Las aulas de gestión relacional: eficacia y seguridad para ayudar a los perros a llevarse bien.

Publicado el 6 de noviembre de 2017

Zar a Alejandro: “¿Nos vamos mejor al aula de gestión relacional para hacer nuevos amigos?”.

Los mamíferos sociales tenemos que aprender cómo afinar, ajustar y complementar con aprendizaje nuestras tendencias innatas de sociabilidad para que lleguen a ser útiles. Esto se vuelve crítico si nuestras necesidades de competencia social deben servir para conectarnos eficazmente con múltiples sujetos que no forman parte de nuestro entorno familiar cotidiano y se suman necesidades de trato diferenciado por otros factores. A nosotros nos pasa no personas de otras culturas, entornos laborales y/o culturales, ideas políticas…

A los perros también: el dimorfismo extremo, con tamaños brutalmente desiguales, puede hacer difícil que un gigantesco dogo alemán y un minúsculo terrier de Yorkshire intercambien una señalética clara,o cómoda y segura para ambos. También los cambios de expresión y, consecuentemente, de comunicación debidos a características físicas lo complican: los perros braquicéfalos tienen que mirar de frente y su jadeo roncante puede parecer un gruñido, ambas cosas peliagudas para iniciar una relación. Y hay muchas más, como el enmascaramiento de acciones de comunicación que sufren los perros peludos y los de pellejo colgante… Todo ello vuelve falsa a nivel práctico la idea de que son suficientes los innatismos relacionales, aunque fuera correcta a nivel conceptual: los perros, como nosotros, deben hacer muchos esfuerzos para pulir sus competencias relacionales de modo que resulten eficaces para todo lo que esperamos de ellos. Y no pueden hacerlo por sí mismos, hay que ayudarles (recordemos que la autonomía es el fin, no el camino).

Una de las cosas que resultan importantes a la hora de aumentar/ajustar nuestras capacidades relacionales es el dónde.

Cuando trabajamos para ayudar a algún perro (o a varios de ellos) a relacionarse competentemente con otros el lugar, el espacio físico, en el que lo hacemos es importante.

Una de las mejores maneras de minimizar los riesgos y maximizar los resultados de estos trabajos es disponer de un espacio diseñado para facilitar el avance relacional, en EDUCAN hemos desarrollado uno específico, que nos ha permitido llegar a otro nivel de resultados y seguridad: las aulas de gestión relacional.

La idea surgió cuando vimos que en muchos centros caninos, residencias, protectoras… perros poco compatibles eran capaces de terminar comunicándose cuando estaban en jaulas contiguas. Sin embargo, esto no siempre sucedía, estudiamos las diferencias y encontramos cuáles eran los elementos que facilitaban y cuáles los que dificultaban que los perros que se encontraban a ambos lados de las vallas se comunicaran eficazmente y aprendieran a convivir.

  1. Facilitaba la aceptación social que la valla fuera rígida y no elástica, porque al no ceder cuando en un momento de tensión uno de los perros la empujara, aportaba seguridad: no podían producirse situaciones en las que uno de los perros sintiera físicamente que el otro se le echaba encima.
  2. Facilitaba la aceptación social que el largo de la valla en común permitiera a los perros pasear y moverse en paralelo a ella, pudiendo interactuar lateralmente mientras veían por completo al otro perro. Es evidente que las vallas cortas no facilitan los primeros contactos en los que los perros suelen usar todo su cuerpo, lateralizarse al máximo y moverse con cuidado.
  3. Facilitaba la aceptación social que, en caso de tensión o conflicto, pudieran separarse de la valla lo suficiente como para que el otro perro quedara fuera de su distancia crítica. Así, si un perro se ponía agresivo o abrumador, el otro podía alejarse lo suficiente como para mantener una emocionalidad saludable.
  4. Pero además descubrimos que ver a otros sujetos en espacios separados y sin una valla compartida, permitía a muchos perros estar tranquilos y dedicar tiempo a observar, manteniendo una emocionalidad positiva y autocontrolada, a otros perros que – por diferentes motivos, como la brusquedad, el tamaño o las respuestas de miedo/agresión- causaban reacciones emocionales fuertes al estar directamente al otro lado de la valla.

¿Qué es un aula de gestión relacional?

De acuerdo a todo lo anterior:

Las aulas de gestión relacional son un espacio con el perímetro delimitado y dividido -por una estructura interna de malla rígida y sólida- en distintas áreas cerradas de trabajo, desde cada una de las cuales se puede interactuar con alguna de las otras existiendo para ello la única limitación que implica la separación de malla rígida. Cada área debe permitir la visión de todo el espacio que constituye el aula de gestión relacional. Esto nos permitirá trabajar con diferentes niveles de contacto: solo visual o prácticamente completo, con la única limitación que implican las mallas rígidas interiores.

Las dimensiones mínimas de cada una de las áreas que forman el aula de gestión relacional está en correspondencia con (1) el tamaño del perro que la use y (2) con la ocupación de las áreas de trabajo adyacentes. La longitud de la malla que separa un área de trabajo de otra u otras en las que se encuentra/n otro/s perro/s, debe permitir al perro que la ocupa dar un mínimo de diez pasos a ritmo tranquilo para recorrerla en paralelo, y el ancho del área debe permitir que separemos al perro perpendicularmente de la malla lo suficiente como para que un perro pegado a ella desde el otro lado quede fuera de su distancia de conflicto.

El alto de la malla de separación es más complejo, idealmente dispondríamos de dos aulas con diferente altura: una que sea claramente más alta que la cabeza (no la cruz) del mayor de los perros con los que vayamos a emplearla. En este aspecto es una altura suficiente a nivel universal un metro y medio. Un aula relacional que solo disponga de esta altura es plenamente funcional.

Pero sería perfecto disponer de una segunda aula relacional, con una menor altura, que permitiese a los perros pasar la cabeza sobre la malla de separación. En este caso la malla de separación entre áreas de trabajo ha de ser doble, con un ancho suficiente para impedir que uno de los perros pueda morder al otro al pasar ambos las cabezas sobre las mallas. El objeto de este segundo tipo de aula relacional es permitir otro tipo de interacción visual, desvinculado del elemento de separación, que promueva el deseo de acercamiento tranquilo y controlado.

Para que te hagas una idea: imagínate un campo de adiestramiento vallado y dividido en cuatro por una cruz de malla rígida, es muy importante que sea rígida por lo que vimos antes. La división no tiene porqué ser en cuatro, pero como ejemplo es ideal, porque permite visualizar que en cada área de trabajo el perro podría tener contacto directo a través de la malla con otras dos áreas de trabajo y contacto únicamente visual con la otra, que hace esquina con ella y por lo tanto no comparten valla.

Zar y Teida construyendo las bases relacionales y comunicativas que les permitirán hacerse amigos, el primero acompañado por Alejandro Magaña, adiestrador profesional en Madrid, y la segunda por Arianna Volpi (desde este curso) de EDUCAN. En esta vista se aprecian las cuatro áreas de trabajo, así como la barrera visual en el perímetro para evitar que se alteren por algún evento exterior.

¿Para qué sirven las aulas de gestión relacional?

Las aulas de gestión relacional aportan un entorno física y emocionalmente seguro para que los perros inicien interacciones sociales. La separación de malla rígida, permite que los perros se huelan, contacten y se comuniquen sin la incomodidad y limitaciones expresivas que implicarían otras medidas de seguridad, como un bozal, lo que ofrece el mejor marco posible para recibir y emitir señalética voluntaria e intencional.

El efecto de contactar incluso táctilmente, pero con la interposición de la malla, es óptimo por varios motivos, conceptuales y prácticos:

  1. En primer lugar, a nivel conceptual evitamos conductas demasiado invasivas o abrumadoras, como ponerse encima del otro perro o golpearle con la pata de manera impertinente, esto modera a los perros bruscos y aporta seguridad a los medrosos o sensibles al comprobar las limitaciones que implica la malla, por el mismo motivo se potencia la búsqueda y aprendizaje de formas de comunicación que no implican contacto brusco, que son las que permiten las circunstancias.
  2. A nivel práctico las ventajas no son menores, desde el hecho evidente de que podamos dejar a los perros llegar al contacto con la seguridad de que si rompe un conflicto podremos retirarles para disminuir ese tipo de reacción, modelándoles de la correa sin que puedan morderse, lo que sería un motivo suficiente para usar las aulas relacionales, hasta la posibilidad de ayudarles a construir diferentes formas de acercamiento y de respuesta al acercamiento: podemos moverles en paralelo y en el mismo sentido a lo largo de la valla, podemos hacerlo en sentidos opuestos para que haya un acercamiento algo más complicado. Incluso podemos acercarles frontalmente, la manera más tensa de iniciar un contacto, para luego enseñarles a lateralizarse y tomar una cierta distancia cuando eso suceda.
  3. Por supuesto, la opción de trabajar también en áreas que solo implican contacto visual no tiene menos ventajas: desde ofrecerle a un perro la posibilidad de conocer sin riesgo de confrontación directa a otro, hasta el trabajar con dos perros en contacto tal como se exponía antes, mientras un tercero puede verlo (esto puede requerir más de cuatro áreas), aprender por observación y asociar una emocionalidad segura a todo lo que sucede.

Las aulas de gestión relacional son la manera óptima en todos los aspectos de ofrecer intercambios sociales seguros y educativos a los perros con problemas de este tipo, permitiendo un desarrollo máximo de su competencia social y su capacidad para iniciar y llevar a buen término cualquier encuentro con otro perro (u otro tipo de animal).

En la siguiente secuencia Leko, un vehemente pastor alemán, ayudado por Ancor Cárdenes, que ahora trabaja en EDUCAN, aprende durante nuestro Curso de Adtor. Profesional Avanzado y Técnico en Gestión de Comportamiento COGNITIVO-EMOCIONAL de julio de 2017 (pedazo de curso:  tres de l@s alumn@s se han incorporado a nuestro equipo, empatados con el anterior avanzado de Sevilla, que también nos permitió incorporar a tres nuev@s compañer@s a la empresa), cómo dirigirse correctamente a Aka, kelpie acompañada por Jose Ramón Tormos. Les asistimos Estefanía Pérez y yo mismo (mismamente), ambos EDUCANitos de pro.

Leko era muy brusco y físico en los acercamientos, y aunque su señalética era afiliativa resultaba intimidante para muchos perros, en particular los pequeños. A eso sumábamos que si su partenaire se sentía abrumado y reclamaba espacio usando señalética de amenaza Leko fácilmente iniciaba un pelea (“¿Me acerco de buen rollo y me gruñes? ¡Ahora te vas a enterar!”). Así que trabajamos en el aula relacional para que se hiciera amigo de varios perros, entre ellos la pequeña Aka, aprendiendo a lateralizarse en lugar de llegar tan frontal como tenía por costumbre en los primeros contactos, a no usar el contacto físico como primera estrategia afiliativa y a modular sus señales en general. Aprendió a graduar múltiples expresiones corporales y empezó -de manera autónoma- a mostrar señalética afiliativa más graduada, sutil y competente de la había usado nunca ¡¡Y le entusiasmó comprobar su éxito, porque Leko eligió seguir haciéndolo y ha logrado iniciar amistad con más perros que nunca en su vida!!

1- Acercándose sin arrollar.

2- ¡¡Contacto educado!!

3- “Me agobia un poco este tipo tan brusco…”

4- “… pero como aquí ¡¡me siento seguraaaa!! (leer con la música del anuncio) le daré otra oportunidad”.

5- “Pues parece majete, solo es grandote y nervioso. Desde aquí puedo comprobarlo sin riesgo (¡¡me siento seguraaaa!!, too)”.

6- “Me has convencido: ¡juguemos!!”

¿Cómo se usa un aula de gestión relacional?

La realización de sesiones de trabajo en la aulas de gestión relacional requieren conocer una serie de normas para optimizarse y evitar algunos problemas potenciales.

En primer lugar algunos perros, en particular los que viven en casas de campo, pueden tener asociados automatismos emocionales y/o respuestas reactivas de agresión o, como mínimo, de sobreactivación, al ver o percibir de algún modo a sujetos al otro lado de una valla. Esto debe contracondicionarse con trabajos de olfato antes de iniciarse las sesiones de avance. Nosotros empleamos unos días para desactivarlos, primero sencillamente sembramos el suelo de comida y después de dos o tres sesiones.. Cuando el perro al entrar al área de trabajo ya se plantea que va a buscar, introducimos (previamente por las normas de fondo y figura) a un perro tranquilo en una de las áreas con las que solo tiene contacto visual. En realidad, esto cumple con un prerrequisito básico del trabajo relacional: construir antes una gestión emocional suficiente y saludable. Los automatismos emocionales y respuestas reactivas relacionadas con los vallados son problemas de gestión emocional que impedirían al perro iniciar una relación competentemente.

Murdock de Orelav, ayudado por Iván Guillén de EDUCAN, usando el olfato para asociar estados emocionales positivos y calmados al aula relacional. Así podrá ayudarnos a ayudar (Jerry Maguire forever) a perros que tienen problemas para relacionarse con sus congéneres.

Murdock de Orelav, ayudado por Iván Guillén de EDUCAN, usando el olfato para asociar estados emocionales positivos y calmados al aula relacional. Así podrá ayudarnos a ayudar (Jerry Maguire forever) a perros que tienen problemas para relacionarse con sus congéneres.

Al comprobar que se han desactivado los problemas anteriormente citados podremos iniciar el trabajo específico.

Me gusta particularmente iniciar el trabajo haciendo búsquedas de comida en paralelo en dos áreas de trabajo, porque permite que los perros puedan desconectarse uno del otro y ocupar su cabeza con algo que les centra y estabiliza emocionalmente, permitiendo una buena progresión y ayudando a evitar sobreactivaciones típicas de los primeros contactos. No es secundario, hemos comprobado que cuando un perro afronta una relación excepcional o casual sin excitarse demasiado las posibilidades de que aparezca una pelea disminuyen drásticamente.

Si es posible, prefiero (de nuevo atendiendo a las normas de fondo y figura) trabajar con más de dos perros, nuestra aula relacional – en las fotos se ve- es como la del ejemplo: un cuadrado dividido en cuatro por una cruz, pero esto no limita necesariamente a cuatro el número de perros que pueden estar allí. En una de las áreas de trabajo puede haber dos, tres o más perros que se lleven bien, aumentando el número de figurantes para diluir el enfoque del/los perros con los que trabajamos.

Personalmente me gusta como configuración de inicio la de un grupo socializador tranquilo en una de las áreas, un perro socializador solo en otra de ellas y dos perros en tratamiento en cada una de las dos restantes. Aquí dependerá de los perros concretos en tratamiento el que compartan malla o solo puedan mantener contacto visual. Pero esto es solo una preferencia personal, entiendo que otros colegas prefieran que únicamente haya un perro en tratamiento, aunque solo sea porque no dispongan de personal cualificado para manejar más.

Cuando un perro requiere demasiado apoyo para relacionarse con un perro o tipo de perro concreto (grandes, pequeños, activos…) hacemos varias sesiones en las que ese perro o tipo de perro está en el área que solo permite el contacto visual, para evitar la fijación de automatismos y/o de un nivel de ayuda excesiva, que no permita al perro gestionar el encuentro con autonomía suficiente.

Una de las ventajas que he mencionado es que las aulas relacionales nos dan la posibilidad de no usar bozal, esto es una ayuda importante en los inicios del trabajo, pues el perro está desarrollando sus capacidades para ser competente socialmente y limitar su expresión o el reconocimiento de la expresión de otros lo dificulta, y eso suponiendo que el proceso de habituación/positivización del bozal sea óptimo y no cause otras distorsiones emocionales. Pero trabajar en estos espacios no implica no usar bozales, sino emplearlos en una fase posterior: cuando el perro ya es competente relacionándose con otros dentro del aula relacional, pasaríamos a sesiones que se hicieran en espacios abiertos, y ahí es donde podríamos usar los bozales como medida de seguridad. Haciéndolo de este modo los inconvenientes se minimizan, porque el bozal aparece cuando el perro ya maneja con solvencia la situación relacional, lo que le permite adaptarse a las limitaciones del bozal con facilidad, siendo capaz de interpretar y emitir señalética afiliativa pese al “artefacto”. Este sencillo cambio del momento en el que se emplea el bozal conlleva un mayor nivel de éxito y una disminución del número de sesiones necesarias para alcanzarlo.

 

¿Por qué la correa en el aula relacional? ¿No sería mejor sin ella? Almas de cántaro, pues para poder iniciar de manera completamente segura los contactos antes de dejarles solicos. Cova Torre y Ela, timidilla con perros, transfiriendo las capacidades relacionales obtenidas en el aula a la pista para hacerse amiga de Aka, con Jose Ramón Tormos.

Fijaos si nos parece una buena idea…

Por supuesto, las bondades de las aulas relacionales no implican que no pueda hacerse todo el trabajo propuesto fuera de ellas empleando todos los recursos técnicos de los que disponemos, pero si las incorporáis a vuestro trabajo comprobaréis que lo facilita de una manera que no puede imaginarse hasta que se comprueba en carne propia.

Tanto es así que hemos diseñado, y estamos en proceso de patentar, con patente libre of  course, un modelo de aula relacional trasportable, que nos permite llevarla con nosotros para usarla en diferentes lugares y modularizarla en cada caso para cada diferente tipo de perro. Así podríamos hacer una de las zonas de trabajo más grande si el perro que la ocupará es enorme y otra más pequeña si sucede lo contrario. Además esto permite ajustarla para que sea montada en diferentes espacios de dimensiones y formas variables.

Recomiendo a todos los profesionales que las prueben, trabajen del modo que trabajen, la seguridad y velocidad en la progresión al usarlas, la ayuda de la que proveen a los perros cambia por completo la manera de entender el trabajo de gestión relacional.

En el mundo del perro solemos leer mal, dejando que nuestros sesgos -y todos los tenemos, pues no puede evitarse- dirijan nuestra opinión en mayor medida que la información que estamos recibiendo. Leemos prevenidos y preparados para entusiasmarnos con los afines y sospechar de lo que dicen quienes trabajan, piensan o, de alguna otra manera, se alinean en/con algo contrario (y en este contexto “contrario” suele ser sinónimo de “diferente”) a lo nuestro. Esto, además de generar un ambiente de viscosa precaución y tristísimos frentismos, nos impide aprovechar lo mucho de bueno que hacen otros entrenadores, restringiendo nuestro movimiento a un estrecho cerco de ortodoxia (sea cual sea) que se retroalimenta de sus prejuicios para perpetuarse.

Pero el trabajo en las aulas de gestión relacional es demasiado importante, aporta demasiadas ventajas, mejora demasiado la seguridad y la práctica eficaz deontológicamente correcta como para que no lo pruebes, aunque lo adaptes a tu pensamiento, aunque alguna de las cosas que has leído aquí te parezcan pésimas o aunque el trabajo C-E te resulte absurdo y/o antipático. Si trabajas mejorando las capacidades de relacionarse entre perros, lo hagas como lo hagas, te diría:

… Si crees que deben estar siempre libres, quítales la correa y prueba tu trabajo dentro de un aula de gestión relacional.

… Si crees que hay que trabajar con bozal de manera inequívoca, pónselo y prueba tu trabajo dentro de un aula de gestión relacional.

… Si crees que requieren más ayuda y adiestramiento, ayúdales, entrénales y prueba tu trabajo dentro de un aula de gestión relacional.

… Si crees que esto es lo mismo que hacías al acercar al perro que trabajabas a la valla de los chalets, prueba a hacer lo mismo que hacías en esa situación dentro del aula de gestión relacional.

Y así hasta mil, porque trabajes como trabajes, siempre que sea de manera que logres el éxito, tus resultados y la seguridad del proceso mejorarán al hacerlo dentro de un aula de gestión relacional. 

Sólo en EDUCAN…

Las aulas relacionales y los protocolos de gestión relacional, tanto para trabajar en ellas como en cualquier otro escenario en el que sea necesario para ayudar a los perros a llevarse bien solo es una parte de los desarrollos técnicos que encontrarás en  nuestro Curso Avanzado.

Si quieres acompañarnos en esta increíble aventura que es ayudar a los perros a relacionarse competentemente de manera segura, ética y sin riesgos, puedes apuntarte al próximo, en abril, infórmate aquí. Y recuerda que en este curso solo hay veinticuatro plazas, si lo tienes claro ¡¡no tardes en apuntarte!!

 

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