enfocado para perros que han de ser entrenados para trabajo(búsqueda, rescate, detección…) mediante métodos que no infrinjan dolor o experiencias directas negativas. Para adiestrar desde luego voto por no producir dolor. Y ayudarse con premios. Pero para animales maltratados donde hay que ayudar a resolver estados emocionales como el miedo y conductas aprendidas, traumas… Creo más en que necesitan un guía que les ayude a salir de esa situación. Me atrevo a llamarlo un “coach canino”, sin incluir un término “en positivo” ya que la persona que acompaña a otra como coach debe comportarse como un amigo “neutro” y no como un torturador o alguien que te lo regala todo. Os propongo estudiar el término de la persona que trate a animales maltratados como “Coach canino” y su sistema: el “couching canino”.

    • Carlos Alfonso López García - mayo 21, 2015

      REVISIÓN – Carlos A. López

      Hola Josu, muchísimas gracias por enviar esta definición.

      En primer lugar recalacar que el objeto de este post no es determinar si “adiestramiento en positivo” es un término adecuado o no lo es. Únicamente queremos conocer cuáles son las premisas técnicas y/o deontológicas que lo definen. Por ello solo comento muy brevemente la parte de tu post que se refiere al uso de terminología.

      Es cierto que literalmente “adiestramiento” es la enseñanza de destrezas, aunque coloquialmente pueda entenderse de manera más amplia. Ya hemos mencionado la nomenclatura más aceptada en este aspecto, que es “intervención sobre el comportamiento”, puesto que engloba a cualquier posible trabajo que hagamos con el perro: adiestramiento, mejora de problemas de conducta, reconstrucción de problemas emocionales. No obstante, cualquier propuesta de redefinir los conceptos de una disciplina es una buena ocasión para revisarlos.

      Aunque un buen amigo mío, Juan Carlos Moreda, usa precisamente el término que propones, coaching, para nombrar a su exitosa propuesta de entrenamiento, personalmente no soy muy amigo de introducir barbarismos mientras el idioma nos permita usar palabras propias para expresarnos. Pero por supuesto esto se queda en el ámbito de la opinión y no del análisis.

      Por tanto, dejando a un lado el debate de términos, tu definición de “adiestramiento en positivo” es:

      Adiestramiento es un término militarizado que se caracteriza por el entrenamiento y disciplina, 
“en positivo” alude a utilización de refuerzos positivos que supongan una experiencia positiva mediante las cuales llegamos a conseguir una conducta del perro deseada y entrenarla sin técnicas que infrinjan dolor o experiencias negativas.

      Y aquí tenemos alguna de las mismas objeciones que hemos mencionado antes, refuerzo positivo puede ser tanto el proceso (reforzamiento) como el estímulo (reforzador) y no implica algo “bueno” para el perro. Pones un condición para limitar los refuerzos positivos que se pueden usar y es “aquellos que suponen una experiencia positiva para el perro”, pero no se define qué es “experiencia positiva para el perro”, por lo que no podemos saber si se produce o no. Aunque estuviera definido el término tendríamos el mismo problema que hemos mencionado en otras revisiones: que algo fuera o no fuera adiestramiento en positivo dependería de que la intervención saliera bien, es decir, se pueden buscar “experiencia positivas” y que no se consiga el éxito. La deontología nunca puede estar supeditada al éxito, porque debe suponerse que existan prácticas profesionales adecuadas al código deontológico que se defina y que no resulten exitosas.

      También haces referencia al término “experiencia negativa” que no se define ¿es una experiencia negativa una sesión de trabajo con personas para un perro con miedo a las personas? Más objetivo es el tema de “que no infrinjan dolor”, que me parece uno de los pocos parámetros objetivos que nos han presentado.

      REVISIÓN 4 – Eduardo Polín.

      Se hace referencia a dos premisas que son interesantes, aunque una de ellas se puede operativizar más fácilmente que la otra.

      Empiezo por la difícil:

      – Ya comenté la falta de claridad que supone el empleo de la palabra “refuerzo”, pero, al margen de ello, esta descripción incluye un matiz que puede resultar de suma importancia. Me refiero a la diferenciación entre el efecto reforzante de un estímulo o procedimiento y su efecto motivacional o emocional. En efecto, una cosa es que un reforzador positivo pueda reforzar una conducta, esto es, hacer que su emisión se torne más probable en el futuro, y otra es que este reforzador “guste” al individuo que lo recibe. Sin embargo, el hablar de que “suponga una experiencia positiva” no está lo suficientemente definido en este caso como para poder determinar en qué situaciones se cumple y en cuáles no. Habría que concretar qué entendemos por “experiencia positiva” (porque es una categoría muy amplia/abstracta) y cómo identificar las situaciones en las que éstas tienen lugar y en las que no.

      – La segunda premisa sí sería susceptible de poder operativizarse, puesto que el dolor sí está clara y objetivamente definido (sobre las “experiencias negativas”, el problema es el mismo que con las “positivas” y ya fue comentado en revisiones anteriores). Otra cosa es que sea complicado de medir, o que existan distintos umbrales de dolor, pero al menos sí estaríamos ante una variable que dejaría claro, en cada caso, cuándo una intervención cumple el criterio o no para poder catalogarse como “en positivo”.

      • Josu - junio 2, 2015

        Gracias por vuestro análisis. Encuentro interesante lo que hacéis. El término “en positivo” lo veo cada vez más en relación a evitar el sufrimiento/dolor/castigo (no utilizar castigos conscientemente por el educador/adiestrador) al animal a vista de los que siguen la corriente. Como bien decís, un “refuerzo positivo” bien podría ser malo o bueno. Así por ejemplo premiar de forma constante al perro no lo veo como algo bueno, de hecho muchas veces se utiliza el estimulo primario “chuche” para romper conductas que no se llegan a resolver y no se deja pensar al perro y hacerle tomar una decisión. Muchos sino todos los que utilizan el término en positivo creen hacerlo bien porque no utlizan el castigo ni hacen daño, al menos no un daño visible, tangible, consciente, ni voluntario, pero si observamos con atención veremos que el perro va más perdido, le producimos un estado de inquietud constantemente, porque tiene que ir probando para que le den una recompensa hasta que acierta y eso acabará en frustración. Imaginaros pasarnos toda la vida detrás de un cheque de 1.000 euros, lo seguiremos con ganas, sobre todo los primeros meses, hasta que llegue un momento que ya te dará igual, no te dicen que tienes que hacer sólo si aciertas te lo dan, vale que no te han pegado pero has basado todo tu comportamiento en acertar para que te den ese cheque. Ahora llamemoslo nómina en nuestro caso, imaginaros trabajar por 1000 euros y que el cobrarlos dependa todo el rato de que vayas probando a acertar, sino este mes no cobras. Los he llegado a ver que no saben hacer nada sin una chuche y es muy triste. Que conste que no estoy a favor de utilizar el castigo, pero un adiestrador que lo utilice al menos le deja al perro clara una cosa: “qué no ha de hacer” porque por desgracia se le haría daño si lo hiciera. Me considero educador canino, pero no “en positivo” según el ideal general, pero no estoy a favor de ningún castigo, dolor o sufrimiento. Sé que como entre humanos aunque se intente siempre hay algo que no podemos controlar, y con otra especie es más dificil ya que les obligamos a adaptarse a nuestras normas sin ellos haber elegido muchas cosas. Mi modo de verlo es que un perro tiene que aprender a pensar, la educación te enseña a aprender a aprender, a desenvolverte con respeto en la sociedad con respeto hacia los demás, se pueden equivocar y no todas las experiencias que le genera su entorno han de ser positivas, considero que las negativas son parte de la vida, pero tampoco voy a ser yo el que se las genere o lo exponga a ellas de manera intencionada. Ni el que no se las voy a evitar si ello va a conllevar un riesgo alto para el animal. Cuando digo experiencias negativas o positivas me refiero al análisis de su estado emocional, observando su conducta y fisiología:
        sorpresa,
        asco,
        tristeza,
        ira,
        miedo,
        alegría.
        Ahí entra la habilidad de la empatía y observación de lo que diriamos comunicación no verbal, ya sean con personas o animales, ya que ambos tienen emociones como parece demostrarse cada vez más. (http://www.schnauzi.com/neurocientifico-gregory-burns-afirma-que-los-perros-son-como-las-personas/)
        Por tanto, no lo que llamamos un estimulo positivo (cualquier cosa contraria a castigo, dolor, sufrimiento) según nuestro parecer/percepción, ha de resultar en una conducta positiva(deseada, placentera) para ellos, y creo que la única forma de saberlo es analizando el resultado de la experiencia sabiendo si su estado emocional final es positivo o negativo. Y entonces es donde se complica más, ¿tener miedo es negativo siempre?Considero que es necesario tener esa emoción, por lo tanto es positiva si te saca de algo que te puede producir daño. Será negativa cuando ese miedo sea constante o desproporcionado a un estimulo. Es complicado y creo que ni entre humanos podemos valorar esto con precisión. Entonces, “en positivo” para mi actualmente es carente de castigo, de dolor y de sufrimiento FÍSICO producido por un humano hacia ellos para su educación/adiestramiento, pero mi visión particular es que se puede crear sufrimiento, castigo, frustración y anulación, sin producir un dolor físico. Por eso, no me identifico como positivo actualmente. Y propuse la palabra coach… un coach te acompaña pero no te dice que has de hacer ni que no, simplemente te hace ver las opciones y te deja decidir más claramente hacia tu propio objetivo (supervivencia en el entorno que le rodea). Un perro es lo suficientemente listo para escoger la correcta, ya que por defecto intentan evitar el conflicto de forma constante como su forma de supervivencia. Sería hipocrita si no reconociera que un animal no decide estar en nuestra casa, ni pegados a lo que nosotros le marcamos como humanos, pero hay que dejarle ser lo más perro posible para su bienestar, ellos tienen la capacidad de adaptarse a nosotros aprendiendo. Perros o humanos, cualquier ser vivo no le gusta que su comportamiento sea marcado de forma constante con lo que llamamos “adiestramiento clasico” o “educación en positivo”. imaginaros tener a alguien todo el día pegado castigandote sin saber cuando lo vas a hacer mal o premiandote sin saber como hacerlo bien, sin información clara previa… que rollo… que frustración…

        • Carlos Alfonso López García - junio 11, 2015

          Una opinión interesante, que comparto en muchos puntos: como la necesidad de tomar en consideración el estado emocional como criterio primero y principal de la calidad de un trabajo, pero no aporta (y no pretende hacerlo) una serie de premisas objetivas para definir el “adiestramiento en positivo”. Recordemos que el objetivo de este post es encontrar dicha definición.

    • Hola, Josu,

      Sin ánimo de entrar en este post, donde se intenta clarificar la definición operativa de “Adiestramiento en positivo”, en un debate en paralelo, simplemente quiero decir que el término coach proviene de EEUU, donde tienen muy claro que se trata de un profesional que ayuda a otras personas a encontrar su camino (aparte está la acepción deportiva del término, pero éste no sería el caso). Hasta ese punto la palabra podría encajar con lo que comentas aplicado a los perros.

      Sin embargo, así como hay otras profesiones o roles que también tratan de orientar a las personas (tutores, mentores, formadores, profesores, consejeros, psicólogos, …) el coach se distingue porque acompaña a las personas a desarrollar su máximo potencial mediante, sobre todo, preguntas potentes, para que sea la propia persona la que encuentre su camino. Y esto considero, a priori (salvo que alguien me lo razone de otra forma que me convenza) que no sería aplicable a los perros. Precisamente por ignorar este detalle al menos en España la palabra “coach” se está desvirtuando totalmente: aquí se le llama coach a casi cualquier persona que entrene, forme, aconseje y/o tutorice a otro, y no debería ser así, pues ambos verbos implican acciones diferenciadas. No es lo mismo aconsejar a alguien lo que debe hacer, que decírselo, que hacerle terapia o que preguntarle y pedirle que busque alternativas para que él mismo encuentre la respuesta (esto último es lo que hace un coach). Por tanto, y respetando a cualquiera que se diga coach, considero que deberíamos utilizar este término de forma sectorizada, en aquellos casos en los que se utilizan las técnicas correspondientes a las del lugar de origen del término.

  5. OSCAR DAVID MARTINEZ DE LA FUENTE VITORIA - mayo 20, 2015

    Se que la definición que voy a dar es controvertida pero a mi entender define de una manera muy nítida a buena parte de los que se autoatribuyen la utilización de lo que denominan “adiestramiento en positivo”:
    “Mutilación del conductismo por renuncia del adiestrador a aplicar cuatro de los cinco paradigmas del condicionamiento operante en los procesos de aprendizaje” 

    • Carlos Alfonso López García - mayo 21, 2015

      REVISIÓN – Carlos

      ¡Aupa Óscar!

      Bueno, esta es una definición que no es válida porque parte de la premisa omitida, pero explícita en el texto, de que el “adiestramiento en positivo” es el que se basa en criterios de teoría del aprendizaje conductista y sólo usa el paradigma de refuerzo positivo. No podemos considerar que esa sea la definición aceptada, puesto que ya hemos visto que determinadas intervenciones sobre el comportamiento serían inviables y algunas de las prácticas profesionales de adiestradores que parecen representar el “adiestramiento en positivo” no se podrían considerar “adiestramiento en positivo”, como el mencionado trabajo de no tirar de la correa, el BAT, el CAT…

      Aparte de eso creo que es buena cosa intentar escribir de la manera menos “filosa” posible para evitar herir susceptibilidades que en este tema suelen estar a flor de piel, tu mensaje no es excesivo en este sentido, pero seguro que podemos encontrar una expresión equivalente a “mutilación del conductismo” que suene menos dura ;-).

      REVISIÓN 5 – Eduardo Polín.

      Daré por hecho que el procedimiento que, según esta descripción, sí que se usa, es el reforzamiento positivo (de no ser así, podríamos suponer que por ejemplo un adiestrador que sólo interviene diseñando procedimientos de reforzamiento negativo para la adquisición de conductas, también entra en la definición). Esto podría llegar a ser objetivo pero, para que un adiestrador fuese considerado “en positivo”, entonces tendría que renunciar a realizar cualquier intervención basada exclusivamente en el Condicionamiento Clásico, puesto que no se menciona, y además la eliminación de cualquier conducta operante debería restringirse exclusivamente a la aplicación del reforzamiento de conductas incompatibles.

  6. Carlos Alfonso López García - mayo 20, 2015

    Una puntualización importante, me ha escrito una persona recriminándome que Eduardo y yo decimos los “problemas” de encaje que tienen las definiciones, pero que no damos alternativas.

    Recordad que NO queremos “crear” una definición de “adiestramiento en positivo”, ese no es el objetivo de este post en absoluto. Estamos buscando la definición que ya tengan quienes lo practican. La que determina para ellos qué es y qué no es adiestramiento en “positivo”. 

    Bastante curro tengo yo para definir las cosas referidas al adiestramiento C-E como para definir otras. Esta es una labor para ver qué significa “adiestramiento en positivo” y cómo se realiza, no qué debería significar y cómo debería realizarse 🙂

    • OSCAR DAVID MARTINEZ DE LA FUENTE VITORIA - mayo 22, 2015

      Buenos días Carlos, Eduardo. Antes de nada expresar que con mi utilización del término “mutilar” no pretendía ser “filoso” y, en consecuencia, utilizaré, siguiendo vuestra sugerencia, un término eufemístico por ejemplo: “recortar”. Lo siento si alguien se ha sentido ofendido.
      En cuanto a la definición estaba seguro de que no la ibas a aceptar: “Mal puede definirse algo adecuadamente cuando la mayor parte de las premisas definitorias que se están utilizando están sostenidas más en negaciones que en afirmaciones” y, sin ningún ánimo de ofender a nadie,  creo que son más estas negaciones lo que ¿define? principalmente el “adiestramiento en positivo”.
      En mi definición me he centrado en el conductismo porque, y de esto hemos debatido tu y yo largo y tendido, mi opinión es que el conductismos está en la base de todas las técnicas de adiestramiento. Algunas empiezan y acaban en él y otras, como tu C-E, se separan de él a partir del “escalón” donde el cognitivo-emocional adquiere, en mi opinión, vida propia por separación del conductismo puro.
      Se hablará mayoritariamente de procedimientos de aprendizaje que eviten aversiones. Probablemente es lo que suscribirán la inmensa mayoría de los autodenominados “adiestradores en positivo”. Porque, si avanzamos un paso más y como muy atinadamente sugiere alguno de los intervinientes intentamos introducir el ámbito emocional en la definición: “estado por lo menos tan positivo como el inicial”, “no llegar al rapto emocional” ….. ¿Suscribiría esto un porcentaje mínimamente significativo de los autodenominados “adiestradores en positivo”?. Creo sinceramente que la respuesta es NO. Y, avanzando un paso más, si eso no fuera así: ¿Alguien podría negar que utilizando técnicas de “pressing”, conductismo puro y duro, o C-E, por poner algunos ejemplos, esto puede también conseguirse?. 
      Como docente que soy de una especie de dos patas ahí va una pregunta: Aunque aversivo, ¿es el estrés un estado emocional  aceptable?, ¿puede el estrés transitorio conducir a un estado emocional final mejor que el inicial?, ¿nos han maltratado a cualquiera de nosotros en los procesos educativos que hemos recibido (y a veces sufrido) desde nuestra infancia?. ¿Maltrata el docente a sus alumnos cuando se confiesan estresados antes de alguno de sus exámenes?. ¡Debo decir en mi disculpa  que no he visto ninguno, y espero no hacerlo jamás, llegar al “rapto emocional”!.
      En cuanto a lo que comentas de no tirar de la correa, BAT …. , en mi opinión estas técnicas no pueden contraponerse al conductismo puesto que lo que buscan es obtener una respuesta del perro, sustitutoria de la indeseada, que será premiada (condicionamiento puro y duro, esto siempre en mi humilde en mi opinión).
      Saludos cordiales.

      • Carlos Alfonso López García - junio 11, 2015

        Sé de las buenas intenciones, porque tengo el lujo de conocerte y haber compartido contigo bastantes conversaciones, pero podría parecérselo a otros y es bueno aquí intentar ser como la mujer del César, porque se trata de que nadie se sienta molesto o agredido.

        Personalmente, y respondiendo a tu pregunta, creo que el estrés no solo es necesario en una cierta medida para el aprendizaje, como es bien sabido, sino que bien aprovechado (gestionado) puede suponer ventajas emocionales importantes para el perro, como he expuesto en el capítulo de mi último libro dedicado al estrés y antes en estos dos artículos de este blog:

        http://www.adiestramientoeducan.com/lacajaverde/beneficios-del-estres-i
        http://www.adiestramientoeducan.com/lacajaverde/beneficios-del-estres-ii

        Evidentemente los procesos que mencionas pueden interpretarse desde el conductismo como programas de refuerzo diferencial, pero incluyen un reforzamiento negativo. Esto es todo lo que señalo en una mención no anterior.

  7. Sixto Fonseca - mayo 20, 2015

    Adiestramiento en positivo es la intervencion de el ser humano sobre el perro buscando conseguir la mejor interaccion entre el y su perro,utilizando herramientas no aversivas,siempre a favor de los intereses y necesidades propias de cada perro que este trabajando,con el objetivo en comun de interactuar juntos en cualquier entorno que se le proponaga.

    • Carlos Alfonso López García - junio 11, 2015

      Muchas gracias Sixto por enviar esta definición, te respondo solo yo porque tu respuesta se me había pasado y no se la remití a Eduardo, en unos días añadiré su revisión a esta respuesta y te informaré de ello, no obstante, como había retraso acumulado prefiero darte esta revisión que esperar más. CORRECCIÓN: EDUARDO LA HABÍA ENVIADO Y SE TRASPAPELÓ, YA ESTÁ AÑADIDA A ESTA CONTESTACIÓN.

      REVISIÓN- Carlos Alfonso.

      Se nota perfectamente la vocación de ayuda a los perros, implicación en su bienestar y de actuación ética, sin embargo no es una definición operativa. En primer lugar debería definirse que tipo de interacción entre el perro y la persona es la “mejor”. También requiere la definición de herramientas no aversivas ¿son las que no causan un estado emocional negativo en el perro o son algún listado concreto? porque prácticamente todas las herramientas mal usadas pueden causar distrés y malestar emocional. Es bien conocido el potencial de estrés que un mal uso del clicker puede causar, no siendo infrecuente que un perro desee irse de la sesión por el mal uso de esta herramienta.
      El hablar de que el trabajo vaya siempre a favor de las necesidades e intereses de cada perro obligaría a definir estas, pero incluso sin hacerlo pondría en duda las terapias, intervenciones o actividades educativas asistidas, cuyo objetivo no es este, sino obtener beneficios para las personas que las reciben. Obviamente se hacen de manera respetuosa con el perro, pero el beneficio del perro no es, ni debería ser, su objetivo principal. Por tanto todas estas actividades estarían excluidas del “adiestramiento en positivo” siguiendo la definición.

      Además plantea que el objetivo debe ser interactuar en común, por lo que las intervenciones referidas a momentos en los que el perro está solo (ansiedad por separación por ejemplo) que no implican esta interacción tampoco podrían ser realizadas como “adiestramiento en positivo”. Además parece caer de nuevo en la necesidad de que una intervención sea exitosa para resultar “adiestramiento en positivo”.

      REVISIÓN – Eduardo Polín

      Esta propuesta presenta un elemento muy interesante al hablar de “herramientas no aversivas”. Existe una diferencia importante entre “herramientas” y “estímulos”, en este caso se hace explícito que son las primeras las que no deben “ser aversivas”. Quizás se podría hilar más fino para concretar lo que se entiende por herramientas y si, llegado el caso, una herramienta que pueda resultar aversiva se permita siempre y cuando su función se contracondicione previamente. Además, debería concretarse si los estímulos (que no sean propiamente herramientas) involucrados en la intervención pueden ser aversivos o tampoco. Por otro lado, la propuesta presenta un fallo considerable cuando definde su objetivo como “conseguir la mejor interacción entre él (el ser humano) y su perro”. Esta afirmación no resulta operativa, y lo que es peor, en caso de serlo convertiría automáticamente a las intervenciones en “trabajo en positivo” en base a que fuesen exitosas, quedando fuera de la etiqueta las que no lo fuesen. En todo caso, habría que determinar de manera objetiva lo que significa una “mejor interacción”.

    • Carlos Alfonso López García - junio 11, 2015

      Chiscu nos envía un artículo de Ken Ramírez traducido al castellano y colgado en la página de cursoclicker.

      REVISIÓN Carlos Alfonso López

      He reconocido que deseaba que alguien enviase el artículo de Emily Larham, por su interés y valor, el universo parece creer en el karma, porque este de Ken Ramírez está entre los pocos textos que no deseaba recibir y tener que revisar, por motivos que expondré en el siguiente párrafo. Después, como me comprometí con todo texto enviado por vosotros, lo revisaré.

      Como muchos lectores sabrán estuve más de un año dirigiendo un proyecto para diseñar un modelo de entrenamiento cognitivo-emocional para animales alojados en zoos, particularmente mamíferos marinos. Debo afirmar con contundencia que durante este trabajo no he conocido a ningún entrenador que no amase a los animales con los que trabaja y que no deseara su bienestar, no he visto un solo caso de maltrato voluntario de un entrenador hacia un animal y puedo confirmar la calidad personal de todos y cada uno de los entrenadores con los que he trabajado.

      Pero la situación de cautiverio de los animales entrenados para exhibiciones y su entrenamiento sí constituye, a mi entender, inevitablemente maltrato. De hecho nuestra colaboración se interrumpió cuando propuse medidas objetivas de evaluación de la incidencia del entrenamiento en la calidad de vida del animal (conteo de conductas de bienestar), pues la afirmación generalizada por parte de zoos y delfinarios sobre los beneficios del entrenamiento para los animales sorprendentemente no ha sido sometida a evaluación objetiva. Esta negativa a comprobar una de las afirmaciones más relevantes de las usadas para sostener la validez de los espectáculos fue el cierre de un proceso de estudio y análisis por mi parte que me llevó a posicionarme con firmeza en contra de la cautividad y entrenamiento para exhibición de delfines y leones marinos (posición que he ido ampliando). No llegué a esta conclusión de manera emocional o intuitiva, como mucha gente, llegué debido a la acumulación de datos y la manera de actuar de los responsables de estas entidades, que en esta y en otras ocasiones han mostrado que no existe un interés real en evaluar la incidencia del entrenamiento en la calidad de vida de los animales, todo lo contrario, se desea activamente que no se investigue. Siendo su argumento principal para justificar el entrenamiento creo es una postura indefendible.

      Le supongo al señor Ramírez las mismas buenas intenciones e integridad personal que a los demás entrenadores que he conocido y que desarrollan la mayor parte de su tarea en zoos y la misma calidad personal. Pero se me hace muy cuesta arriba que entrenar a un animal cautivo de por vida en condiciones que le impiden su bienestar, desarrollo pleno y acceso a la felicidad, con el objetivo de hacer un show que tiene por objeto el lucro sea “adiestramiento en positivo”. Por muchos arenques que se usen.

      Pero revisaré sin problema el artículo, puesto que parece que el término “adiestramiento en positivo” (no puedo asegurarlo puesto que aún no lo hemos definido) para algunos se refiere más al cómo se entrena y qué sucede durante el entrenamiento que al para qué se entrena y cómo influirá el entrenamiento en la calidad de vida del animal, lo que es algo a mucho más largo plazo y duradero.
      Como afirma centrar su trabajo en el condicionamiento operante usaré las herramientas de análisis de este para expresarme durante esta revisión, esto no quiere decir que me parezcan las mejores, pero es justo revisar un trabajo en el nivel de análisis que el autor declara adoptar.

      Bajo el segundo punto de su artículo “¿Puramente positivo?” el señor Ramírez indica que aprecia a quienes se declaran como entrenadores puramente positivos, pero que no cree que eso sea necesariamente cierto. Más adelante expone que la frase “puramente positivo” no es realista ni veraz y afirma que no sabe qué significa ese término. En concordancia con varios de los análisis que hemos realizado afirma que los estímulos aversivos están presentes todo el tiempo, junto a los agradables. Que el refuerzo (entendido como positivo y negativo) y castigo (entendido como positivo y negativo) ocurren todos los días para todos los animales, independientemente de qué tipo de adiestrador digamos que somos y que la realidad exige reconocer, entender y saber aprovechar todas las herramientas (entiendo que aquí por herramientas se refiere a todos los procesos posibles de contingencia: refuerzos positivos y negativos, castigos positivos y negativos, condicionamiento respondiente… no a herramientas “físicas”, como serían clickers o targets).

      También se pregunta qué significan realmente las etiquetas que ponemos a los adiestradores y parece dudar de su utilidad.
      Por todas estas afirmaciones uno piensa que el señor Ramírez afirmará a continuación que definir “adiestramiento en positivo” parece algo imposible e incluso estéril, pues insiste en que deben conocerse y usarse todas las formas de enseñanza (incluyendo castigos), y que “adiestramiento en positivo” realmente no responde a nada definido, puesto que ha dudado del significado y la utilidad de esta etiqueta.

      Sin embargo, y sorprendentemente, lo que hace es decir que él se define como entrenador en positivo y que va a exponer a qué se refiere con eso.

      Hace una aclaración básica en conductismo: que no se castiga o refuerza al animal, sino el comportamiento. Pero que el público en general habla de reforzar o castigar al animal y que, en ese sentido, él afirma sin problemas al público que “no usa castigos”, porque el público se refiere a la idea “popular de castigo” y él usa el castigo, pero bajo los términos de la ciencia conductista.
      Obviamente esta es una “trampa” que justificaría que todo el usase entrenamiento conductista de cualquier modo pudiera decirle a sus clientes y al público en general que “no usa castigos” : aunque se basase al cien por cien en castigos positivos y refuerzos negativos con aversivos intensos. Puesto que está reforzando negativamente y castigando positivamente conductas y no está castigando positivamente o reforzando negativamente al perro la afirmación es válida en todos los casos. Este es una trampa dialéctica que considero inadmisible y que va contra la idea de que los propietarios puedan dar un consentimiento informado para que se aplique una forma u otra de trabajo con sus perros. Si no se informa con claridad al cliente sobre cómo se va a trabajar con su perro se esta realizando, en mi opinión, una mala práctica profesional. Aunque entiendo que el señor Ramírez debe referirse a charlas divulgativas.

      Después afirma que él enseña a sus alumnos de entrenamiento el verdadero significado de refuerzo y castigo y cuándo usar cada uno. Pero que al trabajar en ambientes controlados (porque es bien cierto que las jaulas de un zoo son un ambiente muy controlado y similar a una caja de Skinner) no hace que sus estudiantes trabajen con animales con problemas, para que así puedan usar únicamente procesos de refuerzo positivo. De esta afirmación se inferiría que considera que en animales con problemas sí es necesario el uso del castigo, aunque luego dice que anima a sus estudiantes a buscar soluciones con refuerzo positivo para los animales con problemas para que siempre tengan la tendencia a buscar primero trabajos de refuerzo positivo.

      Después se refiere al trabajo con clientes, donde dice que las herramientas positivas son muy eficaces para el principiante, pero considera que en algunos casos deben usarse herramientas aversivas, para lo cual debe contactarse con un profesional (él u otro entrenador), para evitar que los propietarios, poco formados, puedan abusar del castigo o usarlo incompetentemente. Este párrafo afirma pues que: el castigo es necesario en la práctica profesional, pero que sólo deben aplicarlo personas formadas. Siendo las herramientas positivas las que deben usar las personas no formadas. Este párrafo es una defensa explícita de la necesidad del uso del castigo en la praxis profesional y la norma que se infiere es: el entrenador profesional debe conocer y usar el castigo en algunos casos, el particular sin experiencia debe usar solo refuerzo positivo por los riesgos de una mala aplicación del castigo.
      Después afirma que al etiquetarse como “entrenador en positivo” está indicando que concentra su atención en el comportamiento deseado en lugar de en el no deseado, pero esta afirmación también sería cierta para quienes trabajen únicamente con refuerzo negativo, puesto que también se enfocan en conseguir comportamiento y no en eliminar comportamiento.

      Más adelante dice, literalmente:

      “Hay unos cuantos adiestradores de refuerzo positivo que se niegan a reconocer que el castigo está operando en sus animales de alguna manera. Pero creo que ese grupo es pequeño y no la norma. La mayoría de los que nos consideramos adiestradores de refuerzo positivo no somos ni ignorantes ni ajenos a las realidades del castigo. Somos plenamente conscientes del impacto que los aversivos tienen sobre los animales, y usamos ese conocimiento con habilidad y cuidado. Los castigos forman realmente parte del aprendizaje y enseñarlo forma parte de todos los programas de entrenamiento (pero no tiene que ser el centro), y ciertamente no es necesario ser lo más prominente para el animal que está aprendiendo.”

      De esto solo se puede deducir que su definición de “adiestramiento en positivo” es usar refuerzo positivo, refuerzo negativo, castigo positivo y castigo negativo (o sea todas las opciones), pero no centrarse en los castigos. Esto no aclara gran cosa ¿Ser adiestrador en positivo implicaría usar aversivos pero en menor proporción que los apetitivos? ¿Bastaría con no centrarse en los castigos? ¿En qué consiste exactamente no “centrarse en los castigos”?

      El artículo puede parecer un canto a la moderación y creo que por eso se hizo tan popular, pero lo que afirma es la necesidad de usar castigos para determinados casos. Sería imprescindible, para que fuera de utilidad, que el autor indicase cuáles son esos casos, máxime cuando su trabajo se realiza con animales que viven en entornos controlados (y usar este término es una gentileza por mi parte) donde no pueden escaparse o dañar a personas como sucede con los perros. Teniendo como objetivos tanto los entrenamientos veterinarios de los animales como la realización de espectáculos comerciales ¿Cuándo considera el señor Ramírez que es válido el uso de castigos y refuerzo negativo? ¿Sólo cuando se trata de entrenar cuidados veterinarios que ayudan a la calidad de vida del animal o también al entrenar espectáculos comerciales donde el lucro es el objetivo?

      Sin estas aclaraciones el artículo solo parece abundar en la idea de que alguien es “adiestrador en positivo” básicamente porque decide usar esta etiqueta para sí mismo y porque intenta primero usar refuerzo positivo, aunque después use refuerzo negativo o castigo ante su ineficacia, no porque asuma algún tipo de código definido de buenas prácticas.

      Porque si se puede usar el castigo positivo y el refuerzo negativo cuando es conveniente y necesario sería imprescindible definir con la mayor exactitud cuándo se considera conveniente y necesario, y cómo debería usarse (técnicas, intensidades, herramientas de aplicación…) sin hacerlo se le da barra libre al entrenador para usarlo a su antojo.

      REVISIÓN 9 – Eduardo Polín.

      Esta “propuesta”, y lo entrecomillo porque en realidad no es tal cosa, es un artículo de opinión bastante interesante que presenta, a mi modo de ver, planteamientos bastante coherentes a la par que múltiples contradicciones.

      Lo primero de todo es señalar que el autor no menciona en ningún momento pautas objetivas y susceptibles de ser operativizadas para considerar a una intervención como “en positivo” o no. A este respecto sólo puedo añadir que lo que voy a escribir a continuación es simplemente mi opinión del artículo en su conjunto, es decir, dado que no hay una propuesta que revisar, no puede haber tampoco revisión.

      Por una parte, se reflejan en el texto varias realidades que hay que aplaudir, como es el hecho de resaltar la importancia de la terminología, el de asumir que un mismo concepto puede ser malinterpretado en base a que no todo el mundo lo entiende de la misma forma, o que las leyes naturales del comportamiento – al igual que sucede con las de la física, como la ley de la gravedad – están presentes todo el tiempo y no solamente cuando a un adiestrador le apetezca que así sea.

      Sin embargo, por otro lado, del mismo modo que el reforzamiento positivo es lo que es, independientemente de a quién se lo expliques, ser un adiestrador en positivo o del tipo que sea, no debería depender de si se lo estás contando a un cliente, a un alumno, a un compañero de profesión experimentado o a un recién iniciado. Estoy de acuerdo con el autor en que gran parte de la confusión que genera el debate sobre lo que es o no es adiestramiento en positivo es debida a malentendidos conceptuales y/o terminológicos. No obstante, creo que el intento de convertir a una definición en objetiva y operativa debería estar al margen de este problema.

      Por último, siempre he defendido que la divulgación científica debería ser transmisión de conocimiento. Y una cosa es que para transmitir conocimiento debas explicar las cosas de la manera más sencilla posible (adecuando la explicación al público para el que va dirigida) y otra muy distinta es que se transmita información incorrecta, es decir, desconocimiento. Esto último es algo que, bajo mi punto de vista, hay que erradicar cuanto antes.

      • chiscu - junio 11, 2015

        pedi algun amigo positivista que me pasaran algo que te pudiese ayudar y el carma hizo que llegase a ti el articulo de sr Ramirez jajajaja. un pedazo de analisis gracias. Esto si que es analizar un texto.!!

  8. mariana - mayo 22, 2015

    Se puede adiestrar 100×100 en positivo, como sería si el perro quiere o muerde a alguien….? 

    • Carlos Alfonso López García - junio 11, 2015

      Bueno Mariana, decir que estamos buscando una definición del término “adiestramiento en positivo”, hasta que no tengamos una no podríamos saber cuáles son las prácticas permitidas por el “adiestramiento en positivo” para este o para cualquier otro caso concreto.

  9. Chrissi - junio 14, 2015

    “Entrenar a un perro en positivo es conocer sus necesidades y utilizar la satisfacción de ellas de una forma inteligente y útil.
    ” (supongo que esto ‘tampoco vale’ por no ser lo suficientemente preciso, pero me gusta).

    • Carlos Alfonso López García - julio 2, 2015

      REVISIÓN 11- Carlos A. López:

      Hola Chrissi,

      Muchas gracias por enviar la definición, aunque efectivamente es imprecisa, porque conocer las necesidades y utilizar su satisfacción de forma inteligente y útil metería dentro del trabajo en positivo a quien deja al perro tres días sin beber (conoce y utiliza las necesidades del perro) para que después ejecute una conducta enseñada de manera más intensa (es un uso inteligente y útil para el entrenador).

      De hecho, con esta definición todo el que consiga resultados en su entrenamiento, lo haga como lo haga, practica el “adiestramiento en positivo”, por abusivo y brutal que sea, pues ha demostrado que conoce y sabe utilizar las necesidades del perro de dicha manera “inteligente y útil” para sus objetivos.

      REVISIÓN 11- Eduardo Polín:

      Tal y como yo lo veo, haría falta ahondar en el término “inteligente” para que la propuesta sea objetiva. Puede servir como descripción “grosso modo” de una intervención concreta en un momento dado, pero bajo mi punto de vista, la definición no permite clasificar, al menos a priori y objetivamente, a un entrenador como “en positivo” o no.

      Si tenemos en cuenta que para ser un entrenador eficaz hace falta conocer las necesidades del perro y que obviamente hay que satisfacerlas de forma útil (y esto es redundante, puesto que si no es de forma útil, no se habrán satisfecho), lo que tenemos en esta propuesta que diferenciaría a un entrenador en positivo de uno que no lo es, sería “hacerlo de manera inteligente”. No me consta que exista una manera de determinar esto, por lo que, si no estoy equivocado en este aspecto, la propuesta no es operativa.

  10. Hola,

    Siento si este mensaje os llega repetido. Lo envié hace unos días y pienso que quizás haya habido un error pues no lo veo por ningún lado. Os decía que a mí me gusta mucho la explicación al respecto de Cristina Muro, que dice lo siguiente en este enlace:
    -Trabajar en positivo significa responsabilidad por parte del dueño para implicarse en el proceso, para aprender lo que es un perro;
    -Significa respetar al perro ayudándole a enfrentarse con éxito a un entorno difícil de gestionar;
    -Significa trabajar adaptándose al él: a su ritmo, a su sistema de comunicación, a su edad, a su capacidad, a sus motivaciones;
    -Significa no forzar el proceso, dar tiempo para que las cosas se asimilen poco a poco, para que el perro entienda lo que sucede usando sus propios sentidos; -Significa no usar ningún tipo de castigo ni de presión;
    – Y en el camino, si queremos que el perro haga alguna acción especial, significa enseñársela de forma adecuada recompensándole por las acciones que realiza de forma voluntaria (acciones voluntarias y condicionamiento instrumental).

    Por otro lado, también me parece interesante mencionar lo que muchas veces dice al respecto Santi Vidal, que más o menos viene a decir que no debería haber nada llamado “educación canina en positivo”. El adjetivo “positivo” no debería de estar en la frase entendiéndolo como que ninguna forma de educación debe infringir “miedo” y por tanto habría que llamarlo Educación Canina a secas.

    Un saludo

    • Carlos Alfonso López García - julio 2, 2015

      REVISIÓN 10- Carlos A. López.

      Hola Ramón,

      En primer lugar señalar que la respuesta a una pregunta categorial (atributos que debe tener un fenómeno para pertenecer a una categoría) no depende en absoluto de quien la haga, sino por completo de la calidad de las respuestas. Si yo pregunto “¿qué es un pez?” la pregunta no es más fácil ni difícil de responder que si la hace cualquier otro: cuando alguien enumera los atributos objetivos que debe cumplir un animal para pertenecer a la categoría “pez” (animal, vertebrado, respira por branquias, nada y vive en el agua) la pregunta está respondida. La cosa es que si alguien me dice: “tiene forma ovalada” y yo le respondo: “el caballito de mar no la tiene y es un pez” no es que yo sea picajoso, sino que la definición es incorrecta ¡Eso es lo bueno de la ciencia!

      Recordemos que yo no pretendo “encontrar” una definición de “adiestramiento en positivo” que me guste o satisfaga, sino una definición que sea operativa, objetiva en sus atributos, aunque yo no la compartiese en absoluto. Es decir una definición, que permita evaluar imparcialmente cuándo alguien está haciendo “adiestramiento en positivo” y cuándo no, como al usar la definición correcta y operativa de “pez” puedo saber que un caballito de mar sí es un pez, mientras que un delfín no lo es.

      Sin una definición operativa de ese tipo el “adiestramiento en positivo” entraría en el discurso de la pseudociencia, la magia y los magufos, pues no se puede promover o practicar algo que no se sabe cómo se lleva a cabo de manera objetiva. Algo que no puede evaluarse objetivamente se sale del ámbito de la ciencia.

      Con respecto a la definición que envías es más una declaración de buenas intenciones, lo que es muy valioso, que una definición operativa.

      La primera premisa, “aprender qué es un perro”, creo que la compartiría cualquier modelo de adiestramiento técnico, por invasivo o cruel que fuera, por lo que no se puede decir que sea determinante para evaluar qué es adiestramiento en positivo.

      Pero, desde luego comparto plenamente la idea de que cualquier tecnología del comportamiento debe estar basada en conocimientos científicos sobre la especie a la que se destina. Aunque debe quedar claro que esta premisa es común al entrenamiento técnico de cualquier tipo.

      La siguiente es “respetar al perro ayudándole a enfrentarse con éxito a un entorno difícil de gestionar”. El término respeto ya se ha señalado en varias ocasiones que no es útil sin acotarlo a nivel operativo, alguien puede “sentir” que respeta al perro usando técnicas que a otro le parezcan invasivas. El respeto, en mi opinión, es un fin que debería alcanzarse a través de seguir unas premisas objetivas sobre cómo trabajar, no es un medio y por ello no puede ser una de las premisas. Al menos sin operativizarse, puesto que cada persona puede entenderlo de manera completamente diferente.

      Además esta premisa implicaría que los perros que no se encuentren “entornos difíciles de gestionar” no podrían ser adiestrados en positivos, salvo que se considere que todos los entornos que los perros encontrarán serán difíciles de gestionar, en cuyo caso no tiene objeto señalarlo con un adjetivo calificativo y sería mejor la redacción “ayudándole a enfrentarse con éxito a la gestión del entorno”. Algo que es, básicamente, el objetivo de todos los adiestramientos para la tenencia y manejo responsables, y que se lleva a cabo a través de estrategias de entrenamiento muy diversas, algunas de ellas muy invasivas e incluso crueles.

      Aquí aparece uno de los problemas recurrentes de esta definición, y es que se refiere repetidamente a los objetivos del entrenamiento, pero lo que acotará una forma específica de adiestrar serán los medios para alcanzar estos fines. Una deontología se basa en las normas de lo que es correcto/incorrecto hacer, no sobre los objetivos que se persiguen.

      La premisa básica de cualquier intento para conseguir un adiestramiento ético, en el que “el fin no justifique los medios”, será definir los medios correctos/incorrectos, no referirse al fin. Eso es algo que creo que todos los entrenadores debemos tener nítidamente expresado y accesible al potencial cliente en nuestra información: qué medios consideramos válidos para intervenir en el comportamiento del perro. El fin ya lo sabe quien nos consulta o contrata, que para eso lo hace 🙂

      Después tenemos “trabajar adaptándose a él: a su ritmo, a su sistema de comunicación, a su edad, a su capacidad, a sus motivaciones”, esta premisa no tiene ningún valor, pues es común a cualquier entrenamiento que desee ser exitoso: sin cumplirla no pueden conseguirse resultados, y todo entrenamiento que muestre resultados necesariamente la habrá cumplido.

      Alguien puede adaptarse al ritmo, edad, capacidad y motivaciones del perro a través de diseñar un programa exclusivamente basado en castigos positivos y refuerzos negativos para un cachorro de cinco meses. Si el entrenamiento es exitoso mostrará que ha cumplido la premisa, pero muy poca gente consideraría que esto cumple los criterios éticos mínimos, no solo para un “adiestramiento en positivo”, que todavía no sabemos qué es, sino los que creo que compartimos más del noventa por ciento de los entrenadores.

      La siguiente es “no forzar el proceso, dar tiempo para que las cosas se asimilen poco a poco, para que el perro entienda lo que sucede usando sus propios sentidos”. En primer lugar es evidente que cualquier información externa que le demos al perro, por invasiva o dolorosa que sea, le llegará a través de sus sentidos, únicas puertas para percibir el mundo, por lo que esta parte de la frase es un pleonasmo que no podría no cumplirse, al menos desde una óptica científica.

      Pero también la primera parte del proceso es de poca ayuda: “forzar el proceso” no es un término definido ¿qué significa y cómo sabemos que está sucediendo? Si es por la falta de resultados tendríamos que cualquier proceso de entrenamiento exitoso, aun los invasivos o dolorosos, no fuerzan el proceso puesto que obtienen resultados. Sin acotar qué significa “forzar el proceso” de manera que se pueda medir cuándo se “fuerza el proceso” y cuándo no, esta premisa no nos aporta ninguna manera objetiva de evaluar si un adiestramiento puede o no incluirse en “adiestramiento en positivo”.

      La premisa “no usar ningún tipo de castigo ni de presión” es más valiosa, puesto que sí se refiere a cómo trabajar (en este caso a cómo no trabajar) para alcanzar los objetivos. Dejaremos el término “presión” aparte, porque sin estar definido no es útil, no sabemos qué se considera “presión” para esta definición, la única referencia en ciencias del comportamiento hacia este término (algo antigua) se refiere a la “presión de la motivación” que es el aumento de las ganas de hacer algo por no poder hacerlo, es decir que cuanto más tiempo llevas sin comer más ganas tienes de hacerlo. Obviamente no parece este el sentido del término en esta frase.

      Pero el término castigo sí es un término válido, es la relación de contingencia entre estímulos y conducta que disminuirá la posterior aparición de la conducta en las circunstancias correspondientes. Ya tenemos un concepto válido para ver cuándo, según esta definición, un adiestramiento es “adiestramiento en positivo”. No obstante señalar que la mayoría de definiciones enviadas consideran que el castigo negativo sí es un procedimiento válido dentro del “adiestramiento en positivo” y suelen restringir sus limitaciones al “castigo positivo”, pero esto es solo una puntualización.

      Como verás el que una premisa sea válida o no, es algo que depende de su definición, no de mi acuerdo con ella. Yo no comparto esta premisa porque, como decía Ken Ramírez en su artículo, no creo que sea físicamente posible realizar un entrenamiento en el que el castigo no aparezca de un modo u otro (aunque sea castigo negativo), pero esto no la descalifica como premisa.

      Sin embargo también debe hacerse notar que trabajos como los propuestos por Turid Rugaas para no tirar de la correa y construir un paseo tranquilo implican un proceso de reforzamiento diferencial que usa castigo (el pararse y no dejar avanzar al perro cuando tensa la correa busca disminuir esa conducta y es castigo positivo) además de reforzamiento (dejarle avanzar hacia donde desea cuando la correa no está tensa). Por tanto según esta definición no podría considerarse “adiestramiento en positivo”. Una definición muy restrictiva, puesto que deja fuera este tipo de trabajos y entrenadores, pero válida igualmente.

      La última premisa es 
”Y en el camino, si queremos que el perro haga alguna acción especial, significa enseñársela de forma adecuada recompensándole por las acciones que realiza de forma voluntaria (acciones voluntarias y condicionamiento instrumental)”. Que se refiere a la enseñanza de conductas, y que acota cómo enseñarlas: usando recompensa, que entenderé, como en el caso del escrito de Larham, como un refuerzo positivo de valencia emocional positiva.

      Esta es otra premisa que es operativa y válida, aunque también es muy restrictiva y dejaría fuera del adiestramiento en positivo trabajos como BAT, que se basan en reforzamiento diferencial negativo.

      Por tanto todas estar premisas contienen dos principios operativos para definir el “adiestramiento en positivo”: no usar castigos y enseñar únicamente usando recompensa. Que obviamente se puede resumir en la segunda, pues implica la primera y que limita el trabajo válido para eliminar conductas indeseadas al reforzamiento de conductas incompatibles, usando una conducta enseñada mediante recompensa.

      Esto no siempre es posible, pues durante muchos eventos emocionales -miedo, por ejemplo- el perro puede no ser receptivo a la recompensa y no realizar ninguna conducta cuya finalidad no sea disminuir el miedo, lo que implica reforzamiento negativo, por lo que con estas premisas no tendríamos posibilidades de tratar estas situaciones en las que el perro no es receptivo a recompensas. Similares limitaciones pueden aparecer con la agresión y la ansiedad.

      Por tanto se limitarían mucho las posibilidades de trabajo, por ejemplo todo trabajo con correa implica un aversivo, y muchos procedimientos quedarían fuera de estas premisas, como los trabajos para gestionar miedos y agresiones, que necesariamente implican el uso de estímulos aversivos (lo que causa el miedo o la agresión), no entrando dentro de las posibilidades de trabajo aceptable para este modelo.

      Si se considerase que en los casos de problemas emocionales no se aplica la segunda premisa, por no ser necesariamente operantes las conductas buscadas, la definición propuesta nos deja sin saber qué es correcto hacer y qué no en los casos de miedos o agresiones, que son una parte importante de los motivos de consulta. También en los casos referidos a tendencias de conductas innatas (Eduardo preferirá sensibilidad innata a reforzadores o algo así), como la predación, se hace difícil pensar en un trabajo que se pueda llevar a cabo únicamente siguiendo estas premisas.

      Con respecto al comentario de Santi, en primer lugar no sería válido para este análisis, pues defiende NO usar el término “adiestramiento en positivo”. Pero la premisa de no causar miedo coincide bastante con la de Emily Larham de no intimidar (que también defiende no usar el término “adiestramiento en positivo”) y con la que está en nuestras propias premisas éticas, tanto en la página de EDUCAN (que tampoco usamos el término “adiestramiento en positivo”) como en mi último libro.
      Sin embargo debertía señalarse y acotarse como excepción a esta norma la necesidad de activar el miedo en niveles submáximos controlables para realizar cualquiera de los trabajos posibles para la mejora de problemas de miedos y fobias.

      REVISIÓN 10 – Eduardo Polín

      No es sencillo, y quizás tampoco sea justo, valorar como si fueran propuestas este tipo de artículos que, aunque puede que me equivoque, no parece que pretendan proponer una definición o protocolizar un sistema de trabajo en absoluto.

      Estoy seguro de que si se tratase de una propuesta formal, la autora de este artículo habría prescindido de varias de las premisas por resultar demasiado generales.
      En concreto, las tres primeras aportan poco a este respecto, puesto que cualquier entrenador deberá cumplirlas si quiere realizar una intervención eficaz.
      En cuanto a la cuarta premisa, la autora habla de no forzar el proceso. No tengo muy claro cuáles serían los límites para determinar si esto está ocurriendo en un momento dado o no, puesto que se trata de algo demasiado abstracto y, por tanto, poco o nada operativo.

      Las dos últimas premisas, no obstante, sí son operativas. Que se aplique un castigo positivo o negativo (o no), así como que la manera de adquirir una conducta sea a través del entrenamiento de recompensa (reforzamiento positivo), es algo totalmente objetivo, no depende de la opinión de cada uno y, además, se puede medir y registrar. También tengo la opinión de que si el artículo en cuestión hubiese tenido el propósito de estructurar objetivamente el adiestramiento en positivo, estas dos últimas premisas habrían sido complementadas por alguna más que establecerían los supuestos en los que, hipotéticamente, aquellas se podrían incumplir. Pero esto último no es más que una opinión que se aleja del análisis objetivo que he procurado llevar a cabo.

  11. Carlos Alfonso López García - julio 4, 2015

    En mi Facebook personal me han comentado que este post, junto al de Click or Think? tienen demasiados tecnicismos, en otros casos puedo estar de acuerdo, pero no en estos dos. Os copio lo que he contestado:

    “Entiendo que en determinados temas divulgativos es conveniente rebajar al máximo posible los términos técnicos.

    Pero en este caso hago referencia a dos debates profesionales: la búsqueda de una deontología y el análisis de técnicas tradicionales a la luz de nuevos conocimientos de ciencia de base.

    En estos casos no creo que deban hurtarse los términos técnicos, pues son artículos dirigidos a profesionales. Estos términos se desarrollan porque es necesario definir de manera muy concreta algunos fenómenos o procesos, por ello usar otros más generales o conocidos hace que se pierda su sentido específico. Encuentro difícil usar alternativas “populares” a prospección, refuerzo referencial o refuerzo diferencial. Creo que todas las opciones distorsionan el análisis técnico.

    No creo que aceptásemos bien que nos tratase u operara un médico que no conociese y manejase con soltura la terminología técnica de su trabajo. Yo no me imagino a ningún médico entrando en un debate profesional sugiriendo que el lugar hablar de una talatomía por ultrasonidos usen términos más sencillos. Sí entiendo que en un artículo de divulgación para no profesionales se señale que es una operación de cerebro que no implica abrir el cráneo, pero si un médico no entiende el término técnico… casi mejor cambiar de médico.

    En este aspecto creo que al ser los dos post de referencia de ámbito profesional se debe usar la terminología técnica adecuada. Es normal, puesto que alguna de ella es novedosa, no conocerla por completo. Pero es que eso nos pasa a todos, Eduardo muchas veces usa términos conductistas que no conozco con exactitud (o que no conozco en absoluto Emoticono frown , y estoy medio leidito en el tema): pues le pregunto o lo busco. También cuando leo nuevas investigaciones en cognición hay conceptos que no conozco bien, porque son novedosos o se han redefinido. Es algo que no puede separarse del avance, siempre habrá términos nuevos que debamos aprender… y no pasa nada. Más bien me parece un problema alguien que no ha necesitado consultar o incorporar ningún término profesional en los últimos veinte años.

    Reitero que comparto plenamente la idea de “rebajar” la complejidad técnica en las publicaciones divulgativas, pero que eso no nos arrastre como sucede con cada vez más frecuencia, que no se exporte esa idea simplificadora cuando impartimos formación para adiestradores. No radical a la formación “for dummies”, que se basa en esas simplificaciones divulgativas, que explica con dos fórmulas generales lo complejo. Esto es válido para hacer accesible nuestra forma de trabajar a un cliente que no desea formación profesional (como yo no deseo que el mecánico del taller me cuente en detalle lo que hará en el coche, sino que me basta y prefiero una idea general), pero quien va a dedicarse profesionalmente al comportamiento canino tiene la obligación de adquirir conocimientos técnicos suficientes y de actualizarlos de continuo, si no está dispuesto a asumir este compromiso… mal va la cosa. Y si le decimos que todo se puede simplificar estamos pecando, EMHO, de mala praxis formativa.

    Pero prometo, por mis niños, que son peludos y cuadrúpedos, que limpiaré mi karma de tecnicismos con varios artículos divulgativos 🙂 :-)”.

  12. Hola, Carlos y Eduardo,
    He encontrado la siguiente referencia a la definición del adiestramiento en positivo en un estudio de 2008, y he pensado en copiarla aquí, simplemente como referencia, por si os interesa tirar del hilo. Considero que esta definición tiene algunos de los problemas de operativización ya comentados anteriormente, pero creo que merecía la pena ponerla aquí: “Purely positive training can be defined as a training method where aversive stimuli,
    either in the form of positive punishment or negative reinforcement, are not used (Booth, 1998)” (“El adiestramiento puramente en positivo puede definirse como un método de entrenamiento en el que no se utilizan estímulos aversivos, bien sean en la forma de castigos positivos o de refuerzos negativos”).

  13. Virginia - marzo 26, 2016

    Hola! De este post hace ya muchisimo, pero vuendo cosillas por internet me he encontrado con esta definicion de adiestramiento en positivo
    https://positively.com/dog-training/positive-training/what-is-positive-training/
    Y me he acordado de ti Carlos por si quisieras echarle un ojo.
    Es una definicion segun Victoria Stilwell en su blog.
    Un abrazo! Y que llegue pronto ese segundo libro yaaa

    • Carlos Alfonso López García - junio 18, 2016

      Conocía los textos de Victoria, que además es compañera en Dognition, pero no aportan ninguna novedad y se mueven en la misma indefinición operativa de los demás :-/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *